lunes, 14 de septiembre de 2020

15 DE SEPTIEMBRE

FESTIVIDAD DE LA VIRGEN DE LOS DOLORES

 

La presencia de María la madre de Jesús en el calvario y de la muerte del hijo motiva la celebración de esta fiesta. Para los siervos de María la celebramos como nuestra patrona, la imagen inspiradora de vida.

Desde el punto de vista humano y afectivo para una madre es cruel ver morir al fruto de sus entrañas. Cruel para los dos. La presencia de la madre en el calvario era una doble fuente de dulzura y dolor. Para Cristo tuvo que ser un consuelo sereno sentirse acompañado por ella, pero también fuente de enorme dolor compartir el sufrimiento de su madre.

María se mantuvo alejada de la vida pública de Jesús, sin embargo, es asombroso ver esta proximidad en la hora de la cruz. Evidentemente esta presencia tiene un sentido más profundo que el de la pura compañía. Dios se vale de muchos motivos para conducirnos hacia donde él espera que estemos. 

Juan, el discípulo amado, nos trasmite las últimas palabras que Jesús dice a su madre, unas palabras dedicadas a la parte más íntima del corazón de madre, que se verá misteriosamente ensanchado. “Ahí tienes a tu madre, ahí tienes a tu hijo”.

Aquel pequeño grupo al pie de la cruz, aquella Iglesia naciente, estaba allí por algo más que por simples razones afectivas. Nos muestra a María unida a Jesús, no sólo a su sufrimiento y dolor, sino también a su misión. Hasta entonces ese puesto y esa misión habían permanecido como en la penumbra. Ahora en la cruz se aclararán para la eternidad. Esta es la hora, este el momento en que María ocupa su papel con pleno derecho en la obra redentora de Jesús. Y entra en la misión de su hijo con el mismo oficio que tuviera en su origen: el de madre.

Ese es el gran legado que Cristo concede desde la cruz a la humanidad. Esa es la gran tarea que, a la hora de la gran verdad, se encomienda a María. Es como una segunda anunciación. Y ella acepta. Aceptó, hace ya treinta años, cuando dijo aquel “fiat”.

La imagen de María al pie de la cruz nos muestra de una manera palpable la fidelidad de María: Porque ser fiel es difícil, siempre. La fidelidad requiere capacidad creadora, atención, detalle. Cuidar la fidelidad día a día es una tarea digna del ser humano: La fidelidad perdona setenta veces siete; la fidelidad se alimenta con la confianza; se enciende con el amor; se consolida con el diálogo, el encuentro; se robustece con el olvido de sí para diluirse…

La fidelidad nos hace vivir “centrados”. Vivir es moverse y constituirse en torno a un centro. Se encuentra un centro cuando uno halla su vocación y se compromete con ella. Desde ese centro  se organiza la vida, la ordena, le da consistencia.

-          Virgen de los Dolores.

-          Ruega por nosotros.

 

No hay comentarios:

Publicar un comentario