sábado, 30 de julio de 2022


 

2022 AÑO C TIEMPO ORDINARIO XVIII

 

La campaña de un hombre rico había dado una abundante cosecha: una doble bendición según la Biblia, pero todo está corroído. Escuchas la parábola y ves que el telón de fondo de la historia está vacío. El rico está solo, encerrado en el círculo amurallado de su ego, obsesionado por la lógica de la acumulación, con un solo adjetivo en su vocabulario: "mi", mis cosechas, mis almacenes, mis posesiones, mi vida, mi alma.

No entran en escena otros personajes, ni nombres, ni caras, ni nadie en la casa, ni en la puerta, ni en el corazón. Una vida desoladamente vacía, de la que incluso Dios está ausente, sustituido por el ídolo de la acumulación. El acumulador nunca tiene suficiente. Invierte en almacenes y graneros y no sabe jugar en la mesa de las relaciones humanas, la única garantía de la felicidad. Aquí está el drama de su vida: la soledad total.

Los ídolos acaban devorando a sus propios devotos. Engañándolos: Alma mía tienes muchos bienes para muchos años, diviértete y disfruta de la vida. El error no está en querer disfrutar la vida, estamos llamados a la búsqueda incesante de la felicidad. La felicidad no puede ser nunca solitaria, y siempre tiene que ver con el dar.

El rico se ha quedado atrofiado en el afán de poseer, no sabe que significa el don y las relaciones: Necio, esta misma noche. Necio si, porque vacío de rostros, sólo vive una larga muerte Porque el corazón solitario se enferma; aislado, muere. Así uno engendra su propia muerte. Porque: esta misma noche se te pedirá tu vida .... Estar vivo mañana no es un derecho, es un milagro. Volver a ver el sol y los rostros queridos por la mañana, no es algo obvio ni debido, es un regalo. Y que mañana los miles de millones de células de mi cuerpo sigan todas conectadas, coordinadas y solidarias es un milagro no merecido.

La pregunta definitiva, la única que queda cuando ya no queda nada, es la siguiente: después de tu paso, detrás de ti, en tu mundo, ¿queda más vida o menos vida? Que dejamos a nuestro alrededor, cariño, amistad, fraternidad o soledad, violencia, venganza….

La parábola nos recuerda dos sencillas leyes evangélicas referente a la economía, y que trastocan las reglas del juego, y que son: 1º no acaparar; 2º compartir los bienes y los dones.

Ante Dios somos ricos sólo en lo que hemos compartido; somos ricos en uno, en muchos vasos de agua fresca dados; en uno, en cien pasos dados con los que tenían miedo de estar solos; somos ricos en un corazón que ha perdonado siete veces, setenta veces siete, etc…

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