sábado, 22 de agosto de 2026


 

2026 CICLO A

TIEMPO ORDINARIO XXI

 

Hermanos, hoy el Evangelio nos sitúa en un momento hermoso y muy personal. Jesús va caminando con sus amigos y les hace una pregunta sencilla, ¿ quién dice la gente que soy yo ? Un maestro, un profeta uno enamorado de Dios, le responden.

Y vosotros que camináis conmigo desde hace años y que os he elegido uno a uno, ¿quién soy yo para vosotros? Jesús no busca definiciones, sino relaciones; busca una relación viva: ¿Qué paso al conocerme? ¿Qué ha cambiado en ti? ¿Cuánto cuento para ti? ¿Qué sitio tengo en tu vida?

Por qué le seguimos, respuesta sencilla: para ser feliz. Y esto no significa tener una vida sin heridas, sino más llena, encendida, apasionada. Jesús no necesita la respuesta para saber si es mejor que los otros rabinos, él quiere saber si Pedro y nosotros le hemos abierto el corazón. Y Pedro responde con palabras nada fáciles: Eres Cristo, Mesías, Mando de Dios, su caricia, sueño de libertad. Eres el hijo del Dios viviente. Tú haces viva la vida, el milagro que la hace florecer.

Finalmente, el contrapunto: Pedro, ahora soy yo quien te dice quién eres: Eres piedra y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia: Te daré las llavas del Reino de los cielos. No son las lavas del paraíso, sino del mundo nuevo como Dios lo sueña, del secreto profundo de esta vida.

Las llaves y las acciones de atender y desatar son símbolos mucho más universales y radicales que el poder jurídico de la absolución en el sacramento de la reconciliación. No es cosa de curas, este poder, sino de gente del evangelio, de aquellos que con su vida son eco y prolongación de la vida de Cristo. Te daré las llaves: te doy el poder de entrar como energía de transformación, como primer paso de un camino incluso en las experiencias humanas más miserables y perdidas. Puedes convertirte en una presencia transfigurante, haciendo esas cosas que solo Dios sabe hacer: rezar por quien te hiere, sentir dolor por el dolor del mundo, la gran empatía con todo lo que vive, estas son cosas divinas. Entonces tú y yo también podemos convertirnos en una pequeña roca sobre la que apoyar un futuro mejor. No muela de molino, sólo una piedrecita, pero ninguna pequeña piedra es inútil.

En resumen: Jesús no es una teoría, es una persona . Es una pregunta de amor. Es como cuando en un matrimonio o entre buenos amigos uno le pregunta al otro: "¿Qué soy yo para ti?" .

Para el cristiano, Jesús no es un recuerdo, es alguien vivo. Pedro no lo dudó.

Dios no busca gente perfecta, busca corazones dispuestos. Jesús a quien eligió: No elige a un sabio ni a un rey poderoso. Elige a Pedro, un pescador sencillo, un hombre de trabajo con sus virtudes y sus defectos. Esta fe no se aprende en los libros, sino que es un regalo del Padre. Esto nos da una gran paz a todos: para entender a Dios no hace falta tener grandes estudios, sólo hace falta tener un corazón humilde que se deje enseñar. Cuando abrimos el corazón, Dios hace maravillas en nosotros, al igual que las hizo en San Pedro.

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