Tantas veces nos acercarnos
a este pozo de Jacob, con el cántaro de nuestras dispersiones y carencias.
Quizá tú, Señor, que te
has detenido, cansado, ante su brocal y sombra, detente ante nuestras
resistencias, pues lo tuyo es derribar barreras y abrir puertas a la esperanza.
Quizá tu palabra, tan
sorpresiva, cercana y clara, hagan emerger nuestro ser más hondo, relativizando
tantas vanas ocurrencias.
Quizá tus ojos vivos y
tu presencia acogedora, hagan que expresemos insatisfacciones, prejuicios y
resistencias, recelos y carencias.
Deseos tenemos a manos
llenas, aunque el corazón esté herido y las entrañas pisoteadas y yermas de tanta
lágrima amarga derramada.
Hasta en seis ocasiones
con decisión buscando abrazos y amores, pero llevamos a cuestas una vida rota y
sin horizonte, llena de fracasos y sinsabores.
Ya no entendemos tu
mensaje ni lo que nos mueve cada día a buscar el agua tan necesaria, por eso
andamos perdidos y preguntamos cómo personas torpes.
Pero poco a poco tú nos
cautivas y enamoras y te ganas nuestro herido corazón; y nosotros anhelamos,
como nunca, el agua viva que brota de tu rostro y voz.
Nos sentimos amados, reconocidos
y con una sed distinta; corremos hacia la aldea y anunciamos tu presencia que
cura, alegra y da vida sólo con ser acogida unos días.
Amén

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