ACCIÓN DE GRACIAS
Existe un Dios que
me llama.
Nunca oí su voz, jamás
vi su rostro, nunca veo sus ojos, nunca veo sus manos.
Pero hay un Dios que
me llama.
Lo siento todos los
días, a veces por la mañana, a veces por la tarde, a veces por la noche, a veces
durante todo el día, y por largas semanas.
Después hace
silencio, pero cuando pienso que todo está terminado, de pronto él regresa.
Y vuelvo a sentirme
llamado, sin oír jamás su voz, sin nunca verle su rostro, sin contemplar jamás
sus ojos y sin querer saber si hace gestos.
Nunca lo he visto.
Tengo de él una
pálida imagen, sé que no se parece a nada, y que nada se parece a él, sé que no
habla como nosotros, no escucha como nosotros, no ve como nosotros, no hace
gestos ni actúa como nosotros, mas sé que está ahí cuando yo lo necesite.
Amén.

No hay comentarios:
Publicar un comentario