miércoles, 11 de febrero de 2026


 

Meditación eucarística:

Paciencia y Esperanza

Querido Jesús sacramentado en esta tarde en que nos reunimos en torno a tu eucaristía y en la que iniciamos el triduo a los Siete Santos Fundadores, queremos reflexionar contigo el tema de la esperanza y la paciencia. Es un tema clave dentro del cristianismo: la importancia de la esperanza y la paciencia en medio de las dificultades. En las enseñanzas cristianas, la esperanza es vista como una virtud que permite a las personas confiar en Dios, incluso cuando las circunstancias parecen ser desalentadoras. Nuestra confianza va mucho más allá de las apariencias.

Paciencia y esperanza: Un pastor tenía dos ovejas, y estaba contento porque las dos habían concebido, y tenían unos hermosos y juguetones corderitos. Durante la noche, el pastor encerraba sus dos ovejas en un corral que tenía muy cerca de la casa. Así se aseguraba que lobos y zorros no las mataran.

En las horas del día, las soltaba para que fueran a pastar por los cerros. Y aquel día las soltó, como siempre, y dejó a los corderitos en el corral. Es muy riesgoso soltarlos tan pequeños.

Las dos ovejas cruzaron el río, caminando sobre su firme lecho de piedras. Las aguas del río serrano eran poco profundas, y ellas lo cruzaban a diario. Pero al poco tiempo se desató una tormenta muy fuerte, la lluvia fue repentina y torrencial y las aguas bajaban con fuerza y el río se desbordó.

El pastor salió hasta la orilla, porque sabía que se acercaba la hora en que sus ovejas regresarían para amamantar a sus crías y pasar la noche en el corral, y vio que sería imposible cualquier intento por cruzar aquel torrente de aguas, sin exponerse a ser arrollado y golpeado contra las piedras.

Una oveja se puso a pastar pacientemente en la orilla, esperando que las aguas bajaran, la otra se impacientó y comenzó a lamentarse:

- Esta agua no descenderá y mi hijito se morirá de hambre, aquí nos sorprenderá el lobo y moriremos. La compañera trató de calmarla:

- No te impacientes, recuerda que ya vimos muchas crecientes en el río y siempre vimos las aguas descender, no nos pasará nada grave, y mañana amamantaremos a nuestros hijos.

De nada valieron sus reflexiones; la oveja se arrojó a las aguas del rio y la corriente la arrastró. El pastor la miraba impotente desde la orilla opuesta. La pobre oveja avanzó un par de metros y la fuerza del rio la vencieron y la arrastraron río abajo; el pastor y la compañera vieron cómo el cuerpo de la desdichada era llevado por la corriente, que lo golpeaba contra las rocas salientes.

Al anochecer, las aguas ya habían descendido bastante. Pastor y oveja se miraban desde las dos orillas; el pastor, que conocía bien los pasos menos riesgosos, entró al agua, y lenta y cuidadosamente, llegó hasta la otra orilla, ató una cuerda al cuello de su oveja, y ambos volvieron a cruzar el río.

Los corderitos balaban en el corral, el pastor hizo que el huerfanito mamara de la oveja sobreviviente, que se constituyó en su madre adoptiva.

Querido Jesús estamos convencidos que, sin esperanza, es imposible tener paciencia, porque nadie espera lo imposible, y la esperanza más hermosa es la que nace en situaciones más desesperantes. La impaciencia, con la que quieren alcanzarlo todo hoy, es la que te hace perder la oportunidad de alcanzarlo mañana.

La idea de que "nadie espera lo imposible" es una verdad profunda, porque la esperanza se basa en la fe de que, aunque no podamos ver la solución o el camino, Dios tiene un propósito y un plan para cada situación. La paciencia se convierte en un acto de confianza, esperando en el tiempo de Dios, sabiendo que Él trabaja todo para bien, aunque no siempre sea de acuerdo a nuestro tiempo.

La impaciencia, por otro lado, es como una tentación que nos lleva a querer controlarlo todo y obtener resultados inmediatos. Pero muchas veces, lo que realmente necesitamos no es un resultado rápido, sino el proceso que nos enseña a ser más fuertes, sabios y humildes. Es hermoso pensar que la esperanza más profunda se forja en momentos de desesperación, porque es precisamente cuando todo parece oscuro que uno se ve llamado a poner su fe en algo más grande que uno mismo. Ese tipo de esperanza es transformadora. Amén.

sábado, 7 de febrero de 2026


 El 17 de febrero  en las misas de las 8 y 20 horas, conmemoraremos la festividad de los 7 Padres Fundadores de los Frailes Siervos de María.


