Próximo viernes día 13 de marzo a las 19'15 horas
Viacrucis meditado por el grupo de Pastoral y de la Salud y por el grupo de Caritas
Tantas veces nos acercarnos
a este pozo de Jacob, con el cántaro de nuestras dispersiones y carencias.
Quizá tú, Señor, que te
has detenido, cansado, ante su brocal y sombra, detente ante nuestras
resistencias, pues lo tuyo es derribar barreras y abrir puertas a la esperanza.
Quizá tu palabra, tan
sorpresiva, cercana y clara, hagan emerger nuestro ser más hondo, relativizando
tantas vanas ocurrencias.
Quizá tus ojos vivos y
tu presencia acogedora, hagan que expresemos insatisfacciones, prejuicios y
resistencias, recelos y carencias.
Deseos tenemos a manos
llenas, aunque el corazón esté herido y las entrañas pisoteadas y yermas de tanta
lágrima amarga derramada.
Hasta en seis ocasiones
con decisión buscando abrazos y amores, pero llevamos a cuestas una vida rota y
sin horizonte, llena de fracasos y sinsabores.
Ya no entendemos tu
mensaje ni lo que nos mueve cada día a buscar el agua tan necesaria, por eso
andamos perdidos y preguntamos cómo personas torpes.
Pero poco a poco tú nos
cautivas y enamoras y te ganas nuestro herido corazón; y nosotros anhelamos,
como nunca, el agua viva que brota de tu rostro y voz.
Nos sentimos amados, reconocidos
y con una sed distinta; corremos hacia la aldea y anunciamos tu presencia que
cura, alegra y da vida sólo con ser acogida unos días.
Amén
2026
CICLO A
TIEMPO
DE CUARESMA III
Llegamos al tercer domingo de cuaresma y
hoy el evangelio nos presenta a Jesús que cansado del camino se sienta junto al
pozo. Llega una mujer sin nombre y con una vida frágil. Dame de beber. Dios
tiene sed, pero no de agua. Tiene sed de ser amado. Tiene sed de cada uno de
nosotros desde el momento en que nos da la vida.
Esa mujer samaritana, representa a toda
la humanidad. Sabemos perfectamente que los judíos y los samaritanos eran dos
pueblos que se evitaban por sistema. Jesús rompe el muro de los prejuicios, está
por encima de escrúpulos nacionalistas, religiosos o de género; por encima de
cualquier barrera ideológica. Y es que el diálogo que Jesús mantiene con la
samaritana es toda una llamada de atención para que dejemos a un lado los
estigmas con los que solemos marcar a todos aquellos, que no piensan ni actúan
como a nosotros nos gustaría.
Jesús le dice: Si conocieras el don de
Dios... Te daré un agua que se convierte en manantial. Nos enseña que hay un
medio, uno solo, para llegar al corazón profundo de cada uno. Y no es la
reprimenda, la crítica, la acusación, sino hacer saborear un poco más de
belleza, un poco más de bondad, de vida.
conversación gire en torno al agua nos
nuevo nacimiento, es decir, un nuevo comienzo por medio del Espíritu.
Y esa mujer cuya vida estuvo marcada por
incesantes búsquedas frustradas y naufragios afectivos, y que acabó viciando su
relación con Dios estaban inmersas en un pozo de aguas muertas, que ya no
servía siquiera para refrescar.
Jesús toma la iniciativa y le ofrece una
nueva búsqueda para descubrir un agua distinta y sorprende y descoloca a la
samaritana, pero le hace sentir sed de profundidad espiritual; la sed de una
nueva manera de entender lo religioso, que ya no dependerá de lugares físicos
ni geográficos, sino del torrente de «agua viva» que es Él mismo y que
desemboca en lo más íntimo de su ser.
Una fuente es mucho más que lo que
necesitas para saciar tu sed; es sin medida, sin fin, sin cálculo, sin
esfuerzo. Exuberante y excesiva. No brota para sí misma, sino para los demás.
Y la mujer, dejando su cántaro corre a
la ciudad. Su pasado, que era su debilidad, se convierte ahora en su fuerza. Por
eso no tenemos que tener miedo a nuestras debilidades, sino construyamos sobre
ellas. Ese cántaro se ha convertido en un peso y un estorbo que es preciso
dejar atrás. Ya no necesita de esa agua porque Jesús le ha descubierto el
manantial que tiene en su corazón.
Que durante este tiempo de Cuaresma
seamos mendicantes de esa agua viva que nos propone Jesús. Que nos
dejemos embriagar con la frescura de este mensaje, que nos invita a amar y ser
amados con una mirada libre de prejuicios. Reconocer y respetar ese Agua
Viva en cada persona, resolvería todos los conflictos de la humanidad, ya sean
en forma de guerras, abusos o marginaciones. El mensaje de felicidad y
salvación del evangelio alcanza a cualquier persona, sin que importen sus
circunstancias vitales.
