miércoles, 19 de agosto de 2026


 

MEDITACIÓN EUCARISTICA:

LA HISTORIA DE ANDRÉS

La historia de Andrés aparece en varios pasajes evangélicos. Andrés era uno de los discípulos de Juan el Bautista. Un día, Juan estaba con dos de sus discípulos y, al ver pasar a Jesús, dijo: Este es el Cordero de Dios. Andrés y el otro discípulo siguieron a Jesús. Jesús se dio cuenta y les preguntó qué buscaban. Ellos querían saber dónde vivía, y Jesús les respondió: Venid y lo veréis. Pasaron aquel día con Él. Después de conocer a Jesús, Andrés fue a buscar a su hermano Simón. Le dijo que habían encontrado al Mesías, es decir, al Cristo. Entonces llevó a Simón hasta Jesús.

La vocación a la vida consagrada y sacerdotal es actuar como Andrés; él escuchó y siguió a Jesús. Después de conocerlo, quiso compartirlo con alguien que amaba. Llevó a su hermano Pedro a Jesús.

Esto nos enseña que no necesitamos hacer grandes cosas para ayudar a otros a acercarse a Jesús. A veces basta con invitar, hablar de Él y dar un buen ejemplo.

Antes de seguir a Jesús, había sido discípulo de Juan el Bautista. Eso ya dice mucho de él. Andrés era un hombre que estaba buscando sinceramente a Dios. No se conformaba con la religión vacía. Esperaba al Mesías. Y cuando Juan el Bautista señaló a Jesús como el Cordero de Dios, Andrés fue uno de los primeros en seguirlo.

Fue un hombre que no buscó protagonismo. La Biblia no registra grandes discursos de Andrés. No lo vemos encabezando multitudes. No lo vemos escribiendo cartas. Pero cada vez que aparece en el Evangelio, aparece haciendo lo mismo: llevando personas a Jesús.

Cuando la multitud tenía hambre, fue Andrés quien encontró al muchacho con los cinco panes y dos peces y lo presentó a Jesús. También cuando unos griegos querían ver al Maestro, fue Andrés quien los acercó a Él. Ese era Andrés. Un puente. Un hombre que conectaba personas con Cristo. Y quizá por eso su historia es tan necesaria hoy.

El sacerdote y el religioso deben ser puentes que lleven al encuentro con Jesús. Primero ellos han de realizar este encuentro profundo diario, cotidiano, para después poder ser puente para los demás. Es una misión hermosa compartir la actitud de Andrés. Quizá el mundo está cansado de personas que solo hablan de ellos mismos, incluso cuando predican la Palabra de Vida o actúan en favor de los demás. El mundo necesita sacerdotes y religiosos que hagan de puente, para unir, para que haya encuentro con Aquel que es la VIDA.

Vivimos en un mundo donde muchos quieren ser los protagonistas. Queremos ser reconocidos. Queremos que nuestro nombre destaque. Queremos que la gente recuerde lo que hicimos.

Pero Andrés nos enseña una grandeza diferente. La grandeza de quien trabaja en silencio para acercar otros a Jesús. Hay personas que nunca predicarán ante miles. Nunca escribirán libros. Nunca serán famosas. Pero llevarán a un hijo, a un amigo, a un esposo, a una vecina, a un compañero de trabajo a los pies de Cristo. Y el cielo conoce el valor de eso. Porque quizá nunca sabrás lo que Dios hará con la persona que tú acercaste a Él.

Andrés no imaginaba que su hermano Pedro sería una de las voces más influyentes de la iglesia primitiva. Sólo hizo lo que pudo: lo llevó a Jesús. Y eso basta.

También hay una lección hermosa en la multiplicación de los panes. Andrés vio al muchacho con su pequeña comida y dijo algo muy humano: “¿Qué es esto para tantos?” Es decir: “Esto es muy poco”. Pero Andrés llevó ese “poco” a Jesús. Y en las manos de Jesús, lo poco se volvió abundancia. Esa es una verdad que puede cambiar tu vida. Dios no te pide que tengas mucho. Te pide que pongas en sus manos lo que tienes. Un poco de fe. Un poco de tiempo. Un poco de amor. Un poco de obediencia. Un poco de pan y dos peces. Y Él hace el resto. Así es la vocación, Dios llama a los que quiere, no a los más inteligentes y capacitados, sino que capacita a quien llama.

Y así se ve esta historia hoy. Andrés aparece en la madre que enseña a sus hijos a orar aunque nadie la vea. En el amigo que invita a otro a la iglesia. En el joven que comparte un versículo con alguien que está triste. En el abuelo que ora en silencio por su familia. En la persona que no busca aplausos, pero cada día acerca corazones a Cristo. El religioso que ora antes de emprender cualquier actividad. El mundo quizá no recuerde sus nombres. Pero el cielo sí.

