miércoles, 14 de octubre de 2026


 

MEDITACIÓN EUCARISTICA:

Juana mujer de Cusa

Querido Jesús sacramentado, aquí estamos en esta tarde para acompañarte unos minutos y para descansar el alma en tu cuerpo entregado. Hoy queremos meditar sobre una mujer poco conocida en el evangelio, sin embargo, ella te asistió y colaboró contigo con sus bienes y conocimientos. Es la historia de Juana, la mujer de Cusa. Se habla mucho de María Magdalena, de Pedro, de Juan y poco a poco Juana desaparece entre los nombres de la Biblia. Como si hubiera sido un personaje secundario. Como si su historia no tuviera nada importante que enseñarnos.

Pero cuando lees cuidadosamente los Evangelios, descubres algo extraordinario (Lc 8,1-3; 24, 10 y otros pasajes relacionados con la resurrección).

Juana era esposa de Cuza, administrador de Herodes Antipas. En otras palabras, vivía muy cerca del poder político de su época. Conocía los palacios. Conocía la influencia.  Conocía los privilegios. Pertenecía a un ambiente donde acercarse a Jesús podía costar reputación, relaciones e incluso seguridad. Sin embargo, Lucas dice que ella seguía a Jesús y sostenía su ministerio con sus propios recursos.

Y aquí aparece algo que casi nadie menciona. Mientras muchos buscaban acercarse al poder para sentirse importantes, Juana se acercó a Jesús y descubrió que el verdadero poder estaba en servir. Ella pudo haberse quedado cómoda. Pudo haber protegido su posición. Pudo haber dicho: "Tengo demasiado que perder". Pero decidió usar lo que tenía para una causa más grande que ella misma.

Y eso sigue ocurriendo hoy. Hay personas que piensan que servir a Dios comenzará cuando tengan más tiempo, más dinero, más oportunidades, más libertad.

Pero Juana nos enseña que Dios no siempre llama a las personas fuera de sus circunstancias. Muchas veces las llama a servir precisamente desde donde están. Porque el problema nunca ha sido lo que tienes. El problema es para qué lo usas. Hay quienes tienen influencia y la usan para sí mismos. Hay quienes tienen talentos y los entierran. Hay quienes tienen recursos y viven como si todo les perteneciera. Pero Juana entendió algo que transforma la vida: Lo que Dios pone en tus manos no siempre es para tu comodidad; muchas veces es para tu misión.

Y hay otro detalle conmovedor. Cuando Jesús murió, muchos de los que habían prometido permanecer desaparecieron. Pero Juana siguió allí. Y en Lucas 24 aparece entre las mujeres que anunciaron que Cristo había resucitado. No predicó sermones famosos. No escribió libros. No dirigió ejércitos. No realizó milagros registrados. Pero estuvo presente cuando otros se fueron. Y a veces esa es una de las formas más grandes de fidelidad. Permanecer, seguir, continuar, no abandonar cuando las cosas se complican.

Porque cualquiera puede seguir a Cristo cuando todo va bien. La verdadera fe se revela cuando los sueños parecen morir, cuando las respuestas tardan y cuando el camino se vuelve difícil. Vivimos en una generación que admira lo visible: los aplausos, los seguidores, los escenarios, los reconocimientos.

Pero Dios también escribe historias con personas como Juana. Personas que no siempre están al frente. Personas cuyo nombre muchos olvidan. Personas que sirven sin hacer ruido. Personas que entienden que el Reino de Dios avanza gracias a miles de actos de fidelidad que casi nadie ve. Y quizás esa sea la lección más poderosa de Juana. No necesitas ser la persona más conocida para ser profundamente usada por Dios. No necesitas ocupar el centro del escenario para cumplir tu propósito.

A veces los nombres que el mundo pasa por alto son precisamente los que Dios escribe con más cuidado en la historia de su Reino. Porque al final, el cielo no mide el éxito por la fama que alcanzaste. Lo mide por la fidelidad con la que utilizaste aquello que Dios puso en tus manos.

Jesús enséñanos a reconocer el lugar que Dios ha destinado para nosotros y que sepamos realizarlo con eficacia y humildad. Que nunca busquemos privilegios ni circunstancias extraordinarias, que vivíamos nuestra vida y nuestra vocación con la mejor respuesta a la llamada que Dios dirige a cada uno de nosotros. Amén

No hay comentarios:

Publicar un comentario