sábado, 1 de agosto de 2026


 PEQUEÑAS DOSIS DE SABIDURÍA

Qué el Señor refresque vuestra vida y os regale un descanso reparador


 

ACCIÓN DE GRACIAS

Partir con quien nada tiene, pero que es digno de todo lo mejor, a sus ojos tristes y rojos, ya los de Dios que nos mira a todos.

Partir no sólo lo sobrante, también lo que es útil, lo que hemos trabajado, y hasta lo que nos es necesario.

Partir por justicia, por amor, por encima de lo legal, sin intereses y sin quitar el cuenta, hasta que el otro sienta la hermandad.

Partir con sencillez y entrega, sin creerse mejor ni superior, sin exigir cambio, ni recompensa, ni reconocimiento a nuestra actitud.

Partir, y aceptar decrecer sin agobio, sin temor, sin tristeza, con la confianza puesta en ti para hacer posible la fraternidad.

Partir evangélicamente, en todo tiempo, en todo lugar, dentro y fuera de nuestra casa, en toda ocasión, aquí, ahora ya.

Partir, o al menos intentarlo todos los días, nunca en solitario, siempre en compañía; pero sin pretensiones ni vanidad, solo para hacer posible el compartir.

Como tú, Señor.

Amén


 

2026 CICLO A TIEMPO ORDINARIO XVIII

Jesús vio a la gran multitud, sintió compasión por ellos y curó a los enfermos. Tres verbos reveladores (vio, sintió, curó) que abren una ventana a los sentimientos de Jesús, en su mundo interior.

Vio una gran multitud ; su mirada no se desliza por encima de las personas, sino que se pone en cada una de ellas, las viene una a una. Para él, mirar y amar son lo mismo. Y lo primero que viene es su sufrimiento: y sintió compasión por ellos. Jesús siente dolor por el dolor del hombre, se siente herido por las heridas del ser humano y cambia sus llanuras: quería retirarse a un lugar desierto, pero ahora se sumerge en el tumulto de la multitud: sanó a sus enfermos. Imaginaos a nuestro Dios apasionado que sufre por nosotros . Maravilloso

Dar de comer . Se hace tarde, esta gente tiene que comer. Los discípulos se preocupan por las personas. Jesús insta a los suyos: « Dadles vosotros mismos ...». Las emociones deben convertirse en comportamientos, los sentimientos deben madurar en gestos. Dadles de comer: La religión no existe sólo para preparar las almas para el cielo: sabemos que Dios desea la felicidad de sus hijos también en esta tierra . Una fe que no se ocupe también del hambre es estéril como el polvo.

El milagro del pan que pasa de mano a mano: de los discípulos a Jesús, de El a los discípulos, de los discípulos a la multitud. Así pues, hermanos abramos las manos. Sea cual sea el pan que puedas dar, no lo retengas, abre el puño cerrado. Imita al brote que se abre, a la semilla que se parte, al nube que esparce su contenido.

Nosotros en la eucaristía repartimos el pan de Dios, no lo empobrezcamos nunca como mezquindades: es el pan regalado, con el ímpetu de la compasión divina. Pan gozoso e inmerecido, para los cinco mil esa tarde a orillas del lago, para todos nosotros a orillas de cada una de nuestras noches.

Lo peor en tiempos de crisis, en estos tiempos que corremos, es que cada uno vaya a lo suyo. Lo mejor es compartir, implicarse en la necesidad de la gente. Cuando alguien, en el silencio de la oración contemplativa o en la belleza de la oración común cantada juntos, decide compartir se despiertan aderezas de esperanza para el mundo.

Jesús toma los panes, levanta la mirada , bendice, parte y reparte. Todo lo hace delante de los discípulos para enseñarles a amar. La compasión se alimenta de la pequeñez: cinco panas y dos piezas. Esto tan pequeño, lo poquito que está en mí, que decía Teresa de Jesús, es lo que enciende la esperanza en el mundo. Sin compartir la alegría de vivir podría apagarse en muchos corazones. Cuando alguien vive compartiendo se curan muchas heridas secretas.

Los discípulos se les dieron a la gente. Sabían que no eran dueños, sino servidoras de la gracia de Jesús. Con el humilde don de sí nace de la bondad del corazón, la vida se embelleció de repente, la alegría se asomó a los rostros.

miércoles, 29 de julio de 2026


 

MEDITACIÓN EUCARÍSTICA:

MI CRISTO ROTO

A mi Cristo roto, lo encontré en Sevilla. Dentro del arte me subyuga el tema de Cristo en la cruz. Se llevan mi preferencia los cristos barrocos españoles. La última vez, fui de compras en compañía de un buen amigo mío.

Visitamos únicamente dos o tres tiendas de anticuarios y andábamos por la tercera o cuarta. ¡De pronto! frente a mí, acostado sobre una mesa, vi un Cristo sin cruz, me conquistó desde el primer instante. Claro que no era precisamente lo que yo buscaba, era un Cristo roto. Pero esta misma circunstancia, me encadenó a él, no sé por qué. Debió ser un Cristo muy bello, era un impresionante despojo mutilado. Por supuesto, no tenía cruz, le faltaba media pierna, un brazo entero, y aunque conservaba la cabeza, había perdido la cara.

