miércoles, 13 de mayo de 2026


 

MEDITACIÓN EUCARÍSTICA:

LA HIJA DE JAIRO

Querido Jesús sacramentado en esta tarde nos encontramos con una expresión llena de vida en el evangelio de Marcos, 5. La hija de Jairo está muy enferma y su padre no duda en acercarse a Jesús para que la cure y le devuelva las fuerzas y la vida. Jesús al entrar en la habitación pronuncia la frase “Talita cumi”. No solo es una frase pintoresca: es un punto de condensación teológica y existencial muy potente. Si se mira con más profundidad, el gesto y las palabras de Jesucristo abren varias capas de sentido.

La hija de Jairo no tiene nombre en la Biblia. Y aun así, nunca fue olvidada. La conocemos por una frase que rompió el silencio de la muerte. Ahí empieza todo. El mundo piensa que ser importante es ser reconocido. Pero para Dios, ser amado es suficiente.

“Talita” significa “niñita”. No fue un grito de poder, fue una voz llena de ternura, como la de un Padre despertando a su hija. Porque Jesús no vio un final, vio a alguien que aún podía levantarse.

Jairo llegó desesperado. Su hija estaba muriendo. Jesús fue con él, pero en el camino hubo una demora. El tiempo pasó, la situación empeoró y la noticia llegó: “Ya murió.” Parecía demasiado tarde. Pero Jesús no sigue el reloj humano.

Es una a palabra que crea vida. En la tradición bíblica, la palabra de Dios no describe la realidad: la crea. Aquí, Jesús no argumenta, no negocia con la muerte, no realiza un ritual complejo. Simplemente habla. “Talita cumi” y lo que dice, sucede. Esto conecta con la idea de que la vida auténtica no surge del esfuerzo humano, sino de una voz que llama desde fuera. La niña no “decide” volver; es llamada a la vida. Es la teología de la gracia: la vida es don antes que logro.

Hay un contraste entre el ruido y la voz. El relato sitúa estas palabras en medio de un ambiente de llanto, confusión y ruido. Jesús expulsa a la multitud antes de pronunciar la frase. Esto sugiere que hay experiencias, la vida, la fe, incluso la esperanza, que no pueden acontecer en medio del estrépito colectivo. La resurrección comienza en un espacio de silencio, casi íntimo. La voz que devuelve la vida no compite con el ruido: lo atraviesa y lo deja atrás.

Y aparece algo fenomenal: la ternura como forma de poder. El poder de Jesús no se manifiesta con grandilocuencia, sino con delicadeza. “Talita” es una palabra cargada de afecto. No dice simplemente “levántate”, sino “pequeña”. Es un poder que no aplasta, sino que llama. Esto cuestiona las formas habituales de entender el poder: la verdadera autoridad no domina, sino que despierta.

Cuando entró en la casa, en medio del llanto, dijo algo que nadie entendió: “La niña no está muerta, está dormida” Se rieron. La incredulidad siempre se adelanta, pero nunca tiene la última palabra. Entonces Jesús tomó su mano. Lo que para otros era intocable, Él lo tocó. Y lo que estaba sin vida respondió. “Talita cumi.” Y la niña se levantó. Sin ruido, sin espectáculo, sin explicaciones largas. Solo una palabra y todo cambió.

Esa escena no quedó en el pasado. Hoy también hay cosas que parecen apagadas: sueños detenidos, fe debilitada, corazones cansados. Personas que siguen adelante por fuera, pero por dentro sienten que algo ya no vive. Y quizá hemos pensado lo mismo: “ya es tarde”. Pero lo que para nosotros terminó, para Jesús puede estar esperando despertar.

Él sigue entrando en habitaciones donde otros ya no creen. Sigue tocando lo que muchos evitan. Sigue hablando donde parece que todo se apagó. Porque una sola palabra suya puede hacer lo que años no lograron. “Levántate.” Levántate del miedo. Levántate de la culpa. Levántate de lo que te detuvo. Jesús no vino solo para ayudarnos a resistir vino para devolvernos la vida. Y después del milagro, pidió algo simple: que le dieran de comer. Porque lo que Dios levanta, también se cuida. La fe no solo se celebra, se alimenta.

Querido Jesús sacramentado te pedimos que sigas hablándonos, no desde lejos, sino cerca. Queremos que nos toques, que nos cojas de la mano y nos levantes y que pronuncies: Cumi, levántate, levantaos de la postración y del miedo. Preguntémonos algo que no podemos ignorar: ¿Qué parte de nuestra vida hemos dado por terminada y que Jesús todavía está llamando a despertar? Levántanos Señor, vuelve a darnos la vida plena de tu resurrección y de la vida pascual que tu ganaste para cada uno de nosotros. Amén

domingo, 10 de mayo de 2026


 


 

MISA EN SUFRAGIO POR LOS DIFUNTOS DE LA COFRADIA DE LA VIRGEN DE LOS DESAMPARADOS Y GENTE DE LA MAR Lunes 11 de mayo, a las 20 horas


 


 

ACCIÓN DE GRACIAS

No nos dejas huérfanos, Señor, nunca nos dejas huérfanos.

