PRIMERAS COMUNIONES
El próximo fin de
semana, los días 25 y 26 de Abril a las 12 horas, celebraremos las primeras
comuniones.
Pidamos al Señor por
todos los niños que van a recibir por primera vez el sacramento de la comunión.
QUEDATE, SEÑOR, NO PASES DE LARGO
Que, si ahora todo es luz, sin ti y
cuando te vayas, volverá a ser oscuridad.
Que, si ahora veo tu grandeza, sin Ti y
cuando te vayas, sólo tocaré mi pobreza.
QUÉDATE, SEÑOR, NO PASES DE LARGO
Porque, mis dudas con tu Palabra, se
convierten en seguras respuestas.
Porque, mi camino huidizo y pesaroso se
transforma en un sendero de esperanza, en un grito a tu presencia real y
resucitada.
QUÉDATE, SEÑOR, NO PASES DE LARGO
Que, contigo y por TI, merece la pena
aguardar y esperar.
Que, contigo y por Ti, no hay gran cruz
sino fuerza para hacerle frente.
Que, contigo y por Ti, la sonrisa vuelve
a mi rostro y el corazón recuperar su vivo palpitar.
QUÉDATE, SEÑOR, NO PASES DE LARGO
Porque, contigo, mi camino es esperanza.
Porque, contigo, amanece la ilusión.
Porque, contigo, siento al cielo más
cerca.
Porque, contigo, veo a más hermanos, y
siento que tengo menos enemigos.
Porque, contigo, desaparece el
desencanto y brota la firme fe de quien sabe que Tú, Señor, eres principio y
final de todo.
Amén
2026
CICLO A
TIEMPO
DE PASCUA III
Y lo reconocieron al partir el pan. Era
común que el padre de familia partía el pan en casa. Pero tres días antes,
Jesús había hecho algo inaudito: se había entregado e identificado a sí mismo: Tomad
y comed, este es mi cuerpo.
Hoy el Evangelio nos propone una
historia de camino y de hogar. Dos discípulos han abandonado la ciudad santa,
ese grupo cerrado y temeroso en el que se encontraban, y se han puesto en
camino. Ellos se alejan y Jesús se acerca. No para corregir el paso ni marcar
el ritmo, no: para darles todo el tiempo para expresarse, porque si tienes
prisa, no escuchas.
Se acerca y pregunta ¿Qué son estas
conversaciones?». Y le hablan de Jesús. De cómo lo siguieron, lo amaron,
esperaron que fuera él el libertador de Israel. Ellos se detuvieron con
aire entristecido, detalle importante que nos indica a alguien a quien
querían mucho. Las mujeres dejaron a todos consternados: La tumba estaba
allí, pero él no.
Entonces Jesús le dice: Qué necios
y torpes sois para creer. Vuestro corazón lento no os permite ver.
Tenéis ante vosotros todas las piezas de la historia, pero no sabéis encajarlas
en su sitio. Los ojos están vendados, pero la forma de ver depende del corazón.
Si el corazón se abre, toda la historia cambia de color, lo sabemos por
experiencia. Si el corazón se cierra, los ojos se vuelven ciegos ante las
personas y solo ven sus defectos.
El corazón de los dos discípulos está
cerrado, pero había una chispa: No ardía nuestro corazón mientras nos
hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras. Jesús puede hacer
arder nuestro corazón a pesar de los aparentes fracasos y frustraciones, si
permanecemos abiertos a su palabra.
Quédate con nosotros, porque atardece y
el día va de caída. Tienen hambre de palabras, de compañía,
de hogar. Donde se le invita Jesús entra en nuestras casas, en nuestros
corazones. Dios está solo donde se le deja entrar.
Y lo reconocieron al partir el pan.
Lo reconocieron por esto, por el gesto de darse, de entregarse. Tomar algo
propio y dárselo a los demás encierra el secreto de todo el Evangelio. Dios que
se entrega, nutre, alimenta y desaparece.
Tomad: es para vosotros. Este para
vosotros es el gran milagro. He venido para que tengáis vida, para que
mi alegría esté en vosotros y vuestra alegría sea plena. Para vencer a la
tristeza y mantener a raya a la decepción, dejemos entrar al resucitado en
nuestros corazones y en nuestras casas.
Los cristianos hemos de recordar más a
Jesús: citar sus palabras, comentar su estilo de vida, ahondar en su proyecto.
Hemos de abrir más los ojos de nuestra fe y descubrirlo lleno de vida en
nuestras eucaristías. Jesús no está ausente. Camina junto a nosotros.
MEDITACIÓN
EUCARÍSTICA:
La
pesca milagrosa
Querido
Jesús en el santísimo sacramento en el altar, hoy queremos estar contigo y
meditar junto a ti la pesca milagrosa que los discípulos en tu nombre volvieron
a echar las redes.
Lucas
5, 1-11.
Pedro ha trabajado toda la noche. Es pescador profesional. Sabe lo que hace. Conoce
el lago, los tiempos, las redes. Y, aun así, el resultado es dolorosamente
cotidiano: nada. Nada de peces. Nada de fruto. Nada que mostrar después de
tanto esfuerzo. Y ahí empieza la historia, no en el milagro, sino en el
cansancio.
Jesús
llega cuando Pedro está lavando las redes. No está pescando. Está cerrando el
día. Está aceptando que hoy no se pudo. Está haciendo lo que muchos hacen:
seguir con la rutina después de un fracaso. Y Jesús le pide algo extraño: “Boga
mar adentro, y echad las redes para pescar”.