¡Disputábamos el precio de Cristo, como si fuera una simple mercancía! ¡Y me acordé de Judas! ¿No era aquella también una compraventa de Cristo? Después de regatear con el anticuario me lo llevé a casa.

Al fin, ya de noche, cerré la puerta de mi habitación y me encontré sólo, cara a cara con mi Cristo. Que ensangrentado despojo mutilado, viéndolo así me decidí a preguntarle:

- Cristo, ¿Quién fue el que se atrevió contigo? ¿No le temblaron las manos cuando astilló las tuyas arrancándote de la cruz? ¿Vive todavía? ¿Dónde? ¿Se arrepintió?

- ¡CÁLLATE! Me cortó una voz tajante.

-¡CÁLLATE, preguntas demasiado! ¿Crees que tengo un corazón tan pequeño y mezquino como el tuyo? ¡CÁLLATE! No me preguntes ni pienses más en el que me mutiló, déjalo, ¿Qué sabes tú? ¡Respétalo!, yo ya lo perdoné. Yo me olvidé instantáneamente y para siempre de sus pecados. Cuando un hombre se arrepiente, Yo perdono de una vez, no por mezquinas entregas como vosotros. ¡Cállate! ¿Por qué ante mis miembros rotos, no se te ocurre recordar a seres que ofenden, hieren, explotan y mutilan a sus hermanos los hombres? ¿Qué es mayor pecado? Mutilar una imagen de madera o mutilar una imagen mía viva, de carne, en la que palpito Yo por la gracia del bautismo. ¡Oh hipócritas! Os rasgáis las vestiduras ante el recuerdo del que mutiló mi imagen de madera, mientras le estrecháis la mano o le rendís honores al que mutila física o moralmente a los cristos vivos que son sus hermanos.

Yo contesté: No puedo verte así, destrozado, aunque el restaurador me cobre lo que quiera ¡Todo te lo mereces! Me duele verte así. Mañana mismo te llevaré al taller. ¿Verdad que apruebas mi plan? ¿Verdad que te gusta?

- ¡NO, NO ME GUSTA! Contestó el Cristo, seca y duramente. ¡Eres igual que todos y hablas demasiado!

Hubo una pausa de silencio. Una orden, tajante como un rayo, vino a decapitar el silencio angustioso.

- ¡NO ME RESTAURES, TE LO PROHÍBO! ¿LO OYES?

- Si Señor, te lo prometo, no te restauraré.

- Gracias. Me contestó el Cristo. Su tono volvió a darme confianza.

-¿Por qué no quieres que te restaure? No te comprendo. ¿No comprendes Señor, que va a ser para mí un continuo dolor cada vez que te mire roto y mutilado? ¿No comprendes que me duele?

- Eso es lo que quiero, que al verme roto te acuerdes siempre de tantos hermanos tuyos que conviven contigo; rotos, aplastados, indigentes, mutilados. Sin brazos, porque no tienen posibilidades de trabajo. Sin pies, porque les han cerrado los caminos. Sin cara, porque les han quitado la honra. Todos los olvidan y les vuelven la espalda. ¡No me restaures, a ver si viéndome así, te acuerdas de ellos y te duele! Muchos cristianos se vuelven en devoción, en besos, en luces, en flores sobre un Cristo bello, y se olvidan de sus hermanos los hombres, cristos feos, rotos y sufrientes. Hay muchos cristianos que tranquilizan su conciencia besando un Cristo bello, obra de arte, mientras ofenden al pequeño Cristo de carne, que es su hermano. Esos besos me repugnan, me dan asco, me hieren el corazón.

Por eso ¡Debieran tener más cristos rotos, uno a la entrada de cada templo, que gritara siempre con sus miembros partidos y su cara sin forma, el dolor y la tragedia de mi segunda pasión, en mis hermanos los hombres! Por eso te lo suplico, no me restaures, déjame roto junto a ti, aunque amargue un poco tu vida.- Si Señor, te lo prometo. Y un beso sobre su único pie astillado, fue la firma de mi promesa. Desde hoy viviré con un Cristo roto.


 


HOJA PARROQUIAL
AGOSTO 2026

sábado, 25 de julio de 2026


 PEQUEÑAS DOSIS DE SABIDURÍA

Qué el Señor refresque vuestra vida y os regale un descanso reparador.


 

ACCIÓN DE GRACIAS

Señor Jesús, Tú eres el tesoro amagado y la perla preciosa.

Lo que falta es que nosotros y tantas personas sepamos valorarte como lo que eras.

Enséñanos lo que vales.

Muéstrannos el valor de ti Reino.

Ayúdanos, Señor Jesús, a reconocerte como valor absoluto, para nuestras vidas.

Esto sería lo prioritario, todo lo demás será consecuencia de este descubrimiento.

La dificultad está en lo concreto de cada día, al plasmar en lo cotidiano esa prioridad absoluta de Jesucristo y de su Proyecto.

Gracias, Señor Jesús, por las personas que, como su testimonio, nos hablan de Ti como lo más importante, como lo fundamental para todo ser.

Eres nuestro tesoro, Señor, y, confesamos que nos bastas.

Eres nuestro tesoro, Señor, y desde que te descubrimos hemos aprendido: que merece la pena vender parte de nuestro tiempo, de nuestros afanes y de nuestras jornadas de nuestras ilusiones y de nuestro temperamento para no perderte en nuestro trayecto.

Amén.