viernes, 29 de marzo de 2024

2024 CICLO B VIERNES SANTO 

Hoy viernes santo es el día de las preguntas. Por qué tanto cuerpo roto. Por qué tantos niños muertos por falta de alimento. Por qué tanta soledad de los ancianos. Por qué tanta mujer violada. Por qué tanta explotación, humillación, calumnia, masacres, pobreza y desencanto.

Muchas veces lanzamos a Dios nuestras quejas y pretendemos una respuesta; Él debe rendir cuentas, está obligado a facilitarnos explicaciones. Dios debe justificarse. Pero Dios no responde como yo quiero que lo haga; Dios no entra en este juego.

La respuesta que Dios ofrece está en las palabras de Pilato; “He ahí al hombre”. Puede ser muy crudo escuchar que Dios no ha venido a eliminar el dolor humano ni a presentarnos un piadoso tratado sobre el sufrimiento. Dios no ha dado explicaciones. Dios hace algo mucho más importante: viene a compartir y a participar de nuestra condición: tomando sobre sí nuestro sufrimiento. Esta es la Cruz y su sentido; una señal, un signo, un sacramento del sufrimiento de la humanidad. Y a Dios se le desgarra el corazón; y eso que Dios hace es muy propio de un padre que ama sin límite; es algo locamente divino. Ya nada se pierde.

“El Hijo del hombre ha venido a buscar y a salvar lo que estaba perdido” (Lc 9, 10). Ha venido a buscar nuestro dolor inútil para llevar, soportar y quitar nuestra angustia, ya que desde ese día en que Cristo Jesús fue ofrecido como espectáculo de humillación y de sufrimiento, lo divino y lo humano se identifican hasta el punto de constituir un verdadero sacramento ofrecido a todos, creyentes o no, bautizados o no, pecadores e inocentes; un sacramento de vida.

“Aquí lo tenéis”; “he ahí al hombre” que hace posible el camino a Dios desde la Cruz que salva y redime todo lo que parece estar perdido a los ojos de la humanidad.

Junto a la cruz de Jesús aparece su Madre y en el discípulo a quien amaba. Al pie de la cruz nace la nueva familia de Jesús. El discípulo acoge a la Madre de Jesús como algo suyo. Al pie de la cruz, asistimos al nacimiento de la Iglesia. Somos una familia nacida del costado que nos amó hasta la muerte y muerte de cruz. Somos una familia que trabaja por un reino de amor apasionado.

María, madre nuestra déjanos estar contigo al pie de todas las cruces del mundo. Déjanos entender que dar la vida, día a día, es la única forma segura de tenerla en abundancia.

El mismo evangelista Juan que hoy nos narra la pasión de Jesús, él mismo nos anunciará a gran voz y con gran sobresalto que la losa del sepulcro estaba quitada y que Jesús nos muestra un nuevo éxodo de vuelta a la vida.

 

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