Porque en el Reino de Dios no sólo son importantes los que predican desde el púlpito. También son esenciales los que, como Andrés, toman de la mano a alguien y le dicen: “Ven, quiero llevarte a Jesús”. Y este es el papel de los consagrados y sacerdotes, llevar a otros a Jesús a través de su ministerio. Que el Señor envíe sacerdotes santos y según su corazón a su Iglesia y a la Orden de la Virgen María. Amén.

sábado, 15 de agosto de 2026


 PEQUEÑA DOSIS DE SABIDURIA

Que el Señor refresque su vida y os regale un descanso reparador


 

ACCION DE GRACIAS

Señor quiero ser como tú.

Jesús, al contemplar en tu vida el modo que Tú tienes de tratar a los demás me dejo interpelar por tu ternura, tu forma de amar nos mueve a amar; tú trato es como el agua cristalina que limpia y acompaña el andar.

Jesús, enséñame tu modo de hacer sentir al otro más humano, que tus pasos sean mis pasos, mi modo de proceder.

Jesús, hazme sentir con tus sentimientos, mirar contigo mirada, comprometer mi acción, darme hasta la muerte por el reino, defender la vida hasta la cruz, amar a cada uno como amigo, y en la oscuridad levantar tu luz.

Jesús, yo quiero ser compasivo con quien sufre, buscando la justicia, compartiendo nuestra fe, que encuentre una auténtica armonía entre lo que creo y quiero ser, mis ojos sean fuente de alegría, que abrace tu modo de ser.

Quisiera conocerte, Jesús, tal y como eras.

Tu imagen sobre mí es lo que transformará mi corazón en uno como el tuyo que sale de sí mismo para dar; capaz de amar al Padre y los hermanos, que va sirviendo al reino en libertad.

Amén

 


 

2026 CICLO A

TIEMPO ORDINARIO XX

 

La afirmación de estar allí buscando solo migajas de pan perdido es lo que conmueve a Jesús. Poco puede parecer la compasión de Dios, pero las migajas de Dios son grandes como Dios mismo.

La mujer de las migajas, madre inteligente e indómita que no se rinde ante los silencios de Jesús, es uno de los personajes más simpáticos del Evangelio. Y Jesús, sale transformado del encuentro con ella. Lo que nos cambia en la vida no son las ideas, son los encuentros.

Una mujer de otra religión "convierte" a Jesús, lo hace cambiar de camino. Jesús tiene un proyecto: He venido solo por las ovejas perdidas de Israel, y esa mujer lo hace cambiar: No, tú perteneces al dolor de los hijos, tú eres pastor de todo el dolor del mundo.

La mujer en el relato habla tres veces. La primera palabra es la más antigua de todas las oraciones cristianas: Ten piedad. Piedad de mi dolor, de esta mi niña enferma. Y Jesús no le dirigió ni una palabra.
Pero la madre sigue al grupo continuando a gritar, involucra también a los apóstoles, y ante la respuesta de Jesús, muy clara: "Yo he venido solo por los de mi pueblo", la mujer bloquea el paso al rabino extranjero, y llama lo que es la segunda oración más evangélica: Ayúdame.

La reacción del maestro es aún más brusca que antes: No se le quita el pan a los hijos para dárselo a los perros. Y aquí lega la respuesta genial de la mujer, su tercera palabra: Es cierto, Señor, y sin embargo los perritos comienzan las migajas que caen de la mesa de sus dueños.

Es el giro del relato. Esta imagen ilumina a Jesús. En el Reino de Dios, sólo hay hijos y no, hombres y perros. La conciencia humilde de que todos somos iguales, y al mismo tiempo la afirmación de estar allí buscando solo migajas de pan perdido, es lo que conmueve a Jesús. Mujer, ¡grande es tu fe! Ella, que no conoce la Biblia y que reza en los ídolos de Canaán y Fenicia, para Jesús es una mujer de gran fe. Su gran fe consiste en creer que para Dios el sufrimiento de un hombre cuenta más que su religión. Ella no conoce la fe de los catecismos, pero posee la de las madres.

¡Grande es tu fe! Entonces, la fe es aún mayor en la tierra, dentro y fuera de la Iglesia, porque es grande el número de madres que no saben el Credo, pero conocen el corazón de Dios . Usan otros números para invocar a Dios, pero conocen su corazón. Para él no hay hijos e hijitos, en donde hay dolor, allí está toda la piedad de Dios.

