miércoles, 15 de julio de 2026


 

MEDITACIÓN EUCARISTICA:

EL LADRÓN EN LA CRUZ

Señor Jesús sacramentado cuantas estamos tan cerca de Ti y aun así te perdemos para siempre. Esa es la tragedia del ladrón que murió al lado de Cristo. No estaba lejos. No vivía en otro país. No pertenecía a otra religión. Estaba literalmente a unos metros del Salvador. Podía verlo. Podía escucharlo. Podía observar cada palabra. Y aun así murió sin aceptar la gracia que tenía delante de sus ojos.

Aquella tarde había tres cruces en el Calvario. En el centro estaba Jesús. A un lado, un ladrón que sería salvo. Al otro lado, un ladrón que moriría perdido. Los dos estaban sufriendo. Los dos estaban muriendo. Los dos habían cometido errores. Los dos estaban viendo exactamente al mismo Jesús. Y sin embargo terminaron con destinos completamente diferentes.

¿Por qué? Porque no basta con estar cerca de Jesús. Hay que rendirse a Él. La Biblia dice que uno de los malhechores comenzó a insultarlo. Y le dijo: "Si tú eres el Cristo, sálvate a ti mismo y a nosotros." A primera vista parece una petición de ayuda. Pero en realidad era algo más profundo. No estaba buscando salvación. Estaba buscando conveniencia; quería una solución para su problema inmediato; quería bajar de la cruz. No quería cambiar el corazón.

Hay personas que quieren los beneficios de Cristo. Pero no quieren a Cristo. Quieren paz. Quieren bendiciones. Quieren protección. Quieren ayuda. Quieren respuestas. Pero no quieren entregar su vida. No quieren arrepentirse. No quieren cambiar. No quieren rendirse.

Lo más impresionante es que incluso en sus últimos minutos seguía justificándose. No reconoció su pecado. No reconoció quién era Jesús. No reconoció su necesidad espiritual. Su preocupación seguía siendo la misma: "Quítame esta cruz." Porque hay personas que llegan al final de la vida sin haber entendido cuál era el verdadero problema. Creen que el problema es el dolor. La enfermedad. La pobreza. La crisis. Cuando el problema más profundo siempre ha sido la separación de Dios.

Aquel ladrón vio exactamente lo mismo que el otro ladrón. Escuchó a Jesús decir: "Padre, perdónalos." Vio cómo Cristo oraba por quienes lo estaban matando. Vio el amor. Vio la misericordia. Vio la paciencia. Vio la gracia. Y aun así endureció su corazón.

Porque los milagros no cambian automáticamente a las personas. La evidencia no cambia automáticamente a las personas. Lo que transforma una vida es un corazón dispuesto a rendirse. Y eso sigue ocurriendo hoy. Hay personas que han escuchado cientos de sermones. Han visto respuestas a la oración. Han experimentado la bondad de Dios. Han sentido su llamado. Y aun así siguen posponiendo una decisión. Siempre después. Siempre mañana. Siempre más adelante. Siempre cuando tengan tiempo. Y poco a poco el corazón se vuelve menos sensible. Más duro. Más indiferente. Más resistente. Lo trágico es que aquel ladrón estaba tan cerca de la salvación.

Tan cerca. A pocos metros del Salvador. A pocas palabras del perdón. A pocos segundos de la esperanza. Y aun así eligió rechazarla. Porque la cercanía no es lo mismo que la entrega. Puedes crecer en la iglesia y no conocer a Cristo.

Puedes escuchar la Biblia y no obedecerla. Puedes hablar de Dios y no caminar con Él. Puedes estar rodeado de cosas espirituales y tener el corazón lejos. Y aquí está la parte que hace llorar.

La última oportunidad de aquel hombre estaba allí mismo. Clavada en la cruz central. Respirando con dificultad. Cubierta de sangre. Mirándolo con amor. Pero él no la tomó. No porque Dios no quisiera salvarlo. Jesús estaba dispuesto. La gracia estaba disponible. El perdón estaba abierto. La puerta estaba allí. Pero él decidió no entrar. Porque Dios ofrece salvación. Pero no obliga a nadie a recibirla.

