sábado, 28 de marzo de 2026


 


 


 


 

ACCIÓN DE GRACIAS

Lo recibiremos con aclamaciones y el Viernes Santo, lo despediremos en el silencio más absoluto.

Le cantaremos ¡Hosanna al Hijo de David! y, en el Gólgota, le gritaremos: ¡Si eres Hijo de Dios baja de la cruz!

Alfombraremos aquí su camino con olivo y palmas, y más adelante le negaremos como al eterno desconocido.

Con las palmas y ramos lo acogemos como promesa esperada, y, cuando sea ajusticiado, asistiremos cómplices con nuestro silencio.

Hoy, Cristo, entra en la ciudad de nuestros corazones y los encuentra preocupados y ocupados por desesperanzas que nos impiden vivir con libertad como Hijos de Dios.

Hoy lo hará con gloria, mañana saldrá de sus muros, envuelto en sangre.

Hoy lo hace montado en pollino recién estrenado, mañana caminará con una cruz gigante e ignominiosa.

Hoy desfila en medio de cánticos y alabanzas, pero el viernes subirá hacia el monte Gólgota acompañado de un coro de burlas y de risas.

Hoy, con nuestras palmas, le diremos a Jesús que queremos compartir con Él su victoria; mañana nos asustará de tal manera la cercanía y la crudeza de su cruz, que llamaremos a un cirineo para ayudarle.

Encuentros y desencuentros, amigos e infidelidades, promesas y traiciones, subidas y bajadas, son en la vida de todo creyente una constante.

El Señor, conociéndonos desde donde, con qué intereses y tonalidades recibe nuestros honores y nuestras glorias, compartirá con nosotros, ya desde ahora, su victoria sobre la muerte.

¿Nos decidimos acompañarle en estos días?

¡HOSANNA AL HIJO DE DAVID!

 

DOMINGO DE RAMOS

 

Entramos en la Semana Santa, en los días más importantes de la historia y de la fe. Aquí la liturgia se ralentiza, nos acompaña con calma, casi hora a hora, en los últimos días de Jesús: desde la entrada en Jerusalén hasta la carrera de María Magdalena en la mañana de Pascua.

Lo más bello que se puede hacer en estos días es permanecer junto a los acontecimientos, junto a las infinitas cruces del mundo donde Cristo sigue crucificado. Los cristianos están cerca de Dios en su sufrimiento.

Jesús entra en la muerte y sube a la cruz para estar con nosotros y como nosotros. Estar en la cruz es lo que Dios, en su amor, le debe al hombre crucificado. Porque el amor conoce muchos deberes, pero el primero es estar con el amado, abrazarse a él, abrazarlo en sí mismo, para luego levantarlo en alto, fuera de la muerte. La cruz es el abismo donde un amor eterno penetra en el tiempo como una gota de fuego, y arde.

Existe una cercanía absoluta: de Dios hacia nosotros y de nosotros hacia Dios; en la cruz se mezcla esa pasión de comunión que hace temblar nuestros sepulcros y nos posibilita que entre en ellos la luz de la mañana.

Solo la cruz disipa toda duda. Cualquier otro gesto podría ofrecer una idea falsa de Dios. El amor escribe su historia con el alfabeto de las heridas, el único que no engaña. De ahí la emoción, el asombro, el enamoramiento. Después de dos mil años, nosotros sentimos como las mujeres, como el centurión, como el buen ladrón, que en la Cruz reside la atracción suprema de Dios.

Sálvate a ti mismo, baja de la cruz, entonces creeremos. Cualquier hombre, si pudiera, bajaría de la cruz. Jesús, no. No baja porque sus hijos no pueden hacerlo.

Lo entendió primero un pagano, un centurión experto en la muerte: Verdaderamente este era hijo de Dios. ¿Qué lo conquistó? Vio el vuelco del mundo, donde la victoria siempre había sido del más fuerte, del más armado, del más despiadado. Pero él ha constatado el poder supremo de Dios, de su amor desarmado; que es el de dar la vida incluso a quien da la muerte; el poder de servir, no de someter. Ha visto en el Gólgota otra forma de ser hombres.