Aquí
está la primera verdad profunda que muchos pasan por alto: Jesús le pide a
Pedro que vuelva a intentar en el mismo lugar donde ya fracasó. No le dice:
“Vamos a otro lado”. No le dice: “Te daré otra estrategia”. Le dice: “Regresa
ahí, donde no funcionó”.
Y
eso confronta algo muy humano: nosotros queremos cambiar de lugar cuando
fallamos, pero Dios muchas veces quiere cambiar nuestro corazón en el mismo
lugar del fracaso. Pedro responde algo honesto, casi dolido: “Maestro, toda la
noche hemos estado trabajando, y nada hemos pescado”. Eso no es rebeldía, es
frustración. Es el grito silencioso de cualquiera que ha dado todo y no ha
visto resultados. Pero luego dice algo que lo cambia todo: “Mas en tu palabra
echaré la red”. Aquí está el punto central del milagro: La red no se llenó por
la habilidad de Pedro, sino por la obediencia a una palabra que no tenía
sentido.
Porque
esto es clave: Los pescadores sabían que el mejor momento para pescar era de
noche, no de día. Jesús le está dando una instrucción que contradice la lógica
y la experiencia de Pedro. O sea, Pedro no solo está cansado, también está
siendo desafiado en su conocimiento, en su experiencia, en su “yo sé cómo
funcionan las cosas”. Y ahí está la lección que pocos ven: El mayor obstáculo
para el milagro no es la falta de fe, es la confianza excesiva en lo que tú
crees que ya sabes. Cuando finalmente obedecen, la red se llena tanto que se
rompe.
Y
aquí viene otra verdad profunda: Pedro no estaba preparado para la bendición
que Dios le iba a dar. Porque a veces oramos por más, pedimos más, queremos más,
pero nuestras “redes” (nuestro carácter, nuestra capacidad, nuestra obediencia)
no están listas para sostener lo que estamos pidiendo.
El
milagro revela abundancia, pero también revela límites. Tuvieron que llamar a
otros. Tuvieron que compartir la bendición. Tuvieron que reconocer que solos no
podían manejar lo que Dios hizo. Y entonces pasa algo que parece extraño: Pedro
no celebra, Pedro se quiebra. “Apártate de mí, Señor, porque soy hombre
pecador”.
¿Por
qué reacciona así? Porque entendió algo que muchos no entienden: El milagro no
solo muestra el poder de Dios, también muestra cómo está nuestro corazón. No fue
solo una pesca. Fue un espejo. Pedro vio que mientras él decía “no hay nada”,
Jesús ya tenía preparado “demasiado”. Mientras él confiaba en su esfuerzo,
Jesús le mostró gracia. Mientras él se sentía capaz, el milagro lo hizo
sentirse insuficiente. Y ahí está el momento más profundo: Jesús no vino a
mejorar la pesca de Pedro, vino a cambiar su vida. “Desde ahora serás pescador
de hombres”.
No
se trata de que tengas más resultados, se trata de que seas transformado. Dios
puede llenarte las redes, pero su verdadero propósito es vaciar tu corazón de
orgullo, autosuficiencia y control.
Y
“Dejándolo todo, le siguieron”. Después de la mayor pesca de sus vidas, lo
dejan todo. Porque cuando entiendes quién es Jesús, ya no te aferras ni
siquiera a los milagros. Esta historia toca lo más cotidiano del ser humano: El
cansancio de darlo todo y no ver resultados. La frustración de intentar y
fallar. La confianza en pensar que ya sabes cómo funciona la vida. El miedo de
volver a intentar donde ya dolió. Pero también trae una verdad que cambia todo:
Tu noche vacía no significa que Dios esté ausente, puede ser el lugar donde Él
está a punto de revelarse. Y quizás hoy la palabra para ti es simple, pero
incómoda: Vuelve a echar la red. No porque tenga lógica. No porque tengas
fuerzas. No porque sepas que funcionará. Sino porque Él lo dijo. Y cuando
obedeces una palabra de Dios, incluso en tu cansancio, lo que viene no es solo
un milagro, es un encuentro que transforma tu vida para siempre. Amén
ACCIÓN
DE GRACIAS
Sin miedo a los nuevos retos y con las
puertas bien abiertas.
Con alegría y alejándonos de la
tristeza, sintiéndonos llamados y comprometidos, empujados y urgidos a dar
razón de Ti.
¡POR TU PAZ, SEÑOR!
Sabiendo que, con tu aliento, no temeremos
tormenta alguna, ni huracán alguno detendrá nuestro valor.
Si como Tomás, pedimos pruebas de tu
existencia, muéstranos tu rostro por la fuerza de la Eucaristía, y, si como
Tomás, no creemos sino después de ver, haznos saber que, Tú Señor, caminas a nuestro
lado.
¡POR TU PAZ, SEÑOR!
Y si las dificultades asoman en el
horizonte, que, Tú Señor, despejes con tu poder, aquello que entorpece nuestra
labor de mensajeros.
Porque en Ti confiamos.
Porque en Ti esperamos.
Y, de tu misericordia, agradecemos tus
desvelos.
Y, de tu misericordia, esperamos tus
caricias.
Y, de tu misericordia, añoramos tu
abrazo.
Y, de tu misericordia, deseamos la paz
verdadera, la paz que Tú sólo das, la paz que, sin Ti, no la puede alcanzar el
mundo.
Amén