Todo esto se convierte en consuelo: porque en el día en que tengamos poca fe, en el día en que estemos abrumados por el dolor, en ese momento Dios se acercará, como pan para los hijos, como migajas para cada pequeño sueño con alguien que saque a los pequeños de debajo de la mesa y los levante, los coloque como lámparas sobre el candelabro de todos, más luz sobre el futuro del mundo.

viernes, 14 de agosto de 2026


 

SOLEMNIDAD DE LA ASUNCIÓN DE LA VIRGEN MARÍA

 

Hoy celebramos con alegría la Asunción de la Virgen María, una fiesta que nos recuerda que María, al finalizar su vida terrena, fue llevada al cielo en cuerpo y alma. Es una celebración que nos llena de esperanza, porque nos muestra el destino al que todos estamos llamados: vivir para siempre junto a Dios.

María fue una mujer sencilla, pero tuvo una fe enorme. Supo confiar en Dios incluso cuando no entendía del todo lo que estaba sucediendo. Su respuesta, «hágase en mí según tu palabra», resume toda su vida: una vida entregada, confiada y abierta a la voluntad de Dios.

En el Evangelio escuchamos el encuentro de María con su prima Isabel. María llega a casa de Isabel después de haber recibido el anuncio del ángel, y allí proclama el Magníficat: «Mi alma proclama la grandeza del Señor». No se queda centrada en sí misma, sino que reconoce todo lo que Dios ha hecho en ella.

Ese es también un mensaje importante para nosotros. La fe no consiste solamente en creer, sino en aprender a confiar y a poner nuestra vida en las manos de Dios. María nos enseña que, incluso en medio de las dificultades, podemos seguir adelante cuando sabemos que Dios camina con nosotros.

La Asunción de María también nos recuerda que nuestro cuerpo, nuestra vida y todo lo que somos tienen un valor inmenso para Dios. No estamos hechos para la tristeza ni para la desesperanza. Nuestra meta es la vida plena, la vida eterna.

Pidamos hoy a la Virgen María que nos ayude a vivir con una fe sencilla y sincera, a confiar en Dios cuando las cosas no sean fáciles y a estar siempre dispuestos a ayudar a los demás. Que, como ella, sepamos decir cada día nuestro «sí» a Dios.

Santa María, Madre de Dios y Madre nuestra, acompáñanos en nuestro camino y llévanos siempre hacia tu Hijo. Amén.


 

ACCIÓN DE GRACIAS

YO TAMBIÉN QUIERO SUBIR CONTIGO, MARÍA

Y ascender, muy alto, al encuentro con el Señor pero, sin olvidar, que los grandes rascacielos están primeramente sujetos a la tierra.

Como Tú, María: Sencilla, no quisiste más grandeza que tu pobreza.

Como Tú, María: limpia, tus ojos sólo brillaron para el Señor.

Como Tú, María: obediente, siempre tus caminos fueron para Dios.

YO TAMBIÉN QUIERO SUBIR CONTIGO, MARÍA

Dándome generosamente, como Dios mismo se ofrece.

Entregándome sin tregua, como Tú misma te das.

Mirando hacia el infinito, y buscando, en ese aparente vacío, la grandeza del Salvador.

Y disfrutar para siempre de la gloria eterna.

Y correr, contigo, por las calles del cielo.

Y poder abrazar a los que, antes que yo, marcharon con tu protección desde este duro suelo.

Y dejar de llorar, de sufrir y comprender entonces lo que vale la fe y la perseverancia de mi ser cristiano.

Porque, este mundo nuestro, es un primer anuncio, es aperitivo de la gran cena que nos espera, es antesala del gran comedor que nos aguarda, es primer compás de la música celeste, es preámbulo de un umbral feliz y lleno de dicha.

¡Felicidades, María!

¡Tu suerte, que sea la nuestra!

¡Ayúdanos a encontrar, esas escaleras, por las que, Tú, has encontrado el cielo!

Amén

 

miércoles, 12 de agosto de 2026


 

MEDITACIÓN EUCARISTICA

La Asunción de María

Querido Jesús en el santísimo sacramento del altar, esta tarde queremos unirnos a ti en estas vísperas de la Asunción de nuestra Señora a los cielos. Esta es una fiesta muy popular porque el triunfo de María es también el triunfo de sus hijos. María fue elevada al cielo en cuerpo y alma para decirnos que un día estaremos con Ella, de manera semejante. Ahí nos espera con los brazos abiertos para abrirnos la puerta de la gloria.

