2026 CICLO A TIEMPO DE
PASCUA
PENTECOSTÉS
No os dejaré huérfanos,
había dicho Jesús; os enviaré al Espíritu Consolador, el Paráclito, que
significa el que está cerca. Y esta promesa cincuenta días
después de la Pascua se hace realidad.
El Espíritu es un don
que irrumpe derribando puertas, abriendo de par en par las ventanas
para que salgan todos esos temores que nos habitan. Llega como un viento
vigoroso que barre el polvo de la resignación. Se posa como lenguas de fuego,
no para quemar ni castigar, sino para calentar los corazones entumecidos
por el miedo.
Un término que llama mucho la atención
cuando hablamos del Espíritu Santo es el de identificarlo como Consolador.
En el lenguaje común, consolar significa a menudo decir palabras de consuelo,
dar una palmada en el hombro u ofrecer una distracción pasajera para no pensar
en el dolor. Pero la consolación del Espíritu Santo es de una naturaleza
completamente diferente. No es un anestésico para nuestros problemas,
sino una presencia viva que desciende a lo más profundo de
nuestras heridas para curarlas desde dentro.
Pablo habla de la acción del Espíritu
en todos los cristianos. Gracias al Espíritu confesamos a Jesús como
Señor (al confesarlo se jugaban la vida, los romanos consideraban que el único
Señor era el César). Gracias al Espíritu existen en la comunidad cristiana
diversidad de ministerios y funciones. Y, gracias al Espíritu, en la
comunidad cristiana no hay diferencias entre judíos ni griegos, ni esclavos ni
libres, hombre ni mujeres.
Los Hechos
inculca que la venida del Espíritu no es sólo una experiencia personal y
privada, sino de toda la comunidad. Al mismo tiempo, vincula
estrechamente el don del Espíritu con el apostolado. El Espíritu no viene
solo a cohesionar a la comunidad internamente, también la lanza hacia fuera
para proclamar las maravillas de Dios.
En el evangelio la fiesta de Pentecostés
es la expresión más completa de la experiencia pascual. Los primeros
cristianos tenían muy claro que todo lo que estaba pasando en ellos era obra
de Dios-Espíritu-Vida. Ahora, Jesús estaba de verdad realizando su obra de
salvación en ellos.
Jesús sopló sobre ellos y dijo recibid
el Espíritu Santo. En el Génesis nuestro cuerpo y nuestro
cerebro proceden del barro, pero es evidente que somos más que barro. El
cronista expresa este plus que hay en nosotros con una imagen preciosa: “el
soplo de Dios; el espíritu de Dios”. Y desde esta imagen se puede
entender por qué amamos, por qué compadecemos, por qué sabemos distinguir
entre el bien y el mal, por qué nos estremecemos con la música y es
porque venían con el soplo de Dios. Dios nos ha trasmitido su espíritu,
y su espíritu es amor, inteligencia, libertad, belleza.
El cronista ignora que Dios tardó miles
de millones de años en hacer el muñeco de barro, y que durante ese tiempo hemos
recorrido toda la escala evolutiva. Pero intuía que estamos
constituidos por “soplo de Dios”. Y a partir de esa
información, podemos intuir que los genes nos arrastran hacia abajo,
hacia el barro del que proceden, y que el soplo de Dios nos arrastra
hacia arriba, hacia el amor, hacia la compasión.

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