Al igual que aquel hombre experto en la muerte, también nosotros, desorientados y fascinados, sentimos que en la Cruz hay atracción, y seducción, y belleza, y vida. La belleza suprema de la historia es la que ocurrió fuera de Jerusalén, en la colina, donde el Hijo de Dios se deja clavar, pobre y desnudo, para morir de amor.

Hermoso es quien ama, y más hermoso aún quien ama hasta el extremo. Mi fe se basa en un acto de amor perfecto, lo más bello del mundo. Y en Pascua, el Resucitado me asegura que un amor así no puede perderse.

 


 


HOJA PARROQUIAL ABRIL 2026

miércoles, 25 de marzo de 2026


 

MEDITACIÓN EUCARÍSTICA:

La serpiente levantada

Jesús aquí estamos delante de ti bajo la especie de pan eucarístico, a punto de iniciar la gran celebración de la semana santa. Quisiéramos unirnos a tu entrega total y radical por la salvación del genero humano. Hoy queremos meditar sobre el episodio que narra el libro de Números 21, 7-9: «Hemos pecado hablando contra el Señor y contra ti; reza al Señor para que aparte de nosotros las serpientes». Moisés rezó al Señor por el pueblo y el Señor le respondió: «Haz una serpiente abrasadora y colócala en un estandarte: los mordidos de serpientes quedarán sanos al mirarla». Moisés hizo una serpiente de bronce y la colocó en un estandarte. Cuando una serpiente mordía a alguien, este miraba a la serpiente de bronce y salvaba la vida.

El pueblo de Israel estaba muriendo en el desierto. No era una historia simbólica. Era real. Había serpientes venenosas entre el campamento. La gente caminaba y de pronto un grito. Una mordida. El veneno empezaba a correr por el cuerpo. Las manos temblaban. El pulso se aceleraba. La vida se iba apagando. El campamento se llenó de miedo.

Y entonces Dios le dice algo a Moisés que parece extraño a primera vista. Haz una serpiente de bronce. Levántala en un poste. Y todo el que la mire, vivirá.

Si uno lo piensa rápido, parece contradictorio. La serpiente era precisamente el problema. La serpiente era lo que estaba matando a la gente. ¿Por qué entonces Dios usa una serpiente como símbolo de salvación? Aquí está la parte profunda que muchos estudiosos han visto durante siglos. La serpiente de bronce no representaba salvación. Representaba el veneno. Era una imagen del problema, levantada delante de todos. Dios estaba haciendo visible lo que los estaba destruyendo. Era como decir: “Mirad lo que os está matando”. Pero la cura no estaba en el metal. La cura estaba en la confianza. El que miraba, reconocía algo en su corazón: Estoy envenenado. No puedo salvarme solo. Necesito que Dios me salve. Y en ese acto de fe el milagro ocurría.

Siglos después Jesús explica esta historia. Y dice algo que hace que todo cobre sentido. Así como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que el Hijo del Hombre sea levantado.

De repente la historia deja de ser solo una historia del desierto. Se convierte en una profecía de la cruz. La serpiente representaba el pecado que mata. Cristo fue levantado, cargando ese pecado. No porque Él fuera culpable. Sino porque tomó sobre sí el veneno del mundo. La violencia. La mentira. El orgullo. La maldad humana. Todo lo que nos destruye, cayó sobre Él. Y la invitación sigue siendo la misma que en el desierto: Mira… y vivirás.

Ahora aquí viene la parte que toca el corazón hoy. Porque el veneno no solo estaba en serpientes antiguas. Hoy el veneno se ve diferente. Se ve en matrimonios que se destruyen por orgullo. Se ve en hijos que crecen lejos de Dios. Se ve en personas que cargan culpa durante años. Se ve en gente que parece fuerte por fuera, pero por dentro está rota. Se ve en el resentimiento que no se suelta. En la envidia que consume. En la ansiedad que no deja dormir. En el pecado que se volvió costumbre. El veneno hoy no entra por una mordida. Entra poco a poco. Una decisión equivocada. Una mentira pequeña. Un hábito que parecía inofensivo. Y cuando uno se da cuenta… el corazón ya está enfermo.

