miércoles, 15 de diciembre de 2021

2021 diciembre

 ADORACION EUCARISTICA,

 LOS ZAPATOS VIEJOS

En esta tarde delante de Jesús sacramentando y en este tiempo de adviento queremos disponer nuestro corazón para acercarnos a Jesús y sintiendo su calor podamos allanar los caminos y abajar los montes para que él pueda venir hasta nosotros.

Queremos que nuestra conversión sea autentica y verdadera. No conformémonos con algo superficial, un retoque de nuestra vida o un maquillaje de nuestros sentimientos. Vivir el adviento para mejor preparar la Navidad, la que se acerca de una manera definitiva y permanente. La Navidad donde se acoge al niño Dios que nace, a Jesús que nos ofrece la salvación y es la luz del mundo. Es el gran regalo de dios a la humanidad, a toda la humanidad. El Dios de la vida siempre da y nos ofrece lo mejor, en este tiempo nos da a su Hijo encarnado, que está con nosotros y estará siempre. Él nunca nos abandona. También Jesús a lo largo de su vida no enseñó a tener actitudes de bondad, de amor, de generosidad. Quien da es más feliz que el que recibe.

Oigamos esta historia.

LOS ZAPATOS VIEJOS: Un estudiante universitario salió un día a dar un paseo con un profesor, a quien los alumnos consideraban su gran amigo debido a su bondad para quienes seguían sus instrucciones.

Mientras caminaban, vieron en el camino un par de zapatos viejos y supusieron que pertenecían a un anciano que trabajaba en el campo de al lado y que estaba por terminar sus labores diarias.

El alumno dijo al profesor: Hagámosle una broma; escondamos los zapatos y ocultémonos detrás de esos arbustos para ver su cara cuando no los encuentre.

Mi querido alumno -le dijo el profesor-, nunca tenemos que divertirnos a expensas de los pobres.

Tú eres rico y puedes darle una alegría a este hombre. Coloca una moneda en cada zapato y luego nos ocultaremos para ver cómo reacciona cuando las encuentre.

Eso hizo y ambos se escondieron entre los arbustos cercanos. El hombre pobre, terminó sus tareas, y cruzó el terreno en busca de sus zapatos y su abrigo. Al ponerse el abrigo deslizó el pie en el zapato, pero al sentir algo adentro, se agachó para ver qué era y encontró la moneda. Pasmado, se preguntó qué podía haber pasado. Miró la moneda, le dio vuelta y la volvió a mirar. Luego miró a su alrededor, para todos lados, pero no veía a nadie. La guardó en el bolsillo y se puso el otro zapato; su sorpresa fue doble al encontrar la otra moneda.

Sus sentimientos lo sobrecogieron; cayó de rodillas y levantó la vista al cielo pronunciando un ferviente agradecimiento en voz alta, hablando de su esposa enferma y sin ayuda y de sus hijos que no tenían pan y que debido a una mano desconocida no morirían de hambre.

El estudiante quedó profundamente afectado y se le llenaron los ojos de lágrimas.

Ahora- dijo el profesor- ¿no estás más complacido que si le hubieras hecho una broma?

El joven respondió: Usted me ha enseñado una lección que jamás olvidaré. Ahora entiendo algo que antes no entendía: es mejor dar que recibir.

Así pues, Señor sacramentado queremos que nos enseñes a ser generosos y a compartir nuestra vida, los bienes y nuestro tiempo, nuestros talentos y nuestros dones, al igual que tú que nos lo diste todo y no te reservaste nada para ti, incluso nos diste tu propia vida.

Haz que preparemos un hueco en nuestro corazón para que tú puedas ocuparlo y contigo todos los más necesitados de amor y de cariño. Que nuestra Navidad se la auténtica navidad que se encarna y toma cuerpo en la vida de los demás. Que seamos tu presencia en medio de nuestro mundo y de nuestra realidad. Amén.

 

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