sábado, 29 de agosto de 2026


 

COGERÉ TU CRUZ, SEÑOR

Pues su madera, bien lo sé, Jesús es escalera que conduce a la Resurrección.

¡Cogeré tu cruz, Señor!, pues su altura, es altura de miras para los que creen en otro mundo para los que esperan en Dios para los que, cansándose o desangrándose, saben compartir y repartir en los demás.

Cogeré tu cruz, Señor pues sus clavos, pasan la carne, pero no matan la fe.

Es la fe, quien, a la cruz, le da otro brillo y hasta otro color: ni es tan cruel ni es definitiva.

Después de la cruz, vendrá la vida.

¡Dame tu cruz, Señor!

Merece la pena arriesgarse por Ti.

Merece la pena sembrar en tu campo.

Merece le pena sufrir contratiempos.

Merece la pena adentrarse en tus caminos sabiendo que, Tú, los recorriste primero.

¡Cogeré tu cruz, Señor! Enséñame dónde y cómo.

Indícame hacia dónde.

Háblame cuando, por su peso, caiga en el duro asfalto.

Quiero coger tu cruz, Señor, porque bien lo sé, hace tiempo que lo aprendí que ideales como los tuyos tienen y se pagan por un alto precio.

Quiero coger tu cruz, Señor, porque es preferible en el horizonte de los montes ver tu cruz que el vacío del hombre errante.

Amén.

 


 

2026 CICLO A

TIEMPO ORDINARIO XXII

 

¿De qué le servirá a un hombre ganar el mundo entero, si pierde su alma? Hay frases y palabras que marcan una vida y una historia. Y hoy esta frase de Jesús tiene que hacernos reflexionar. Escuchar la Palabra del Dios vivo, Palabra eficaz, puede cambiar la vida.

Estar con Jesús significa no sólo “ver”, sino “vivir” como Él. Porque es muy fácil pensar como los hombres, y no como Dios. Es humano no querer afrontar las cargas que implica la fidelidad. Hasta a Pedro le sucedió. “Eso no puede pasarte”. Pedro que acababa de confesar a Jesús como el Cristo, no acaba de ver claro cuál es el final del Mesías. Y Jesús le da la espalda, nada menos, y le llama Satanás. Porque a Jesús le parece demoniaco querer ir contra el plan de Dios. Ir contra la firme decisión del mismo Jesús: vivir por y para el Reino. A pecho descubierto.

La verdadera decisión que importa tomar en nuestra vida es la firme voluntad y resolución de renunciar a uno mismo ¡Casi nada! Esto es lo que significa seguir a Jesús. En el sentido literal los discípulos le habían seguido a donde Él iba, y habían compartido su vida. Este seguimiento exterior, la acción de ir literalmente en pos de él tiene que convertirse en seguimiento interior. El seguimiento interior requiere disposición para sufrir la pasión. Sólo entonces el seguimiento pasa a ser seguimiento en sentido propio, y se llega a ser verdadero discípulo. Ser buen creyente no significa vivir sufriendo, sino vivir con el gozo de saber que estás al lado de Jesús.

No nos asustemos, en todo caso, el Señor es capaz de seducir. Anda siempre cerca, se manifiesta, se pone a tiro e insiste a tiempo y a destiempo. Quiere nuestra felicidad, que pasa por la fidelidad. Lo más importante es saber si te dejas seducir. Porque el plan del Señor para ti es un plan de salvación, de felicidad. No de esa felicidad que se acaba cuando comienzan los problemas, porque problemas habrá siempre. Es la felicidad que da saber que has elegido el bando correcto, que el Espíritu te lleva por donde debes ir, y que Jesús te acompaña en el camino. Ejemplo del profeta Jeremías.

No fue fácil ni para el mismo Jesús. Se trata de conservar, recoger y asegurar definitivamente la vida, o de perder; de la completa destrucción, de la vaciedad y falta de sentido. El hombre tiene ante sí las dos posibilidades. Uno de los caminos es el que conduce a la vida, y el otro el que conduce a la perdición.

Una tarea que no fue nunca fácil, ni siquiera para los Apóstoles, ni para tantos santos que en el mundo, han sido. Una tarea que merece la pena. Al final, el Señor nos dará la paga que merezcamos. Ojalá sepamos vivir de tal modo, que la paga sea la mayor a la que puede aspirar un cristiano, la vida eterna. Discerniendo siempre, preguntándonos cada día “qué quiere Dios de mí hoy y ahora, para que el Reino siga creciendo. Para que yo sea más feliz. Más santo”, con la ayuda del Espíritu. Amén.


