miércoles, 29 de julio de 2026


 

MEDITACIÓN EUCARÍSTICA:

MI CRISTO ROTO

A mi Cristo roto, lo encontré en Sevilla. Dentro del arte me subyuga el tema de Cristo en la cruz. Se llevan mi preferencia los cristos barrocos españoles. La última vez, fui de compras en compañía de un buen amigo mío.

Visitamos únicamente dos o tres tiendas de anticuarios y andábamos por la tercera o cuarta. ¡De pronto! frente a mí, acostado sobre una mesa, vi un Cristo sin cruz, me conquistó desde el primer instante. Claro que no era precisamente lo que yo buscaba, era un Cristo roto. Pero esta misma circunstancia, me encadenó a él, no sé por qué. Debió ser un Cristo muy bello, era un impresionante despojo mutilado. Por supuesto, no tenía cruz, le faltaba media pierna, un brazo entero, y aunque conservaba la cabeza, había perdido la cara.

¡Disputábamos el precio de Cristo, como si fuera una simple mercancía! ¡Y me acordé de Judas! ¿No era aquella también una compraventa de Cristo? Después de regatear con el anticuario me lo llevé a casa.

Al fin, ya de noche, cerré la puerta de mi habitación y me encontré sólo, cara a cara con mi Cristo. Que ensangrentado despojo mutilado, viéndolo así me decidí a preguntarle:

- Cristo, ¿Quién fue el que se atrevió contigo? ¿No le temblaron las manos cuando astilló las tuyas arrancándote de la cruz? ¿Vive todavía? ¿Dónde? ¿Se arrepintió?

- ¡CÁLLATE! Me cortó una voz tajante.

-¡CÁLLATE, preguntas demasiado! ¿Crees que tengo un corazón tan pequeño y mezquino como el tuyo? ¡CÁLLATE! No me preguntes ni pienses más en el que me mutiló, déjalo, ¿Qué sabes tú? ¡Respétalo!, yo ya lo perdoné. Yo me olvidé instantáneamente y para siempre de sus pecados. Cuando un hombre se arrepiente, Yo perdono de una vez, no por mezquinas entregas como vosotros. ¡Cállate! ¿Por qué ante mis miembros rotos, no se te ocurre recordar a seres que ofenden, hieren, explotan y mutilan a sus hermanos los hombres? ¿Qué es mayor pecado? Mutilar una imagen de madera o mutilar una imagen mía viva, de carne, en la que palpito Yo por la gracia del bautismo. ¡Oh hipócritas! Os rasgáis las vestiduras ante el recuerdo del que mutiló mi imagen de madera, mientras le estrecháis la mano o le rendís honores al que mutila física o moralmente a los cristos vivos que son sus hermanos.

Yo contesté: No puedo verte así, destrozado, aunque el restaurador me cobre lo que quiera ¡Todo te lo mereces! Me duele verte así. Mañana mismo te llevaré al taller. ¿Verdad que apruebas mi plan? ¿Verdad que te gusta?

- ¡NO, NO ME GUSTA! Contestó el Cristo, seca y duramente. ¡Eres igual que todos y hablas demasiado!

Hubo una pausa de silencio. Una orden, tajante como un rayo, vino a decapitar el silencio angustioso.

- ¡NO ME RESTAURES, TE LO PROHÍBO! ¿LO OYES?

- Si Señor, te lo prometo, no te restauraré.

- Gracias. Me contestó el Cristo. Su tono volvió a darme confianza.

-¿Por qué no quieres que te restaure? No te comprendo. ¿No comprendes Señor, que va a ser para mí un continuo dolor cada vez que te mire roto y mutilado? ¿No comprendes que me duele?

- Eso es lo que quiero, que al verme roto te acuerdes siempre de tantos hermanos tuyos que conviven contigo; rotos, aplastados, indigentes, mutilados. Sin brazos, porque no tienen posibilidades de trabajo. Sin pies, porque les han cerrado los caminos. Sin cara, porque les han quitado la honra. Todos los olvidan y les vuelven la espalda. ¡No me restaures, a ver si viéndome así, te acuerdas de ellos y te duele! Muchos cristianos se vuelven en devoción, en besos, en luces, en flores sobre un Cristo bello, y se olvidan de sus hermanos los hombres, cristos feos, rotos y sufrientes. Hay muchos cristianos que tranquilizan su conciencia besando un Cristo bello, obra de arte, mientras ofenden al pequeño Cristo de carne, que es su hermano. Esos besos me repugnan, me dan asco, me hieren el corazón.