Tu madre Jesús fue una mujer que podemos definir como Amor, porque ella vivió en este mundo sólo amando: amando a Dios, a su Hijo Jesús desde que lo llevaba en su seno hasta que lo tuvo en brazos desclavado de la cruz. Amó a su querido esposo san José, y amó a todos y cada uno de sus hijos desde que Jesús la proclamó madre de todos ellos.

Desde su asunción a los cielos ha seguido amando durante más de dos mil años a Dios y a los hombres: Es un amor muy largo y profundo. Y apenas ha comenzado la eternidad de su amor.  Dentro de ese océano de ternura que es el Corazón de María estamos todos nosotros para alegrarnos infinitamente. Desde el cielo una Madre nos ama con singular predilección. La fe en este amor debe llenar nuestra vida de alegría, de paz y de esperanza.

Dios adelantó el reloj de la eternidad para que María pudiese inaugurar con su hijo nuestra eternidad. Mientras nosotros esperamos, Ella goza de Dios con su cuerpo inmaculado, el que fue cuna de Jesús durante nueve meses.

"Voy a prepararos un lugar": Así hablaba Jesús a los apóstoles con emoción contenida. Personalmente se encargaría de tener listo ese lugar. Pero sabemos quién le ayudaría cariñosamente a preparar dicho lugar: María Santísima. Ella le ayudó -y de qué manera tan eficaz- en sus primeros pasos a la Iglesia. Ella sigue ayudando con su amorosa intercesión a la Iglesia que peregrina todavía por este mundo.

Alegraos más bien de que vuestros nombres estén escritos en el cielo”. Sabremos entonces por qué decía Jesús estas solemnes palabras, cuando veamos con los ojos extasiados lo que ha preparado Dios a sus hijos. Si nos dio su sangre y su vida, ¿no nos iba a dar el cielo?

Pero aquí andamos muchas veces distraídos, perdidos, olvidados, comiendo los frutos agraces del pecado que pudre la sangre y envenena el alma. Cuantas veces emprendimos el camino del infierno. Tantas otras una mano cariñosa y firme nos hizo volver al camino del cielo.

María se encuentra con el más grande amor de su vida. También nosotros experimentáremos entonces lo que es estar locamente enamorados y para siempre de las personas más dignas de ser amadas. Enamorados de Dios, en un éxtasis eterno de amor: amados por el Amor Infinito, la Bondad Infinita. Ahí comprenderemos los misterios del amor aquí muy poco comprendidos. Volveremos a Belén a amar infinitamente, eternamente a aquel Dios hecho niño por nosotros. Volveremos a la fuente de Nazareth donde Jesús llenó el cántaro de María tantas veces. Volveremos al Cenáculo a quedar de rodillas y extasiados ante la institución de la Eucaristía, y comprenderemos las palabras del evangelista Juan: “Habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo”.

Volveremos al Calvario y querremos quedarnos allí mucho, mucho tiempo, siglos para contemplar con el corazón en llamas el amor más grande, la ternura más delicada, y comprenderemos cada uno lo que Pablo decía: “Líbreme Dios de gloriarme en nada si no es en la cruz de nuestro Señor Jesucristo”. Pediremos permiso de bajar a la tierra para visitar los Santos lugares no como turistas sino como locamente enamorados.

Al cielo subió la Puerta del cielo. Sueño en ese momento en que tocaré a la puerta. Y saldrá a abrirme con los brazos abiertos y una sonrisa celestial María Santísima. Tendré que sostenerme para no morir otra vez, pero de puro gozo al ver sus ojos de cielo, su rostro bellísimo, su amor increíble pero real.

María es la mujer más triunfadora. La humilde esclava del Señor ha logrado lo que ninguna mujer famosa ha conseguido. Eligió como meta cumplir la voluntad de Dios; como motivación el amor. El Premio: La Asunción los cielos en cuerpo y alma. Así nos enseña de forma contundente la mejor forma de vivir.

Que tu madre Señor Jesús, asunta al cielo, nos acompañe ahora y siempre. Amén

sábado, 8 de agosto de 2026


 


 

ACCIÓN DE GRACIAS

NUESTRAS TORMENTADAS

Jesús, tú acompañas nuestro vivir cuando las aguas están calmadas y todo va sucediendo en armonía, sin nada fuera de lo normal.

Tú estás aún más cerca de nosotros cuando de pronto surge una enfermedad, un problema de trabajo, un conflicto de relación, un desencanto, una muerte...

Tú estás cuando las tormentas de la vida nos hacen sentir miedo, se mueve nuestra barca y dudamos de tu presencia y de tu amor.

Tú, que conoces nuestras tormentas, nos tienes siempre envueltos en tu amor, estás esperando a que nos pongamos con confianza en tus brazos.