 


DES DEL CONVENT
HOJA PARROQUIAL
SEPTIEMBRE 2026

miércoles, 26 de agosto de 2026


 

ADORACIÓN EUCARÍSTICA:

LA SIERVA DE NAAMÁN

Hay una historia bíblica donde el importante no fue un rey, no fue un profeta, no fue un sacerdote, fue una niña cuyo nombre nunca aparece en la Biblia.

Su historia se encuentra en 2 Reyes 5: Naamán, jefe del ejército del rey de Siria, era hombre notable y muy estimado por su señor, pues por su medio el Señor había concedido la victoria a Siria. Pero, siendo un gran militar, era leproso. Unas bandas de arameos habían hecho una incursión trayendo de la tierra de Israel a una muchacha, que pasó al servicio de la mujer de Naamán. Dijo ella a su señora: «Ah, si mi señor pudiera presentarse ante el profeta que hay en Samaría. Él lo curaría de su lepra.

Una pequeña sierva israelita. Una niña arrancada de su hogar por la guerra. La Biblia dice que las tropas sirias habían hecho una incursión en Israel y se llevaron cautiva a una muchacha. Ella terminó sirviendo en la casa de Naamán.

No estaba allí porque quisiera. No había elegido ese trabajo. No había decidido vivir lejos de su familia. Todo lo que conocía le había sido arrebatado. Su casa. Su tierra. Sus padres. Su pueblo. Su infancia. Era una víctima.

Y, sin embargo, cuando tuvo la oportunidad de hablar, sus palabras no estuvieron llenas de odio. Dijo a la esposa de Naamán: "Si rogase mi señor al profeta que está en Samaria, él lo sanaría de su lepra."

Solo una frase. Ni un sermón. Ni un milagro. Ni un discurso. Solo una frase. Y esa frase cambió la historia de un hombre.

La niña pudo haber guardado silencio. Nadie la habría culpado. Porque Naaman pertenece al pueblo que destruyó mi vida. Pero ella decidió romper la cadena del odio. No permitió que el dolor decidiera quién sería ella. Su corazón no fue un lugar donde ya no pueda nacer la compasión.

Eso sigue ocurriendo hoy. Hay personas que fueron heridas en la infancia. Traicionadas por un amigo. Abandonadas por alguien que amaban.

Pero esta pequeña sierva nos demuestra que el dolor no tiene por qué apagar la bondad. Lo más extraordinario es que ella no tenía poder. No podía cambiar su situación. No podía regresar a Israel. No podía liberar a su pueblo. Pero todavía podía decidir qué saldría de su boca. Y eligió que de sus labios saliera esperanza.

¡Qué diferente sería nuestro mundo si entendiéramos esto! No siempre podemos controlar lo que otros hacen con nosotros. Pero siempre podemos decidir qué hacemos nosotros con el dolor que recibimos. Podemos convertirlo en resentimiento o podemos convertirlo en compasión.

La niña nunca conoció a Eliseo personalmente en esta historia.  Simplemente sabía dónde estaba Dios obrando. No dijo: "Yo puedo sanarte." No llamó la atención sobre ella. Señaló hacia Dios. Ese es el verdadero propósito de un creyente. No hacer que las personas dependan de nosotros. Sino conducirlas hacia Aquel que realmente puede transformar sus vidas.

Vivimos en una época donde muchos quieren ser vistos. Ser reconocidos. Ser aplaudidos. Pero esta muchacha nos enseña que la mayor influencia muchas veces ocurre cuando dejamos de señalar nuestra propia importancia y comenzamos a señalar a Cristo. Porque una conversación puede cambiar el destino eterno de alguien. Una invitación. Un versículo. Una oración. Un abrazo. Una palabra dicha en el momento correcto. Eso fue exactamente lo que hizo aquella niña.

Y observa cómo Dios trabaja: Ella habla con la esposa. La esposa habla con Naamán. Naamán habla con el rey. El rey escribe una carta. Naamán viaja. Eliseo da una orden. Naamán obedece. Y un hombre enfermo sale completamente sano del Jordán. Todo comenzó con una niña que nadie conocía.

Eso nos recuerda que Dios suele comenzar los milagros más grandes con actos de fidelidad que parecen pequeños. La Biblia nunca registra el nombre de esta muchacha. Para la historia humana quedó anónima. Pero para Dios nunca fue anónima. El cielo conocía su nombre. Porque Dios nunca mide la importancia de una persona por la cantidad de veces que aparece en un libro. La mide por la fidelidad de su corazón.

Porque hay personas que llegarán a Cristo, no por un gran acontecimiento, sino porque un día alguien sencillo les dijo: Conozco dónde puedes encontrar esperanza. Ella sembró y Dios se encargó del resto. Amén.

sábado, 22 de agosto de 2026


 PEQUEÑA DOSIS DE SABIDURIA

Que el Señor refresque su vida y os regale un descanso reparador


 

ACCIÓN DE GRACIAS

TE CONFIESO, QUE NO LO SÉ, SEÑOR

Digo amarte cuando, media hora en tu presencia, me parece excesivo o demasiado.

Presumo conocerte y, ¡cuántas veces! el Espíritu me pilla fuera de juego.

Te sigo y escucho y miro, una y otra vez, hacia senderos distantes de Ti.

Te confeso, Señor, que no sé demasiado de Ti.

Que tu número me resulta complicado pronunciarlo y defenderlo en ciertos ambientes.

Que, tú señorío, lo pongo con frecuencia bajo otros señores ante los cuales doblo mi rodilla.

Te confeso, Señor, que mi voz no se para tus cosas lo suficientemente recia ni fuerte como lo es para las del mundo.

Te confeso, Señor, que mis pies andan más deprisa por otros derroteros que el placer, las prisas, los encantos o los dineros me marcan.

Te confeso, Señor, que, a pesar de todo, sigo pensando, creyendo y confesando que eras el Hijo de Dios.

Haz, Señor, que allá por donde yo camino quite conmigo la pancarta de “soy tu amigo”.

Haz, Señor, que allá donde yo hable se escuche una gran melodía: “Jesús es el Señor”

Haz, Señor, que allá donde yo trabaje con mis manos o con mi mente construya un lugar más habitable en el que Tú puedas formar parte.

Amén


 

2026 CICLO A

TIEMPO ORDINARIO XXI

 

Hermanos, hoy el Evangelio nos sitúa en un momento hermoso y muy personal. Jesús va caminando con sus amigos y les hace una pregunta sencilla, ¿ quién dice la gente que soy yo ? Un maestro, un profeta uno enamorado de Dios, le responden.

Y vosotros que camináis conmigo desde hace años y que os he elegido uno a uno, ¿quién soy yo para vosotros? Jesús no busca definiciones, sino relaciones; busca una relación viva: ¿Qué paso al conocerme? ¿Qué ha cambiado en ti? ¿Cuánto cuento para ti? ¿Qué sitio tengo en tu vida?

Por qué le seguimos, respuesta sencilla: para ser feliz. Y esto no significa tener una vida sin heridas, sino más llena, encendida, apasionada. Jesús no necesita la respuesta para saber si es mejor que los otros rabinos, él quiere saber si Pedro y nosotros le hemos abierto el corazón. Y Pedro responde con palabras nada fáciles: Eres Cristo, Mesías, Mando de Dios, su caricia, sueño de libertad. Eres el hijo del Dios viviente. Tú haces viva la vida, el milagro que la hace florecer.

Finalmente, el contrapunto: Pedro, ahora soy yo quien te dice quién eres: Eres piedra y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia: Te daré las llavas del Reino de los cielos. No son las lavas del paraíso, sino del mundo nuevo como Dios lo sueña, del secreto profundo de esta vida.

Las llaves y las acciones de atender y desatar son símbolos mucho más universales y radicales que el poder jurídico de la absolución en el sacramento de la reconciliación. No es cosa de curas, este poder, sino de gente del evangelio, de aquellos que con su vida son eco y prolongación de la vida de Cristo. Te daré las llaves: te doy el poder de entrar como energía de transformación, como primer paso de un camino incluso en las experiencias humanas más miserables y perdidas. Puedes convertirte en una presencia transfigurante, haciendo esas cosas que solo Dios sabe hacer: rezar por quien te hiere, sentir dolor por el dolor del mundo, la gran empatía con todo lo que vive, estas son cosas divinas. Entonces tú y yo también podemos convertirnos en una pequeña roca sobre la que apoyar un futuro mejor. No muela de molino, sólo una piedrecita, pero ninguna pequeña piedra es inútil.

En resumen: Jesús no es una teoría, es una persona . Es una pregunta de amor. Es como cuando en un matrimonio o entre buenos amigos uno le pregunta al otro: "¿Qué soy yo para ti?" .

Para el cristiano, Jesús no es un recuerdo, es alguien vivo. Pedro no lo dudó.

Dios no busca gente perfecta, busca corazones dispuestos. Jesús a quien eligió: No elige a un sabio ni a un rey poderoso. Elige a Pedro, un pescador sencillo, un hombre de trabajo con sus virtudes y sus defectos. Esta fe no se aprende en los libros, sino que es un regalo del Padre. Esto nos da una gran paz a todos: para entender a Dios no hace falta tener grandes estudios, sólo hace falta tener un corazón humilde que se deje enseñar. Cuando abrimos el corazón, Dios hace maravillas en nosotros, al igual que las hizo en San Pedro.

miércoles, 19 de agosto de 2026


 

MEDITACIÓN EUCARISTICA:

LA HISTORIA DE ANDRÉS

La historia de Andrés aparece en varios pasajes evangélicos. Andrés era uno de los discípulos de Juan el Bautista. Un día, Juan estaba con dos de sus discípulos y, al ver pasar a Jesús, dijo: Este es el Cordero de Dios. Andrés y el otro discípulo siguieron a Jesús. Jesús se dio cuenta y les preguntó qué buscaban. Ellos querían saber dónde vivía, y Jesús les respondió: Venid y lo veréis. Pasaron aquel día con Él. Después de conocer a Jesús, Andrés fue a buscar a su hermano Simón. Le dijo que habían encontrado al Mesías, es decir, al Cristo. Entonces llevó a Simón hasta Jesús.

La vocación a la vida consagrada y sacerdotal es actuar como Andrés; él escuchó y siguió a Jesús. Después de conocerlo, quiso compartirlo con alguien que amaba. Llevó a su hermano Pedro a Jesús.

Esto nos enseña que no necesitamos hacer grandes cosas para ayudar a otros a acercarse a Jesús. A veces basta con invitar, hablar de Él y dar un buen ejemplo.

Antes de seguir a Jesús, había sido discípulo de Juan el Bautista. Eso ya dice mucho de él. Andrés era un hombre que estaba buscando sinceramente a Dios. No se conformaba con la religión vacía. Esperaba al Mesías. Y cuando Juan el Bautista señaló a Jesús como el Cordero de Dios, Andrés fue uno de los primeros en seguirlo.

Fue un hombre que no buscó protagonismo. La Biblia no registra grandes discursos de Andrés. No lo vemos encabezando multitudes. No lo vemos escribiendo cartas. Pero cada vez que aparece en el Evangelio, aparece haciendo lo mismo: llevando personas a Jesús.

Cuando la multitud tenía hambre, fue Andrés quien encontró al muchacho con los cinco panes y dos peces y lo presentó a Jesús. También cuando unos griegos querían ver al Maestro, fue Andrés quien los acercó a Él. Ese era Andrés. Un puente. Un hombre que conectaba personas con Cristo. Y quizá por eso su historia es tan necesaria hoy.

El sacerdote y el religioso deben ser puentes que lleven al encuentro con Jesús. Primero ellos han de realizar este encuentro profundo diario, cotidiano, para después poder ser puente para los demás. Es una misión hermosa compartir la actitud de Andrés. Quizá el mundo está cansado de personas que solo hablan de ellos mismos, incluso cuando predican la Palabra de Vida o actúan en favor de los demás. El mundo necesita sacerdotes y religiosos que hagan de puente, para unir, para que haya encuentro con Aquel que es la VIDA.

Vivimos en un mundo donde muchos quieren ser los protagonistas. Queremos ser reconocidos. Queremos que nuestro nombre destaque. Queremos que la gente recuerde lo que hicimos.

Pero Andrés nos enseña una grandeza diferente. La grandeza de quien trabaja en silencio para acercar otros a Jesús. Hay personas que nunca predicarán ante miles. Nunca escribirán libros. Nunca serán famosas. Pero llevarán a un hijo, a un amigo, a un esposo, a una vecina, a un compañero de trabajo a los pies de Cristo. Y el cielo conoce el valor de eso. Porque quizá nunca sabrás lo que Dios hará con la persona que tú acercaste a Él.

Andrés no imaginaba que su hermano Pedro sería una de las voces más influyentes de la iglesia primitiva. Sólo hizo lo que pudo: lo llevó a Jesús. Y eso basta.

También hay una lección hermosa en la multiplicación de los panes. Andrés vio al muchacho con su pequeña comida y dijo algo muy humano: “¿Qué es esto para tantos?” Es decir: “Esto es muy poco”. Pero Andrés llevó ese “poco” a Jesús. Y en las manos de Jesús, lo poco se volvió abundancia. Esa es una verdad que puede cambiar tu vida. Dios no te pide que tengas mucho. Te pide que pongas en sus manos lo que tienes. Un poco de fe. Un poco de tiempo. Un poco de amor. Un poco de obediencia. Un poco de pan y dos peces. Y Él hace el resto. Así es la vocación, Dios llama a los que quiere, no a los más inteligentes y capacitados, sino que capacita a quien llama.

Y así se ve esta historia hoy. Andrés aparece en la madre que enseña a sus hijos a orar aunque nadie la vea. En el amigo que invita a otro a la iglesia. En el joven que comparte un versículo con alguien que está triste. En el abuelo que ora en silencio por su familia. En la persona que no busca aplausos, pero cada día acerca corazones a Cristo. El religioso que ora antes de emprender cualquier actividad. El mundo quizá no recuerde sus nombres. Pero el cielo sí.

Porque en el Reino de Dios no sólo son importantes los que predican desde el púlpito. También son esenciales los que, como Andrés, toman de la mano a alguien y le dicen: “Ven, quiero llevarte a Jesús”. Y este es el papel de los consagrados y sacerdotes, llevar a otros a Jesús a través de su ministerio. Que el Señor envíe sacerdotes santos y según su corazón a su Iglesia y a la Orden de la Virgen María. Amén.

sábado, 15 de agosto de 2026


 PEQUEÑA DOSIS DE SABIDURIA

Que el Señor refresque su vida y os regale un descanso reparador


 

ACCION DE GRACIAS

Señor quiero ser como tú.

Jesús, al contemplar en tu vida el modo que Tú tienes de tratar a los demás me dejo interpelar por tu ternura, tu forma de amar nos mueve a amar; tú trato es como el agua cristalina que limpia y acompaña el andar.

Jesús, enséñame tu modo de hacer sentir al otro más humano, que tus pasos sean mis pasos, mi modo de proceder.

Jesús, hazme sentir con tus sentimientos, mirar contigo mirada, comprometer mi acción, darme hasta la muerte por el reino, defender la vida hasta la cruz, amar a cada uno como amigo, y en la oscuridad levantar tu luz.

Jesús, yo quiero ser compasivo con quien sufre, buscando la justicia, compartiendo nuestra fe, que encuentre una auténtica armonía entre lo que creo y quiero ser, mis ojos sean fuente de alegría, que abrace tu modo de ser.

Quisiera conocerte, Jesús, tal y como eras.

Tu imagen sobre mí es lo que transformará mi corazón en uno como el tuyo que sale de sí mismo para dar; capaz de amar al Padre y los hermanos, que va sirviendo al reino en libertad.

Amén

 


 

2026 CICLO A

TIEMPO ORDINARIO XX

 

La afirmación de estar allí buscando solo migajas de pan perdido es lo que conmueve a Jesús. Poco puede parecer la compasión de Dios, pero las migajas de Dios son grandes como Dios mismo.

La mujer de las migajas, madre inteligente e indómita que no se rinde ante los silencios de Jesús, es uno de los personajes más simpáticos del Evangelio. Y Jesús, sale transformado del encuentro con ella. Lo que nos cambia en la vida no son las ideas, son los encuentros.

Una mujer de otra religión "convierte" a Jesús, lo hace cambiar de camino. Jesús tiene un proyecto: He venido solo por las ovejas perdidas de Israel, y esa mujer lo hace cambiar: No, tú perteneces al dolor de los hijos, tú eres pastor de todo el dolor del mundo.

La mujer en el relato habla tres veces. La primera palabra es la más antigua de todas las oraciones cristianas: Ten piedad. Piedad de mi dolor, de esta mi niña enferma. Y Jesús no le dirigió ni una palabra.
Pero la madre sigue al grupo continuando a gritar, involucra también a los apóstoles, y ante la respuesta de Jesús, muy clara: "Yo he venido solo por los de mi pueblo", la mujer bloquea el paso al rabino extranjero, y llama lo que es la segunda oración más evangélica: Ayúdame.

La reacción del maestro es aún más brusca que antes: No se le quita el pan a los hijos para dárselo a los perros. Y aquí lega la respuesta genial de la mujer, su tercera palabra: Es cierto, Señor, y sin embargo los perritos comienzan las migajas que caen de la mesa de sus dueños.

Es el giro del relato. Esta imagen ilumina a Jesús. En el Reino de Dios, sólo hay hijos y no, hombres y perros. La conciencia humilde de que todos somos iguales, y al mismo tiempo la afirmación de estar allí buscando solo migajas de pan perdido, es lo que conmueve a Jesús. Mujer, ¡grande es tu fe! Ella, que no conoce la Biblia y que reza en los ídolos de Canaán y Fenicia, para Jesús es una mujer de gran fe. Su gran fe consiste en creer que para Dios el sufrimiento de un hombre cuenta más que su religión. Ella no conoce la fe de los catecismos, pero posee la de las madres.

¡Grande es tu fe! Entonces, la fe es aún mayor en la tierra, dentro y fuera de la Iglesia, porque es grande el número de madres que no saben el Credo, pero conocen el corazón de Dios . Usan otros números para invocar a Dios, pero conocen su corazón. Para él no hay hijos e hijitos, en donde hay dolor, allí está toda la piedad de Dios.

Todo esto se convierte en consuelo: porque en el día en que tengamos poca fe, en el día en que estemos abrumados por el dolor, en ese momento Dios se acercará, como pan para los hijos, como migajas para cada pequeño sueño con alguien que saque a los pequeños de debajo de la mesa y los levante, los coloque como lámparas sobre el candelabro de todos, más luz sobre el futuro del mundo.

viernes, 14 de agosto de 2026


 

SOLEMNIDAD DE LA ASUNCIÓN DE LA VIRGEN MARÍA

 

Hoy celebramos con alegría la Asunción de la Virgen María, una fiesta que nos recuerda que María, al finalizar su vida terrena, fue llevada al cielo en cuerpo y alma. Es una celebración que nos llena de esperanza, porque nos muestra el destino al que todos estamos llamados: vivir para siempre junto a Dios.

María fue una mujer sencilla, pero tuvo una fe enorme. Supo confiar en Dios incluso cuando no entendía del todo lo que estaba sucediendo. Su respuesta, «hágase en mí según tu palabra», resume toda su vida: una vida entregada, confiada y abierta a la voluntad de Dios.

En el Evangelio escuchamos el encuentro de María con su prima Isabel. María llega a casa de Isabel después de haber recibido el anuncio del ángel, y allí proclama el Magníficat: «Mi alma proclama la grandeza del Señor». No se queda centrada en sí misma, sino que reconoce todo lo que Dios ha hecho en ella.

Ese es también un mensaje importante para nosotros. La fe no consiste solamente en creer, sino en aprender a confiar y a poner nuestra vida en las manos de Dios. María nos enseña que, incluso en medio de las dificultades, podemos seguir adelante cuando sabemos que Dios camina con nosotros.

La Asunción de María también nos recuerda que nuestro cuerpo, nuestra vida y todo lo que somos tienen un valor inmenso para Dios. No estamos hechos para la tristeza ni para la desesperanza. Nuestra meta es la vida plena, la vida eterna.

Pidamos hoy a la Virgen María que nos ayude a vivir con una fe sencilla y sincera, a confiar en Dios cuando las cosas no sean fáciles y a estar siempre dispuestos a ayudar a los demás. Que, como ella, sepamos decir cada día nuestro «sí» a Dios.

Santa María, Madre de Dios y Madre nuestra, acompáñanos en nuestro camino y llévanos siempre hacia tu Hijo. Amén.


 

ACCIÓN DE GRACIAS

YO TAMBIÉN QUIERO SUBIR CONTIGO, MARÍA

Y ascender, muy alto, al encuentro con el Señor pero, sin olvidar, que los grandes rascacielos están primeramente sujetos a la tierra.

Como Tú, María: Sencilla, no quisiste más grandeza que tu pobreza.

Como Tú, María: limpia, tus ojos sólo brillaron para el Señor.

Como Tú, María: obediente, siempre tus caminos fueron para Dios.

YO TAMBIÉN QUIERO SUBIR CONTIGO, MARÍA

Dándome generosamente, como Dios mismo se ofrece.

Entregándome sin tregua, como Tú misma te das.

Mirando hacia el infinito, y buscando, en ese aparente vacío, la grandeza del Salvador.

Y disfrutar para siempre de la gloria eterna.

Y correr, contigo, por las calles del cielo.

Y poder abrazar a los que, antes que yo, marcharon con tu protección desde este duro suelo.

Y dejar de llorar, de sufrir y comprender entonces lo que vale la fe y la perseverancia de mi ser cristiano.

Porque, este mundo nuestro, es un primer anuncio, es aperitivo de la gran cena que nos espera, es antesala del gran comedor que nos aguarda, es primer compás de la música celeste, es preámbulo de un umbral feliz y lleno de dicha.

¡Felicidades, María!

¡Tu suerte, que sea la nuestra!

¡Ayúdanos a encontrar, esas escaleras, por las que, Tú, has encontrado el cielo!

Amén

 

miércoles, 12 de agosto de 2026


 

MEDITACIÓN EUCARISTICA

La Asunción de María

Querido Jesús en el santísimo sacramento del altar, esta tarde queremos unirnos a ti en estas vísperas de la Asunción de nuestra Señora a los cielos. Esta es una fiesta muy popular porque el triunfo de María es también el triunfo de sus hijos. María fue elevada al cielo en cuerpo y alma para decirnos que un día estaremos con Ella, de manera semejante. Ahí nos espera con los brazos abiertos para abrirnos la puerta de la gloria.

Tu madre Jesús fue una mujer que podemos definir como Amor, porque ella vivió en este mundo sólo amando: amando a Dios, a su Hijo Jesús desde que lo llevaba en su seno hasta que lo tuvo en brazos desclavado de la cruz. Amó a su querido esposo san José, y amó a todos y cada uno de sus hijos desde que Jesús la proclamó madre de todos ellos.

Desde su asunción a los cielos ha seguido amando durante más de dos mil años a Dios y a los hombres: Es un amor muy largo y profundo. Y apenas ha comenzado la eternidad de su amor.  Dentro de ese océano de ternura que es el Corazón de María estamos todos nosotros para alegrarnos infinitamente. Desde el cielo una Madre nos ama con singular predilección. La fe en este amor debe llenar nuestra vida de alegría, de paz y de esperanza.

Dios adelantó el reloj de la eternidad para que María pudiese inaugurar con su hijo nuestra eternidad. Mientras nosotros esperamos, Ella goza de Dios con su cuerpo inmaculado, el que fue cuna de Jesús durante nueve meses.

"Voy a prepararos un lugar": Así hablaba Jesús a los apóstoles con emoción contenida. Personalmente se encargaría de tener listo ese lugar. Pero sabemos quién le ayudaría cariñosamente a preparar dicho lugar: María Santísima. Ella le ayudó -y de qué manera tan eficaz- en sus primeros pasos a la Iglesia. Ella sigue ayudando con su amorosa intercesión a la Iglesia que peregrina todavía por este mundo.

Alegraos más bien de que vuestros nombres estén escritos en el cielo”. Sabremos entonces por qué decía Jesús estas solemnes palabras, cuando veamos con los ojos extasiados lo que ha preparado Dios a sus hijos. Si nos dio su sangre y su vida, ¿no nos iba a dar el cielo?

Pero aquí andamos muchas veces distraídos, perdidos, olvidados, comiendo los frutos agraces del pecado que pudre la sangre y envenena el alma. Cuantas veces emprendimos el camino del infierno. Tantas otras una mano cariñosa y firme nos hizo volver al camino del cielo.

María se encuentra con el más grande amor de su vida. También nosotros experimentáremos entonces lo que es estar locamente enamorados y para siempre de las personas más dignas de ser amadas. Enamorados de Dios, en un éxtasis eterno de amor: amados por el Amor Infinito, la Bondad Infinita. Ahí comprenderemos los misterios del amor aquí muy poco comprendidos. Volveremos a Belén a amar infinitamente, eternamente a aquel Dios hecho niño por nosotros. Volveremos a la fuente de Nazareth donde Jesús llenó el cántaro de María tantas veces. Volveremos al Cenáculo a quedar de rodillas y extasiados ante la institución de la Eucaristía, y comprenderemos las palabras del evangelista Juan: “Habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo”.

Volveremos al Calvario y querremos quedarnos allí mucho, mucho tiempo, siglos para contemplar con el corazón en llamas el amor más grande, la ternura más delicada, y comprenderemos cada uno lo que Pablo decía: “Líbreme Dios de gloriarme en nada si no es en la cruz de nuestro Señor Jesucristo”. Pediremos permiso de bajar a la tierra para visitar los Santos lugares no como turistas sino como locamente enamorados.

Al cielo subió la Puerta del cielo. Sueño en ese momento en que tocaré a la puerta. Y saldrá a abrirme con los brazos abiertos y una sonrisa celestial María Santísima. Tendré que sostenerme para no morir otra vez, pero de puro gozo al ver sus ojos de cielo, su rostro bellísimo, su amor increíble pero real.

María es la mujer más triunfadora. La humilde esclava del Señor ha logrado lo que ninguna mujer famosa ha conseguido. Eligió como meta cumplir la voluntad de Dios; como motivación el amor. El Premio: La Asunción los cielos en cuerpo y alma. Así nos enseña de forma contundente la mejor forma de vivir.

Que tu madre Señor Jesús, asunta al cielo, nos acompañe ahora y siempre. Amén

sábado, 8 de agosto de 2026


 


 

ACCIÓN DE GRACIAS

NUESTRAS TORMENTADAS

Jesús, tú acompañas nuestro vivir cuando las aguas están calmadas y todo va sucediendo en armonía, sin nada fuera de lo normal.

Tú estás aún más cerca de nosotros cuando de pronto surge una enfermedad, un problema de trabajo, un conflicto de relación, un desencanto, una muerte...

Tú estás cuando las tormentas de la vida nos hacen sentir miedo, se mueve nuestra barca y dudamos de tu presencia y de tu amor.

Tú, que conoces nuestras tormentas, nos tienes siempre envueltos en tu amor, estás esperando a que nos pongamos con confianza en tus brazos.

Tu sólo esperas que tengamos fe en ti, que creamos, de verdad, que acompañas siempre nuestra vida, y que en ti nuestro valor aumenta y nos llenas de fuerza, para poder con todo lo que la vida nos depare.

Siempre que sepamos que vives dentro de nosotros, que somos personas habitadas, impulsadas desde dentro por ti.

Amén

Florentino Ulibarri

miércoles, 5 de agosto de 2026


 

MEDITACIÓN EUCARÍSTICA

EL BUENO SAMARITANO

Querido Jesús eucaristía venimos en esta tarde para estar contigo y descansar. En estos días tan calurosos necesitamos respirar no sólo aire fresco para nuestros pulmones sino ese aire espiritual y esa energía que solo tú nos puedes dar. En verano es tiempo de cargar pilas y refrescar nuestros corazones cansados ​​y agotados, para que tú les insufles valor de vida y nueva luz en nuestros ojos.

Hoy queremos meditar la parábola del buen samaritano. Seguramente cuando contaste esta parábola nos querías transmitir que veces no estamos heridos porque la vida fue dura, sino porque nadie se detuvo, nadie estuvo busca.

Hoy queremos colocar la mirada desde el suelo, desde el polvo, desde el hombre que no puede moverse. El texto dice que fue despojado, herido y dejado "medio muerto". En griego, esta expresión no es sólo física, es una condición intermedia: ni completamente vivo, ni completamente muerto.

¿Nos suena a algo que ocurre a nosotros oa gente de nuestro entorno? Gente que respira, pero miedo adentro está apagado. Sigo caminando, pero ya no siento. Sonríe, pero solo por fuera. Personas que viven como arrastrando los pies.

Y ahí está él. Tirado. Invisible. Y entonces pasan los "correctos". Un sacerdote, un levita . Hombres que conocen la ley, que hablan de Dios, que representan lo espiritual. Pero el texto dice algo que pesa: Pasaron de largo . No fue ignorancia, fue decisión. Lo vieron, pero no se detuvieron. No querían contaminarse y tenían prisa por legar a su puesto de trabajo.

Aquí hay una verdad incómoda que una exégesis profunda revela: No siempre el problema es la maldad, a veces es la indiferencia. Porque no necesitas odiar a alguien para dejarle morir, solo necesitas seguir tu camino. Y esto es más común de lo que pensamos.

Hoy se viene así: Ve a alguien quebrado emocionalmente, pero no preguntas. Sabes que alguien está mal, pero no te involucras. Notas el dolor, pero lo evitas. No porque seas malo, sino porque no quieres complicarte.

Y entonces aparece alguien inesperado: El samaritano. Para los oyentes originales, esto era escandaloso. Porque los samaritanos eran rechazados, vistos como impuros, como “los equivocados”. Y, sin embargo, es lo único que se detiene. Lo único que se acerca. Lo único que toca la herida. El texto dice que tuvo “compasión”: No es una lástima superficial, es un dolor interno que te mueve a actuar. No sólo sintió, se involucró. Vendón. Cargón. Pagón. Se comprometió. Y además iba de viaje, seguramente ya tenía trazada su ruta y sus etapas, pero no le importó cambiarlas o retrasarlas con tal de ayudar a un prójimo, que ni conocía.

El herido no eligió quién le ayudaría. Probablemente, si hubiera sido consciente, tal vez habría rechazado al samaritano. Pero cuando estás roto de verdad, dejas de elegir por prejuicio y empiezas a necesitar por supervivencia. Y eso cambia todo.

Porque entonces esta historia no sólo habla de ayudar, habla de derribar lo que tú creías sobre quién puede ayudarte. Porque a veces Dios no envía la ayuda en la forma que esperabas, ni en la persona que tú aprobarías. Pero la envía. Y tú decides si la aceptas, o si te quedas echado por orgullo.

Todos, en algún momento, somos ese hombre echado al borde del camino. Golpeados por decisiones, heridos por personas, cansados ​​por la vida, esperando que alguien se detenga.

Y otras veces, somos los que pasan de largo.

Y muy pocas veces, somos lo que se detiene de verdad.

Por eso esta historia no es sólo un enseñanza moral, es un espejo. Te muestra dónde estás. Y te confronta con lo que haces cuando ve el dolor. Porque no basta con saber lo correcto, hay que detenerse.

Y hoy, mientras seas contigo rutina, con tus cosas pendientes, con tu vida… tal vez alguien busca de ti está medio vivo. Y no necesita un consejo, necesita que te detengas.

La pregunta que nos hacemos ante ti Jesús sacramentado es: cuando veamos a alguien herido hoy ¿pasamos de largo o dejamos nuestro camino para salvar al de alguien más?  Ayúdanos tú a tener comportamientos más humanos y de corazón. Amén.