2026
CICLO A
TIEMPO
ORDINARIO XVI
En el evangelio Jesús nos presenta a
Dios como el sembrador que esparce buena semilla en su campo. Sin embargo,
junto a esta buena semilla crece la cizaña. Reconoce con realismo la presencia
del mal en el mundo. Todos sabemos por experiencia que la historia de la
humanidad está marcada por luces y sombras, por avances y contradicciones, por
gestos de generosidad y también por actitudes que dañan la convivencia.
Ante esta situación, los criados proponen
arrancar de inmediato la cizaña. Pero la respuesta del dueño es sorprendente:
Dejadlos crecer juntos hasta la siega. No minimiza la gravedad del mal no
invita a la indiferencia; transmite la idea que Dios actúa con paciencia,
conoce la profundidad del corazón humano y no deja de ofrecer oportunidades
para que el bien crezca y dé fruto.
Con esta respuesta, Jesús nos enseña que
nuestra misión principal no es dedicar nuestras energías a arrancar la cizaña
ni obsesionarnos por señalar el mal del mundo, sino cuidar el crecimiento
del trigo y procurar que produzca frutos abundantes, incluso en medio de las
dificultades.
En un tiempo marcado por las tensiones,
las divisiones, los enfrentamientos y la tendencia a expulsar lo diferente, la Palabra
de Dios nos invita a redescubrir el valor de la paciencia, la comprensión
y la esperanza. El Señor sigue actuando en la historia y haciendo crecer el
trigo en medio de las dificultades.
Noo arranquemos las malas hierbas, porque
corremos el riesgo de arrancar también el buen trigo. La madurez no depende de
grandes reacciones inmediatas, sino de grandes pensamientos positivos, de
grandes valores buenos.
Nuestro Dios abraza la imperfección de
su campo. En su mirada se trasluce la perspectiva serena que
no mira la fragilidad presente, sino el buen trigo futuro, aunque solo sea
posible. La mirada de Dios siempre ve las posibilidades, la bondad en
crecimiento, los brotes de gracia y las potencialidades y no los pecados.
Yo no soy mis defectos, sino mis maduraciones; no estoy creado a imagen del mal
sino del sumo bien. No he sido creado a imagen del Enemigo y de su noche, sino
a semejanza del Padre y de su luz.
Encontré un dicho por ahí que decía: El
diablo conoce tu nombre, pero te llamará por tu error. Dios conoce tu error,
pero te llamará por tu nombre. Cuando venga alguien a tu vida que solo hable de
tus errores ya sabes de parte de quien viene.
El Evangelio nos propone el aliento de
la fecundidad, de la fructificación generosa y paciente, de espigas que maduran
lentamente al sol y se hinchan suavemente de vida, y no un sistema ilusorio de
vida perfecta. No estamos en el mundo para ser inmaculados, sino para
estar en camino; no para ser perfectos, sino para ser fecundos.
El bien es más importante que el mal, la luz cuenta más que la oscuridad, una
espiga de buen trigo vale más que toda la cizaña del campo. Dios sigue
sembrando en nosotros positividad. Llenemos nuestras vidas de la fuerza de
la bondad, la generosidad, la ternura y la acogida que Dios nos entrega y
veremos cómo desaparece la cizaña, porque ya no encontrará terreno donde
crecer. Amén

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