Tu sólo esperas que tengamos fe en ti, que creamos, de verdad, que acompañas siempre nuestra vida, y que en ti nuestro valor aumenta y nos llenas de fuerza, para poder con todo lo que la vida nos depare.

Siempre que sepamos que vives dentro de nosotros, que somos personas habitadas, impulsadas desde dentro por ti.

Amén

Florentino Ulibarri

miércoles, 5 de agosto de 2026


 

MEDITACIÓN EUCARÍSTICA

EL BUENO SAMARITANO

Querido Jesús eucaristía venimos en esta tarde para estar contigo y descansar. En estos días tan calurosos necesitamos respirar no sólo aire fresco para nuestros pulmones sino ese aire espiritual y esa energía que solo tú nos puedes dar. En verano es tiempo de cargar pilas y refrescar nuestros corazones cansados ​​y agotados, para que tú les insufles valor de vida y nueva luz en nuestros ojos.

Hoy queremos meditar la parábola del buen samaritano. Seguramente cuando contaste esta parábola nos querías transmitir que veces no estamos heridos porque la vida fue dura, sino porque nadie se detuvo, nadie estuvo busca.

Hoy queremos colocar la mirada desde el suelo, desde el polvo, desde el hombre que no puede moverse. El texto dice que fue despojado, herido y dejado "medio muerto". En griego, esta expresión no es sólo física, es una condición intermedia: ni completamente vivo, ni completamente muerto.

¿Nos suena a algo que ocurre a nosotros oa gente de nuestro entorno? Gente que respira, pero miedo adentro está apagado. Sigo caminando, pero ya no siento. Sonríe, pero solo por fuera. Personas que viven como arrastrando los pies.

Y ahí está él. Tirado. Invisible. Y entonces pasan los "correctos". Un sacerdote, un levita . Hombres que conocen la ley, que hablan de Dios, que representan lo espiritual. Pero el texto dice algo que pesa: Pasaron de largo . No fue ignorancia, fue decisión. Lo vieron, pero no se detuvieron. No querían contaminarse y tenían prisa por legar a su puesto de trabajo.

Aquí hay una verdad incómoda que una exégesis profunda revela: No siempre el problema es la maldad, a veces es la indiferencia. Porque no necesitas odiar a alguien para dejarle morir, solo necesitas seguir tu camino. Y esto es más común de lo que pensamos.

Hoy se viene así: Ve a alguien quebrado emocionalmente, pero no preguntas. Sabes que alguien está mal, pero no te involucras. Notas el dolor, pero lo evitas. No porque seas malo, sino porque no quieres complicarte.

Y entonces aparece alguien inesperado: El samaritano. Para los oyentes originales, esto era escandaloso. Porque los samaritanos eran rechazados, vistos como impuros, como “los equivocados”. Y, sin embargo, es lo único que se detiene. Lo único que se acerca. Lo único que toca la herida. El texto dice que tuvo “compasión”: No es una lástima superficial, es un dolor interno que te mueve a actuar. No sólo sintió, se involucró. Vendón. Cargón. Pagón. Se comprometió. Y además iba de viaje, seguramente ya tenía trazada su ruta y sus etapas, pero no le importó cambiarlas o retrasarlas con tal de ayudar a un prójimo, que ni conocía.

El herido no eligió quién le ayudaría. Probablemente, si hubiera sido consciente, tal vez habría rechazado al samaritano. Pero cuando estás roto de verdad, dejas de elegir por prejuicio y empiezas a necesitar por supervivencia. Y eso cambia todo.

Porque entonces esta historia no sólo habla de ayudar, habla de derribar lo que tú creías sobre quién puede ayudarte. Porque a veces Dios no envía la ayuda en la forma que esperabas, ni en la persona que tú aprobarías. Pero la envía. Y tú decides si la aceptas, o si te quedas echado por orgullo.

Todos, en algún momento, somos ese hombre echado al borde del camino. Golpeados por decisiones, heridos por personas, cansados ​​por la vida, esperando que alguien se detenga.

Y otras veces, somos los que pasan de largo.

Y muy pocas veces, somos lo que se detiene de verdad.

Por eso esta historia no es sólo un enseñanza moral, es un espejo. Te muestra dónde estás. Y te confronta con lo que haces cuando ve el dolor. Porque no basta con saber lo correcto, hay que detenerse.

Y hoy, mientras seas contigo rutina, con tus cosas pendientes, con tu vida… tal vez alguien busca de ti está medio vivo. Y no necesita un consejo, necesita que te detengas.

