sábado, 13 de junio de 2026


 

2026 CICLO A

TIEMPO ORDINARIO XI

 

Es muy interesante la forma como comienza el Evangelio: al ver a la multitud, se compadecía de ella, porque estaban cansados ​​y abatidos, como ovejas sin pastor . Jesús no tiene una mirada superficial sobre el pueblo, El es capaz de reconocer el dolor escondido, la soledad disimulada y el cansancio del alma.

Jesús no viene números, viene personas; no viene masas, viene historias. Y esa compasión no se queda como un sentimiento más, se convierte en misión, por eso dice: la mías es abundante, pero los obreros son pocos . El problema no es la falta de necesidad, sino la falta de corazones disponibles para responder. Y así, desde la compasión, surge la llamada y envío de los Doce.

Los envía frágiles, sin seguridades ni poder humano, porque el Evangelio no se sustenta en estrategias, sino por medio de testimonios. Pero advierte a los discípulos: gratis el recibiste, dadlo gratis .

Nuestro mundo vive saturado de ofertas, de discursos y de ruido, pero sigue con una profunda hambre de sentido. Hoy existen muchas multitud cansadas, personas agotadas por la prisa, heridas por relaciones rotas, desorientadas ante la vida y sean faltando testimonios que miren con compasión y se acerquen a la miseria humana.

Ser enviado no es sólo para algunos, es una vocación que toca a todos los creyentes. Allí donde estamos, en la familia, trabajo, comunidad, hay algo esperando. No se trata de hacer más cosas, sino de lanzar una mirada como la mirada de Jesús.

Así que el centro es claro: no podemos decir que seamos a Cristo si permanecemos indiferentes ante el sufrimiento de los demás. Jesús manda: Id y proclamamos que el reino de los cielos está cerca. Cuidado enfermos, resucitado muertos, limpiado leprosos, arrojado demonios. Gratis lo haya recibido, dadlo gratis .

Hoy es el día de nuestro ser comunidad, parroquia, con motivo de la fiesta de San Antonio. Ser parroquia va mucho más allá de un edificio o de un sitio donde se celebran sacramentos. La parroquia está llamada a ser una comunidad viva de personas que comparten la fe, se acompañan mutuamente y buscan hacer presente el amor de Dios en su entorno. Una comunidad cristiana nace cuando sus miembros se reconocen como hermanos y hermanas. No se trata únicamente de asistir a misa, sino de crear vínculos de cercanía, escucha y servicio. Cuando alguien sufre, la comunidad acompaña; cuando alguien se alegra, la comunidad celebra; cuando alguien se siente perdido, la comunidad acoge.

Una parroquia viva no espera que las personas leguen, sino que sale a su encuentro, siguiendo el ejemplo de san Antonio, que caminaba entre la gente y se acercaba a quienes estaban en los márgenes. La vida comunitaria también nos recuerda que la fe no se vive en soledad. Cada persona aporta sus mujeres, talentos y experiencias para enriquecer a los demás.

No hay comentarios:

Publicar un comentario