Horario 23 horas
viernes, 3 de abril de 2026
2026 CICLO A
VIERNES SANTO
Llegamos al final de este recorrido humano de Jesús. Él
vino para darnos vida y nosotros entregamos muerte. Pero en este
acto salvador se manifiesta el ser de Dios y la plenitud de lo humano.
Es la mayor prueba de que Dios nos ama. La muerte de Jesús en la cruz,
al mismo tiempo de mostrar una crudeza y crueldad profundas, manifiesta
que Jesús, vivió una vida entregada a los demás. Jesús pone de
relieve el amor con que Dios nos ama y que no hay amor más grande que el
que da la vida por sus amigos.
En la cruz de Nuestro Señor Jesucristo adoramos no
a un Dios muerto, sino la vitalidad de su amor porque del madero de la cruz
brota con mayor fuerza su presencia amorosa.
Jesús en la cruz muestra la capacidad del ser humano
de acoger lo divino y de actuar como tal. Jesús ayer se entregó los
cercanos en la Última Cena, en la forma de pan y vino, y hoy finalmente en la
cruz, lo hace por toda la humanidad.
Para los cristianos, la cruz de Cristo no es sólo
motivo de veneración, sino que es el camino propuesto por nuestro salvador para
poder llegar al destino final preparado por Dios para nosotros. Hemos de
abrazar la cruz, en la que nos entregamos totalmente al servicio de los demás,
para así acoger la vida que Dios, que, por su gracia, nos regala.
La imagen de Jesús muerto y suspendido en la cruz
quedó grabada en la memoria de los creyentes. Una estampa ante la cual nos sale
decir: ¡No me lo puedo creer! Y la fe reclama que digamos: Esto es lo que
hay que creer. A Este crucificado es al que hay que creer. Éste es
verdaderamente el Hijo de Dios. Aquí está la salvación del mundo, como dirá la
Liturgia del Viernes Santo».
Levantar los ojos hacia él no es sólo un acto físico.
Es, sobre todo, un acto de fe. La verdadera fe afirma «Dios es así», «Dios está
en El», «Él es Dios». Para muchos parece imposible que un condenado a muerte
pueda ser Dios. Demasiado fuerte. Donde unos no ven nada más que escándalo,
otros vemos amor, todo el amor que Dios nos tiene. Donde unos no ven nada
más que fracaso, otros vemos el triunfo del amor. Donde unos no ven nada
más que un final, otros vemos la máxima expresión del amor, de la entrega por
amor hasta la muerte. Ahí está el nudo del problema. ¿Es posible amar tanto
que te entregues hasta la muerte? Esta pregunta la tienen que responder
los que de verdad aman y los que amando están dispuestos a lo que sea.
Muchos dejan «todo» por conseguir a alguien. Todo
encuentro de dos personas lleva implícita una renuncia, una entrega que tiene
mil plasmaciones. Por la otra persona hay personas que son capaces de entregar
la vida, poco a poco, como se hacen las cosas de la vida: en el paso rutinario
de las horas…
La entrega no es una experiencia lejana ni ajena a
nuestra propia vida. Cada uno sabe lo que es capaz de entregar y por quién
tenemos fuerzas para entregarnos… Cada uno sabe qué cruces estamos dispuestos a
llevar y por quién…
jueves, 2 de abril de 2026
ACCIÓN DE GRACIAS
Gracias, Jesús, por la Eucaristía.
Gracias, Jesús, porque deseabas
ardientemente celebrar la Pascua con nosotros.
Gracias, Jesús, porque en la última cena
nos entregaste tu vida y nos llenas de tu presencia.
Gracias, Jesús, porque nos amaste hasta
el final, hasta el extremo que se puede amar; morir por otro, dar la vida por
otro.
Gracias, Jesús, porque quisiste celebrar
tu entrega, en torno a una mesa con tus amigos, para que fuesen una comunidad
de amor contigo.
Gracias, Jesús, porque nos dijiste que
celebrásemos la eucaristía en memoria tuya.
Gracias, Jesús, porque podemos celebrar
la Eucaristía todos los días.
Gracias, Jesús, porque cada día podemos
seguir alimentándonos de ti para seguir AMANDO y SIRVIENDO fraternalmente a
quienes se encuentren con nosotros, y seguir nuestro camino para llegar a ser
uno CONTIGO. Amén
2026 CICLO A
JUEVES SANTO
La liturgia del jueves santo nos dice una palabra definitiva sobre cómo es Dios, quién es el ser humano y
lo que está llamado a ser.
Durante la cena de despedida con sus apóstoles, Jesús
se ciñe la cintura para confirmar ese movimiento de Dios que se abaja, se vacía de sí mismo para agraciar y enriquecer al ser humano poniéndose
a sus pies, a su servicio. Jesús de este
modo nos dibujó el icono de la entrega.
Dios buscaba ablandar nuestras conciencias; fortalecer nuestra confianza en su amor incondicional y trasplantarnos un corazón renovado con
su energía divina, su Espíritu de vida. “Os he dado ejemplo para que lo que Yo he hecho con vosotros, vosotros también
lo hagáis”. ¿Qué más puede darnos o decirnos Jesús?
El mandamiento de la nueva alianza lo concentra todo:
amaos, cuidaos unos a otros como
hermanos de todos. No podemos decir que amamos a Dios a quien no vemos si no
amamos al hermano que tenemos cerca, si no cuidamos al prójimo a quien sí vemos
y Cristo se identificó.
Jesús nos amó
hasta el extremo. Jesús el
extremista. Fue un extremista amando nuestra humanidad. Humanidad bien retratada aquella noche
de jueves santo: el amigo que le niega,
los amigos que huyen y se desdicen asustados, el traidor. Esa es nuestra humanidad, esos somos nosotros. Eso es lo que, en Cristo, Dios ha abrazado hasta sus últimas
consecuencias. Esa humanidad que manipula a Dios, que lo rechaza, que ha colgado a Dios de la cruz. Esa humanidad que no logra liberarse de
violencias, de injusticias. Todo esto ha
sido amado.
Nuestro mundo precisa por todas partes que los
cristianos volvamos a Jesús y su misericordia. Allá donde hay una iglesia,
comunidad parroquial, vida consagrada o familia cristiana, en cualquier lugar
donde viva un seguidor de Jesús es urgente que activemos dispositivos de fraternidad.
El mensaje de la Semana Santa será solo cultural o
devocional, si no contribuye a transformar
nuestras opciones de vida. El evangelio nos interpela a renovar hoy nuestro
compromiso con la entrega de Jesús, la fraternidad universal, la renovación de
la Iglesia desde el principio de misericordia.
Hagamos vida su última
voluntad: “amaos como Yo os he amado”. Hasta
el extremo. Es necesario que nos esforcemos por vivir el Mandamiento del
Amor. Tenemos necesidad de:
- AMARNOS:
no tanto con palabras, sino con obras y de verdad.
- AYUDARNOS y
de COMPRENDERNOS, como Cristo ayudó y comprendió
- COMPARTIR
lo que somos y tenemos: nuestra fe, alegría, nuestra generosidad, nuestro
tiempo.
- PERDONARNOS:
unos a otros cuando nos ofendemos, como señal de amor.
Lo más importante
que Jesús nos dijo sobre Dios: no es que Dios existe, sino que nos
ama; no es que Dios es Dios, sino que es nuestro Padre; no es que Dios es todopoderoso, sino que es misericordioso.






