El próximo miércoles día 11 de febrero dará inicio el Triduo preparatorio a la Festividad de los Siete Padres Fundadores.
sábado, 7 de febrero de 2026
ACCIÓN DE GRACIAS
HAZME, SEÑOR, SER SAL Y LUZ
Que, lejos de falsificar mi vida,
la mantenga soldada a tu gracia,
alimentada por tu Palabra y
sostenida con tu mano salvadora.
Que siendo, Tú, el salero de mi
existencia
cuentes conmigo, Señor,
para sazonar oportunamente tantas
situaciones
que reclaman ilusión y fuerza,
alegría y optimismo, dignidad y verdad,
Que siendo, Tú, la fuente de la luz
cuentes conmigo, Señor,
para alumbrar miserias y soledades,
tristezas y angustias, aflicciones y
pruebas,
luchas y tribulaciones
en las que combaten tantos hombres
HAZME, SEÑOR, SER SAL Y LUZ
Que dé gusto, no a lo que el mundo
quiere,
y sí a una nueva forma de vivir y de
sentir.
Que ofrezca, la luz de tu presencia,
a los que viven como si no existieras;
a los que, creyendo en Ti,
caminan como si el Evangelio no
conocieran.
Que sepa ser conservante como la sal:
que guarde, para mí y para los demás,
tu gracia y poder, mi fe y mi fidelidad,
mi oración y mi confianza en Ti. Amén
2026 CICLO A
TIEMPO ORDINARIO V
Tras el discurso de las
bienaventuranzas, se nos dice que somos sal y luz. Dos elementos muy sencillos
y humildes. Según el texto de hoy, la misión a la que Jesús nos invita se
concreta en ser luz y en ser sal.
La sal da sabor a las
comidas y a la vida, conserva los alimentos. Sería poner alma, corazón y
creatividad en todo lo que hacemos. Cada persona, que aporte su granito de sal.
El signo de la sal es humilde, no
pretencioso, y muy ajustado al estilo de Jesús. La sal sólo sirve para añadirse
a otros alimentos y resaltar su sabor, y esto tan sencillo, tan cotidiano,
puede ser una excelente parábola de lo que ocurre con Jesús, que es la sal que
da sabor a todo lo que hacemos: a vivir, a trabajar, a descansar, a triunfar, a
fracasar, a estar sano, a estar enfermo, a morir… a todo. Somos un yacimiento
de sal, de luz y de sabor. Para que surja la Sal, es necesario el mar y del
sol.
Ser luz,
la luz sirve para iluminar, no existe para ser mirada o contemplada, porque nos
quedaríamos ciegos. La luz resalta el ambiente, la perspectiva y los volúmenes
para caminar por la vida con realidad y coherencia.
La invitación a ser luz tiene un
peligro, y es que caigamos en la pedantería de ir por la vida creyéndonos luz
de los demás. Debemos tener muy claro que esa luz no es nuestra; que en todo
caso somos meros portadores de la luz de Dios que hemos visto reflejada en
Jesús.
Todos tenemos un poco de luz de Dios, y
ofreciendo la que tenemos y recibiendo la que nos dan, podemos caminar por el
mundo como hermanos que se esfuerzan en avanzar sin tropiezos. la vida
cristiana es como un cirio, que si no se consume para dar luz no sirve para
nada. Jesús; cirio encendido que se quemó hasta el último cabo para iluminar el
mundo con la luz de Dios.
Jesús no vino a traer un nuevo sistema
de pensamiento, el suyo es irradiación de luz, esparcimiento de sal, contagio
de fuego y de sabor.
Si la sal permanece encerrada en su
frasco, no sirve para nada, su vocación es dispersarse en la comida. La luz no
se ilumina a sí misma, sino las cosas sobre las que se posa, y no vuelve a su
fuente. Observa la humildad de la sal y
la luz. No llaman la atención sobre sí mismas, no se ponen en el centro. No
tienen como objetivo perpetuarse a sí mismas, sino valorizar al otro. Y así es
la Iglesia: no es un fin, sino un medio para mejorar la vida de las personas.
Hagamos la guerra al hambre es la
campaña de manos unidas en su lucha contra el hambre en el mundo y toda clase
de necesidades que pululan por el mundo en general. Colaboremos para que las
personas indicadas puedan ayudar y mostrar solidaridad con todas estas
necesidades.
