miércoles, 11 de marzo de 2026


 

MEDITACIÓN EUCARISTICA:

LA INVISIBILIDAD

Señor Jesús sacramentado, junto a ti estamos realizando este camino cuaresmal y nos preocupa mucho no estar a la altura de lo que tú esperas de nosotros. El trato contigo, pero sobre todo con los hermanos nos resistimos. Escuchemos esta historia de s. Pablo:

El primer día de la semana, nos reunimos para la fracción del pan; Pablo les estuvo hablando y, como iba a marcharse al día siguiente, prolongó el discurso hasta medianoche. Había lámparas en abundancia en la sala de arriba, donde estábamos reunidos. Un muchacho, de nombre Eutiquio, estaba sentado en la ventana. Mientras Pablo alargaba su discurso, al muchacho le iba entrando un sueño cada vez más pesado; al final, vencido por el sueño, se cayó del tercer piso abajo. Lo recogieron ya muerto, pero Pablo bajó, se echó sobre él y, abrazándolo, dijo: “No os alarméis, sigue con vida”. Volvió a subir, partió el pan y lo comió. Estuvo conversando largamente hasta el alba y, por fin, se marchó. Por lo que hace al muchacho, lo trajeron vivo, con gran consuelo de todos”. (Hechos 20,7-12)

Cuando Eutiquio se quedó dormido, la parte más fuerte no es la caída, es que nadie la vio venir. El lugar estaba lleno. Era una reunión importante. Estaba predicando Pablo de Tarso. Había ambiente espiritual. Había enseñanza profunda. Había gente apasionada escuchando. Y en medio de todo eso… un joven se estaba apagando. Pero nadie lo notó.

No dice que alguien le preguntó si estaba bien. No dice que alguien lo movió de lugar. No dice que alguien vio su cabeza caer lentamente. Solo dice que se quedó profundamente dormido…y cayó. Tres pisos. Eso es lo que duele de la historia. No cayó en la calle. No cayó lejos. Cayó en medio de una reunión de fe. Y nadie lo sostuvo antes.

Cuántas veces pasa así. En casa. En la iglesia. En el trabajo. En el grupo de amigos. Todo parece estar bien. La reunión sigue. La música suena. La conversación fluye. El mensaje continúa. Y alguien, en silencio, se está cansando. Es el hijo que ya no habla tanto como antes. Es la esposa que sonríe, pero ya no brilla igual. Es el líder que sirve fielmente, pero está exhausto. Es el amigo que se ríe en público y llora en privado. No siempre las personas “caen” por rebeldía. A veces se duermen del cansancio. De la presión. De la carga que no compartieron.

Y lo más peligroso no es el sueño. Es la invisibilidad. Eutiquio no gritó antes de caer. Se fue quedando dormido poco a poco. Así pasa hoy. Nadie anuncia: Estoy a punto de rendirme. Simplemente se apagan despacio. Y aquí viene lo que confronta: Estamos tan enfocados en lo que se está diciendo, que a veces no vemos lo que se está viviendo. Tan atentos al mensaje, que olvidamos mirar a las personas.

Pero cuando Eutiquio cae, Pablo detiene todo. Baja. No delega. No ignora. No dice: Seguid cantando. Desciende. Lo abraza. Y declara vida.

Eso es liderazgo verdadero. Eso es amor real. Porque no basta con predicar arriba si no estás dispuesto a bajar cuando alguien cae. Y aquí es donde la historia deja de ser antigua.

Tal vez en nuestras casas hay alguien sentado en una ventana. Callado. Cansado. Distraído. Desconectándose poco a poco. Y no lo has notado. Tal vez a tu alrededor hay alguien funcionando en automático. Tal vez en tu iglesia hay alguien sirviendo mientras se desmorona por dentro. Tal vez en tu propia familia hay alguien al borde… y todos creen que está bien.

La pregunta no es solo: ¿Quién va a levantar al que cayó? La pregunta es: ¿Quién va a notar al que se está quedando dormido? Porque cuando prestamos atención, muchas caídas se pueden evitar. Un mensaje. Una conversación honesta. Un ¿de verdad estás bien? Un abrazo a tiempo. Después del milagro, el joven volvió a subir. La reunión continuó. La vida siguió.

Pero esa noche todos entendieron algo: No se trata solo de lo que se predica. Se trata de a quién estás mirando mientras predicas. Y tal vez hoy el Espíritu no te está diciendo: Ten más fe. Tal vez te está diciendo: Mira mejor.

Qerido Jesús sabemos que a veces el mayor milagro no es resucitar al que cayó. Es notar al que está a punto de hacerlo. Amén.

No hay comentarios:

Publicar un comentario