Hay gente que lo intenta todo para sanar. Más dinero. Más distracciones. Más ruido para no pensar. Pero el veneno sigue allí. Y la cruz sigue levantada. Como aquella serpiente en el desierto. Dios no te dice: arréglate primero. No te dice: sana solo y luego ven. Dice algo mucho más simple y mucho más profundo:

Mira. Mira a Cristo. Mira cuánto costó tu perdón. Mira cuánto vales para Dios. Mira cuánto amor fue necesario para rescatarte.  Y algo pasa cuando uno mira de verdad. El orgullo empieza a caer. La culpa empieza a soltar. El corazón empieza a ablandarse. Porque entiendes algo que hace llorar cuando lo comprendes. Dios no te pidió que quitaras el veneno. Sabía que no podías. Por eso permitió que su Hijo fuera levantado, para cargar lo que estaba matando a todos.

Algunos miraron y vivieron. Otros probablemente pensaron que era demasiado simple y murieron con el remedio frente a sus ojos. Y la pregunta sigue viva hoy. ¿Hacia dónde estamos mirando?  Porque el veneno puede estar en el corazón, pero la cura sigue levantada, esperando que alguien levante los ojos…y viva. Amén

sábado, 21 de marzo de 2026


 DOMINGO 29 DE MARZO -

CELEBRACIÓN DEL DOMINGO DE RAMOS CON NIÑOS
A las 12 horas, celebración con los niños del domingo y bendición de los ramos.



 29 de marzo - DOMINGO DE RAMOS

HORARIOS DE MISAS:
Vísperas- Sábado 28 de marzo a las 20 horas
Domingo 29 de marzo
Parroquia de S. Antonio a las 8, 10, 11 y 20 horas.
Convento Madres Agustinas, a las 9 horas
Ermita de las Rotas a las 19 horas
En todas las misas se bendecirán y repartirán los ramos


 MARÍA AL PIE DE LA CRUZ

El próximo viernes 27 de marzo, en la eucaristía de las 20 horas, celebraremos la fiesta de María al pie de la Cruz


 


 VIACRUCIS

El próximo viernes día 27 de Marzo a las 19'15 horas, Viacrucis meditado por el Grupo de liturgia y por el grupo de formación bíblica


 

ACCIÓN DE GRACIAS

¡LÁZARO, SAL FUERA!

Desde que Tú lo dijiste con voz potente y firme, qué pocos se han atrevido a repetirlo, en las múltiples ocasiones que la vida nos ofrece.

Por eso, esta sociedad corrompe e hiede y está llena de muerte.

¡Lázaro, sal fuera!

Es tu palabra y buena nueva.

Dejemos de envolvernos ya en mortajas y falsedades.

Que la verdad resplandezca; que la sensatez y la confianza hagan su tarea en nuestra tierra.

Respiremos tranquilos al ver que los fantasmas ni pesan ni toman cuerpo y que los nudos se desatan.

¡Lázaro, sal fuera!

Es tu palabra y buena nueva.

Lo nuestro es despertar a quienes han sido dormidos por sus hermanos y ciudadanos y condenados a no ser nada -a no tener historia ni lugar- y dejarles andar en libertad por donde andamos nosotros, con la misma dignidad.

¡Lo nuestro es quitar losas y mortajas!

¡Lázaro, sal fuera!

Es tu palabra y buena nueva.


 

CICLO A

V DOMINGO DE CUARESMA

Quinto domingo de cuaresma ya nos estamos acercando a la gran semana de los cristianos, la semana santa. El evangelio ce Juan sigue presentándonos los grandes símbolos, en esta ocasión se nos propone la vida.

Todos tenemos experiencia sobre la vida y la muerte. De ello se encarga el goteo constante de seres queridos que nos van dejando. Es ley de vida y podemos resignarnos con ese pensamiento fácil. El evangelio de esta semana cuenta la resurrección de Lázaro y sus enseñanzas pueden sacarle brillo a este paso nuestro por la tierra. Seguir a Jesús marca la diferencia. No es lo mismo vivir en minúscula que VIVIR, creer o no creer. “Quién escucha mi mensaje y da fe al que me mandó, posee Vida definitiva”.

