miércoles, 8 de julio de 2026


 

MEDITACIÓN EUCARISTICA.

SANTISIMA SANGRE

Aquí estamos Jesús sacramentado, delante de ti con un corazón abierto y lleno de amor ante tu presencia. Precisamente hoy que celebramos en nuestra ciudad tu Santísima Sangre, don precioso y de valor inestimable.

El que un hombre diera a otro toda su fortuna, sería mucho sin duda, sobre todo, si se le supone considerable. ¿Que sería, pues, si le diera su sangre y la derramara toda por él? Sería evidentemente el amor llevado hasta el último grado. Eso es lo que ha hecho Jesucristo con nosotros. Analicemos:

1° EL VALOR DE ESA SANGRE. Es mayor infinitamente, que toda otra sangre humana, porque es la sangre de un Dios, en virtud de Misterio de la Encarnación; sangre, por consiguiente, de precio infinito. Esa sangre la ofrece nuestro Dios en cada sacrificio Eucarístico; la dignidad de un Dios que ofrece su sangre como víctima, y esto le concede y comunica un valor infinito.

2º LOS MARAVILLOSOS EFECTOS DE ESTA SANGRE. Apaga el fuego del pecado del mundo. Ella es expiación por nuestros pecados. Es el precio de nuestra redención. Es el baño que purifica nuestra conciencia. Es el sello de paz entre el cielo y la tierra. Nos abre el cielo y cierra el inferno bajo nuestros pies. Lejos de clamar venganza, como la sangre de Abel, cada gota de esa Sangre clama misericordia.

3° ESA SANGRE NOS ES DADA, no con mano avara, sino con una generosidad incomparable. Cuando una sola gota habría bastado para borrar los pecados de mil mundos, Jesucristo la da toda entera; y la da por lo mismo que El preveía habían de mostrarse tan poco dignos de ella; la da, no una vez, sino millones de veces. Comienza a derramarla ocho días después de su nacimiento, bajo el cuchillo de la circuncisión; la derrama en el Huerto de los Olivos, donde un sudor de sangre inunda la tierra; la derrama en la flagelación, en la coronación de espinas, en la crucifixión y en la abertura del sagrado costado; la ofrece todos los días en el Santo Sacrificio, sobre toda la superficie del globo, y nos la da a beber en la Comunión; la conserva en todos los tabernáculos del mundo, y allí esa Sangre pide sin cesar perdón por nosotros. En fin, nos aplica sus méritos en los sacramentos, que son como otros tantos canales, por los cuales esa Sangre adorable se comunica a las almas. ¡Cuánto tenemos que estar agradecidos a nuestro Salvador por esa profusión de su Sangre en favor de unos pobres pecadores, como nosotros!

Ante tal magnanimidad y gran generosidad de Jesucristo, nuestro hermano mayor, no tenemos más remedio que caer de rodillas y adorarlo, y sentirnos deudores para toda nuestra existencia de su salvación. Cuando un Dios nos da toda su sangre, ¿Qué excusa tenemos si no le ofrecemos, a cambio, nuestra voluntad, nuestros actos, nuestros gustos? Cuando se posee en el pecho la Sangre de Jesucristo, cuando se tiene una sangre tan noble y tan divina, es preciso tener su espíritu generoso y el compromiso serio de responder a tal generosidad con la mayor disponibilidad de nuestro corazón.

Es preciso honrar esta Sangre con la asistencia y participación devota y frecuente al santo banquete de la eucaristía. Frecuentar asiduamente todos los sacramentos, que fortalecen nuestro espíritu y nos conceden las gracias necesarias y los dones para vivir una vida adecuada a la filiación divina.  

Debemos tener una confianza sin límites en los méritos de esta divina sangre. Que se turben y carezcan de confianza los que no conocen el precio de la Sangre del Salvador; pero, cuando sabemos por la fe que Jesucristo ha dejado a nuestra disposición todos los méritos de su Sangre con la facultad de aplicárnoslos por la oración, por los sacramentos y por el sacrificio, no nos es permitido perder la confianza, Teniendo el crucifijo en las manos, jamás debe desfallecer nuestro valor.

 

 

 

 

 

LETANIAS A LA SANTISIMA SANGRE

Dios Hijo, Redentor del mundo, ten misericordia de nosotros.

Dios Espíritu Santo, ten misericordia de nosotros.

Santa Trinidad, un solo Dios, ten misericordia de nosotros.

Sangre de Cristo, hijo único del Padre Eterno, sálvanos.

Sangre de Cristo, Verbo encarnado, sálvanos.

Sangre de Cristo, Nuevo y Antiguo Testamento, sálvanos.

Sangre de Cristo, derramada sobre la tierra durante su agonía, sálvanos.

Sangre de Cristo, vertida en la flagelación, sálvanos.

Sangre de Cristo, que emanó de la corona de espinas, sálvanos.

Sangre de Cristo, derramada sobre la Cruz, sálvanos.

Sangre de Cristo, precio de nuestra salvación, sálvanos.

Sangre de Cristo, sin la cual no puede haber remisión, sálvanos.

Sangre de Cristo, alimento eucarístico y purificación de las almas, sálvanos.

Sangre de Cristo, manantial de misericordia, sálvanos.

Sangre de Cristo, victoria sobre los demonios, sálvanos.

Sangre de Cristo, fuerza de los mártires, sálvanos.

Sangre de Cristo, virtud de los confesores, sálvanos.

Sangre de Cristo, fuente de virginidad, sálvanos.

Sangre de Cristo sostén de los que están en peligro, sálvanos.

Sangre de Cristo, alivio de los que sufren, sálvanos.

Sangre de Cristo, consolación en las penas, sálvanos.

Sangre de Cristo, espíritu de los penitentes, sálvanos.

Sangre de Cristo, auxilio de los moribundos, sálvanos.

Sangre de Cristo, paz y dulzura de los corazones, sálvanos.

Sangre de Cristo, prenda de la vida eterna, sálvanos.

Sangre de Cristo que libera a las almas del Purgatorio, sálvanos.

Sangre de Cristo, digna de todo honor y de toda gloria, sálvanos.

Cordero de Dios que quitas los pecados del mundo, perdónanos Señor. sálvanos.

Cordero de Dios que quitas los pecados del mundo, escúchanos Señor. sálvanos.

Cordero de Dios que quitas los pecados del mundo, ten piedad de nosotros. sálvanos.

V. Nos rescataste, Señor,

R. por tu Sangre preciosa.

 

 

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