La pregunta que nos hacemos ante ti Jesús sacramentado es: cuando veamos a alguien herido hoy ¿pasamos de largo o dejamos nuestro camino para salvar al de alguien más?  Ayúdanos tú a tener comportamientos más humanos y de corazón. Amén.

sábado, 1 de agosto de 2026


 PEQUEÑAS DOSIS DE SABIDURÍA

Qué el Señor refresque vuestra vida y os regale un descanso reparador


 

ACCIÓN DE GRACIAS

Partir con quien nada tiene, pero que es digno de todo lo mejor, a sus ojos tristes y rojos, ya los de Dios que nos mira a todos.

Partir no sólo lo sobrante, también lo que es útil, lo que hemos trabajado, y hasta lo que nos es necesario.

Partir por justicia, por amor, por encima de lo legal, sin intereses y sin quitar el cuenta, hasta que el otro sienta la hermandad.

Partir con sencillez y entrega, sin creerse mejor ni superior, sin exigir cambio, ni recompensa, ni reconocimiento a nuestra actitud.

Partir, y aceptar decrecer sin agobio, sin temor, sin tristeza, con la confianza puesta en ti para hacer posible la fraternidad.

Partir evangélicamente, en todo tiempo, en todo lugar, dentro y fuera de nuestra casa, en toda ocasión, aquí, ahora ya.

Partir, o al menos intentarlo todos los días, nunca en solitario, siempre en compañía; pero sin pretensiones ni vanidad, solo para hacer posible el compartir.

Como tú, Señor.

Amén


 

2026 CICLO A TIEMPO ORDINARIO XVIII

Jesús vio a la gran multitud, sintió compasión por ellos y curó a los enfermos. Tres verbos reveladores (vio, sintió, curó) que abren una ventana a los sentimientos de Jesús, en su mundo interior.

Vio una gran multitud ; su mirada no se desliza por encima de las personas, sino que se pone en cada una de ellas, las viene una a una. Para él, mirar y amar son lo mismo. Y lo primero que viene es su sufrimiento: y sintió compasión por ellos. Jesús siente dolor por el dolor del hombre, se siente herido por las heridas del ser humano y cambia sus llanuras: quería retirarse a un lugar desierto, pero ahora se sumerge en el tumulto de la multitud: sanó a sus enfermos. Imaginaos a nuestro Dios apasionado que sufre por nosotros . Maravilloso

Dar de comer . Se hace tarde, esta gente tiene que comer. Los discípulos se preocupan por las personas. Jesús insta a los suyos: « Dadles vosotros mismos ...». Las emociones deben convertirse en comportamientos, los sentimientos deben madurar en gestos. Dadles de comer: La religión no existe sólo para preparar las almas para el cielo: sabemos que Dios desea la felicidad de sus hijos también en esta tierra . Una fe que no se ocupe también del hambre es estéril como el polvo.

El milagro del pan que pasa de mano a mano: de los discípulos a Jesús, de El a los discípulos, de los discípulos a la multitud. Así pues, hermanos abramos las manos. Sea cual sea el pan que puedas dar, no lo retengas, abre el puño cerrado. Imita al brote que se abre, a la semilla que se parte, al nube que esparce su contenido.

Nosotros en la eucaristía repartimos el pan de Dios, no lo empobrezcamos nunca como mezquindades: es el pan regalado, con el ímpetu de la compasión divina. Pan gozoso e inmerecido, para los cinco mil esa tarde a orillas del lago, para todos nosotros a orillas de cada una de nuestras noches.

Lo peor en tiempos de crisis, en estos tiempos que corremos, es que cada uno vaya a lo suyo. Lo mejor es compartir, implicarse en la necesidad de la gente. Cuando alguien, en el silencio de la oración contemplativa o en la belleza de la oración común cantada juntos, decide compartir se despiertan aderezas de esperanza para el mundo.

Jesús toma los panes, levanta la mirada , bendice, parte y reparte. Todo lo hace delante de los discípulos para enseñarles a amar. La compasión se alimenta de la pequeñez: cinco panas y dos piezas. Esto tan pequeño, lo poquito que está en mí, que decía Teresa de Jesús, es lo que enciende la esperanza en el mundo. Sin compartir la alegría de vivir podría apagarse en muchos corazones. Cuando alguien vive compartiendo se curan muchas heridas secretas.

Los discípulos se les dieron a la gente. Sabían que no eran dueños, sino servidoras de la gracia de Jesús. Con el humilde don de sí nace de la bondad del corazón, la vida se embelleció de repente, la alegría se asomó a los rostros.

miércoles, 29 de julio de 2026


 

MEDITACIÓN EUCARÍSTICA:

MI CRISTO ROTO

A mi Cristo roto, lo encontré en Sevilla. Dentro del arte me subyuga el tema de Cristo en la cruz. Se llevan mi preferencia los cristos barrocos españoles. La última vez, fui de compras en compañía de un buen amigo mío.