De Lázaro sabemos pocas cosas: su casa es acogedora, es amado por muchos, amigo especial de Jesús. Pero su nombre más verdadero es el que le pusieron sus hermanas: Aquel-a-quien-tú-amas

Marta dice a Jesús: Si hubieras estado aquí, no habría muerto. Cuántas veces también nosotros hemos rezado: si tú estás con nosotros, la muerte no vendrá. Tu hermano resucitará. Lo sabemos bien, pero ese día está tan lejos de este dolor.

Y siguen unas de las palabras más importantes del Evangelio: Yo soy la resurrección y la vida. Lo soy ahora. Fijémonos en el orden de las palabras. Primero viene la resurrección y no la vida. Para Jesús, primero viene la liberación y luego la vida auténtica.

Vivir es el resultado de muchas resurrecciones: del miedo, de la desesperación, de la violencia, de la soledad. Resucitar es cosa de ahora, de este momento: resucitar de las vidas estancadas y mediocres, de las vidas sin sueños.

Cuántos amigos alrededor de Lázaro, cuántas lágrimas: lloran Marta y María, los judíos, Jesús. Es la humanidad de Dios. Todos los presentes aquel día en Betania se dan cuenta: Mirad cómo lo amaba, dicen asombrados. ¿Dónde está el motivo último de la resurrección de Lázaro? Está en las lágrimas de Jesús. Lo que vence a la muerte no es la vida, sino el amor. Llorar es amar con los ojos. Lázaro resucita por el poder de Dios y por el amor de un amigo.

¡Quitad la piedra! Fuera los escombros de los fracasos del pasado; fuera los sentimientos de culpa, la incapacidad de perdonarse a uno mismo y a los demás;

¡Lázaro, sal fuera! Sal al sol. Y nos lo dice a nosotros: sal de la habitación oscura donde solo te miras a ti mismo, desde tu pequeño rincón, por muy bien amueblado que esté; fuera está el mundo.

¡Liberadlo y dejadlo ir! Liberaos todos de la idea de que la muerte es el fin de una persona. Liberadlo, como se liberan las velas del barco al viento, liberadlo del lastre que impide el vuelo. Y dejadlo ir, dadle un camino y amigos con quienes caminar.

Qué sensación de futuro y de libertad emana de este Rabí que sabe llorar y gritar y abrir caminos en el corazón. ¡Dios es padre solo si tiene hijos vivos! Moriremos, es ley de vida, pero no para siempre. Ahora sabemos que el tiempo del Amor es más largo que el tiempo de la vida.

miércoles, 18 de marzo de 2026


 

ORACIÓN A SAN JOSÉ

En ti confiamos San José, custodio del Redentor y esposo de la Virgen María.

A ti Dios confió a su Hijo, en ti María depositó su confianza, contigo Cristo se forjó como hombre.

San José, muéstrate padre para nosotros y guíanos por el camino de la vida.

Concédenos gracia, misericordia y valentía, y defiéndenos de todo mal.

Amén


 

2026 CICLO A

SOLEMNIDAD DE SAN JOSÉ

Celebrar la figura de San José, Patrono de la Iglesia universal nos anima a vivir como él vivió. Él que fue pedido por Dios para que sea custodio de Jesús, también es custodio de los discípulos y amigos de Jesús.

A la luz de este relato evangélico, hablar de san José es entrar en el misterio de Dios, en su designio de amor para con la humanidad.

La paternidad de San José no surge del azar o de la casualidad, no es un elemento más en el proyecto de Dios. Fue destinado para darle identidad a su Hijo: “tú le pondrás por nombre…” En la cultura hebrea poner nombre era potestad del varón o cabeza de familia e implicaba una identidad peculiar. Por lo tanto, se le invita a ser parte del proyecto Salvador de Dios.

San José es llamado a servir a este proyecto de Dios para ser el custodio de Jesús y responde con libertad, porque el amor no puede ser objeto de coacción sino de respuesta libre y liberadora de un corazón que ama: “José era un hombre bueno” … que no es sinónimo de bonachón. Era un enamorado que escuchó la llamada de Dios en su corazón. El sí de san José entrelazó la historia con la voluntad de Dios.

