viernes, 14 de agosto de 2026


 

SOLEMNIDAD DE LA ASUNCIÓN DE LA VIRGEN MARÍA

 

Hoy celebramos con alegría la Asunción de la Virgen María, una fiesta que nos recuerda que María, al finalizar su vida terrena, fue llevada al cielo en cuerpo y alma. Es una celebración que nos llena de esperanza, porque nos muestra el destino al que todos estamos llamados: vivir para siempre junto a Dios.

María fue una mujer sencilla, pero tuvo una fe enorme. Supo confiar en Dios incluso cuando no entendía del todo lo que estaba sucediendo. Su respuesta, «hágase en mí según tu palabra», resume toda su vida: una vida entregada, confiada y abierta a la voluntad de Dios.

En el Evangelio escuchamos el encuentro de María con su prima Isabel. María llega a casa de Isabel después de haber recibido el anuncio del ángel, y allí proclama el Magníficat: «Mi alma proclama la grandeza del Señor». No se queda centrada en sí misma, sino que reconoce todo lo que Dios ha hecho en ella.

Ese es también un mensaje importante para nosotros. La fe no consiste solamente en creer, sino en aprender a confiar y a poner nuestra vida en las manos de Dios. María nos enseña que, incluso en medio de las dificultades, podemos seguir adelante cuando sabemos que Dios camina con nosotros.

La Asunción de María también nos recuerda que nuestro cuerpo, nuestra vida y todo lo que somos tienen un valor inmenso para Dios. No estamos hechos para la tristeza ni para la desesperanza. Nuestra meta es la vida plena, la vida eterna.

Pidamos hoy a la Virgen María que nos ayude a vivir con una fe sencilla y sincera, a confiar en Dios cuando las cosas no sean fáciles y a estar siempre dispuestos a ayudar a los demás. Que, como ella, sepamos decir cada día nuestro «sí» a Dios.

Santa María, Madre de Dios y Madre nuestra, acompáñanos en nuestro camino y llévanos siempre hacia tu Hijo. Amén.

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