Visitamos únicamente dos o tres tiendas de anticuarios y andábamos por la tercera o cuarta. ¡De pronto! frente a mí, acostado sobre una mesa, vi un Cristo sin cruz, me conquistó desde el primer instante. Claro que no era precisamente lo que yo buscaba, era un Cristo roto. Pero esta misma circunstancia, me encadenó a él, no sé por qué. Debió ser un Cristo muy bello, era un impresionante despojo mutilado. Por supuesto, no tenía cruz, le faltaba media pierna, un brazo entero, y aunque conservaba la cabeza, había perdido la cara.

¡Disputábamos el precio de Cristo, como si fuera una simple mercancía! ¡Y me acordé de Judas! ¿No era aquella también una compraventa de Cristo? Después de regatear con el anticuario me lo llevé a casa.

Al fin, ya de noche, cerré la puerta de mi habitación y me encontré sólo, cara a cara con mi Cristo. Que ensangrentado despojo mutilado, viéndolo así me decidí a preguntarle:

- Cristo, ¿Quién fue el que se atrevió contigo? ¿No le temblaron las manos cuando astilló las tuyas arrancándote de la cruz? ¿Vive todavía? ¿Dónde? ¿Se arrepintió?

- ¡CÁLLATE! Me cortó una voz tajante.

-¡CÁLLATE, preguntas demasiado! ¿Crees que tengo un corazón tan pequeño y mezquino como el tuyo? ¡CÁLLATE! No me preguntes ni pienses más en el que me mutiló, déjalo, ¿Qué sabes tú? ¡Respétalo!, yo ya lo perdoné. Yo me olvidé instantáneamente y para siempre de sus pecados. Cuando un hombre se arrepiente, Yo perdono de una vez, no por mezquinas entregas como vosotros. ¡Cállate! ¿Por qué ante mis miembros rotos, no se te ocurre recordar a seres que ofenden, hieren, explotan y mutilan a sus hermanos los hombres? ¿Qué es mayor pecado? Mutilar una imagen de madera o mutilar una imagen mía viva, de carne, en la que palpito Yo por la gracia del bautismo. ¡Oh hipócritas! Os rasgáis las vestiduras ante el recuerdo del que mutiló mi imagen de madera, mientras le estrecháis la mano o le rendís honores al que mutila física o moralmente a los cristos vivos que son sus hermanos.

Yo contesté: No puedo verte así, destrozado, aunque el restaurador me cobre lo que quiera ¡Todo te lo mereces! Me duele verte así. Mañana mismo te llevaré al taller. ¿Verdad que apruebas mi plan? ¿Verdad que te gusta?

- ¡NO, NO ME GUSTA! Contestó el Cristo, seca y duramente. ¡Eres igual que todos y hablas demasiado!

Hubo una pausa de silencio. Una orden, tajante como un rayo, vino a decapitar el silencio angustioso.

- ¡NO ME RESTAURES, TE LO PROHÍBO! ¿LO OYES?

- Si Señor, te lo prometo, no te restauraré.

- Gracias. Me contestó el Cristo. Su tono volvió a darme confianza.

-¿Por qué no quieres que te restaure? No te comprendo. ¿No comprendes Señor, que va a ser para mí un continuo dolor cada vez que te mire roto y mutilado? ¿No comprendes que me duele?

- Eso es lo que quiero, que al verme roto te acuerdes siempre de tantos hermanos tuyos que conviven contigo; rotos, aplastados, indigentes, mutilados. Sin brazos, porque no tienen posibilidades de trabajo. Sin pies, porque les han cerrado los caminos. Sin cara, porque les han quitado la honra. Todos los olvidan y les vuelven la espalda. ¡No me restaures, a ver si viéndome así, te acuerdas de ellos y te duele! Muchos cristianos se vuelven en devoción, en besos, en luces, en flores sobre un Cristo bello, y se olvidan de sus hermanos los hombres, cristos feos, rotos y sufrientes. Hay muchos cristianos que tranquilizan su conciencia besando un Cristo bello, obra de arte, mientras ofenden al pequeño Cristo de carne, que es su hermano. Esos besos me repugnan, me dan asco, me hieren el corazón.

Por eso ¡Debieran tener más cristos rotos, uno a la entrada de cada templo, que gritara siempre con sus miembros partidos y su cara sin forma, el dolor y la tragedia de mi segunda pasión, en mis hermanos los hombres! Por eso te lo suplico, no me restaures, déjame roto junto a ti, aunque amargue un poco tu vida.- Si Señor, te lo prometo. Y un beso sobre su único pie astillado, fue la firma de mi promesa. Desde hoy viviré con un Cristo roto.