San José fue más allá de la ley que mandaba repudiar a quienes se encontraban en una situación como María. Es el padre de la ternura, donde la verdadera fuerza no está en la severidad, sino en la ternura, la cual es esencial para comprender la fragilidad humana. Él mismo introdujo a Jesús en la experiencia del amor de Dios, siendo él mismo un reflejo de la ternura divina. Seguramente Jesús aprendió de él las palabras y gestos de cariño de su padre terrenal.

Es la lucha diaria de todo ser humano que quiere ser fiel a su conciencia. El amor va más allá de la ley. San José responde a esta invitación consciente de que el misterio de Dios va más allá de la percepción, de ahí que la fe de San José es la respuesta consciente y firme de quien posiblemente no entendía, pero amaba.

El amor transforma la fe en luz y esa luz se traduce en esperanza. “Hizo todo lo que le había dicho”, responde con fidelidad porque vio con el corazón.

Un corazón que ve es un corazón humanizado que ha traspasado la eficacia de la razón para entrar en la dimensión del amor.

Un corazón que ve más allá, un corazón contemplativo que es capaz de acariciar el tiempo y darle consistencia de eternidad, desde la fidelidad callada del día a día. San José fue un hombre contemplativo, un hombre de fe que vio la luz de la verdad más allá de las apariencias.

Quizá nos falte humanizar nuestra vida desde un corazón que ve, que nos de esa perspectiva eterna que se consolida con la fe en el amor de Dios que nos invita a darle dignidad a nuestra humanidad. Día del padre, del que da la vida y la ofrece al servicio de los hijos.

Felicidades a todos los padres y a los Josés y Josefas.


 

ACCIÓN DE GRACIAS

Enséñanos, José, cómo se es "no protagonista", cómo se avanza sin pisotear, cómo se colabora sin imponerse, cómo se ama sin reclamar.

Cómo se obedece sin rechistar.

Cómo ser eslabón entre el presente y el futuro.

Cómo luchar frente a tanta desesperanza.

Cómo sentirse eternamente joven.

Dinos, José, cómo se vive siendo "número dos", cómo se hacen cosas fenomenales desde un segundo puesto.

Cómo se sirve sin mirar a quién.

Cómo se sueña sin más tarde dudar.

Cómo morir a nosotros mismos.

Cómo cerrar los ojos, al igual que tú, en los brazos de la Buena Madre.

Explícanos, José, cómo se es grande sin exhibirse, cómo se lucha sin aplauso, cómo se avanza sin publicidad, cómo se persevera y se muere uno sin esperanza de un póstumo homenaje.

Cómo se alcanza la gloria desde el silencio.

Cómo se es fiel sin enfadarse con el cielo.

Amén

 

 

sábado, 14 de marzo de 2026


 VIACRUCIS

20 de marzo a las 19'15 h. Viacrucis meditado por los mayorales y mayoralesas de la Cofradía de la Virgen de los Desamparados.


El próximo miércoles día 18 de marzo, se suspende la Adoración Eucarística.

A las 20 horas celebraremos la misa vespertina de la Solemnidad de San José


 


 

ACCIÓN DE GRACIAS

QUIERO VER, SEÑOR

Para sentirte cerca y nunca abandonarte.

QUIERO VER, SEÑOR

Porque me pierdo y camino confundido.

QUIERO VER, SEÑOR

Para verte y nunca perderte.

QUIERO VER, SEÑOR

Porque, sin Ti, no soy tan feliz como creo ser.

QUIERO VER, SEÑOR

Para vivir alegre y abierto a los demás.

QUIERO VER, SEÑOR

Y agradecer lo mucho que haces por mí.

QUIERO VER, SEÑOR

Y defenderte cuando algunos te ignoren.

QUIERO VER, SEÑOR

Y no tropezarme cuando surjan dificultades.

QUIERO VER, SEÑOR

Para que nadie me confunda con falsas luces.

QUIERO VER, SEÑOR

Para que nada me aleje de tu amistad.

Amén.