Hoy la historia de este ladrón sigue viva.  Se ve en quienes saben mucho acerca de Dios, pero nunca le entregan el corazón. Se ve en quienes siempre encuentran una excusa para posponer el arrepentimiento. Se ve en quienes quieren que Cristo resuelva sus problemas, pero no gobierne sus vidas. Se ve en quienes están cerca de la cruz, pero nunca se rinden al Crucificado. Y quizás la lección más profunda es esta: Lo que condenó a aquel ladrón no fue solamente lo que había hecho en el pasado. Fue lo que decidió hacer con Jesús cuando lo tuvo delante. Porque al final, la pregunta más importante de la vida no es cuántos errores cometiste. No es cuántas veces fallaste. No es qué tan roto llegaste. La pregunta es: ¿Qué harás con Jesús mientras todavía tienes tiempo para responderle? Amén

domingo, 12 de julio de 2026


 

JUEVES 16 DE JULIO 

FESTIVIDAD DE LA VIRGEN DEL CARMEN

El jueves 16 de Julio, Festividad de la Virgen del Carmen, patrona de los hombres y las mujeres de la mar, celebraremos MISA DE CAMPAÑA a las 21 horas, en el primer grupo de marineros (carretera de las Rotas- frente la comisaría de policía). 

 

sábado, 11 de julio de 2026


 PEQUEÑAS DOSIS DE SABIDURÍA

Que el Señor refresque vuestra vida y os regale un descanso reparador


 

ACCIÓN DE GRACIAS

¡Somos semillas de tu Reino!

Sois semillas del Reino

plantadas en la historia.

Sois buenas y tiernas,

llenas de vida.

Os tengo en mi mano,

os acuno y quiero,

y por eso os lanzo al mundo:

¡Perdeos!

 No tengáis miedo

a tormentas ni sequías,

a pisadas ni espinos.

Bebed de los pobres

y empapaos de mi rocío.

Fecundaos, reventad,

no os quedéis enterradas.

Floreced y dad fruto.

Dejaos mecer por el viento.

Que todo viajero

que ande por sendas y caminos,

buscando o perdido, al veros,

sienta un vuelco

y pueda amaros.

¡Sois semillas de mi Reino!

 

 

 


 

2026 CICLO A

TIEMPO ORDINARIO XV

La Palabra es eficaz, así de un modo explícito lo explica Isaías en la primera lectura de este domingo, al comparar la Palabra de Dios con la lluvia y la nieve que fecundan y hacen germinar la tierra. Y hay una frase especialmente interesante: Así será mi palabra que sale de mi boca: no volverá a mí vacía. Es esperanzador escuchar que las acciones del Señor, o la fuerza del Espíritu Santo son eficaces.

Aquí entra en juego el otro factor necesario, la disposición del hombre que acoge la Palabra. Sin embargo, tengamos presente que siempre lo que cae del cielo queda en la tierra.

En el Evangelio constata una realidad fundamental: la gente busca a Jesús. Hay algo en su persona, en su palabra y en su forma de tratar a las personas que lo distingue de los referentes religiosos de su tiempo, que solamente le recordaban al pueblo su imposibilidad de acceder a Dios.

También Jesús dedica tiempo para estar con ellos y los acoge cordialmente, les dirige su palabra y les revela un nuevo rostro de Dios y llama a la conversión. El encuentro con Jesús es un verdadero espacio de gracia, de misericordia y de sanación.

Jesús quiere llegar al corazón y usa parábolas, ejemplos sencillos de vida que todos pueden entender y no de normas rígidas y estrechas. Jesús usa parábolas para captar la atención de sus interlocutores y apuesta por el proceso interior que cada persona puede hacer si deja crecer la Palabra en su corazón; parte de una realidad fundamental: el hombre es «tierra buena» por esencia. Todo lo que siembra en su corazón siempre produce fruto.