MEDITACIÓN
EUCARISTICA
José
y la esposa de Potifar
Querido
Jesús sacramentado en esta tarde venimos a adorarte y a disfrutar de tu
presencia. En este tiempo de cuaresma que nos invita a la conversión y al
cambio, y viendo las tentaciones que tenemos que superar, queremos hoy
reflexionar sobre la figura de José, el hijo de Jacob, vendido por sus hermanos
a unos mercaderes que viajaban a Egipto.
“Potifar,
cortesano del faraón y jefe de la guardia, compró a José a los ismaelitas. El
Señor estaba con José, de modo que fue hombre afortunado y permaneció en casa
de su amo egipcio… José era de buen tipo y bello semblante… la mujer de su amo
puso sus ojos en José y le dijo: «Acuéstate conmigo». Pero él rehusó, ella
insistía un día y otro, José no accedió a acostarse ni a estar con ella. Pero
cierto día entró él en casa para hacer su trabajo y no había ningún criado allí
en la casa. Ella lo agarró por su vestido y le dijo: «Acuéstate conmigo». Pero
él, dejando el vestido en su mano, salió afuera y huyó… cuando volvió a casa su
marido contó la historia: El esclavo hebreo que nos has traído ha venido a mí
para aprovecharse de mí. Génesis 39
José
y la esposa de Potifar: José no cayó en la tentación. Pero tampoco salió
ileso. Y eso es lo que incomoda. Porque nos gusta pensar que si hacemos lo
correcto…todo saldrá bien. Pero José hizo lo correcto y terminó en la cárcel.
Vendieron su cuerpo como esclavo. Pero no pudieron vender su conciencia.
Trabajó fielmente en la casa de Potifar. Dios lo prosperaba. Todo iba en
ascenso. Hasta que la tentación no vino como pecado…vino como oportunidad.
La
esposa de Potifar no lo amenazó al principio. Lo sedujo. Y aquí está lo
peligroso: No fue una vez. La Biblia dice que hablaba con él cada día. La
tentación rara vez grita. Susurra. Insiste. Se vuelve rutina. Hoy suena así:
“Nadie se va a enterar.” “Es solo una mirada.” “Es solo una vez.” “Te lo
mereces.” “Has sufrido mucho.”
Y
José tenía razones humanas para caer. Estaba lejos de casa. Le habían
traicionado. Era joven estaba solo. Pero su respuesta no fue moral…fue
espiritual. “¿Cómo haría yo este grande mal, y pecaría contra Dios?”
No
dijo: “Contra Potifar.” “Contra mi futuro.” “Contra mi reputación.” Dijo:
“Contra Dios.” Porque cuando tu relación con Dios es real, el pecado deja de
ser solo un error…se vuelve una herida a quien amas. Y un día la presión subió.
Ella lo tomó del manto. Y aquí está la escena que duele: José tuvo que elegir
entre su pureza y su imagen. Entre obedecer a Dios o proteger su reputación. Y
decidió huir. No dialogó. No negoció. No se quedó para probar su fortaleza.
Huyó.
Porque
hay tentaciones que no se enfrentan…se abandonan. Y salió corriendo…pero dejó
el manto. Y ella usó ese manto como evidencia falsa. Lo acusaron. No lo
escucharon. No lo defendieron. Y terminó en prisión. Por hacer lo correcto.
Y
aquí es donde la historia se vuelve profunda: La obediencia no siempre te evita
el dolor. Pero sí te evita perder el alma. José perdió posición, pero conservó
carácter. Perdió comodidad, pero mantuvo comunión. Perdió libertad temporal, pero
no perdió la presencia de Dios.
Porque
la Biblia dice algo poderoso: “Pero Javeh estaba con José.” En la casa. En la
tentación. En la cárcel. Dios estaba. Y tal vez hoy estás enfrentando una
tentación silenciosa. Un mensaje que no deberías responder. Una relación que
sabes que no te conviene. Una decisión que compromete tu integridad. Y nadie lo
sabe. Pero tú sí. Y Dios también. Y tal vez estás pensando: “¿Vale la pena
perder esto por obedecer?”
Mira
a José. Perdió el manto, pero ganó el propósito. Porque la cárcel no fue el
final. Fue el puente al palacio. Si hubiera cedido, tal vez habría disfrutado
un momento, pero habría cancelado su destino. La tentación siempre ofrece
placer inmediato a cambio de propósito eterno. Y aquí está la pregunta que
atraviesa el corazón: ¿Quién eres cuando nadie te ve?
Porque
tu verdadera grandeza no se mide en el escenario, se mide en la habitación
cerrada. Y la historia de José nos enseña algo que casi nadie dice: A veces,
huir es la mayor victoria. Y aunque hoy pierdas algo por obedecer, Dios sabe
cómo devolverlo multiplicado. Porque la fidelidad en lo secreto siempre prepara
el terreno para el propósito en lo público. Y cuando entiendes eso, ya no ves
la tentación como oportunidad. La ves como una prueba que define quién eres y
hacia dónde vas. Amén