Cuando amamos y seguimos tus mandatos,

tu Espíritu de amor nos hace compañía

y es, para nosotros, fuerza y aliento,

soplo gratis de vida y tregua en el trabajo,

para continuar con amor y fidelidad.

A la hora de testimoniar la fe

y dar razón de nuestra forma de vivir,

tu Espíritu de vida nos acompaña siempre

y pone, a nuestro alcance, las palabras adecuadas,

esas que necesitan quienes buscan y ofrecen amor y fidelidad.

Y si el miedo a la libertad y la pobreza de nuestros proyectos

secan el corazón y lo hacen yermo,

tu Espíritu, manantial de agua viva,

lo riega para convertirlo en oasis fecundo

donde florezca, a tiempo y a destiempo, tu amor y tu fidelidad.

Vivimos el presente con serenidad

y miramos el futuro con esperanza,

porque tú no te olvidas de nosotros

aunque nosotros nos olvidemos de ti.

Tú estás en lo más hondo de nosotros

Derramando en nuestros corazones,

a manos llenas, tu amor y fidelidad.

Aunque pasemos dificultades,

aunque fracasemos en nuestros intentos,

aunque la desgracia nos visite, aunque nos rompamos a jirones,

aunque la muerte nos recoja antes de tiempo,

confiamos en tu promesa de amor y fidelidad.

No nos dejas huérfanos, Señor, nunca nos dejas huérfanos. Amén




 

2026 CICLO A

TIEMPO PASCUAL VI

El evangelio de este domingo como el del domingo pasado suena a despedida. Jesús no sólo nos prometió una morada en el cielo, hoy nos promete amarnos y la compañía del Espíritu Santo para que podamos conservar la fe, terminar la carrera de la vida, amar como Jesús nos amó.

Si me amáis guardareis mis mandamientos. Amar es una cuestión de calidad, de estilo, de precisión, de sabor adecuado. Su primera palabra es un «si»: si me amáis. Un punto de partida libre, ligero, paciente. Sin amenazas ni chantajes, puedes aceptar o rechazar con total libertad. Pero, «si me amáis», habrá consecuencias. En este pasaje, Jesús pide por primera vez explícitamente que se le ame. Hasta ahora había dicho: Amarás a Dios, amarás a tu prójimo, os amaréis los unos a los otros... ahora se añade a sí mismo a los objetos del amor. No lo reclama, lo espera. Porque el amor no se impone, no se finge, no se mendiga.

Quien observa mis mandamientos, afirma Jesús. No solo los antiguos Diez Mandamientos, sino aquellos gestos que resumen su vida, aquellos que es realmente Él: cuando lava los pies, parte el pan, prepara el pescado para sus amigos tras una noche de fatigas, al ver el dolor se detiene y toca.

El mandamiento verdaderamente suyo es: Amaos como yo os he amado. No cuánto, sino cómo, con estilo de Jesús, ama con sacrificio, sin esperar nada a cambio, hasta el fondo, un amor asimétrico, unilateral, sin condiciones. Amar con calidad, estilo, precisión, con sabor adecuado.

Nos promete la compañía del Espíritu Santo. Veamos un ejemplo práctico. En estos tiempos narcisistas si algo está de moda y parece que mucha gente necesita, es un consejero, un asesor de imagen, un entrenador personal, un coach personal. España, dicen los periódicos, tiene alrededor de 2.140 asesores que nos cuestan bastantes millones. Las celebridades, los deportistas y todos los que quieren ser alguien tienen su coach personal.

Yo le pediré al Padre que os dé otro Defensor que esté siempre con vosotros, el Espíritu de la verdad, así define Jesús a nuestro coach, acompaña personal e interiormente, siempre presente en nuestra vida. No tiene horario ni cobra honorarios. No os dejaré huérfanos dice Jesús.

Jesús sabe que necesitamos para llegar a ser hijos de Dios en plenitud, más que asesores de imagen, más que un coach personal necesitamos un coach interior, el Espíritu Santo, nuestro abogado y nuestro guía. El Espíritu Santo es el vínculo que nos une con Dios y con los hermanos en la fe, nos hace comunidad, asamblea santa, nos hace Iglesia.

Nosotros somos algo más que un grupo de gentes que se reúnen los domingos para leer el Libro, hablar de Dios, rezar, cantar y aburrirnos juntos. El Espíritu Santo hace presente y vivo a Jesucristo en medio de la asamblea. El Espíritu Santo habita en nuestro interior y, si le escuchamos, es el que elimina los bloqueos que nos impiden conocer la verdad sobre nosotros y sobre Dios. El Espíritu nos hace experimentar el amor de Dios y nos ayuda a cumplir el legado de Jesús: el que me ama guardará mis mandamientos.

viernes, 8 de mayo de 2026


 

El pasado sábado 2 y domingo 3 de mayo, 35 niños de nuestra comunidad parroquial recibieron su Primera Comunión.
La enhorabuena para todos ellos y para sus familias.