miércoles, 6 de julio de 2022


 

2022 julio ADORACIÓN EUCARISTICA: 

El fuego en la cabaña 

 

En esta tarde calurosa de este mes veraniego venimos ante tu altar Señor sacramentado para contemplarte y mirarte con los ojos de nuestro corazón. Somos tan frágiles en ciertos momentos, pero levantamos la vista hacia ti, para sentir tu fuerza y apoyo incondicional. Nunca podremos sentirnos solos porque tu presencia está asegurada y confiamos plenamente en ti. Pero como ocurre en la vida y en la naturaleza, siempre está más oscuro antes del amanecer. Las cosas que nos suceden negativas, a lo mejor, es por un bien mayor y de las pruebas y sufrimientos salimos más reforzados y más autónomos y con mucha energía y ánimo vital. 

Oigamos lo que aconteció. El fuego en la cabaña

Una vez hubo un hombre que naufragó y quedó varado en una isla. Todos los días oraba para pedirle a Dios que enviara a alguien a rescatarlo, pero, para su decepción, nadie vino nunca. 

Pasaron los meses y este hombre aprendió a sobrevivir en la isla. Durante este tiempo, acumuló cosas de la isla y las almacenó en una choza que construyó. Un día después de buscar comida y regresar a su cabaña, para su consternación vio que su cabaña estaba en llamas junto con todo lo demás que tenía. 

¡Todas sus posesiones se estaban convirtiendo en humo! Lo único que le quedaba era la ropa que llevaba puesta. Inicialmente, estaba en estado de shock, ¡y luego lo consumió la ira y la rabia! 

En su furia, lanzó un puño al aire y comenzó a maldecir a Dios y a gritar: “Dios, ¿Cómo pudiste permitir que me pasara esto? He estado orando todos los días durante meses por ser rescatado y nadie ha venido, ¡y ahora todo lo que tengo está en llamas! ¡Cómo pudiste hacerme esto! ¿Por qué dejaste que esto sucediera? “ 

Más tarde, el hombre estaba sobre manos y rodillas llorando profundamente Abrumado y desconsolado, se quedó dormido sobre la arena. De pronto el sonido de la sirena de un barco que se acercaba a la isla lo despertó. Venían a rescatarlo. Cuando por fin llegó a la cubierta del barco, y se dirigían de regreso a la civilización, el hombre le preguntó al capitán: “¿Cómo pudiste encontrarme?” 

El capitán respondió: “Estábamos cruzando el océano cuando notamos en el horizonte una columna de humo que se elevaba. Decidimos ir a verlo y cuando lo hicimos, ¡fue cuando te encontramos! 

Es fácil enojarse cuando las cosas van mal, pero no debemos perder la paciencia, porque Dios está trabajando en nuestras vidas y a su hora se va a manifestar. El tiempo de Dios no es el nuestro, su ritmo y sus caminos son distintos a nuestro ritmo y a nuestros caminos. Él sabe cuándo llegará el momento para dar el salto y manifestarse de manera efectiva y veraz.

En medio de las penas y del sufrimiento, recordemos que si nuestra pequeña choza se quema....  puede ser simplemente una señal de humo que surge de la GRACIA de Dios. Dios se vale de todos los elementos para salvarnos, pero sobre todo permite los sufrimientos y sin sabores para fortificarnos, para que salgamos más robustos de las penalidades de la vida. Y nos enseña siempre a confiar y a no perder la esperanza.

Si echamos la vista atrás, vemos que nuestros momentos más difíciles nos han permitido convertirnos en personas mucho más fuertes. Todo ayuda para el bien como dice la cata a los romanos. En nuestros momentos de incertidumbre y debilidad podemos vaciar nuestro corazón delante de Dios y llevar nuestras luchas ante él, será un remedio impensable. Aun en medio de la tristeza más profunda podemos confiar en Dios y en su bondad.

El Espíritu Santo que mora en nosotros intercede con intensidad a nuestro favor cuando nuestra oración consiste solo de lágrimas. Nos afirma sobre quiénes somos en Dios gracias a lo que él ha hecho. Nos da paz y nos recuerda que Dios obrará de acuerdo con su voluntad. Es gracias a este conocimiento y a esta certeza que podemos vivir en confianza. Amén

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