2026
CICLO A
TIEMPO
ORDINARIO XV
La Palabra es eficaz, así de un modo
explícito lo explica Isaías en la primera lectura de este domingo, al comparar
la Palabra de Dios con la lluvia y la nieve que fecundan y hacen germinar la
tierra. Y hay una frase especialmente interesante: Así será mi palabra
que sale de mi boca: no volverá a mí vacía. Es esperanzador escuchar
que las acciones del Señor, o la fuerza del Espíritu Santo son eficaces.
Aquí entra en juego el otro factor
necesario, la disposición del hombre que acoge la Palabra. Sin embargo, tengamos
presente que siempre lo que cae del cielo queda en la tierra.
En el Evangelio constata una realidad
fundamental: la gente busca a Jesús. Hay algo en su persona, en su
palabra y en su forma de tratar a las personas que lo distingue de los
referentes religiosos de su tiempo, que solamente le recordaban al pueblo su
imposibilidad de acceder a Dios.
También Jesús dedica tiempo para estar
con ellos y los acoge cordialmente, les dirige su palabra y les revela un nuevo
rostro de Dios y llama a la conversión. El encuentro con Jesús es un verdadero
espacio de gracia, de misericordia y de sanación.
Jesús quiere llegar al corazón y usa
parábolas, ejemplos sencillos de vida que todos pueden entender y no de normas
rígidas y estrechas. Jesús usa parábolas para captar la atención de sus
interlocutores y apuesta por el proceso interior que cada persona puede hacer
si deja crecer la Palabra en su corazón; parte de una realidad fundamental: el
hombre es «tierra buena» por esencia. Todo lo que siembra en su corazón siempre
produce fruto.
El Sembrador siempre tiene una esperanza
en la siembra, ya que confía en el potencial de vida que tiene la tierra. Pero
si la tierra no está suficientemente cuidada o abonada, la semilla no puede hacer
un milagro. Sólo cuando se toma en serio la vida, se hace lo necesarios para
cuidar el espacio donde ella pueda germinar y dar fruto pleno y abundante.
El borde del camino, el terreno
pedregoso, los abrojos y la tierra buena son espacios del corazón donde puede
caer la Palabra de Dios. Por eso, la parábola del sembrador contiene no solo
una explicación sobre los distintos tipos de tierra en los que puede caer la
semilla, sino también un mensaje de ánimo hacia los misioneros,
predicadores, catequistas, padres, que pueden verse invadidos por un desánimo o
por un sentimiento de culpabilidad o de fracaso al ver que tras años de siembra
no parece recogerse fruto alguno.
No olvidemos la otra cara de la moneda:
ciertamente la Palabra de Dios es eficaz y la salvación del hombre ha sido
llevada a cabo. Pero el Maligno sigue actuando, tratando de distraernos de
nuestra verdadera finalidad y ofreciendo alternativas muy atractivas y con el
peligro de desviarnos.
Casi sin darnos cuenta podemos llegar a
pensar que el evangelio ha perdido su anterior vitalidad, y el mensaje de Jesús
no tiene ya garra ni fuerza de convicción para el hombre moderno. En cualquier
caso, los creyentes hemos de recordar que no es momento de cosechar,
sino hora de sembrar con fe en la fuerza renovadora que se encierra en el
evangelio.

No hay comentarios:
Publicar un comentario