Así seremos sal y luz al estilo de Jesús;
sin alardes ni espectáculos. Pero es muy difícil que “los hombres vean el
amor del Padre” cuando lo que habitualmente ven en el mundo no es amor,
sino injusticia, opresión y explotación. Los cristianos hemos visto el amor de
Dios en Jesús, y lo que él nos pide es que le ayudemos a que los demás vean ese
amor en nosotros.
miércoles, 4 de febrero de 2026
Meditación Eucarística: Naranjas para el personal
Señor
Jesús, aquí estamos ante Ti, presente y vivo en la Eucaristía, Pan partido para
todos, Pan que no se da a medias, Pan que conoce el corazón humano. Tú no te
entregas a medias. No dices: “Esto es suficiente”. Tú te das entero, sin
calcular, sin reservarte nada, pensando en todos, hasta el extremo. Queremos en
esta tarde comprender que hay más felicidad en dar que en recibir y que nuestra
misión es hacer no solo lo correcto y lo suficiente sino buscar nuevas
posibilidades y oportunidades para todos. Escuchemos esta bonita historia.
Naranjas
para el personal: José
trabajaba en una empresa desde hace dos años.
Siempre fue muy serio, dedicado y cumplidor de sus obligaciones. Llegaba puntual,
y estaba orgulloso que en 2 años nunca recibió una amonestación. Cierto día,
buscó al Gerente para hacerle un reclamo:
-
Señor, trabajo en la empresa desde hace dos años con bastante esmero, y estoy
contento con mi puesto, pero siento que he sido postergado. Mire, Fernando
ingresó a un puesto igual al mío hace sólo 6 meses y ya ha sido promovido a
Supervisor.
Mostrando
preocupación le dice el Gerente:
-
Mientras resolvemos esto, quisiera pedirte que me ayudes a resolver un
problema. Quiero dar fruta al personal para postre en el almuerzo de hoy. En la
tienda de la esquina venden fruta. Por favor, averigua si tienen naranjas.
José
se esmeró en cumplir con el encargo, y en 5 minutos estaba de vuelta. Bueno
José, ¿qué averiguaste?
-
Señor, sí tienen naranjas para la venta.
-
¿Y cuánto cuestan? ¡Ah!... No pregunté
por eso.
-
Ok, ¿pero viste si tenían suficientes naranjas para todo el personal?
preguntaba serio el jefe.
-
Tampoco pregunté por eso señor.
-
¿Hay alguna fruta que pueda sustituir la naranja? No sé, señor, pero creo...
-
Bueno, siéntate un momento, le dijo el gerente.
El
Gerente tomó el teléfono, y mandó llamar a Fernando. Cuando se presentó, le dio
las mismas instrucciones que le diera a José, y en 10 minutos estaba de vuelta.
Cuando retornó, el Gerente pregunta: Bien, Fernando, ¿qué noticias me
tienes?
-
Señor, tienen naranjas, lo suficiente para atender a todo el personal, o si
prefiere también tienen plátano, papaya, melón y mango.
La
naranja está a 1 euro el kilo, el plátano a 2€, el mango a 3€ el kilo, la
papaya y el melón a 8€ el kilo. Me dicen que, si la compra es mucha, nos darán
un descuento del 8%. He dejado apartada la naranja, pero si usted escoge otra
fruta debo regresar para confirmar el pedido.
-
Muchas gracias, Fernando, pero espera un momento... Se dirige a José, que aún
seguía esperando estupefacto, y le dice:
-
José, ¿qué me decías?
-
Nada, señor, eso es todo, muchísimas gracias, con su permiso.
Hoy,
en el silencio de tu presencia, escuchamos este pequeño cuento que parece
hablar de naranjas, pero en realidad habla del corazón. José cumplía. Era
correcto, responsable, puntual. Hacía lo que se le pedía…pero sólo eso. No miró
más allá del encargo, no se detuvo a pensar en los demás, no se preguntó por
las necesidades reales de toda la comunidad.
Fernando,
en cambio, no hizo nada extraordinario: simplemente miró más lejos. Pensó en
todos, anticipó posibilidades, ofreció soluciones, y dejó abiertas opciones.
Señor,
cuántas veces nosotros solo cumplimos, obedecemos, hacemos lo mínimo, pero sin
amor creativo, sin implicarnos de verdad, sin preguntarnos: “¿Qué más puedo
hacer? ¿A quién más puedo servir?” Enséñanos, Señor, a no vivir una fe
rutinaria, a no servir por costumbre, a no amar con medidas pequeñas. Que ante
tu presencia aprendamos a mirar la vida como Tú la miras: con atención, con
responsabilidad, con amor que se adelanta a las necesidades del otro. Que no
seamos cristianos que “cumplen”, sino discípulos que se entregan. Que, al salir
de aquí, cada tarea, cada servicio, cada decisión, la hagamos con el corazón
lleno de Ti, como Pan partido para los demás. Amén.









