sábado, 15 de enero de 2022


 

2022 AÑO C TIEMPO ORDINARIO II

En este segundo domingo del tiempo ordinario, asistimos a una fiesta en Caná de Galilea: Es una boda donde los novios no son los protagonistas; sino dos invitados, Jesús y María. El evangelio que hemos leído, entendido literalmente, no tiene ni pies ni cabeza. Es absurdo que Jesús saque de la chistera este regalo para los novios. No es un simple milagro, se trata de un signo que nos lleva a realidades profundas y decisivas para nuestra verdadera trasformación interior.

Es impensable que el mayordomo no hubiera previsto el vino suficiente, cuando era su principal cometido y encima increpe al novio por haber dado el vino malo al principio. Era él quien ordenaba qué vino se servía. No es normal que en una casa particular hubiera seis tinajas de cien litros, dedicadas a las purificaciones. Es difícil de entender que fuera una invitada la que se diera cuenta y se preocupara por solucionar el problema.

El punto que cambiará el rumbo de este acontecimiento es el vino que se está acabando. El vino en la Biblia es el símbolo del amor y de la alegría. Este banquete entró en crisis y narra, en metáfora, la crisis de amor entre Dios y la humanidad, una relación que se desgasta cansadamente, como el vino en las tinajas. Se necesita algo nuevo. Allí había seis tinajas de piedra vacías... hay que llenarlas de otras cosas, acabar con la religión de los ritos exteriores, de lavarse las manos como si se lavara el corazón; se necesita vino nuevo: pasar de la religión del exterior a la religión del interior, del corazón, vivir una religión del amor que enloquece, que engendra la alegría y la vida.

En Caná aparece el rostro nuevo de Dios: un Dios inesperado; que prefiere el hogar al templo; que no se encuentra en el santuario, en el desierto, en la montaña, sino en la mesa. Y participa del gozo de los hombres, lo aprueba, se alía con ellos, con el gozo muy humano, físico, sensible de vivir; con el simple y verdadero placer de amar. Nuestro cristianismo, que sufre demasiada tristeza, recibe en Caná un motivo de alegría.

María vive con atención lo que sucede a su alrededor: "No tienen vino": El vino se acabó; los esposos no tienen más, su fiesta está para terminar. Ante la respuesta brusca de Jesús, María decidida: Haced todo lo que él os diga. Estas son sus últimas palabras: No sólo escuchar a Jesús sino haced lo que diga, haced gesto y cuerpo, sangre y carne. Y se llenarán las tinajas vacías del corazón. Y la vida pasará de vacía a llena, de aburrida a florida.

¿Qué es una boda sin amor y alegría? ¿Qué podemos celebrar cuando estamos tristes y nuestro corazón está escaso y vacío de amor? Las palabras de María siguen siendo faro para todos aquellos que pasamos por momentos turbulentos que nos roban la paz y la alegría que sólo Dios nos puede dar: “Haced lo que él os diga”.  El vino bueno se deja para el final, nos está hablando de la singularidad de Jesús. Su mensaje es como ese vino excelente, capaz de reanimar una boda, capaz de devolver la Alegría al mundo. Amén

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