miércoles, 14 de enero de 2026


 

2026 Meditación eucarística: 

El barco que nunca zarpó.

El bautismo

 

Señor Jesús, este domingo pasado en el día en que celebramos tu bautismo escuchamos estas palabras bajadas del cielo: Tú eres mi Hijo, muy amado, en el cual me complazco. Tu bautismo Señor fue el pistoletazo de salida para una vida nueva porque marca el comienzo de tu vida pública, después de la vida oculta en Nazaret. A partir de ahí empieza a anunciar el Reino de Dios.

En este acto se revela la Santísima Trinidad: El Hijo es bautizado. El Espíritu Santo desciende en forma de paloma. El Padre habla desde el cielo: “Este es mi Hijo amado, en quien me complazco”.

El bautismo de Jesús no es para su purificación, sino para manifestar quién es Él y cuál es su misión: el Hijo de Dios que viene a salvar a la humanidad. Escuchemos.

El barco que nunca zarpó: En cierta ocasión toda una población portuaria se encontraba reunida al borde de un astillero. No era para menos: un gran barco iba a ser bautizado para comenzar su andadura por las aguas del mar.

Todo estaba preparado; autoridades y banderas, mesas y luces, invitados y fotógrafos, música y flores y ¡cómo no!: la botella de champán que, en un momento dado, el alcalde de la localidad habría de lanzar sobre la embarcación.

Y llegó el momento culminante: después de las palabras de bienvenida y con gran emoción, la autoridad correspondiente, soltó en el simbólico acto el cava que fue a estrellarse en el lugar señalado y con total precisión.

 Los aplausos y los cohetes no se hicieron esperar. No era para menos:

- Un nuevo barco en nuestro puerto, gritaba orgulloso el vecindario.

La sorpresa y la incertidumbre llegó cuando (después de la fiesta y de la pólvora, de los himnos y los consabidos abrazos efusivos, de las fotos y de la colosal comida popular) el barco por distintas circunstancias se resistió a adentrarse en el mar y quedó totalmente encasquillado sobre unas vías preparadas para la ocasión. La decepción se hizo aún más mayúscula cuando en un desesperado intento por empujar el buque hacia el océano se inclinó de tal manera que se agrietó todo su casco de arriba abajo quedando sentenciado su futuro para siempre. 

Tu bautismo Jesús da sentido al bautismo cristiano: no solo un gesto externo, sino un paso hacia una vida nueva en Dios.

Pensemos en nuestro bautismo que muchos hemos recibido y, otros tantos hoy, lo siguen recibiendo. Lo hacemos, al igual que la botadura de esa embarcación, rodeados de flores y de focos, de luces y de fiesta. Pero nos preguntamos: ¿y luego? ¿nos adentramos en la misión de todo cristiano o nos quedamos en la orilla de ese bautismo? Malo será que pongamos tanto énfasis en el momento del “chapuzón sacramental” que nos olvidemos del horizonte que nos exige.

Porque, en realidad, el bautismo no se queda en el agua que cae sobre nuestras cabezas. Continúa en el día siguiente cuando, sintiéndonos hijos de Dios, trabajamos para que su Reino sea una pronta realidad en nuestra tierra.

Porque, en realidad, el bautismo que recibimos no acaba cuando somos inscritos en el libro de los elegidos y, en cambio, si empieza cuando nos comprometemos en llevar con nuestras manos la luz de la fe a todos los que nos rodean.

Esta es la gran decepción a la que asistimos, con cierta impotencia, la comunidad cristiana hoy: un bautismo que se queda en el puerto de los que nunca quisieron emprender ni aprender la fe que en él y con él recibieron. Se quedaron encasquillados con una fe sin consistencia, con unos padrinos sin garantía y resquebrajada desde el principio. 

Que este tiempo ordinario que iniciamos después de la Navidad sea una llamada a recuperar el brío y la autenticidad de nuestro bautismo: hemos sido bautizados no por necesidad personal (sería muy poco y pobre) y sí como una llamada a ser hijos de Dios, a ser iglesia y a dar razón de Él donde haga falta. Ayúdanos tu Jesús a vivirlo desde la profundidad de nuestro ser y de nuestra vocación. Amén.

sábado, 10 de enero de 2026

 



 


 


 

ACCIÓN DE GRACIAS

Que también, en mí Señor, se inaugure como en Ti un nuevo tiempo de misión y de trabajo.

