MEDITACIÓN EUCARISTICA
La Asunción de María
Querido Jesús en el santísimo
sacramento del altar, esta tarde queremos unirnos a ti en estas vísperas de la
Asunción de nuestra Señora a los cielos. Esta es una fiesta muy popular porque
el triunfo de María es también el triunfo de sus hijos. María fue elevada al
cielo en cuerpo y alma para decirnos que un día estaremos con Ella, de manera
semejante. Ahí nos espera con los brazos abiertos para abrirnos la puerta de la
gloria.
Tu madre Jesús fue una mujer que
podemos definir como Amor, porque ella vivió en este mundo sólo amando: amando
a Dios, a su Hijo Jesús desde que lo llevaba en su seno hasta que lo tuvo en
brazos desclavado de la cruz. Amó a su querido esposo san José, y amó a todos y
cada uno de sus hijos desde que Jesús la proclamó madre de todos ellos.
Desde su asunción a los cielos
ha seguido amando durante más de dos mil años a Dios y a los hombres: Es un
amor muy largo y profundo. Y apenas ha comenzado la eternidad de su amor. Dentro de ese océano de ternura que es el
Corazón de María estamos todos nosotros para alegrarnos infinitamente. Desde el
cielo una Madre nos ama con singular predilección. La fe en este amor debe
llenar nuestra vida de alegría, de paz y de esperanza.
Dios adelantó el reloj de la eternidad para que
María pudiese inaugurar con su hijo nuestra eternidad. Mientras nosotros
esperamos, Ella goza de Dios con su cuerpo inmaculado, el que fue cuna de Jesús
durante nueve meses.
"Voy a prepararos un lugar": Así
hablaba Jesús a los apóstoles con emoción contenida. Personalmente se
encargaría de tener listo ese lugar. Pero sabemos quién le ayudaría
cariñosamente a preparar dicho lugar: María Santísima. Ella le ayudó -y de qué
manera tan eficaz- en sus primeros pasos a la Iglesia. Ella sigue ayudando con
su amorosa intercesión a la Iglesia que peregrina todavía por este mundo.
“Alegraos más bien de que vuestros nombres
estén escritos en el cielo”. Sabremos entonces por qué decía Jesús estas
solemnes palabras, cuando veamos con los ojos extasiados lo que ha preparado
Dios a sus hijos. Si nos dio su sangre y su vida, ¿no nos iba a dar el cielo?
Pero aquí andamos muchas veces distraídos,
perdidos, olvidados, comiendo los frutos agraces del pecado que pudre la sangre
y envenena el alma. Cuantas veces emprendimos el camino del infierno. Tantas
otras una mano cariñosa y firme nos hizo volver al camino del cielo.
María se encuentra con el más grande amor de su
vida. También nosotros experimentáremos entonces lo que es estar locamente
enamorados y para siempre de las personas más dignas de ser amadas. Enamorados
de Dios, en un éxtasis eterno de amor: amados por el Amor Infinito, la Bondad
Infinita. Ahí comprenderemos los misterios del amor aquí muy poco comprendidos.
Volveremos a Belén a amar infinitamente, eternamente a aquel Dios hecho niño
por nosotros. Volveremos a la fuente de Nazareth donde Jesús llenó el cántaro
de María tantas veces. Volveremos al Cenáculo a quedar de rodillas y extasiados
ante la institución de la Eucaristía, y comprenderemos las palabras del
evangelista Juan: “Habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó
hasta el extremo”.
Volveremos al Calvario y querremos quedarnos allí
mucho, mucho tiempo, siglos para contemplar con el corazón en llamas el amor
más grande, la ternura más delicada, y comprenderemos cada uno lo que Pablo
decía: “Líbreme Dios de gloriarme en nada si no es en la cruz de nuestro Señor
Jesucristo”. Pediremos permiso de bajar a la tierra para visitar los Santos
lugares no como turistas sino como locamente enamorados.
Al cielo subió la Puerta del cielo. Sueño en ese
momento en que tocaré a la puerta. Y saldrá a abrirme con los brazos abiertos y
una sonrisa celestial María Santísima. Tendré que sostenerme para no morir otra
vez, pero de puro gozo al ver sus ojos de cielo, su rostro bellísimo, su amor
increíble pero real.
María es la mujer más triunfadora. La humilde
esclava del Señor ha logrado lo que ninguna mujer famosa ha conseguido. Eligió
como meta cumplir la voluntad de Dios; como motivación el amor. El Premio: La
Asunción los cielos en cuerpo y alma. Así nos enseña de forma contundente la
mejor forma de vivir.
Que tu madre Señor Jesús, asunta al cielo, nos
acompañe ahora y siempre. Amén






