sábado, 11 de diciembre de 2021


 

2021 AÑO C 

TIEMPO DE ADVIENTO III

 

Alrededor de Juan el bautista se amontonaba la gente, todos tenían necesidad de palabras de vida, de conversión, de cambio. Juan no estaba en el templo sino en el desierto. Acudían gente corriente, recaudadores de impuestos, soldados; Realizaban una sola pregunta, no de teología ni doctrina, sino que va directo al corazón de la vida: ¿qué debemos hacer? Porque la vida no puede ser solo trabajar, comer, dormir y luego volver a trabajar.

¿Qué debemos hacer? Juan no pide a la gente que vayan a orar al templo, ofrezcan sacrificios o depositen limosnas en el Tesoro. Les pide que sean justos y misericordiosos en su trato con los demás, especialmente con los más pobres. Todos necesitamos algo que está más allá de nosotros, una llamada o inquietud, una utopía. En el ser humano existe una sed, un deseo mayor que no se conforma con lo que hay: por eso preguntan al profeta del desierto, ¿conoces el camino?

Juan responde no con elucubraciones y formas complicadas sino con cosas cotidianas, porque el cómo tratemos a los hombres llega a Dios, la forma en que tratamos a Dios llega a los hombres. Juan responde enumerando tres consejos prácticos, simples y factibles, al alcance de todos:

- Primer consejo: quien tenga dos túnicas, que dé una a quien no tenga ninguna, y quien tenga comida haga lo mismo. Una regla que por sí sola sería suficiente para cambiar el rostro y el grito del mundo. Juan abre la brecha de una nueva tierra: es cierto que, si pongo mi túnica y mi pan a disposición, no cambio el mundo y sus injustas estructuras, pero he inoculado la idea de que el hambre no es invencible, que el dolor de otros tiene fuerza sobre mí, que no abandono a los náufragos, que compartir es la forma más propia de lo humano.

- Segundo consejo: a los funcionarios públicos, tienen un rol, una autoridad: no exijáis nada más de lo que está fijado. Una regla tan simple que hasta parece factible, incluso practicable: la simple rebelión de los honestos: ¡al menos no robes!

- Tercer consejo: A los soldados, la policía de Herodes: tienen la fuerza de su lado, por eso pueden extorsionar y exigir regalos; dicen que defienden la ley y la violan: no se maltrata y no se extorsiona a nadie. No abuséis de la fuerza o la posición para ofender, humillar, hacer llorar, herir o robar dinero a la gente. Nada extraordinario.

Juan no dice "deja todo y ven al desierto"; sino cosas sencillas que cualquiera puede hacer: no acumular; si tienes, comparte; no robes y no uses la violencia.

El pasaje evangélico termina con una mirada hacia el horizonte: Uno más fuerte que yo viene y os bautizará en Espíritu Santo y fuego. Es más fuerte no porque se imponga a la fuerza, sino porque es el único que habla al corazón, un corazón que late en el fuego y está lleno de pura energía.

Jesús ha iluminado millones y millones de vidas, las ha iluminado y las ha hecho felices. Esto lo convierte en el más fuerte. Y el más querido.

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