Por eso ¡Debieran tener más cristos rotos, uno a la entrada de cada templo, que gritara siempre con sus miembros partidos y su cara sin forma, el dolor y la tragedia de mi segunda pasión, en mis hermanos los hombres! Por eso te lo suplico, no me restaures, déjame roto junto a ti, aunque amargue un poco tu vida.- Si Señor, te lo prometo. Y un beso sobre su único pie astillado, fue la firma de mi promesa. Desde hoy viviré con un Cristo roto.


 


HOJA PARROQUIAL
AGOSTO 2026

sábado, 25 de julio de 2026


 PEQUEÑAS DOSIS DE SABIDURÍA

Qué el Señor refresque vuestra vida y os regale un descanso reparador.


 

ACCIÓN DE GRACIAS

Señor Jesús, Tú eres el tesoro amagado y la perla preciosa.

Lo que falta es que nosotros y tantas personas sepamos valorarte como lo que eras.

Enséñanos lo que vales.

Muéstrannos el valor de ti Reino.

Ayúdanos, Señor Jesús, a reconocerte como valor absoluto, para nuestras vidas.

Esto sería lo prioritario, todo lo demás será consecuencia de este descubrimiento.

La dificultad está en lo concreto de cada día, al plasmar en lo cotidiano esa prioridad absoluta de Jesucristo y de su Proyecto.

Gracias, Señor Jesús, por las personas que, como su testimonio, nos hablan de Ti como lo más importante, como lo fundamental para todo ser.

Eres nuestro tesoro, Señor, y, confesamos que nos bastas.

Eres nuestro tesoro, Señor, y desde que te descubrimos hemos aprendido: que merece la pena vender parte de nuestro tiempo, de nuestros afanes y de nuestras jornadas de nuestras ilusiones y de nuestro temperamento para no perderte en nuestro trayecto.

Amén.

 


 

2026 CICLO A

TIEMPO ORDINARIO XVII

 

El evangelio sigue ofreciendo en parábolas los misterios del Reino. El Reino de Dios es la Obra de Dios, su Tesoro. Por eso hoy nos habla del Reino que Dios ofrece a los hombres como un tesoro, algo grande, algo precioso, algo superior, algo único, como único es Dios que lo ofrece.

Las dos primeras parábolas insisten en la postura que debe adoptar el hombre al encontrar semejante Tesoro : hacerse con él, poseerlo . Es de sentido común . Quien se comporte de otro modo, sería un necio, una tontería. Sería dejar pasar la ocasión de salvarse.

El venderlo todo para apoderarse de la joya preciosa recuerda la pequeñez de la renuncia en comparación con tan elevado tesoro , y, por otra parte, la necesidad de desprenderse de todo, fuese lo que fuere, que impida posesionarnos de tanto bien. El Reino de Dios tiene sus exigencias .

En las parábolas del tesoro y la perla Jesús habla del Reino como un descubrimiento . Da la impresión de que es algo casual. Pero lo importante es que hay que responder a ese descubrimiento con renuncias y desprendimientos , el labrador se viene obligado a “vender todo lo que tiene” para comprar ese campo. El mercader tiene que “vender todo lo que tiene para conseguir esa perla.

El hallazgo presupone una búsqueda, un deseo, una pasión. Y pone al hombre ante una elección precisa. En la medida en que es importante el hallazgo, así debe ser la opción y elección radical.

La primera lectura nos habla del sabio Salomón y de su sabia súplica. El evangelio nos presenta al sabio labriego y al sabio mercader. La sabiduría de muchos cristianos no consiste precisamente en apoderarse del Reino o vivir según la voluntad de Dios. Pidamos sabiduría para gestionar nuestra vida con inteligencia y sagacidad.

Tras encontrar el tesoro, el hombre, lleno de alegría , va y vende todo lo que posee para comprar ese campo. La alegría es el primer tesoro que el propio tesoro otorga; es la fuerza que impulsa a emprender el camino. La visión de un cristianismo sombrío, inmaduro y gris dista un mundo de la fe radiante de Jesús.

El agricultor y el mercader lo venden todo, ¡pero solo para ganarlo todo ! No pierden nada; lo inverten. Así ocurre con los cristianos: tomamos decisiones y, al elegir bien, ganamos. El reino de Dios ya está amagado en el gran campo del mundo, a veces tan perturbado, es consolador saber que hay un tesoro amagado, un tesoro que nos garantiza que lo que le ha puesto protegerá el campo, nuestro mundo. El Reino está amagado dentro. Ya no es posible separarlos, pero tampoco confundirlos. Esto nos tiene que hacer pensar que debemos aceptar el mundo, asumirlo como Dios nos lo ha dado. La esperanza amagada dentro me obliga a tomar el recipiente que la contiene . Para todos los cristianos que debemos predicar el reino y evangelizar, es imprescindible y urgente la prudencia y la sabiduría.