 

2026 CICLO A

TIEMPO DE CUARESMA IV

Cuarto domingo de cuaresma y en esta ocasión el evangelio nos propone el relato de la curación del ciego y se habla de Jesús como luz. Jesús es para nosotros luz y faro que nos guía. Y nos encontramos con él en torno a la palabra, en nuestros ratos de meditación serena, sin bombardeos emocionales y cuando nos reunimos semanalmente para celebrar la eucaristía, su presencia en medio de nosotros.

Jesús sale del templo y ve a un hombre ciego de nacimiento, un discapacitado que, por ley, no puede entrar en él. Jesús ve lo invisible y se detiene, sin que nadie le llame, sin que nadie se lo pida. Amigos y enemigos se pierden buscando culpas en ese hombre, todos juntos equivocándose sobre Dios. Jesús no está de acuerdo, huye de esa lógica: ni él ni sus padres han pecado. El mal no viene de Dios.

Y sin que el ciego le pida nada, extiende un poco de barro y saliva sobre esos párpados que cubren el vacío. Dios se ensucia las manos con el hombre, y es al mismo tiempo un hombre que se contamina de cielo, contagiado de luz.

Ve a lavarte a la piscina de Siloé... El ciego confía en su bastón y en la palabra de un desconocido. Confía cuando el milagro aún no existe, cuando solo hay oscuridad a su alrededor.

Fue a la piscina y volvió viendo. Ya no se apoya en su bastón; ya no se sentará en el suelo a implorar piedad, sino que, erguido, camina con el rostro hacia el sol, por fin libre. Por fin un hombre nuevo. De hecho, la gente ya no lo reconoce. Es él, dicen algunos. No, no es él. Y así sucede realmente: uno se encuentra con el Señor y cambia por dentro. Se abren ventanas de luz.

Jesús cura en sábado y en lugar de alegría, aparece una tristeza infinita. Incluso los padres del ciego parecen cobardes. A los fariseos no les importa la vida que ha vuelto a esos ojos, sino la doctrina correcta. Y inician un proceso por herejía. Para defender la doctrina, niegan la evidencia. Pero ¿qué religión es esta que no mira por el bien del hombre, sino solo por sí misma y por sus reglas?

Los fariseos querrían que el ciego volviera a ser ciego, para tener razón ellos. Pero el ciego se ha hecho libre, se ha hecho fuerte, planta cara a los sabios: yo no sé de teología, yo estoy con la vida, con los hechos: ¡ahora veo!

Jesús une al Dios de la vida y al Dios de la doctrina, y lo hace poniendo al hombre en el centro. La gloria de Dios es un hombre con luz en los ojos y en el corazón.

Para los fariseos, Jesús no viene de Dios, porque no observa el sábado; para ellos, venir de Dios depende de la observancia de la ley; para Jesús, venir de Dios depende de cómo habitas la tierra y como caminas por ella, sembrando paz y amor.

Yo soy la luz del mundo: luz que acaricia, belleza que sana, mirada que consuela, fuerza que hace renacer la vida. No se pueden obviar todas las sombras de la actualidad, con nuevos conflictos añadidos a los ya existentes, pero animémonos a buscar los puntos de luz de nuestras vidas.

 

miércoles, 11 de marzo de 2026


 

MEDITACIÓN EUCARISTICA:

LA INVISIBILIDAD

Señor Jesús sacramentado, junto a ti estamos realizando este camino cuaresmal y nos preocupa mucho no estar a la altura de lo que tú esperas de nosotros. El trato contigo, pero sobre todo con los hermanos nos resistimos. Escuchemos esta historia de s. Pablo:

El primer día de la semana, nos reunimos para la fracción del pan; Pablo les estuvo hablando y, como iba a marcharse al día siguiente, prolongó el discurso hasta medianoche. Había lámparas en abundancia en la sala de arriba, donde estábamos reunidos. Un muchacho, de nombre Eutiquio, estaba sentado en la ventana. Mientras Pablo alargaba su discurso, al muchacho le iba entrando un sueño cada vez más pesado; al final, vencido por el sueño, se cayó del tercer piso abajo. Lo recogieron ya muerto, pero Pablo bajó, se echó sobre él y, abrazándolo, dijo: “No os alarméis, sigue con vida”. Volvió a subir, partió el pan y lo comió. Estuvo conversando largamente hasta el alba y, por fin, se marchó. Por lo que hace al muchacho, lo trajeron vivo, con gran consuelo de todos”. (Hechos 20,7-12)

Cuando Eutiquio se quedó dormido, la parte más fuerte no es la caída, es que nadie la vio venir. El lugar estaba lleno. Era una reunión importante. Estaba predicando Pablo de Tarso. Había ambiente espiritual. Había enseñanza profunda. Había gente apasionada escuchando. Y en medio de todo eso… un joven se estaba apagando. Pero nadie lo notó.

