sábado, 31 de enero de 2026


 


 

Mañana domingo 1 de febrero, en el Convento de las Madres Agustinas Recoletas, a las 17 horas, con motivo de la celebración el lunes de la Jornada Mundial de la Vida Consagrada, tendrá lugar una oración. 

 


 

ACCIÓN DE GRACIAS

PARA ENTENDER LAS BIENAVENTURANZAS

Cómo podrá alguien ayudar, si nunca ha necesitado un hombro amigo.

Cómo podrá alguien consolar, si nunca sus entrañas han temblado de dolor.

Cómo podrá alguien curar, si nunca se ha sentido herido.

Cómo podrá alguien ser compasivo, si nunca se ha visto abatido.

Cómo podrá alguien comprender, si nunca en su vida ha tenido el corazón roto.

Cómo podrá alguien ser misericordioso, si nunca se ha visto necesitado.

Cómo podrá alguien dar serenidad, si nunca se ha dejado turbar por el Espíritu.

Cómo podrá alguien alentar, si nunca se quebró por la amargura.

Cómo podrá alguien levantar a otros, si nunca se ha visto caído.

Cómo podrá alguien dar alegría, si nunca se acercó a los pozos negros de la vida.

Cómo podrá alguien ser tierno, si en su vida todo son convenios.

Cómo podrá alguien acompañar a otros, si su vida es un camino solitario.

Cómo podrá alguien compartirse, si en su vida todo lo tiene cubierto.

Cómo podrá alguien encontrar, si nunca ha estado perdido.

AMÉN


 

2026 CICLO A

TIEMPO ORDINARIO IV

Estando Jesús en el monte y viendo la multitud empezó a hablar enseñándoles. El corazón humano busca y anhela la felicidad, pero una felicidad con futuro, con valor para hoy y mañana. No una felicidad pasajera, del momento sino para siempre.

En el discurso de las bienaventuranzas Jesús va aludiendo a diferentes situaciones existenciales. Unas se padecen y otras son provocadas por la actitud que asumimos. El camino de la salvación combina siempre lo que depende de nosotros con las consecuencias de nuestra decisión.

Todas esas situaciones descritas por Jesús tienen un rasgo común: son declaradas dichosas y son de largo recorrido. No se refiere únicamente al más allá. Se inicia hoy y apunta a la eternidad.

La Buena noticia del Reino está destinada a todos. Pero, sin embargo, no todos la aceptan. De ahí que tenga unos destinarios a los que se dirige en primer lugar. Y es que para lograr alcanzar esta bienaventuranza (presente y futura) es preciso conectar con el Dios que revela Jesucristo.

Quienes no aceptan la propuesta, ya hacen su elección. No es que Dios los rechace, ellos prefieren otros caminos de felicidad en los que no hay futuro.

Las bienaventuranzas no establecen nuevos preceptos, sino que son el alegre anuncio de que Dios da vida a quienes producen amor. Si uno hace feliz a alguien, el Padre se hace cargo de su felicidad.

Si acoges las bienaventuranzas, su lógica te cambia el corazón, a la medida del de Dios. Que no es imparcial, tiene debilidad por los débiles, comienza desde las periferias de la historia, ha elegido lo que en el mundo es pobre y enfermo para cambiar radicalmente el mundo, para hacer una historia basada no en las victorias de la fuerza, sino por las siembras de justicia y las cosechas de paz.

Se dice bienaventurados a los pobres, no a la pobreza. Son bienaventurados los hombres, no las situaciones. Dios está con los pobres contra la pobreza. Bienaventurados los que lloran: Dios está del lado de los que lloran, pero no del lado del dolor.

Dios está contigo, en el reflejo más profundo de tus lágrimas, para multiplicar tu valor. En la tormenta está a tu lado, fuerza de tu fuerza. Como para los discípulos, sorprendidos por la noche por la tormenta en el lago: él está ahí, en la fuerza de los remeros que no se rinden, en los brazos firmes del timonel, en los ojos del vigía que escudriña la orilla y busca el amanecer.

Bienaventurados los misericordiosos: son los únicos que en el futuro encontrarán lo que ya tienen, la misericordia. Es algo que se lleva consigo para siempre, equipaje para el viaje eterno, equipamiento y sello de eternidad colocado a lo largo de todo el tiempo.

Quizás nosotros no somos pobres o no estamos perseguidos, pero podemos escoger a lado de quiénes nos posicionamos y con qué actitudes vivimos. En estos momentos en los que parece que la violencia y la opresión alzan su voz a nivel mundial, que los poderes políticos y económicos muestran la cara más voraz de la avaricia, ¿cuál es nuestra postura?, ¿cuáles son nuestras opciones? pesar del dolor o el sufrimiento que experimentemos, nuestro corazón se llenará de un gozo y una paz que nada ni nadie nos podrá quitar.

miércoles, 28 de enero de 2026


 

2026 MEDITACIÓN EUCARISTICA

EL PARAÍSO

Aquí estamos Jesús en silencio, frente al Santísimo Sacramento, y queremos que ilumines nuestro corazón. Tantas veces pensamos en paraísos perdidos y lo que tenemos a nuestro alance como don somos incapaces de aprovecharlo para el bien.

