MEDITACIÓN EUCARISTICA.
SANTISIMA SANGRE
Aquí
estamos Jesús sacramentado, delante de ti con un corazón abierto y lleno de
amor ante tu presencia. Precisamente hoy que celebramos en nuestra ciudad tu Santísima
Sangre, don precioso y de valor inestimable.
El
que un hombre diera a otro toda su fortuna, sería mucho sin duda, sobre todo,
si se le supone considerable. ¿Que sería, pues, si le diera su sangre y la
derramara toda por él? Sería evidentemente el amor llevado hasta el último
grado. Eso es lo que ha hecho Jesucristo con nosotros. Analicemos:
1°
EL VALOR DE ESA SANGRE. Es mayor infinitamente, que toda otra sangre humana,
porque es la sangre de un Dios, en virtud de Misterio de la Encarnación; sangre,
por consiguiente, de precio infinito. Esa sangre la ofrece nuestro Dios en cada
sacrificio Eucarístico; la dignidad de un Dios que ofrece su sangre como
víctima, y esto le concede y comunica un valor infinito.
2º
LOS MARAVILLOSOS EFECTOS DE ESTA SANGRE. Apaga el fuego del pecado del mundo. Ella
es expiación por nuestros pecados. Es el precio de nuestra redención. Es el
baño que purifica nuestra conciencia. Es el sello de paz entre el cielo y la
tierra. Nos abre el cielo y cierra el inferno bajo nuestros pies. Lejos de
clamar venganza, como la sangre de Abel, cada gota de esa Sangre clama
misericordia.
3°
ESA SANGRE NOS ES DADA, no con mano avara, sino con una generosidad
incomparable. Cuando una sola gota habría bastado para borrar los pecados de
mil mundos, Jesucristo la da toda entera; y la da por lo mismo que El preveía
habían de mostrarse tan poco dignos de ella; la da, no una vez, sino millones
de veces. Comienza a derramarla ocho días después de su nacimiento, bajo el
cuchillo de la circuncisión; la derrama en el Huerto de los Olivos, donde un
sudor de sangre inunda la tierra; la derrama en la flagelación, en la
coronación de espinas, en la crucifixión y en la abertura del sagrado costado;
la ofrece todos los días en el Santo Sacrificio, sobre toda la superficie del globo,
y nos la da a beber en la Comunión; la conserva en todos los tabernáculos del
mundo, y allí esa Sangre pide sin cesar perdón por nosotros. En fin, nos aplica
sus méritos en los sacramentos, que son como otros tantos canales, por los
cuales esa Sangre adorable se comunica a las almas. ¡Cuánto tenemos que estar
agradecidos a nuestro Salvador por esa profusión de su Sangre en favor de unos
pobres pecadores, como nosotros!
Ante
tal magnanimidad y gran generosidad de Jesucristo, nuestro hermano mayor, no
tenemos más remedio que caer de rodillas y adorarlo, y sentirnos deudores para
toda nuestra existencia de su salvación. Cuando un Dios nos da toda su sangre,
¿Qué excusa tenemos si no le ofrecemos, a cambio, nuestra voluntad, nuestros
actos, nuestros gustos? Cuando se posee en el pecho la Sangre de Jesucristo,
cuando se tiene una sangre tan noble y tan divina, es preciso tener su espíritu
generoso y el compromiso serio de responder a tal generosidad con la mayor
disponibilidad de nuestro corazón.
Es
preciso honrar esta Sangre con la asistencia y participación devota y frecuente
al santo banquete de la eucaristía. Frecuentar asiduamente todos los sacramentos,
que fortalecen nuestro espíritu y nos conceden las gracias necesarias y los
dones para vivir una vida adecuada a la filiación divina.
Debemos
tener una confianza sin límites en los méritos de esta divina sangre. Que se
turben y carezcan de confianza los que no conocen el precio de la Sangre del
Salvador; pero, cuando sabemos por la fe que Jesucristo ha dejado a nuestra
disposición todos los méritos de su Sangre con la facultad de aplicárnoslos por
la oración, por los sacramentos y por el sacrificio, no nos es permitido perder
la confianza, Teniendo el crucifijo en las manos, jamás debe desfallecer
nuestro valor.
LETANIAS A LA
SANTISIMA SANGRE
Dios
Hijo, Redentor del mundo, ten misericordia de nosotros.
Dios
Espíritu Santo, ten misericordia de nosotros.
Santa
Trinidad, un solo Dios, ten misericordia de nosotros.
Sangre
de Cristo, hijo único del Padre Eterno, sálvanos.
Sangre de Cristo, Verbo
encarnado, sálvanos.
Sangre
de Cristo, Nuevo y Antiguo Testamento, sálvanos.
Sangre
de Cristo, derramada sobre la tierra durante su agonía, sálvanos.
Sangre
de Cristo, vertida en la flagelación, sálvanos.
Sangre
de Cristo, que emanó de la corona de espinas, sálvanos.
Sangre
de Cristo, derramada sobre la Cruz, sálvanos.
Sangre
de Cristo, precio de nuestra salvación, sálvanos.
Sangre
de Cristo, sin la cual no puede haber remisión, sálvanos.
Sangre
de Cristo, alimento eucarístico y purificación de las almas, sálvanos.
Sangre
de Cristo, manantial de misericordia, sálvanos.
Sangre
de Cristo, victoria sobre los demonios, sálvanos.
Sangre
de Cristo, fuerza de los mártires, sálvanos.
Sangre
de Cristo, virtud de los confesores, sálvanos.
Sangre
de Cristo, fuente de virginidad, sálvanos.
Sangre
de Cristo sostén de los que están en peligro, sálvanos.
Sangre
de Cristo, alivio de los que sufren, sálvanos.
Sangre
de Cristo, consolación en las penas, sálvanos.
Sangre
de Cristo, espíritu de los penitentes, sálvanos.
Sangre
de Cristo, auxilio de los moribundos, sálvanos.
Sangre
de Cristo, paz y dulzura de los corazones, sálvanos.
Sangre
de Cristo, prenda de la vida eterna, sálvanos.
Sangre
de Cristo que libera a las almas del Purgatorio, sálvanos.
Sangre
de Cristo, digna de todo honor y de toda gloria, sálvanos.
Cordero
de Dios que quitas los pecados del mundo, perdónanos Señor. sálvanos.
Cordero
de Dios que quitas los pecados del mundo, escúchanos Señor. sálvanos.
Cordero
de Dios que quitas los pecados del mundo, ten piedad de nosotros. sálvanos.
V.
Nos rescataste, Señor,
R.
por tu Sangre preciosa.

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