MEDITACIÓN
EUCARISTICA:
ESFUÉRZATE
Y SE VALIENTE
Señor
Jesús eucaristía, junto a ti en esta queremos descansar de nuestras fatigas y
de nuestros cansancios cotidianos. Hay momentos en la vida Jesús que nos
sentimos flaquear, las fuerzas parece que desaparecen y no encontramos
suficientes apoyos. Sin embargo, tú confías en nosotros y nos llamas a seguir
adelante, siempre adelante.
En
el Libro de Josué encontramos esta situación, Moisés acababa de morir y El
Señor le pide a Jposué, la mano derecha de Moises que sea valiente, que no se
rompa antes la inmensa labor que le toca realizar. Hacer entrar al pueblo de
Israel a la tierra prometida. El Señor le dice en Josué 1, 9 “Esfuérzate y
sé valiente; no temas ni desmayes, porque el Señor tu Dios estará contigo
dondequiera que vayas”.
Casi
siempre escuchamos este texto como una frase motivacional, como si fuera un
empujón para los días difíciles. Pero lo que está pasando aquí es mucho más
profundo y mucho más doloroso.
Dios
no le está hablando a alguien cómodo. Le está hablando a Josué justo después de
la muerte de Moisés. El hombre que lo formó, el líder que parecía
irremplazable, la voz que daba seguridad, ya no está. Y ahora Josué tiene que
avanzar con un pueblo complicado, con miedo, con presión, con expectativas
imposibles y con un vacío en el corazón.
Dios
no le dice: “No llores”. Tampoco le dice: “Todo va a salir fácil”. Ni siquiera
le promete que no habrá batallas. Le dice algo que pesa más: “Esfuérzate”.
Eso
significa que habrá momentos donde no vas a querer seguir. Días donde
levantarte va a doler. Decisiones que vas a tomar con miedo en el pecho. Seguir
adelante cuando todo dentro de ti quiere rendirse. Y luego añade: “Sé
valiente”. No
porque no haya miedo, sino porque el miedo va a estar ahí. La valentía en este
texto no es la ausencia de temor, es avanzar aun temblando.
Y
después dice: “No temas ni te desmayes”.
Es
como si Dios supiera que Josué no solo iba a tener miedo, sino que también iba
a sentirse agotado. Porque hay un cansancio que no es físico, es del alma. Ese
cansancio de fingir que estás bien, de cargar responsabilidades, de sentir que
todos esperan algo de ti mientras tú por dentro te estás rompiendo.
Y
entonces viene la parte más profunda, la razón de todo: “Porque el Señor, tu
Dios, estará contigo dondequiera que vayas”.
Dios
no le promete quitarle el camino difícil. Le promete Su presencia en medio del
camino. Eso cambia todo.
Porque
hay momentos donde lo que más duele no es el problema, es sentir que estás
solo. Es no tener a quién contarle lo que realmente sientes. Es caminar con una
sonrisa por fuera mientras por dentro estás luchando una batalla silenciosa.
Este
versículo no es para el que se siente fuerte. Es para el que tiene que seguir,
aunque esté cansado. Es para el que perdió algo y aun así tiene que avanzar. Es
para el que tiene miedo, pero no tiene opción de detenerse.
Dios
no está buscando gente que no sienta dolor. Está buscando gente que, aun con el
corazón pesado, decida dar el siguiente paso confiando en que Él no se ha ido.
Tal
vez hoy nadie ve tu lucha. Tal vez nadie entiende lo que estás cargando. Pero
este texto susurra algo que cambia todo:
No
estás caminando solo. Y aunque no lo sientas, aunque te duela, aunque tengas
miedo, Dios sigue caminando contigo.
Querido
Jesús sabemos que en la fe, el ánimo no depende de que todo salga bien, sino de
saber que Dios y Tú caminas con nosotros incluso en medio de pruebas,
decisiones difíciles o momentos de cansancio espiritual. No queremos vivir
paralizados por el temor. El cristiano puede avanzar con confianza porque sabe
que no está solo. Cristo no promete una vida sin dificultades, pero sí su
compañía, su paz y su fidelidad en cada etapa. A veces la verdadera valentía
cristiana no es hacer cosas extraordinarias, sino seguir confiando, obedeciendo
y perseverando cada día, aun cuando el corazón tenga dudas. Amén.






