domingo, 10 de mayo de 2026




 

2026 CICLO A

TIEMPO PASCUAL VI

El evangelio de este domingo como el del domingo pasado suena a despedida. Jesús no sólo nos prometió una morada en el cielo, hoy nos promete amarnos y la compañía del Espíritu Santo para que podamos conservar la fe, terminar la carrera de la vida, amar como Jesús nos amó.

Si me amáis guardareis mis mandamientos. Amar es una cuestión de calidad, de estilo, de precisión, de sabor adecuado. Su primera palabra es un «si»: si me amáis. Un punto de partida libre, ligero, paciente. Sin amenazas ni chantajes, puedes aceptar o rechazar con total libertad. Pero, «si me amáis», habrá consecuencias. En este pasaje, Jesús pide por primera vez explícitamente que se le ame. Hasta ahora había dicho: Amarás a Dios, amarás a tu prójimo, os amaréis los unos a los otros... ahora se añade a sí mismo a los objetos del amor. No lo reclama, lo espera. Porque el amor no se impone, no se finge, no se mendiga.

Quien observa mis mandamientos, afirma Jesús. No solo los antiguos Diez Mandamientos, sino aquellos gestos que resumen su vida, aquellos que es realmente Él: cuando lava los pies, parte el pan, prepara el pescado para sus amigos tras una noche de fatigas, al ver el dolor se detiene y toca.

El mandamiento verdaderamente suyo es: Amaos como yo os he amado. No cuánto, sino cómo, con estilo de Jesús, ama con sacrificio, sin esperar nada a cambio, hasta el fondo, un amor asimétrico, unilateral, sin condiciones. Amar con calidad, estilo, precisión, con sabor adecuado.

Nos promete la compañía del Espíritu Santo. Veamos un ejemplo práctico. En estos tiempos narcisistas si algo está de moda y parece que mucha gente necesita, es un consejero, un asesor de imagen, un entrenador personal, un coach personal. España, dicen los periódicos, tiene alrededor de 2.140 asesores que nos cuestan bastantes millones. Las celebridades, los deportistas y todos los que quieren ser alguien tienen su coach personal.

Yo le pediré al Padre que os dé otro Defensor que esté siempre con vosotros, el Espíritu de la verdad, así define Jesús a nuestro coach, acompaña personal e interiormente, siempre presente en nuestra vida. No tiene horario ni cobra honorarios. No os dejaré huérfanos dice Jesús.

Jesús sabe que necesitamos para llegar a ser hijos de Dios en plenitud, más que asesores de imagen, más que un coach personal necesitamos un coach interior, el Espíritu Santo, nuestro abogado y nuestro guía. El Espíritu Santo es el vínculo que nos une con Dios y con los hermanos en la fe, nos hace comunidad, asamblea santa, nos hace Iglesia.

Nosotros somos algo más que un grupo de gentes que se reúnen los domingos para leer el Libro, hablar de Dios, rezar, cantar y aburrirnos juntos. El Espíritu Santo hace presente y vivo a Jesucristo en medio de la asamblea. El Espíritu Santo habita en nuestro interior y, si le escuchamos, es el que elimina los bloqueos que nos impiden conocer la verdad sobre nosotros y sobre Dios. El Espíritu nos hace experimentar el amor de Dios y nos ayuda a cumplir el legado de Jesús: el que me ama guardará mis mandamientos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario