sábado, 29 de agosto de 2026


 

2026 CICLO A

TIEMPO ORDINARIO XXII

 

¿De qué le servirá a un hombre ganar el mundo entero, si pierde su alma? Hay frases y palabras que marcan una vida y una historia. Y hoy esta frase de Jesús tiene que hacernos reflexionar. Escuchar la Palabra del Dios vivo, Palabra eficaz, puede cambiar la vida.

Estar con Jesús significa no sólo “ver”, sino “vivir” como Él. Porque es muy fácil pensar como los hombres, y no como Dios. Es humano no querer afrontar las cargas que implica la fidelidad. Hasta a Pedro le sucedió. “Eso no puede pasarte”. Pedro que acababa de confesar a Jesús como el Cristo, no acaba de ver claro cuál es el final del Mesías. Y Jesús le da la espalda, nada menos, y le llama Satanás. Porque a Jesús le parece demoniaco querer ir contra el plan de Dios. Ir contra la firme decisión del mismo Jesús: vivir por y para el Reino. A pecho descubierto.

La verdadera decisión que importa tomar en nuestra vida es la firme voluntad y resolución de renunciar a uno mismo ¡Casi nada! Esto es lo que significa seguir a Jesús. En el sentido literal los discípulos le habían seguido a donde Él iba, y habían compartido su vida. Este seguimiento exterior, la acción de ir literalmente en pos de él tiene que convertirse en seguimiento interior. El seguimiento interior requiere disposición para sufrir la pasión. Sólo entonces el seguimiento pasa a ser seguimiento en sentido propio, y se llega a ser verdadero discípulo. Ser buen creyente no significa vivir sufriendo, sino vivir con el gozo de saber que estás al lado de Jesús.

No nos asustemos, en todo caso, el Señor es capaz de seducir. Anda siempre cerca, se manifiesta, se pone a tiro e insiste a tiempo y a destiempo. Quiere nuestra felicidad, que pasa por la fidelidad. Lo más importante es saber si te dejas seducir. Porque el plan del Señor para ti es un plan de salvación, de felicidad. No de esa felicidad que se acaba cuando comienzan los problemas, porque problemas habrá siempre. Es la felicidad que da saber que has elegido el bando correcto, que el Espíritu te lleva por donde debes ir, y que Jesús te acompaña en el camino. Ejemplo del profeta Jeremías.

No fue fácil ni para el mismo Jesús. Se trata de conservar, recoger y asegurar definitivamente la vida, o de perder; de la completa destrucción, de la vaciedad y falta de sentido. El hombre tiene ante sí las dos posibilidades. Uno de los caminos es el que conduce a la vida, y el otro el que conduce a la perdición.

Una tarea que no fue nunca fácil, ni siquiera para los Apóstoles, ni para tantos santos que en el mundo, han sido. Una tarea que merece la pena. Al final, el Señor nos dará la paga que merezcamos. Ojalá sepamos vivir de tal modo, que la paga sea la mayor a la que puede aspirar un cristiano, la vida eterna. Discerniendo siempre, preguntándonos cada día “qué quiere Dios de mí hoy y ahora, para que el Reino siga creciendo. Para que yo sea más feliz. Más santo”, con la ayuda del Espíritu. Amén.

No hay comentarios:

Publicar un comentario