 


HOJA PARROQUIAL
AGOSTO 2026

sábado, 25 de julio de 2026


 PEQUEÑAS DOSIS DE SABIDURÍA

Qué el Señor refresque vuestra vida y os regale un descanso reparador.


 

ACCIÓN DE GRACIAS

Señor Jesús, Tú eres el tesoro amagado y la perla preciosa.

Lo que falta es que nosotros y tantas personas sepamos valorarte como lo que eras.

Enséñanos lo que vales.

Muéstrannos el valor de ti Reino.

Ayúdanos, Señor Jesús, a reconocerte como valor absoluto, para nuestras vidas.

Esto sería lo prioritario, todo lo demás será consecuencia de este descubrimiento.

La dificultad está en lo concreto de cada día, al plasmar en lo cotidiano esa prioridad absoluta de Jesucristo y de su Proyecto.

Gracias, Señor Jesús, por las personas que, como su testimonio, nos hablan de Ti como lo más importante, como lo fundamental para todo ser.

Eres nuestro tesoro, Señor, y, confesamos que nos bastas.

Eres nuestro tesoro, Señor, y desde que te descubrimos hemos aprendido: que merece la pena vender parte de nuestro tiempo, de nuestros afanes y de nuestras jornadas de nuestras ilusiones y de nuestro temperamento para no perderte en nuestro trayecto.

Amén.

 


 

2026 CICLO A

TIEMPO ORDINARIO XVII

 

El evangelio sigue ofreciendo en parábolas los misterios del Reino. El Reino de Dios es la Obra de Dios, su Tesoro. Por eso hoy nos habla del Reino que Dios ofrece a los hombres como un tesoro, algo grande, algo precioso, algo superior, algo único, como único es Dios que lo ofrece.

Las dos primeras parábolas insisten en la postura que debe adoptar el hombre al encontrar semejante Tesoro : hacerse con él, poseerlo . Es de sentido común . Quien se comporte de otro modo, sería un necio, una tontería. Sería dejar pasar la ocasión de salvarse.

El venderlo todo para apoderarse de la joya preciosa recuerda la pequeñez de la renuncia en comparación con tan elevado tesoro , y, por otra parte, la necesidad de desprenderse de todo, fuese lo que fuere, que impida posesionarnos de tanto bien. El Reino de Dios tiene sus exigencias .

En las parábolas del tesoro y la perla Jesús habla del Reino como un descubrimiento . Da la impresión de que es algo casual. Pero lo importante es que hay que responder a ese descubrimiento con renuncias y desprendimientos , el labrador se viene obligado a “vender todo lo que tiene” para comprar ese campo. El mercader tiene que “vender todo lo que tiene para conseguir esa perla.

El hallazgo presupone una búsqueda, un deseo, una pasión. Y pone al hombre ante una elección precisa. En la medida en que es importante el hallazgo, así debe ser la opción y elección radical.

La primera lectura nos habla del sabio Salomón y de su sabia súplica. El evangelio nos presenta al sabio labriego y al sabio mercader. La sabiduría de muchos cristianos no consiste precisamente en apoderarse del Reino o vivir según la voluntad de Dios. Pidamos sabiduría para gestionar nuestra vida con inteligencia y sagacidad.

Tras encontrar el tesoro, el hombre, lleno de alegría , va y vende todo lo que posee para comprar ese campo. La alegría es el primer tesoro que el propio tesoro otorga; es la fuerza que impulsa a emprender el camino. La visión de un cristianismo sombrío, inmaduro y gris dista un mundo de la fe radiante de Jesús.

El agricultor y el mercader lo venden todo, ¡pero solo para ganarlo todo ! No pierden nada; lo inverten. Así ocurre con los cristianos: tomamos decisiones y, al elegir bien, ganamos. El reino de Dios ya está amagado en el gran campo del mundo, a veces tan perturbado, es consolador saber que hay un tesoro amagado, un tesoro que nos garantiza que lo que le ha puesto protegerá el campo, nuestro mundo. El Reino está amagado dentro. Ya no es posible separarlos, pero tampoco confundirlos. Esto nos tiene que hacer pensar que debemos aceptar el mundo, asumirlo como Dios nos lo ha dado. La esperanza amagada dentro me obliga a tomar el recipiente que la contiene . Para todos los cristianos que debemos predicar el reino y evangelizar, es imprescindible y urgente la prudencia y la sabiduría.