2026
CICLO A
TIEMPO
DE PASCUA V
Estamos ya en el quinto domingo de
pascua y Jesús como siempre nos anima a vivir con verdad y entusiasmo. Hoy
Jesús busca afianzar nuestra fe. Podemos estar turbados o preocupados
interiormente por una lista interminable de acontecimientos que nos aquejan a
nivel personal, familiar, eclesial, social y, como no, mundial, y nos
preguntamos: ¿Qué será de nuestra vida y el futuro de la humanidad? Jesús
responde: No perdáis la calma, creed en Dios y creed también en mí.
Como cristianos, la resurrección de Jesús
nos hace mirar la realidad que nos envuelve con ojos de esperanza. Ni el
sufrimiento ni la muerte de la que nadie podemos escapar nos podrán separar del
amor de Dios manifestado en la resurrección de Jesucristo.
Hoy recibimos tres palabras clave para
definir a Jesús como camino, verdad y vida. Un camino es algo muy concreto.
No se trata de una idea abstracta, sino de una invitación concreta a seguir
sus pasos, asumir su manera de mirar la vida e identificarnos
con sus valores. La verdad no es cuestión de lógica, se refiere a la
autenticidad de su compromiso y su entrega. Y por último es un camino
que nos lleva a lo más auténtico, lo más valioso, que no es un lugar
externo sino el propio corazón. El corazón nuestro y el corazón de Dios. Camino
interior hacia la plenitud de vida.
Ver a Jesús es ver al Padre. Esta
identificación profunda del Hijo y el Padre purifica las posibles
representaciones de Dios que los seres humanos nos hayamos podido crear,
distorsionadas por los miedos o condicionadas por la tradición cultural.
Jesús es el “Camino” para llegar a Dios,
quien nos coloca delante de la auténtica “Verdad”, el único que puede dar
“Vida”. Nadie va al Padre sino por él. El Dios en quien creemos y confiamos lo
podemos invocar como “Padre nuestro”, cuyo amor y misericordia y de gran bondad
hace salir el sol sobre malos y buenos, y llover sobre justos e injustos. Que
es Providente con todos, incluso cuida las aves del cielo y los lirios del
campo, para que nos entreguemos con confianza al Reino y su justica.
Y así quien ha visto a Jesús ha visto al
Padre. Y si conociéramos a Jesús conoceríamos también al Padre. Este es el
desafío que tenemos como cristianos. Vivir una fe impregnada del conocimiento
profundo de la vida y praxis de Jesús que nos motive, oriente y se convierta en
cada uno de nosotros en entrega a los demás.
Todos nosotros como individuos o como
familia estamos llamada a ser servicio. El servicio es la manifestación de que
nos amamos los unos a otros. Estar pendientes del otro, de sus necesidades,
ayudarnos y aceptarnos en nuestras diferencias, es la forma de hacer presente
al Señor resucitado en medio nuestro. Y así poder ser germen de un mundo nuevo
en medio de las tensiones que vivimos, construyendo la fraternidad universal como
hijos e hijas de un mismo Padre.