ACCIÓN DE GRACIAS
Jesús, sólo pueden hablar de la ira de
Dios, los que no conocen tus palabras, ni tu manera de actuar.
La ira nunca es santa, sí que lo es la
paciencia, con que una madre lamenta las diabluras de un hijo sin dejar de
amarlo.
Gracias, Señor, por confiar siempre en
las pequeñas semillas de bondad que tú mismo has sembrado en tus hijos.
Ayúdame a confiar, como tú, en la
predisposición a la bondad y al amor, que hay en el núcleo más profundo de toda
alma humana.
Que nunca caiga en la tentación de
expulsar, segregar, eliminar a los que hemos clasificado como malos.
Enséñame a vivir, como tú hiciste, sin
juzgar ni condenar.
Dame entrañas de misericordia, para
acoger, perdonar cuando sea necesario
y convivir con todo el mundo.
Amén

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