Meditación Eucarística: Naranjas para el personal
Señor
Jesús, aquí estamos ante Ti, presente y vivo en la Eucaristía, Pan partido para
todos, Pan que no se da a medias, Pan que conoce el corazón humano. Tú no te
entregas a medias. No dices: “Esto es suficiente”. Tú te das entero, sin
calcular, sin reservarte nada, pensando en todos, hasta el extremo. Queremos en
esta tarde comprender que hay más felicidad en dar que en recibir y que nuestra
misión es hacer no solo lo correcto y lo suficiente sino buscar nuevas
posibilidades y oportunidades para todos. Escuchemos esta bonita historia.
Naranjas
para el personal: José
trabajaba en una empresa desde hace dos años.
Siempre fue muy serio, dedicado y cumplidor de sus obligaciones. Llegaba puntual,
y estaba orgulloso que en 2 años nunca recibió una amonestación. Cierto día,
buscó al Gerente para hacerle un reclamo:
-
Señor, trabajo en la empresa desde hace dos años con bastante esmero, y estoy
contento con mi puesto, pero siento que he sido postergado. Mire, Fernando
ingresó a un puesto igual al mío hace sólo 6 meses y ya ha sido promovido a
Supervisor.
Mostrando
preocupación le dice el Gerente:
-
Mientras resolvemos esto, quisiera pedirte que me ayudes a resolver un
problema. Quiero dar fruta al personal para postre en el almuerzo de hoy. En la
tienda de la esquina venden fruta. Por favor, averigua si tienen naranjas.
José
se esmeró en cumplir con el encargo, y en 5 minutos estaba de vuelta. Bueno
José, ¿qué averiguaste?
-
Señor, sí tienen naranjas para la venta.
-
¿Y cuánto cuestan? ¡Ah!... No pregunté
por eso.
-
Ok, ¿pero viste si tenían suficientes naranjas para todo el personal?
preguntaba serio el jefe.
-
Tampoco pregunté por eso señor.
-
¿Hay alguna fruta que pueda sustituir la naranja? No sé, señor, pero creo...
-
Bueno, siéntate un momento, le dijo el gerente.
El
Gerente tomó el teléfono, y mandó llamar a Fernando. Cuando se presentó, le dio
las mismas instrucciones que le diera a José, y en 10 minutos estaba de vuelta.
Cuando retornó, el Gerente pregunta: Bien, Fernando, ¿qué noticias me
tienes?
-
Señor, tienen naranjas, lo suficiente para atender a todo el personal, o si
prefiere también tienen plátano, papaya, melón y mango.
La
naranja está a 1 euro el kilo, el plátano a 2€, el mango a 3€ el kilo, la
papaya y el melón a 8€ el kilo. Me dicen que, si la compra es mucha, nos darán
un descuento del 8%. He dejado apartada la naranja, pero si usted escoge otra
fruta debo regresar para confirmar el pedido.
-
Muchas gracias, Fernando, pero espera un momento... Se dirige a José, que aún
seguía esperando estupefacto, y le dice:
-
José, ¿qué me decías?
-
Nada, señor, eso es todo, muchísimas gracias, con su permiso.
Hoy,
en el silencio de tu presencia, escuchamos este pequeño cuento que parece
hablar de naranjas, pero en realidad habla del corazón. José cumplía. Era
correcto, responsable, puntual. Hacía lo que se le pedía…pero sólo eso. No miró
más allá del encargo, no se detuvo a pensar en los demás, no se preguntó por
las necesidades reales de toda la comunidad.
Fernando,
en cambio, no hizo nada extraordinario: simplemente miró más lejos. Pensó en
todos, anticipó posibilidades, ofreció soluciones, y dejó abiertas opciones.
Señor,
cuántas veces nosotros solo cumplimos, obedecemos, hacemos lo mínimo, pero sin
amor creativo, sin implicarnos de verdad, sin preguntarnos: “¿Qué más puedo
hacer? ¿A quién más puedo servir?” Enséñanos, Señor, a no vivir una fe
rutinaria, a no servir por costumbre, a no amar con medidas pequeñas. Que ante
tu presencia aprendamos a mirar la vida como Tú la miras: con atención, con
responsabilidad, con amor que se adelanta a las necesidades del otro. Que no
seamos cristianos que “cumplen”, sino discípulos que se entregan. Que, al salir
de aquí, cada tarea, cada servicio, cada decisión, la hagamos con el corazón
lleno de Ti, como Pan partido para los demás. Amén.

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