No dice que alguien le preguntó si estaba bien. No dice que alguien lo movió de lugar. No dice que alguien vio su cabeza caer lentamente. Solo dice que se quedó profundamente dormido…y cayó. Tres pisos. Eso es lo que duele de la historia. No cayó en la calle. No cayó lejos. Cayó en medio de una reunión de fe. Y nadie lo sostuvo antes.

Cuántas veces pasa así. En casa. En la iglesia. En el trabajo. En el grupo de amigos. Todo parece estar bien. La reunión sigue. La música suena. La conversación fluye. El mensaje continúa. Y alguien, en silencio, se está cansando. Es el hijo que ya no habla tanto como antes. Es la esposa que sonríe, pero ya no brilla igual. Es el líder que sirve fielmente, pero está exhausto. Es el amigo que se ríe en público y llora en privado. No siempre las personas “caen” por rebeldía. A veces se duermen del cansancio. De la presión. De la carga que no compartieron.

Y lo más peligroso no es el sueño. Es la invisibilidad. Eutiquio no gritó antes de caer. Se fue quedando dormido poco a poco. Así pasa hoy. Nadie anuncia: Estoy a punto de rendirme. Simplemente se apagan despacio. Y aquí viene lo que confronta: Estamos tan enfocados en lo que se está diciendo, que a veces no vemos lo que se está viviendo. Tan atentos al mensaje, que olvidamos mirar a las personas.

Pero cuando Eutiquio cae, Pablo detiene todo. Baja. No delega. No ignora. No dice: Seguid cantando. Desciende. Lo abraza. Y declara vida.

Eso es liderazgo verdadero. Eso es amor real. Porque no basta con predicar arriba si no estás dispuesto a bajar cuando alguien cae. Y aquí es donde la historia deja de ser antigua.

Tal vez en nuestras casas hay alguien sentado en una ventana. Callado. Cansado. Distraído. Desconectándose poco a poco. Y no lo has notado. Tal vez a tu alrededor hay alguien funcionando en automático. Tal vez en tu iglesia hay alguien sirviendo mientras se desmorona por dentro. Tal vez en tu propia familia hay alguien al borde… y todos creen que está bien.

La pregunta no es solo: ¿Quién va a levantar al que cayó? La pregunta es: ¿Quién va a notar al que se está quedando dormido? Porque cuando prestamos atención, muchas caídas se pueden evitar. Un mensaje. Una conversación honesta. Un ¿de verdad estás bien? Un abrazo a tiempo. Después del milagro, el joven volvió a subir. La reunión continuó. La vida siguió.

Pero esa noche todos entendieron algo: No se trata solo de lo que se predica. Se trata de a quién estás mirando mientras predicas. Y tal vez hoy el Espíritu no te está diciendo: Ten más fe. Tal vez te está diciendo: Mira mejor.

Qerido Jesús sabemos que a veces el mayor milagro no es resucitar al que cayó. Es notar al que está a punto de hacerlo. Amén.

sábado, 7 de marzo de 2026


 Próximo viernes día 13 de marzo a las 19'15 horas

Viacrucis meditado por el grupo de Pastoral y de la Salud y por el grupo de Caritas


 


 


Tantas veces nos acercarnos a este pozo de Jacob, con el cántaro de nuestras dispersiones y carencias.

Quizá tú, Señor, que te has detenido, cansado, ante su brocal y sombra, detente ante nuestras resistencias, pues lo tuyo es derribar barreras y abrir puertas a la esperanza.

Quizá tu palabra, tan sorpresiva, cercana y clara, hagan emerger nuestro ser más hondo, relativizando tantas vanas ocurrencias.

