domingo, 17 de mayo de 2026
sábado, 16 de mayo de 2026
2026
CICLO A
TIEMPO
DE PASCUA VII ASCENSIÓN
Celebramos la fiesta de la Ascensión de
Jesús a los cielos, vuelve al lugar desde donde bajó. La resurrección implica la
Ascensión, el Padre lo resucitó para estar con Él.
En el evangelio los once han vuelto a Galilea,
que es donde todo comenzó, y es como si Jesús dijera: recordad el primer amor, cuando
juntos iniciamos este camino de contar la buena nueva; recordad cuántos caminos
hemos recorrido, cuántos pueblos y cuántas casas, cuántos rostros, cuántos
cuerpos sanados, cuántas sonrisas renacidas. Recordad cómo caminábamos ligeros,
solo con un bastón y unos amigos, sin posesiones y sin poderes, ignorando el
miedo. Libres. Recordad cuando caminábamos al ritmo del último, solidarios.
Recordad cómo era el rostro de Dios que se nos iba dibujando; un Dios que, si
tú lo abandonas, él no, no te abandona.
Durante mucho tiempo, el referente de la
Iglesia ha sido la vida de la primera comunidad de Jerusalén: tenían un solo
corazón y una sola alma, perseveraban en la escucha de los apóstoles y en el
partimiento del pan, y lo tenían todo en común. Precioso, inalcanzable. Y, sin
embargo, viene después.
Antes hay otra, original, más radical y
más fresca. Volver a la que fue realmente la primera de todas las comunidades:
volved a Galilea, partid de allí, tomando como modelo esos tres años de itinerancia
libre entre el lago y las colinas, entre una orilla y otra, entre Betsaida y
Cafarnaúm, Genesaret y Tiberíades, Tiro y Cesarea de Filipo.
Jesús deja la tierra con un balance negativo:
solo le quedan once amigos asustados y confundidos, y unas pocas mujeres
valientes y fieles. No han entendido gran cosa, pero lo han amado mucho. Y esa
es la única garantía que necesita. Ahora puede volver al Padre, sabe que
ninguno de ellos lo olvidará, vivirá para siempre en su interior.
Cuando lo vieron, se postraron, pero
algunos dudaban. ¿De qué dudan? No de que haya resucitado, lo ven. No de que
sea Dios entre nosotros, se postran en adoración. ¿De qué, entonces? Dudan de
sí mismos, saben bien cómo huyeron aquella noche, cómo lo negaron; que no
creyeron a las mujeres en Pascua; que se quedaron encerrados en casa durante
días, en ese ambiente de muerte. Conocen sus propios límites.
Jesús realiza un acto de confianza
ilógica en quienes aún dudan. No se queda con ellos para explicarles mejor,
sino que confía la buena nueva a sus dudas que siempre las tendremos con
nosotros.
Jesús confía su Evangelio a los que
dudan y llama a los vacilantes a ponerse en marcha. ¡Id, pues! Ese «pues» es
precioso: ¡pues id! Todo mi poder es vuestro, todo lo mío se convierte en
vuestro. Yo estoy con vosotros siempre, hasta el fin.
Lo que es la Ascensión lo entendemos por
estas palabras. Jesús no se ha ido lejos ni a algún rincón remoto del cosmos,
sino que se ha hecho más cercano. Está ahí dentro, en un corazón que ama, en un
corazón con coraje y renovado. Siempre con nosotros.
ACCIÓN DE GRACIAS
¡CUANTA TAREA NOS DEJAS, SEÑOR!
¿Por qué desapareces tan inesperadamente
sabiendo que nos dejas huérfanos, Señor?
¿Quién pronunciará las palabras certeras
cuando, a nuestro lado, venza la confusión o la mentira?
¿Quién proporcionará el pan multiplicado
cuando el hombre nos exija el sustento de cada día?
¿Quién calmará los dolores de los
enfermos?
¿Quién resucitará a los que, de
improviso, han muerto y estaban llamados a la vida?
Te vas al cielo y, mirando a nuestro
alrededor, sentimos que nos va a faltar tu mano, que tus huellas se difuminarán
como el agua del mar elimina las de la arena.
Proclamar tu mensaje cuando, los oídos
de los más cercanos, están dispuestos para todo…menos para Ti.
Llevar tu Palabra cuando, los que saben
leer entre líneas, prefieren voces sin compromiso ni verdad, reclaman señales
con sabor a tierra y no pregones con promesas de eternidad.
Vivir, según Tú viviste. Amar, como Tú
amaste.
Orar, como Tú rezaste. Perdonar, como Tú
perdonaste.
Sentir a Dios Padre como Tú, Señor, sólo
lo hiciste.
Te vas al cielo, al encuentro con el
Padre sabiendo que, aún con muchas debilidades, intentaremos sostener tu obra
aquí iniciada.
¡Vete, Señor! ¡Pero no nos abandones!
Vete, Señor, y ojalá pronto vuelvas a
culminar Reino que no acaba aquí en esta tierra. Amen