Que la presencia de Dios y del Espíritu y de toda tu persona, se haga presente en mí, de tal manera que, viviendo con alegría mi ser cristiano, sea semilla de aquella gran sementera que es tu Evangelio.

Que también, yo Señor, renazca a una vida nueva.

Que no me sienta seguro de mí mismo.

Que no crea que, con ser bueno, ya es bastante.

Que me fíe de tu Palabra, y con tu Palabra, me sienta querido por Dios y empujado a proclamar su existencia en medio del mundo.

Tú, Señor, nos das una forma de entender la vida.

Tú, Señor, nos das el secreto de la felicidad.

Tú, Señor, con tu Bautismo, cargas con todas nuestras flaquezas y miserias.

Dios, sobre tus hombros, pone el futuro de nuestra humanidad:

¡Redímela con tu testimonio y sacrificio!

¡Rescátala de las incertidumbres que la asolan!

¡Recupérala de aquellos falsos dioses ante los que se postra!

Tú, Jesús, que eres preferido, amado, tocado por el Espíritu haz que, también nosotros, sintamos el calor de la gloria del Padre, que no es otra que la comunión del Hijo con el Espíritu Santo.

Amén

 


 

2026 CICLO A

BAUTISMO DEL SEÑOR

Celebramos el bautismo del Señor. Juan vio a Jesús y no quería bautizarle con ese bautismo de conversión y de penitencia. Pero cuando Jesús salió del agua oyó esa voz del cielo y ese espíritu que se posaron sobre él, entonces supo quien era de verdad Jesús. La voz que escuchó del cielo lo confirmaba: Este es mi hijo amado, en quien me complazco.

El día del bautismo de Jesús marca el día 0 de su vida. Comienza el ministerio, la misión, el anuncio del amor de Dios a todos los hombres. Jesús lanzado a su vida pública. Lavado y perfumado en el agua bautismal experimentamos la tercera epifanía, la epifanía total y trinitaria. Dios Padre habla y llama a Jesús su Hijo Amado y el Espíritu lo llena de su poder.

Jesús descubre su identidad y comienza su tarea que no consiste en hacer obras buenas y contar lindas historias. La vocación de Jesús es una dedicación a tiempo pleno a las cosas de su Padre, empujado siempre por la fuerza del Espíritu.

Estar bautizado no es el comienzo de una vida vivida intermitentemente, a ratos con Dios. Es una vocación que hay que vivir pleno.

Hoy, por mil razones, nosotros vivimos en un país de bautizados. Un país de bautizados que empiezan a desbautizarse. Los bautizados deberíamos vivir de tal manera que fuéramos epifanías para nuestros familiares y amigos que nunca han tenido una auténtica epifanía cristiana. Vivir nuestra identidad cristiana con mayor resolución y mayor atrevimiento.

El verbo bautizar significa: sumergir, inundar. Yo sumergido en Dios y Dios sumergido en mí; yo en su vida, Él en mi vida. Estamos impregnados de Dios, dentro de Dios como dentro del aire que respiramos, dentro de la luz que besa nuestros ojos. Y esto no solo ocurrió en el rito de aquel lejano día, con unas pocas gotas de agua, sino que ocurre cada día en nuestro bautismo existencial, perenne: “estamos sumergidos en un océano de amor y no nos damos cuenta” G. Vannucci (osm).

La escena del bautismo de Jesús en el Jordán tiene como centro lo que ocurre inmediatamente después: el cielo se abre, nos muestra un cielo que no está vacío ni mudo. De él salen palabras: Este es mi hijo amado, en quien me complazco. Palabras que arden y queman: hijo, amor, alegría. Que explican todo el Evangelio. Hijo, quizás la palabra más poderosa del vocabulario humano, que hace milagros en el corazón. Amado, sin mérito, sin peros. Alegría, y puedes intuir el júbilo de los cielos, un Dios experto en fiestas para cada hijo que vive, que busca, que se va y que vuelve.

