sábado, 5 de febrero de 2022


 

2022 AÑO C TIEMPO ORDINARIO V

 Las lecturas de este domingo V nos vienen a lanzar una pregunta en clave de Dios. Dios tiene un proyecto y un plan, un sueño, para cada uno de nosotros. Planes, proyectos y sueños que cargan de sentido nuestro tiempo, nuestros esfuerzos, nuestro proyecto vital y nuestro día a día. Planes que nos hacen sus colaboradores para que su presencia de sentido llegue a todos.

Curioso que la historia de Jesús con sus discípulos empiece con las redes vacías, las barcas varadas en la arena. No desde el templo, sino desde el lago de Generaset. El Señor nos sale al encuentro y nos vuelve a elegir, como a los cuatro primeros, quizás precisamente por esa debilidad que conocemos bien. Fingir que no tenemos lesiones o una historia accidentada nos convierte en comediantes de la vida. Si uno ha vivido, tiene heridas. Si uno es verdadero, tiene debilidades y crisis. Y allí nos llega su voz: Echad las redes. Pedro, no hace caso a las redes vacías y obedece a un sueño. Al darse cuenta de la pesca reconoce que no es puro: Apártate de mí, que soy pecador. Sin embargo, el gran Pescador no lo juzga, pero tampoco lo absuelve, sino que lo lleva a otro nivel, lejos del esquema del pecado y hacia el paradigma del bien futuro: serás pescador de hombres.

No tengamos miedo al vacío de ayer, sino preocupémonos el posible bien de mañana. Jesús levanta, da confianza, consuela la vida y luego la empuja hacia algo más: desde ahora serás... y es la vida la que vuelve a empezar.

Nadie está sin talentos, sin barca, al menos una balsa. Y Jesús también se sube a mi barca. Se sube a la barca de mi vida que está vacía, que he varado a tierra, que cuando está en alta mar se balancea temerosa, y me ruega que me vaya con lo poco que tengo, con lo poco que sé hacer, y me confía un nuevo mar.

El milagro no está en la extraordinaria pesca y las barcas llenas de pescado; no está en las barcas abandonadas en la orilla, todavía cargadas con su pequeño tesoro. El gran milagro es que Jesús no se deja impresionar por mis defectos, no tiene miedo de mi pecado, y en cambio quiere subirse a mi barca, ser mi huésped más que mi señor.

Y, habiendo abandonado todo, lo siguieron. Tenían trabajo, una pequeña empresa pesquera, una familia, salud, el Libro de la Ley y la sinagoga, todo lo que necesitaban para vivir. Sin embargo, algo les faltaba. Y no era una moral más noble, ni doctrinas más altas. Faltaba un sueño. Jesús es el guardián de los sueños de la humanidad. Nos ofrece el sueño de nuevos cielos y una nueva tierra, donde todos somos hermanos, una vida indestructible y feliz. Amén

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