Quizá tus ojos vivos y tu presencia acogedora, hagan que expresemos insatisfacciones, prejuicios y resistencias, recelos y carencias.

Deseos tenemos a manos llenas, aunque el corazón esté herido y las entrañas pisoteadas y yermas de tanta lágrima amarga derramada.

Hasta en seis ocasiones con decisión buscando abrazos y amores, pero llevamos a cuestas una vida rota y sin horizonte, llena de fracasos y sinsabores.

Ya no entendemos tu mensaje ni lo que nos mueve cada día a buscar el agua tan necesaria, por eso andamos perdidos y preguntamos cómo personas torpes.

Pero poco a poco tú nos cautivas y enamoras y te ganas nuestro herido corazón; y nosotros anhelamos, como nunca, el agua viva que brota de tu rostro y voz.

Nos sentimos amados, reconocidos y con una sed distinta; corremos hacia la aldea y anunciamos tu presencia que cura, alegra y da vida sólo con ser acogida unos días.

Amén


 

2026 CICLO A

TIEMPO DE CUARESMA III

Llegamos al tercer domingo de cuaresma y hoy el evangelio nos presenta a Jesús que cansado del camino se sienta junto al pozo. Llega una mujer sin nombre y con una vida frágil. Dame de beber. Dios tiene sed, pero no de agua. Tiene sed de ser amado. Tiene sed de cada uno de nosotros desde el momento en que nos da la vida.

Esa mujer samaritana, representa a toda la humanidad. Sabemos perfectamente que los judíos y los samaritanos eran dos pueblos que se evitaban por sistema. Jesús rompe el muro de los prejuicios, está por encima de escrúpulos nacionalistas, religiosos o de género; por encima de cualquier barrera ideológica. Y es que el diálogo que Jesús mantiene con la samaritana es toda una llamada de atención para que dejemos a un lado los estigmas con los que solemos marcar a todos aquellos, que no piensan ni actúan como a nosotros nos gustaría. 

Jesús le dice: Si conocieras el don de Dios... Te daré un agua que se convierte en manantial. Nos enseña que hay un medio, uno solo, para llegar al corazón profundo de cada uno. Y no es la reprimenda, la crítica, la acusación, sino hacer saborear un poco más de belleza, un poco más de bondad, de vida.

conversación gire en torno al agua nos nuevo nacimiento, es decir, un nuevo comienzo por medio del Espíritu.

Y esa mujer cuya vida estuvo marcada por incesantes búsquedas frustradas y naufragios afectivos, y que acabó viciando su relación con Dios estaban inmersas en un pozo de aguas muertas, que ya no servía siquiera para refrescar.

Jesús toma la iniciativa y le ofrece una nueva búsqueda para descubrir un agua distinta y sorprende y descoloca a la samaritana, pero le hace sentir sed de profundidad espiritual; la sed de una nueva manera de entender lo religioso, que ya no dependerá de lugares físicos ni geográficos, sino del torrente de «agua viva» que es Él mismo y que desemboca en lo más íntimo de su ser.

Una fuente es mucho más que lo que necesitas para saciar tu sed; es sin medida, sin fin, sin cálculo, sin esfuerzo. Exuberante y excesiva. No brota para sí misma, sino para los demás.

Y la mujer, dejando su cántaro corre a la ciudad. Su pasado, que era su debilidad, se convierte ahora en su fuerza. Por eso no tenemos que tener miedo a nuestras debilidades, sino construyamos sobre ellas. Ese cántaro se ha convertido en un peso y un estorbo que es preciso dejar atrás. Ya no necesita de esa agua porque Jesús le ha descubierto el manantial que tiene en su corazón.

Que durante este tiempo de Cuaresma seamos mendicantes de esa agua viva que nos propone Jesús. Que nos dejemos embriagar con la frescura de este mensaje, que nos invita a amar y ser amados con una mirada libre de prejuicios. Reconocer y respetar ese Agua Viva en cada persona, resolvería todos los conflictos de la humanidad, ya sean en forma de guerras, abusos o marginaciones. El mensaje de felicidad y salvación del evangelio alcanza a cualquier persona, sin que importen sus circunstancias vitales.