sábado, 20 de junio de 2026


 

2026 CICLO A TIEMPO ORDINARIO XII

El domingo pasado vimos la elección de los doce discípulos y los envió a anuncia la buena nueva con pura gratuidad. Este domingo el evangelio lo podemos dividir en dos bloques: no tener miedo y tener valor para confesar a Jesús Ni miedo a hablar, ni miedo a morir, y valor de confesar a Jesús.

- No tengáis miedo a hablar ni a morir. Jesús nos lo pide hoy hasta tres veces. En la primera («nada hay encubierto que no llegue a descubrirse») pide que sus seguidores hablen a plena luz y pregonen desde las azoteas. La nuestra es la hora del anuncio del Reino de Dios, la hora de una Iglesia en salida, sin miedos ni complejos.

La segunda vez («temed al que puede llevar a la perdición alma y cuerpo») llama a no tener miedo a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma. Siempre la predicación del Evangelio es mayor que la voz que la proclama; a esta podrán callarla, pero el anuncio se repetirá en otras gargantas.

La tercera vez («valéis más vosotros que muchos gorriones») explica que ni uno de ellos cae al suelo sin que lo disponga el Padre. En la misión de la Iglesia ya no caben posturas pasivas ni indiferentes; todos, hacemos camino juntos (sinodalidad). Al recordarnos el valor que todos y cada uno tenemos, Jesús cuestiona la manera de ser Iglesia que siguen practicando muchos cristianos y pide mayor confianza en el Padre providente. La misión pastoral la hemos recibido todos del Señor, y Dios no abandona a los discípulos de su Hijo.

- El segundo bloque trata un tema algo distinto: el peligro no consiste ahora en callar sino en negar a Jesús. Nos avisa que se comportará con nosotros igual que nosotros nos portemos con él. Recordemos la máxima: “La medida que uséis, la usarán con vosotros”.

Cuando Jesús nos pide hoy no tener miedo se refiere a los miedos que nos pueden surgir a la hora de proclamar el Evangelio y de seguirle a él. Y nos pone las cosas bien claras: «Si uno se pone de mi parte ante los hombres, yo también me pondré de su parte ante mi Padre del cielo. Y, si uno me niega ante los hombres, yo también lo negaré ante mi Padre del cielo».

Hay personas que viven hoy según criterios distintos de los que los cristianos tenemos por nuestros. Los cristianos debemos tener muy claro qué valores defendemos y a los que no hay que renunciar. El cristianismo hemos de vivirlo con el testimonio personal y diario.

Sin embargo, pervive un cristianismo acomodado a los criterios de la sociedad y que rebaja sus exigencias para que no resulten estridentes. Un cristianismo privado, intimista, alejado de cualquier compromiso en la vida pública. Un cristianismo cultual, que no logra ser el que dé sentido a nuestros intereses, opciones, pensamientos, acciones. Un cristianismo sociológico, basado en tradiciones y costumbres, pero en el que falta una clara opción personal por seguir a Jesucristo. Jesús pide hoy que más bien seamos sal, luz y sabor en un mundo que necesita que se le hable de Dios en pleno día y desde las azoteas.

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