miércoles, 25 de marzo de 2026


 

MEDITACIÓN EUCARÍSTICA:

La serpiente levantada

Jesús aquí estamos delante de ti bajo la especie de pan eucarístico, a punto de iniciar la gran celebración de la semana santa. Quisiéramos unirnos a tu entrega total y radical por la salvación del genero humano. Hoy queremos meditar sobre el episodio que narra el libro de Números 21, 7-9: «Hemos pecado hablando contra el Señor y contra ti; reza al Señor para que aparte de nosotros las serpientes». Moisés rezó al Señor por el pueblo y el Señor le respondió: «Haz una serpiente abrasadora y colócala en un estandarte: los mordidos de serpientes quedarán sanos al mirarla». Moisés hizo una serpiente de bronce y la colocó en un estandarte. Cuando una serpiente mordía a alguien, este miraba a la serpiente de bronce y salvaba la vida.

El pueblo de Israel estaba muriendo en el desierto. No era una historia simbólica. Era real. Había serpientes venenosas entre el campamento. La gente caminaba y de pronto un grito. Una mordida. El veneno empezaba a correr por el cuerpo. Las manos temblaban. El pulso se aceleraba. La vida se iba apagando. El campamento se llenó de miedo.

Y entonces Dios le dice algo a Moisés que parece extraño a primera vista. Haz una serpiente de bronce. Levántala en un poste. Y todo el que la mire, vivirá.

Si uno lo piensa rápido, parece contradictorio. La serpiente era precisamente el problema. La serpiente era lo que estaba matando a la gente. ¿Por qué entonces Dios usa una serpiente como símbolo de salvación? Aquí está la parte profunda que muchos estudiosos han visto durante siglos. La serpiente de bronce no representaba salvación. Representaba el veneno. Era una imagen del problema, levantada delante de todos. Dios estaba haciendo visible lo que los estaba destruyendo. Era como decir: “Mirad lo que os está matando”. Pero la cura no estaba en el metal. La cura estaba en la confianza. El que miraba, reconocía algo en su corazón: Estoy envenenado. No puedo salvarme solo. Necesito que Dios me salve. Y en ese acto de fe el milagro ocurría.

Siglos después Jesús explica esta historia. Y dice algo que hace que todo cobre sentido. Así como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que el Hijo del Hombre sea levantado.

De repente la historia deja de ser solo una historia del desierto. Se convierte en una profecía de la cruz. La serpiente representaba el pecado que mata. Cristo fue levantado, cargando ese pecado. No porque Él fuera culpable. Sino porque tomó sobre sí el veneno del mundo. La violencia. La mentira. El orgullo. La maldad humana. Todo lo que nos destruye, cayó sobre Él. Y la invitación sigue siendo la misma que en el desierto: Mira… y vivirás.

Ahora aquí viene la parte que toca el corazón hoy. Porque el veneno no solo estaba en serpientes antiguas. Hoy el veneno se ve diferente. Se ve en matrimonios que se destruyen por orgullo. Se ve en hijos que crecen lejos de Dios. Se ve en personas que cargan culpa durante años. Se ve en gente que parece fuerte por fuera, pero por dentro está rota. Se ve en el resentimiento que no se suelta. En la envidia que consume. En la ansiedad que no deja dormir. En el pecado que se volvió costumbre. El veneno hoy no entra por una mordida. Entra poco a poco. Una decisión equivocada. Una mentira pequeña. Un hábito que parecía inofensivo. Y cuando uno se da cuenta… el corazón ya está enfermo.

Hay gente que lo intenta todo para sanar. Más dinero. Más distracciones. Más ruido para no pensar. Pero el veneno sigue allí. Y la cruz sigue levantada. Como aquella serpiente en el desierto. Dios no te dice: arréglate primero. No te dice: sana solo y luego ven. Dice algo mucho más simple y mucho más profundo:

Mira. Mira a Cristo. Mira cuánto costó tu perdón. Mira cuánto vales para Dios. Mira cuánto amor fue necesario para rescatarte.  Y algo pasa cuando uno mira de verdad. El orgullo empieza a caer. La culpa empieza a soltar. El corazón empieza a ablandarse. Porque entiendes algo que hace llorar cuando lo comprendes. Dios no te pidió que quitaras el veneno. Sabía que no podías. Por eso permitió que su Hijo fuera levantado, para cargar lo que estaba matando a todos.

Algunos miraron y vivieron. Otros probablemente pensaron que era demasiado simple y murieron con el remedio frente a sus ojos. Y la pregunta sigue viva hoy. ¿Hacia dónde estamos mirando?  Porque el veneno puede estar en el corazón, pero la cura sigue levantada, esperando que alguien levante los ojos…y viva. Amén

sábado, 21 de marzo de 2026


 DOMINGO 29 DE MARZO -

CELEBRACIÓN DEL DOMINGO DE RAMOS CON NIÑOS
A las 12 horas, celebración con los niños del domingo y bendición de los ramos.



 29 de marzo - DOMINGO DE RAMOS

HORARIOS DE MISAS:
Vísperas- Sábado 28 de marzo a las 20 horas
Domingo 29 de marzo
Parroquia de S. Antonio a las 8, 10, 11 y 20 horas.
Convento Madres Agustinas, a las 9 horas
Ermita de las Rotas a las 19 horas
En todas las misas se bendecirán y repartirán los ramos


 MARÍA AL PIE DE LA CRUZ

El próximo viernes 27 de marzo, en la eucaristía de las 20 horas, celebraremos la fiesta de María al pie de la Cruz


 


 VIACRUCIS

El próximo viernes día 27 de Marzo a las 19'15 horas, Viacrucis meditado por el Grupo de liturgia y por el grupo de formación bíblica


 

ACCIÓN DE GRACIAS

¡LÁZARO, SAL FUERA!

Desde que Tú lo dijiste con voz potente y firme, qué pocos se han atrevido a repetirlo, en las múltiples ocasiones que la vida nos ofrece.

Por eso, esta sociedad corrompe e hiede y está llena de muerte.

¡Lázaro, sal fuera!

Es tu palabra y buena nueva.

Dejemos de envolvernos ya en mortajas y falsedades.

Que la verdad resplandezca; que la sensatez y la confianza hagan su tarea en nuestra tierra.

Respiremos tranquilos al ver que los fantasmas ni pesan ni toman cuerpo y que los nudos se desatan.

¡Lázaro, sal fuera!

Es tu palabra y buena nueva.

Lo nuestro es despertar a quienes han sido dormidos por sus hermanos y ciudadanos y condenados a no ser nada -a no tener historia ni lugar- y dejarles andar en libertad por donde andamos nosotros, con la misma dignidad.

¡Lo nuestro es quitar losas y mortajas!

¡Lázaro, sal fuera!

Es tu palabra y buena nueva.