 


El próximo miércoles día 11 de febrero dará inicio el Triduo preparatorio a la Festividad de los Siete Padres Fundadores.

Triduo: miércoles 11 - jueves 12 y viernes 13
Horario: 19'40 horas


 


 

ACCIÓN DE GRACIAS

HAZME, SEÑOR, SER SAL Y LUZ

Que, lejos de falsificar mi vida,

la mantenga soldada a tu gracia,

alimentada por tu Palabra y

sostenida con tu mano salvadora.

Que siendo, Tú, el salero de mi existencia

cuentes conmigo, Señor,

para sazonar oportunamente tantas situaciones

que reclaman ilusión y fuerza,

alegría y optimismo, dignidad y verdad,

Que siendo, Tú, la fuente de la luz

cuentes conmigo, Señor,

para alumbrar miserias y soledades,

tristezas y angustias, aflicciones y pruebas,

luchas y tribulaciones

en las que combaten tantos hombres

HAZME, SEÑOR, SER SAL Y LUZ

Que dé gusto, no a lo que el mundo quiere,

y sí a una nueva forma de vivir y de sentir.

Que ofrezca, la luz de tu presencia,

a los que viven como si no existieras;

a los que, creyendo en Ti,

caminan como si el Evangelio no conocieran.

Que sepa ser conservante como la sal:

que guarde, para mí y para los demás,

tu gracia y poder, mi fe y mi fidelidad,

mi oración y mi confianza en Ti. Amén

 


 

2026 CICLO A

TIEMPO ORDINARIO V

Tras el discurso de las bienaventuranzas, se nos dice que somos sal y luz. Dos elementos muy sencillos y humildes. Según el texto de hoy, la misión a la que Jesús nos invita se concreta en ser luz y en ser sal.

La sal da sabor a las comidas y a la vida, conserva los alimentos. Sería poner alma, corazón y creatividad en todo lo que hacemos. Cada persona, que aporte su granito de sal.

El signo de la sal es humilde, no pretencioso, y muy ajustado al estilo de Jesús. La sal sólo sirve para añadirse a otros alimentos y resaltar su sabor, y esto tan sencillo, tan cotidiano, puede ser una excelente parábola de lo que ocurre con Jesús, que es la sal que da sabor a todo lo que hacemos: a vivir, a trabajar, a descansar, a triunfar, a fracasar, a estar sano, a estar enfermo, a morir… a todo. Somos un yacimiento de sal, de luz y de sabor. Para que surja la Sal, es necesario el mar y del sol.

Ser luz, la luz sirve para iluminar, no existe para ser mirada o contemplada, porque nos quedaríamos ciegos. La luz resalta el ambiente, la perspectiva y los volúmenes para caminar por la vida con realidad y coherencia.

La invitación a ser luz tiene un peligro, y es que caigamos en la pedantería de ir por la vida creyéndonos luz de los demás. Debemos tener muy claro que esa luz no es nuestra; que en todo caso somos meros portadores de la luz de Dios que hemos visto reflejada en Jesús.

Todos tenemos un poco de luz de Dios, y ofreciendo la que tenemos y recibiendo la que nos dan, podemos caminar por el mundo como hermanos que se esfuerzan en avanzar sin tropiezos. la vida cristiana es como un cirio, que si no se consume para dar luz no sirve para nada. Jesús; cirio encendido que se quemó hasta el último cabo para iluminar el mundo con la luz de Dios.

Jesús no vino a traer un nuevo sistema de pensamiento, el suyo es irradiación de luz, esparcimiento de sal, contagio de fuego y de sabor.

Si la sal permanece encerrada en su frasco, no sirve para nada, su vocación es dispersarse en la comida. La luz no se ilumina a sí misma, sino las cosas sobre las que se posa, y no vuelve a su fuente.  Observa la humildad de la sal y la luz. No llaman la atención sobre sí mismas, no se ponen en el centro. No tienen como objetivo perpetuarse a sí mismas, sino valorizar al otro. Y así es la Iglesia: no es un fin, sino un medio para mejorar la vida de las personas.

Hagamos la guerra al hambre es la campaña de manos unidas en su lucha contra el hambre en el mundo y toda clase de necesidades que pululan por el mundo en general. Colaboremos para que las personas indicadas puedan ayudar y mostrar solidaridad con todas estas necesidades.

Así seremos sal y luz al estilo de Jesús; sin alardes ni espectáculos. Pero es muy difícil que “los hombres vean el amor del Padre” cuando lo que habitualmente ven en el mundo no es amor, sino injusticia, opresión y explotación. Los cristianos hemos visto el amor de Dios en Jesús, y lo que él nos pide es que le ayudemos a que los demás vean ese amor en nosotros.