2026 CICLO A
JUEVES SANTO
La liturgia del jueves santo nos dice una palabra definitiva sobre cómo es Dios, quién es el ser humano y
lo que está llamado a ser.
Durante la cena de despedida con sus apóstoles, Jesús
se ciñe la cintura para confirmar ese movimiento de Dios que se abaja, se vacía de sí mismo para agraciar y enriquecer al ser humano poniéndose
a sus pies, a su servicio. Jesús de este
modo nos dibujó el icono de la entrega.
Dios buscaba ablandar nuestras conciencias; fortalecer nuestra confianza en su amor incondicional y trasplantarnos un corazón renovado con
su energía divina, su Espíritu de vida. “Os he dado ejemplo para que lo que Yo he hecho con vosotros, vosotros también
lo hagáis”. ¿Qué más puede darnos o decirnos Jesús?
El mandamiento de la nueva alianza lo concentra todo:
amaos, cuidaos unos a otros como
hermanos de todos. No podemos decir que amamos a Dios a quien no vemos si no
amamos al hermano que tenemos cerca, si no cuidamos al prójimo a quien sí vemos
y Cristo se identificó.
Jesús nos amó
hasta el extremo. Jesús el
extremista. Fue un extremista amando nuestra humanidad. Humanidad bien retratada aquella noche
de jueves santo: el amigo que le niega,
los amigos que huyen y se desdicen asustados, el traidor. Esa es nuestra humanidad, esos somos nosotros. Eso es lo que, en Cristo, Dios ha abrazado hasta sus últimas
consecuencias. Esa humanidad que manipula a Dios, que lo rechaza, que ha colgado a Dios de la cruz. Esa humanidad que no logra liberarse de
violencias, de injusticias. Todo esto ha
sido amado.
Nuestro mundo precisa por todas partes que los
cristianos volvamos a Jesús y su misericordia. Allá donde hay una iglesia,
comunidad parroquial, vida consagrada o familia cristiana, en cualquier lugar
donde viva un seguidor de Jesús es urgente que activemos dispositivos de fraternidad.
El mensaje de la Semana Santa será solo cultural o
devocional, si no contribuye a transformar
nuestras opciones de vida. El evangelio nos interpela a renovar hoy nuestro
compromiso con la entrega de Jesús, la fraternidad universal, la renovación de
la Iglesia desde el principio de misericordia.
Hagamos vida su última
voluntad: “amaos como Yo os he amado”. Hasta
el extremo. Es necesario que nos esforcemos por vivir el Mandamiento del
Amor. Tenemos necesidad de:
- AMARNOS:
no tanto con palabras, sino con obras y de verdad.
- AYUDARNOS y
de COMPRENDERNOS, como Cristo ayudó y comprendió
- COMPARTIR
lo que somos y tenemos: nuestra fe, alegría, nuestra generosidad, nuestro
tiempo.
- PERDONARNOS:
unos a otros cuando nos ofendemos, como señal de amor.
Lo más importante
que Jesús nos dijo sobre Dios: no es que Dios existe, sino que nos
ama; no es que Dios es Dios, sino que es nuestro Padre; no es que Dios es todopoderoso, sino que es misericordioso.