sábado, 7 de marzo de 2026


 


Tantas veces nos acercarnos a este pozo de Jacob, con el cántaro de nuestras dispersiones y carencias.

Quizá tú, Señor, que te has detenido, cansado, ante su brocal y sombra, detente ante nuestras resistencias, pues lo tuyo es derribar barreras y abrir puertas a la esperanza.

Quizá tu palabra, tan sorpresiva, cercana y clara, hagan emerger nuestro ser más hondo, relativizando tantas vanas ocurrencias.

Quizá tus ojos vivos y tu presencia acogedora, hagan que expresemos insatisfacciones, prejuicios y resistencias, recelos y carencias.

Deseos tenemos a manos llenas, aunque el corazón esté herido y las entrañas pisoteadas y yermas de tanta lágrima amarga derramada.

Hasta en seis ocasiones con decisión buscando abrazos y amores, pero llevamos a cuestas una vida rota y sin horizonte, llena de fracasos y sinsabores.

Ya no entendemos tu mensaje ni lo que nos mueve cada día a buscar el agua tan necesaria, por eso andamos perdidos y preguntamos cómo personas torpes.

Pero poco a poco tú nos cautivas y enamoras y te ganas nuestro herido corazón; y nosotros anhelamos, como nunca, el agua viva que brota de tu rostro y voz.

Nos sentimos amados, reconocidos y con una sed distinta; corremos hacia la aldea y anunciamos tu presencia que cura, alegra y da vida sólo con ser acogida unos días.

Amén

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