En la primera lectura, Isaías ofrece una de las páginas más consoladoras de toda la Biblia: No gritará, no clamará, no voceará por las calles. La caña cascada no la quebrará, la mecha vacilante no la apagará. No gritará, porque si la voz de Dios suena áspera, imponente o estridente, no es su voz. A la verdad le basta un susurro. No quebrará: no terminará de romper lo que está a punto de romperse; su manía es cuidar. No apagará la mecha humeante, le basta un poco de humo, lo rodea de atenciones, lo trabaja, hasta que vuelve a hacer brotar la llama.

miércoles, 7 de enero de 2026


 

2026 MEDITACIÓN EUCARÍSTICA

CARTA A LOS REYES MAGOS

Ayer celebramos la Epifanía, la manifestación de Dios a todos los hombres y contemplamos como los magos se percataron, se pusieron en camino y adoraron al niño nacido en Belén y le ofrecieron sus regalos. Nosotros queremos pedir a los Reyes Magos:

La sencillez para saber distinguir en los signos de los tiempos la presencia de la Buena Noticia, para saber observar desde la fe todas las realidades tanto de la tierra como del cielo.

La docilidad a las divinas inspiraciones del alma, y seguir el camino que nos marque la estrella. A vosotros os guio una estrella en el cielo, para nosotros esa estrella es todo aquello que nos lleva a Jesús os pedimos que no perdamos el rumbo que conduce al Salvador de todas las naciones, al Rey de todos los Pueblos.

Valentía para ponernos en camino, para saber dejarlo todo y lanzarnos a la aventura, a desinstalarnos con frecuencia para vivir de la fe y no de la seguridad de mis posesiones. Confiar que, dejando todo, es la única forma de encontrar El Todo.

Obediencia a las guías que tengo en el camino, obediencia a lo que se cree, a lo que se espera, a lo que se ama. Obediencia humilde a las inspiraciones y a los ángeles, especialmente a mi Ángel de la Guarda, para que no pierda el camino, y tenga la alegría de que todo se me ha dado como regalo, confiando y dependiendo totalmente en Aquel que nos ha llamado a un encuentro.

Alegría del encuentro con Dios: el encuentro de la criatura con su Creador, alegría de encuentro porque es la manifestación de Dios hecho hombre como Dios, como Rey, y como hombre. Queremos, tener esa alegría de encuentro que para nosotros se realiza en cada Eucaristía, en cada sacramento, en cada encuentro con el más necesitado. Alegría de encuentro, porque cuando el encuentro esta tocado por el amor solo puede ser celebrativo, y toda nuestra vida es encuentro y toda nuestra vida es celebración si lo vivimos en la dimensión del amor.

La paciencia para seguir en el camino, para que el cansancio no nos haga desistir, para que las dificultades no resten el ánimo, para que los obstáculos del camino solo sean oportunidades de crecimiento, que sean retos que nos permitan crecer como personas, como cristianos, como discípulos del Maestro. Que no perdamos la esperanza del encuentro, que no perdamos la esperanza que la promesa se hará realidad.

Que no perdamos la esperanza que en el camino no se anda solo, que ángeles, estrellas y hermanos caminamos juntos. Tener siempre la esperanza de que es posible vivir la caridad entre nosotros que caminamos en comunidad como lo hicisteis vosotros, que os acompañasteis hasta el final.

Todo lo anterior no lo pedimos solo para nosotros, lo pedimos para poder compartirlo con todos nuestros hermanos, queremos descubrir en cada hermano a Cristo, queremos descubrirlo especialmente en los más pobres, en los más necesitados, los enfermos, los encarcelados, los que están solos o se sienten solos; queremos reconocer al Rey en aquellos que llevan con humildad la cruz de cada día, en los que se esfuerzan por dar testimonio del amor, en las personas que perdonan y aquellos que se niegan a recibir el perdón, reconocerlo en los amigos y también en los enemigos.
Queremos compartir todo lo que os hemos pedido con todos aquellos que se acerquen a nuestra vida. Todo lo que os hemos pedido, también os los pido para todos nuestros amigos, familiares y bienhechores para que todos seamos instrumentos de paz. Para que todos busquemos el reino de Dios, sabiendo que, si Dios reina en nuestros corazones, reinará en nuestras familias, en nuestras comunidades, en nuestras ciudades, y en nuestras naciones.

Os deseamos queridos Reyes Magos, feliz viaje de regreso a vuestros países. Nos despedimos agradecido por la ilusión que suscitasteis en nosotros cuando éramos niños.

Gracias porque un día os esperábamos con la ilusión de niños y hoy os podemos esperar con la ilusión de adultos.

Con afecto, en el Señor que buscamos y que encontramos en la Eucaristía, que él nos bendiga y bendiga a todos los niños del mundo. Amén