sábado, 7 de febrero de 2026


 El 17 de febrero  en las misas de las 8 y 20 horas, conmemoraremos la festividad de los 7 Padres Fundadores de los Frailes Siervos de María.


 


El próximo miércoles día 11 de febrero dará inicio el Triduo preparatorio a la Festividad de los Siete Padres Fundadores.

Triduo: miércoles 11 - jueves 12 y viernes 13
Horario: 19'40 horas


 


 


 

ACCIÓN DE GRACIAS

HAZME, SEÑOR, SER SAL Y LUZ

Que, lejos de falsificar mi vida,

la mantenga soldada a tu gracia,

alimentada por tu Palabra y

sostenida con tu mano salvadora.

Que siendo, Tú, el salero de mi existencia

cuentes conmigo, Señor,

para sazonar oportunamente tantas situaciones

que reclaman ilusión y fuerza,

alegría y optimismo, dignidad y verdad,

Que siendo, Tú, la fuente de la luz

cuentes conmigo, Señor,

para alumbrar miserias y soledades,

tristezas y angustias, aflicciones y pruebas,

luchas y tribulaciones

en las que combaten tantos hombres

HAZME, SEÑOR, SER SAL Y LUZ

Que dé gusto, no a lo que el mundo quiere,

y sí a una nueva forma de vivir y de sentir.

Que ofrezca, la luz de tu presencia,

a los que viven como si no existieras;

a los que, creyendo en Ti,

caminan como si el Evangelio no conocieran.

Que sepa ser conservante como la sal:

que guarde, para mí y para los demás,

tu gracia y poder, mi fe y mi fidelidad,

mi oración y mi confianza en Ti. Amén

 


 

2026 CICLO A

TIEMPO ORDINARIO V

Tras el discurso de las bienaventuranzas, se nos dice que somos sal y luz. Dos elementos muy sencillos y humildes. Según el texto de hoy, la misión a la que Jesús nos invita se concreta en ser luz y en ser sal.

La sal da sabor a las comidas y a la vida, conserva los alimentos. Sería poner alma, corazón y creatividad en todo lo que hacemos. Cada persona, que aporte su granito de sal.

El signo de la sal es humilde, no pretencioso, y muy ajustado al estilo de Jesús. La sal sólo sirve para añadirse a otros alimentos y resaltar su sabor, y esto tan sencillo, tan cotidiano, puede ser una excelente parábola de lo que ocurre con Jesús, que es la sal que da sabor a todo lo que hacemos: a vivir, a trabajar, a descansar, a triunfar, a fracasar, a estar sano, a estar enfermo, a morir… a todo. Somos un yacimiento de sal, de luz y de sabor. Para que surja la Sal, es necesario el mar y del sol.

Ser luz, la luz sirve para iluminar, no existe para ser mirada o contemplada, porque nos quedaríamos ciegos. La luz resalta el ambiente, la perspectiva y los volúmenes para caminar por la vida con realidad y coherencia.

La invitación a ser luz tiene un peligro, y es que caigamos en la pedantería de ir por la vida creyéndonos luz de los demás. Debemos tener muy claro que esa luz no es nuestra; que en todo caso somos meros portadores de la luz de Dios que hemos visto reflejada en Jesús.

Todos tenemos un poco de luz de Dios, y ofreciendo la que tenemos y recibiendo la que nos dan, podemos caminar por el mundo como hermanos que se esfuerzan en avanzar sin tropiezos. la vida cristiana es como un cirio, que si no se consume para dar luz no sirve para nada. Jesús; cirio encendido que se quemó hasta el último cabo para iluminar el mundo con la luz de Dios.

Jesús no vino a traer un nuevo sistema de pensamiento, el suyo es irradiación de luz, esparcimiento de sal, contagio de fuego y de sabor.

Si la sal permanece encerrada en su frasco, no sirve para nada, su vocación es dispersarse en la comida. La luz no se ilumina a sí misma, sino las cosas sobre las que se posa, y no vuelve a su fuente.  Observa la humildad de la sal y la luz. No llaman la atención sobre sí mismas, no se ponen en el centro. No tienen como objetivo perpetuarse a sí mismas, sino valorizar al otro. Y así es la Iglesia: no es un fin, sino un medio para mejorar la vida de las personas.

Hagamos la guerra al hambre es la campaña de manos unidas en su lucha contra el hambre en el mundo y toda clase de necesidades que pululan por el mundo en general. Colaboremos para que las personas indicadas puedan ayudar y mostrar solidaridad con todas estas necesidades.

Así seremos sal y luz al estilo de Jesús; sin alardes ni espectáculos. Pero es muy difícil que “los hombres vean el amor del Padre” cuando lo que habitualmente ven en el mundo no es amor, sino injusticia, opresión y explotación. Los cristianos hemos visto el amor de Dios en Jesús, y lo que él nos pide es que le ayudemos a que los demás vean ese amor en nosotros.