MEDITACIÓN
EUCARISTICA:
LA
INVISIBILIDAD
Señor
Jesús sacramentado, junto a ti estamos realizando este camino cuaresmal y nos
preocupa mucho no estar a la altura de lo que tú esperas de nosotros. El trato contigo,
pero sobre todo con los hermanos nos resistimos. Escuchemos esta historia de s.
Pablo:
El
primer día de la semana, nos reunimos para la fracción del pan; Pablo les
estuvo hablando y, como iba a marcharse al día siguiente, prolongó el discurso
hasta medianoche. Había lámparas en abundancia en la sala de arriba, donde
estábamos reunidos. Un muchacho, de nombre Eutiquio, estaba sentado en la
ventana. Mientras Pablo alargaba su discurso, al muchacho le iba entrando un
sueño cada vez más pesado; al final, vencido por el sueño, se cayó del tercer
piso abajo. Lo recogieron ya muerto, pero Pablo bajó, se echó sobre él y,
abrazándolo, dijo: “No os alarméis, sigue con vida”. Volvió a subir, partió el
pan y lo comió. Estuvo conversando largamente hasta el alba y, por fin, se
marchó. Por lo que hace al muchacho, lo trajeron vivo, con gran consuelo de
todos”. (Hechos
20,7-12)
Cuando
Eutiquio se quedó dormido, la parte más fuerte no es la caída, es que nadie la
vio venir. El lugar estaba lleno. Era una reunión importante. Estaba predicando
Pablo de Tarso. Había ambiente espiritual. Había enseñanza profunda. Había
gente apasionada escuchando. Y en medio de todo eso… un joven se estaba
apagando. Pero nadie lo notó.
No
dice que alguien le preguntó si estaba bien. No dice que alguien lo movió de
lugar. No dice que alguien vio su cabeza caer lentamente. Solo dice que se
quedó profundamente dormido…y cayó. Tres pisos. Eso es lo que duele de la
historia. No cayó en la calle. No cayó lejos. Cayó en medio de una reunión de
fe. Y nadie lo sostuvo antes.
Cuántas
veces pasa así. En casa. En la iglesia. En el trabajo. En el grupo de amigos. Todo
parece estar bien. La reunión sigue. La música suena. La conversación fluye. El
mensaje continúa. Y alguien, en silencio, se está cansando. Es el hijo que ya
no habla tanto como antes. Es la esposa que sonríe, pero ya no brilla igual. Es
el líder que sirve fielmente, pero está exhausto. Es el amigo que se ríe en
público y llora en privado. No siempre las personas “caen” por rebeldía. A
veces se duermen del cansancio. De la presión. De la carga que no compartieron.
Y
lo más peligroso no es el sueño. Es la invisibilidad. Eutiquio no gritó antes
de caer. Se fue quedando dormido poco a poco. Así pasa hoy. Nadie anuncia: Estoy
a punto de rendirme. Simplemente se apagan despacio. Y aquí viene lo que
confronta: Estamos tan enfocados en lo que se está diciendo, que a veces no
vemos lo que se está viviendo. Tan atentos al mensaje, que olvidamos mirar a
las personas.
Pero
cuando Eutiquio cae, Pablo detiene todo. Baja. No delega. No ignora. No dice: Seguid
cantando. Desciende. Lo abraza. Y declara vida.
Eso
es liderazgo verdadero. Eso es amor real. Porque no basta con predicar arriba si
no estás dispuesto a bajar cuando alguien cae. Y aquí es donde la historia deja
de ser antigua.
Tal
vez en nuestras casas hay alguien sentado en una ventana. Callado. Cansado.
Distraído. Desconectándose poco a poco. Y no lo has notado. Tal vez a tu
alrededor hay alguien funcionando en automático. Tal vez en tu iglesia hay
alguien sirviendo mientras se desmorona por dentro. Tal vez en tu propia
familia hay alguien al borde… y todos creen que está bien.
La
pregunta no es solo: ¿Quién va a levantar al que cayó? La pregunta es: ¿Quién
va a notar al que se está quedando dormido? Porque cuando prestamos atención,
muchas caídas se pueden evitar. Un mensaje. Una conversación honesta. Un ¿de
verdad estás bien? Un abrazo a tiempo. Después del milagro, el joven volvió
a subir. La reunión continuó. La vida siguió.
Pero
esa noche todos entendieron algo: No se trata solo de lo que se predica. Se
trata de a quién estás mirando mientras predicas. Y tal vez hoy el Espíritu no
te está diciendo: Ten más fe. Tal vez te está diciendo: Mira mejor.
Qerido
Jesús sabemos que a veces el mayor milagro no es resucitar al que cayó. Es
notar al que está a punto de hacerlo. Amén.

No hay comentarios:
Publicar un comentario