miércoles, 22 de julio de 2026


 

MEDITACIÓN EUCARÍSTICA:

ADÁN

Querido Jesús sacramentado venimos a ti en esta tarde para estará contigo, para encontrarte y refrescar nuestras almas con tu presencia. Hoy queremos fijarnos en un personaje del Génesis, de Caín. Reconocemos que lo más doloroso de Génesis no fue que el hombre pecara, sino escuchar a Dios andar buscando a alguien que ya no quería ser encontrado. En Gn 3, 9 dice que Dios llamó al hombre, y le dijo: ¿Dónde estás? Esa pregunta parece simple. Pero en hebreo original Dios no pregunta: "¿ En qué lugar geográfico estás ?" Es una pregunta existencial. Es como si Dios dijera: ¿Qué paso contigo? ¿En qué te vas convertir? ¿Dónde quedó lo que andaba conmigo? ¿Dónde estás emocionalmente? ¿Dónde estás espiritualmente? Y esto cambia completamente el texto.

Porque Dios no había perdido a Adán. Adán se había perdido a sí mismo. Y así vive mucha gente hoy. Respiran, trabajan, suben fotos, van a reuniones, incluso entran en la iglesia pero ya no saben donde están por dentro.

Pero Dios hace una pregunta cuya respuesta Él ya sabe. Porque el Dios omnisciente sabía perfectamente tras qué árbol estaba Adán. Entonces ¿por qué pregunta? La pregunta no era para informar a Dios. Era para despertar a Adán. Dios pregunta para provocar conciencia.

Como cuando una madre le dice a su hijo: “¿Mírate cómo estás?” No porque no pueda verlo, sino porque quiere que él mismo se dé cuenta.

Y quizás esta es la tragedia más grande del ser humano: puede perderse tanto, que deja de notar que está perdido.

Por eso Génesis no comienza con un Dios castigando. Comienza con un Dios buscando. Porque mientras Adán se amagaba, Dios caminaba. El texto dice que oyeron “ la voz de Dios que se paseaba en el jardín ”. En hebreo, la idea de “pasearse” describe un movimiento continuo, cercano, casi íntimo. Dios seguía viniendo al lugar de encuentro, aunque el hombre ya no quería salir.

Esto toca el corazón. Porque nosotros pensamos que después del pecado Dios se alejó inmediatamente. Pero en Génesis, el primero que busca reconciliación es Dios. Adán pecón. Adán se amagó. Adán tuvo por. Pero Dios fue el que salió a por.

Y aquí aparece algo profundamente humano. Adán responde: “ Tuve miedo ” Esa es la primera emoción registrada después del pecado. No fue ira. No fue odio. No fue violencia. Fue miedo.

Porque el pecado primero rompe la relación con uno mismo. Y hoy seguimos amagando exactamente igual que Adán. Algunos se amagan tras el trabajo. Otros tras un sonrisa. Otros tras el humor. Otros tras el celular. Otros tras frases como: “Estoy bien.” Cuando por dentro hace años no están bien.

Y ahí está la parte más dolorosa: Adán se amagó de Aquel que más lo amaba. Y eso sigue ocurriendo hoy. Hay personas que cuanto más rotas están, más se alejan de Dios. Dejan de orar. Dejan de hablar. Dejan de buscar. Se amagan. Como si Dios no pudiera manejar sus heridas.

Génesis muestra lo contrario. Dios no lega gritando: “¡Pecador!” Lee preguntando: “¿Dónde estás?” Porque antes de corregirte, Dios quiere encontrarte. Y quizás hoy esa pregunta sigue andando por nuestra vida. No: "¿Dónde vives?" No: “¿A qué iglesia vas?” No: "¿Qué cargo tienes?"

Sino: “¿Dónde estás tú?” ¿Dónde está tu paz? ¿Dónde quedó tú alegría? ¿Dónde está esa versión tuya que soñaba? ¿Dónde quedó tú hambre espiritual? ¿Dónde quedó tú sensibilidad? ¿Dónde te perdió?

Y tal vez lo más hermoso de todo Génesis 3, es que Dios sigue buscando a personas que creen que ya no merecen ser buscadas.

Porque la Buena nueva comenzó así: Cono Dios caminando entre árboles, llamando por amor, a un ser humano acondido.

Jesús sacramentado te pedimos que nunca te cansas de buscarnos, aunque nos amaguemos tu sal en nuestro encuentro y lámanos, ¿Dónde estás? Acercaos a mí y encontraréis su descanso y paz a sus almas. Amén