domingo, 20 de septiembre de 2020

2020 AÑO A TIEMPO ORDINARIO XXV

El evangelio de hoy, una vez más, rompe nuestra lógica. Jesús trata de explicar en qué consiste el reinado de Dios que viene a anunciar y a instaurar y nos descoloca por completo.

Intentamos situarnos en el contexto: la mayoría de los campesinos eran asalariados, el trabajo era muy duro, los que se ofrecían como jornaleros no tenían muchos medios de subsistencia, ni derechos, ni salarios mínimos, ni nada parecido. Jesús aprovecha esa realidad para explicar cómo es la misericordia de Dios. Sus planes son muchas veces desconcertantes e incomprensibles para nosotros.

La parábola del terrateniente que sale de la casa al amanecer y desde las primeras luces del día deambula por el pueblo en busca de jornaleros. Y volverá cuatro veces más, cada dos horas, siempre que haya luz. Sin embargo, algo extraño sucede cuando sale casi al finalizar el día a contratar más. Esto indica que le interesa más las personas y su dignidad que su viña, quiere recuperarlas, que se sientan útiles, el ser humano es más interesante que las ganancias.

Pero vayamos al corazón de la parábola, la paga. Varios gestos inquietantes:

- Empezar a pagar por los últimos.

- Pagar lo mismo al de la ultima hora que al de la primera. Aquellos que han soportado la peor parte del calor y la fatiga esperan con razón un suplemento

- No estoy haciendo nada malo ni te trajo con injusticia, en definitiva, dice que no te estoy quitando nada. No quita, sino que agrega a los últimos; no es injusto sino generoso. Y esto crea vértigo en nuestra mentalidad, un poco mercantil.

- Nos lanza a todos a una aventura desconocida: la de una economía solidaria, una economía de donación, de solidaridad, de cuidar el eslabón débil, para que la cadena no se rompa. Es la aventura del bien: el maestro envuelve la justicia con caridad y la perfuma.

La justicia humana es dar a cada uno lo suyo, la justicia de Dios es dar a cada uno lo mejor.

Esto nos abre a la confianza total y absoluta. Estemos convencidos que el Señor volverá a por nosotros, aunque sea a la ultima hora de la tarde.

Cuando seguimos a Jesús y nos ponemos manos a la obra en la tarea de construir su reino, no importan los méritos, quién hace más o menos, quién tiene más o menos capacidades, es más erudito o más habilidoso, más fuerte o más delicado… lo importante es no estar parados e ir a trabajar a la viña del Señor: la viña de la solidaridad, de los enfermos, de los que están solos, de la juventud, del cuidado de nuestro mundo, de los inmigrantes y los pueblos oprimidos del sur, ahí hay viña para todos.

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