miércoles, 27 de julio de 2022

2022 julio MEDITACION EUCARISTICA:

 LA ANCIANA MENDIGA

 

Nos hemos reunido delante de Jesús eucaristía para pasar un momento de meditación, de silencio y contemplación. Estos ratos pasados contigo Señor nos ayudan a ser más consientes, nos animan para que retomemos el camino de la vida con más vigor y energía. Necesitamos notar y sentir que tú nos acompañas por la vida y que contigo podremos afrontar todos los problemas y dificultades que nos depara la vida. Pero necesitamos fe y confianza. Creer de verdad que tú eres el Dios con nosotros, que no se aparta jamás de nuestro lado. Oigamos esta edificante historia. LA ANCIANA MENDIGA, (o el poder de la fe): Hacía mucho tiempo que la ermita del santo Cristo de la fe, muchas personas iban a su templo para dejar sus ofrendas. Pero vivía por entonces una anciana mendiga que no tenía nada para llevar. Y lo cierto es que deseaba tanto poder hacer una ofrenda que decidió pedir limosna un día y sacrificar su comida a cambio de unas pocas monedas. Con ellas compró una pequeña lámpara de aceite. El dinero no le daba para nada más.

Ilusionada, llegó al templo y encendió su lamparita. La colocó junto al resto, todas más grandes, y dijo en voz alta:

- Perdona, Señor, por no poder traerte nada más. Es todo lo que tengo, pero deseo que esta pequeña luz pueda ser bendecida con el don de la sabiduría para poder hacer felices a otros e iluminar su camino.

Durante esa noche, todas las lámparas se fueron apagando. Todas, menos una, la de la anciana. Uno de los jóvenes ermitaños, al ver a la mañana siguiente que estaba encendida, quiso apagarla. Pensó que no había razón para que estuviera encendida durante el día. Pero por más que intentó apagarla, no lo consiguió. Ni soplando, ni apretando la mecha… La llama volvía a surgir de nuevo. Entonces se acercó el Maestro del convento y le dijo:

- ¿Qué haces? – Intento apagar esta lámpara, pero no lo consigo…

- No lo lograrás nunca. Ni aunque derrames sobre ella toda el agua del océano, ni aunque traigas hasta aquí el agua de todos los lagos. No podrás apagarla jamás.

-  Pero… ¿por qué? preguntó extrañado el discípulo.

- Porque esta lámpara fue encendida con el poder del amor, con la devoción y la ilusión, con la intención de hacer felices a otros.

Cada vez que intentamos proporcionar felicidad a otros, nos proporcionamos felicidad a nosotros mismos»

Que importante es el valor de la generosidad, hacerlo todo con amor y confianza, la fe mueve montañas, nos abre miles posibilidades para progresar en nuestra vida y hacer un poco mejores a los que nos rodean.

Señor Jesús también nos damos cuenta de la importancia de la devoción e ilusión que depositamos en nuestros deseos y actos. Siempre y cuando sean actos y deseos para favorecer que en el mundo haya más bondad, más justicia, más generosidad. Es lo que tú nos dijiste tantas veces y que nosotros nos cuesta entender: todo lo que hacemos en favor de los demás volverá a nosotros con creces. Todo lo que das de corazón te será devuelto. De ahí que aquel que busque la felicidad de los otros, será feliz.

Como si fuera un bumerán, según sean nuestras acciones, así será lo que recibamos. Esta historia de la anciana mendiga nos dice que para lograr la felicidad y paz interior debemos buscar la felicidad de otros, mientras que, si se busca molestar o agraviar a otros, recibiremos lo mismo y nunca podremos ser felices ni encontraremos la paz.

Tantas veces nos damos cuenta que los actos en sí no son importantes. Lo que da importancia a nuestros actos es la ilusión y devoción con la que se planean y ejecutan. Por sí solo un regalo no tiene valor. Lo que le da valor es la ilusión con la que se da y se recibe.

Lo que realmente da importancia a nuestros actos es la fe y la ilusión con la que se llevan a cabo.

Por mucho que deseemos algo, no se cumplirá si no nos ponemos manos a la obra. Los deseos y las metas deben buscarse mediante actitudes, comportamientos y acciones. No solo por desear algo se cumplirá. Los deseos no se cumplen sin más. Necesitan de nuestro esfuerzo y sacrificio. Amén.

 

 

No hay comentarios:

Publicar un comentario