Ante ti Jesús Eucaristía, entendemos que el verdadero paraíso no es un lugar perfecto, sino una presencia perfecta. No es tenerlo todo, sino tenerte a ti. Cuantas veces nosotros buscamos llenar con cosas, reconocimientos o comparaciones el vacío que solo Dios puede llenar.

La vida se desaprovecha cuando dejamos de mirar a Dios y comenzamos a mirarnos unos a otros con rivalidad. Frente al Santísimo, hoy Jesús nos enseña lo contrario: Él, siendo Dios, se hace pequeño, humilde y se entrega por completo. En la Eucaristía no hay competencia, solo donación.

Jesús, presente en el Santísimo Sacramento, eres el anticipo del paraíso eterno. Si te permitimos reinar en nuestro interior, transformarás nuestras envidias en fraternidad, nuestro egoísmo en servicio y nuestra inquietud en paz. Escuchemos esta bonita fabula.

El paraíso: Un día, Dios miró al mundo y sintió una profunda misericordia. Decidido, levantó su mano y durante la noche más oscura, convirtió el mundo entero en un paraíso.

Al día siguiente, cuando sus hijos despertaron, se vieron diferente. Ya no había enfermedades, todos eran muy hermosos. Aún la persona que era más pobre, se vestía de oro y tenía comida en abundancia. Llenos de felicidad, todos comenzaron a gritar felices por el mundo "era un paraíso".

Fue unos días después que un hombre, mirando la casa de su vecino (en realidad, un palacio) vio que éste tenía unas vacas en su jardín.

Entonces decidió aprovechar un momento en que estaba fuera para tomar de la leche. El vecino, sin embargo, llegó antes de que el hombre se fuera y quedó muy enojado.

Cosas así comenzaron a suceder en todo el mundo. Y, un mes después de la creación del paraíso, estalló una guerra entre dos ciudades. ¡Dios no lo podía creer!

Todos tenían todo y aun así batallaban por cosas que realmente no necesitaban.

Diez años después, cuando el paraíso se había tornado en una mera historia... un cuento narrado a los niños en la escuela...

Dios nuevamente miró a su creación. Suspiró hondo y pensó que la próxima vez va a crear el paraíso primero en los corazones de los hombres.

Lo externo... vendrá naturalmente.

Esta historia Jesús nos enseña que el paraíso comienza en el corazón. El Evangelio no dice que el problema del ser humano no es la falta de bienes, sino la condición del corazón. Dios creó un mundo donde no había enfermedad, pobreza ni carencia alguna, pero aun así surgieron la codicia, el enojo y la violencia. Esto revela que el pecado no nace de la escasez, sino del interior del hombre.

Jesús lo expresó claramente cuando dijo: “Porque del corazón salen los malos pensamientos, los homicidios, los adulterios, las codicias…” (Mateo 15,19).

Aunque Dios nos regaló abundancia, belleza y paz, el ser humano siguió comparándose con el otro y deseando lo que no necesitaba. La escena del hombre que toma la leche de las vacas de su vecino muestra cómo la envidia y el egoísmo pueden surgir incluso cuando todo está dado. Así, el paraíso externo se destruye cuando no hay conversión interior.

Este relato nos enseña que ninguna transformación social, económica o material puede sostenerse sin una transformación espiritual. Por eso Dios comprende que el verdadero paraíso no se construye primero en la tierra, sino en el corazón humano. Solo cuando el corazón es sanado por el amor, la humildad y la justicia, lo externo puede florecer de manera duradera. Cristo vino precisamente a inaugurar ese paraíso interior: “El Reino de Dios está dentro de vosotros” (Lucas 17,21).

Cuando dejamos que Dios reine en nuestro corazón, aprendemos a agradecer, a compartir y a amar sin competir. Entonces, y solo entonces, el mundo comienza a parecerse al paraíso que Dios soñó desde el principio.

Aquí, en adoración, descubrimos que Dios quiere construir su paraíso primero en nuestro corazón. Un corazón que adora aprende a agradecer. Un corazón que adora deja de compararse. Un corazón que permanece ante Jesús aprende a amar sin poseer. Porque donde hay corazones renovados por el amor de Dios, allí el paraíso empieza a hacerse realidad. Amén.

sábado, 24 de enero de 2026

2 de Febrero - Presentación del Señor y Jornada mundial de la vida Consagrada. 

Con motivo de dicha celebración el próximo domingo 1 de febrero  a las 17 horas en el Convento de las Madres Agustinas Recoletas, tendrá lugar una oración. 

Estáis todos invitados