El Sembrador siempre tiene una esperanza en la siembra, ya que confía en el potencial de vida que tiene la tierra. Pero si la tierra no está suficientemente cuidada o abonada, la semilla no puede hacer un milagro. Sólo cuando se toma en serio la vida, se hace lo necesarios para cuidar el espacio donde ella pueda germinar y dar fruto pleno y abundante.

El borde del camino, el terreno pedregoso, los abrojos y la tierra buena son espacios del corazón donde puede caer la Palabra de Dios. Por eso, la parábola del sembrador contiene no solo una explicación sobre los distintos tipos de tierra en los que puede caer la semilla, sino también un mensaje de ánimo hacia los misioneros, predicadores, catequistas, padres, que pueden verse invadidos por un desánimo o por un sentimiento de culpabilidad o de fracaso al ver que tras años de siembra no parece recogerse fruto alguno.

No olvidemos la otra cara de la moneda: ciertamente la Palabra de Dios es eficaz y la salvación del hombre ha sido llevada a cabo. Pero el Maligno sigue actuando, tratando de distraernos de nuestra verdadera finalidad y ofreciendo alternativas muy atractivas y con el peligro de desviarnos.

Casi sin darnos cuenta podemos llegar a pensar que el evangelio ha perdido su anterior vitalidad, y el mensaje de Jesús no tiene ya garra ni fuerza de convicción para el hombre moderno. En cualquier caso, los creyentes hemos de recordar que no es momento de cosechar, sino hora de sembrar con fe en la fuerza renovadora que se encierra en el evangelio.

miércoles, 8 de julio de 2026


 

MEDITACIÓN EUCARISTICA.

SANTISIMA SANGRE

Aquí estamos Jesús sacramentado, delante de ti con un corazón abierto y lleno de amor ante tu presencia. Precisamente hoy que celebramos en nuestra ciudad tu Santísima Sangre, don precioso y de valor inestimable.

El que un hombre diera a otro toda su fortuna, sería mucho sin duda, sobre todo, si se le supone considerable. ¿Que sería, pues, si le diera su sangre y la derramara toda por él? Sería evidentemente el amor llevado hasta el último grado. Eso es lo que ha hecho Jesucristo con nosotros. Analicemos:

1° EL VALOR DE ESA SANGRE. Es mayor infinitamente, que toda otra sangre humana, porque es la sangre de un Dios, en virtud de Misterio de la Encarnación; sangre, por consiguiente, de precio infinito. Esa sangre la ofrece nuestro Dios en cada sacrificio Eucarístico; la dignidad de un Dios que ofrece su sangre como víctima, y esto le concede y comunica un valor infinito.

2º LOS MARAVILLOSOS EFECTOS DE ESTA SANGRE. Apaga el fuego del pecado del mundo. Ella es expiación por nuestros pecados. Es el precio de nuestra redención. Es el baño que purifica nuestra conciencia. Es el sello de paz entre el cielo y la tierra. Nos abre el cielo y cierra el inferno bajo nuestros pies. Lejos de clamar venganza, como la sangre de Abel, cada gota de esa Sangre clama misericordia.

3° ESA SANGRE NOS ES DADA, no con mano avara, sino con una generosidad incomparable. Cuando una sola gota habría bastado para borrar los pecados de mil mundos, Jesucristo la da toda entera; y la da por lo mismo que El preveía habían de mostrarse tan poco dignos de ella; la da, no una vez, sino millones de veces. Comienza a derramarla ocho días después de su nacimiento, bajo el cuchillo de la circuncisión; la derrama en el Huerto de los Olivos, donde un sudor de sangre inunda la tierra; la derrama en la flagelación, en la coronación de espinas, en la crucifixión y en la abertura del sagrado costado; la ofrece todos los días en el Santo Sacrificio, sobre toda la superficie del globo, y nos la da a beber en la Comunión; la conserva en todos los tabernáculos del mundo, y allí esa Sangre pide sin cesar perdón por nosotros. En fin, nos aplica sus méritos en los sacramentos, que son como otros tantos canales, por los cuales esa Sangre adorable se comunica a las almas. ¡Cuánto tenemos que estar agradecidos a nuestro Salvador por esa profusión de su Sangre en favor de unos pobres pecadores, como nosotros!

Ante tal magnanimidad y gran generosidad de Jesucristo, nuestro hermano mayor, no tenemos más remedio que caer de rodillas y adorarlo, y sentirnos deudores para toda nuestra existencia de su salvación. Cuando un Dios nos da toda su sangre, ¿Qué excusa tenemos si no le ofrecemos, a cambio, nuestra voluntad, nuestros actos, nuestros gustos? Cuando se posee en el pecho la Sangre de Jesucristo, cuando se tiene una sangre tan noble y tan divina, es preciso tener su espíritu generoso y el compromiso serio de responder a tal generosidad con la mayor disponibilidad de nuestro corazón.

Es preciso honrar esta Sangre con la asistencia y participación devota y frecuente al santo banquete de la eucaristía. Frecuentar asiduamente todos los sacramentos, que fortalecen nuestro espíritu y nos conceden las gracias necesarias y los dones para vivir una vida adecuada a la filiación divina.  

Debemos tener una confianza sin límites en los méritos de esta divina sangre. Que se turben y carezcan de confianza los que no conocen el precio de la Sangre del Salvador; pero, cuando sabemos por la fe que Jesucristo ha dejado a nuestra disposición todos los méritos de su Sangre con la facultad de aplicárnoslos por la oración, por los sacramentos y por el sacrificio, no nos es permitido perder la confianza, Teniendo el crucifijo en las manos, jamás debe desfallecer nuestro valor.

 

 

 

 

 

LETANIAS A LA SANTISIMA SANGRE

Dios Hijo, Redentor del mundo, ten misericordia de nosotros.

Dios Espíritu Santo, ten misericordia de nosotros.

Santa Trinidad, un solo Dios, ten misericordia de nosotros.

Sangre de Cristo, hijo único del Padre Eterno, sálvanos.

Sangre de Cristo, Verbo encarnado, sálvanos.

Sangre de Cristo, Nuevo y Antiguo Testamento, sálvanos.

Sangre de Cristo, derramada sobre la tierra durante su agonía, sálvanos.

Sangre de Cristo, vertida en la flagelación, sálvanos.

Sangre de Cristo, que emanó de la corona de espinas, sálvanos.

Sangre de Cristo, derramada sobre la Cruz, sálvanos.

Sangre de Cristo, precio de nuestra salvación, sálvanos.

Sangre de Cristo, sin la cual no puede haber remisión, sálvanos.

Sangre de Cristo, alimento eucarístico y purificación de las almas, sálvanos.

Sangre de Cristo, manantial de misericordia, sálvanos.

Sangre de Cristo, victoria sobre los demonios, sálvanos.

Sangre de Cristo, fuerza de los mártires, sálvanos.

Sangre de Cristo, virtud de los confesores, sálvanos.

Sangre de Cristo, fuente de virginidad, sálvanos.

Sangre de Cristo sostén de los que están en peligro, sálvanos.

Sangre de Cristo, alivio de los que sufren, sálvanos.

Sangre de Cristo, consolación en las penas, sálvanos.

Sangre de Cristo, espíritu de los penitentes, sálvanos.

Sangre de Cristo, auxilio de los moribundos, sálvanos.

Sangre de Cristo, paz y dulzura de los corazones, sálvanos.

Sangre de Cristo, prenda de la vida eterna, sálvanos.

Sangre de Cristo que libera a las almas del Purgatorio, sálvanos.

Sangre de Cristo, digna de todo honor y de toda gloria, sálvanos.

Cordero de Dios que quitas los pecados del mundo, perdónanos Señor. sálvanos.

Cordero de Dios que quitas los pecados del mundo, escúchanos Señor. sálvanos.

Cordero de Dios que quitas los pecados del mundo, ten piedad de nosotros. sálvanos.

V. Nos rescataste, Señor,

R. por tu Sangre preciosa.

 

 

lunes, 6 de julio de 2026

PEQUEÑAS DOSIS DE SABIDURÍA
Feliz verano.
Que el Señor refresque vuestra vida y os regale un descanso reparador