sábado, 27 de mayo de 2023


 

Ven, luz verdadera.

Ven, misterio oculto.

Ven, tesoro sin nombre.

Ven, felicidad interminable.

Ven, luz sin ocaso.

Ven, esperanza de todos los que quieren salvarse.

Ven, tú que despiertas a los que duermen.

Ven, tú que eres poderoso, y haces, y rehaces,

y transformas todo con tu voluntad.

Ven, tú que eres invisible.

Ven, tú que permaneces sin cambiar jamás

y a cada instante te mueves por completo

y vienes a nosotros que yacemos en los infiernos,

tú, que estás más allá de todos los cielos.

Ven, mi aliento y mi vida.

Ven, consolación de mi pobre alma.

Ven, mi alegría, mi gloria sin fin. Amén.

Oración al Espíritu Santo escrita por San Simón en el año 1022


 2023 AÑO A SOLEMNIDAD DE PENTECOSTÉS

Cincuenta días después de la Pascua celebramos Pentecostés y la grandeza de este domingo es que resalta esa fuerza poderosa de dios, creadora, renovadora, ilusionante. Los judíos celebraban pentecostés como renovación de la alianza del Sinaí, nosotros los cristianos celebramos esa Alianza Nueva, que ya no está en una ley escrita, muerta, sino en la vida nueva, que nos llega por el soplo del Espíritu del Resucitado.

Así fue en el origen entre los discípulos de Jesús. Después de un tiempo pascual prolongado, se vieron envueltos en una fuerza irresistible, maravillosa, que les llevó con alas nuevas a proclamar el mensaje de salvación y a afrontar todas las dificultades que eso suponía dentro del mundo judío y de las instituciones que no aceptaban un nuevo camino.

El Espíritu Santo es Dios en libertad. Rechazo de la monotonía. Palabra que se ofrece siempre nueva. Que hace cosas que no esperas. Que da a María un hijo "fuera de la ley", a Isabel un hijo profeta. Y a nosotros nos da todo lo que necesitamos para dar vida, y para dar la vida.

La primera lectura nos habla de los Apóstoles como "borrachos", embriagados por algo que los aturdía de alegría, como un vértigo, una seducción divina, violenta y feliz. Y la primera Iglesia, atrincherada a la defensiva, es lanzada hacia fuera y hacia delante. Hoy nuestra Iglesia tentada de atrincherarse y cerrarse, porque está en crisis numérica, porque aumentan los que se declaran indiferentes o molestos, esta Iglesia debería echar mano de aquel ímpetu original.

El Evangelio narra Pentecostés como un encuentro luminoso en la tarde de Pascua: "sopló sobre ellos y dijo: recibid el Espíritu Santo". En aquella habitación cerrada de aire estancado entra el oxígeno grande, ancho y profundo del cielo. Entra el soplo de Dios que no soporta esquemas ni cerrazones, que viene a hacernos vivos, sutiles y profundos como el soplo, humildes y tercos como el latido del corazón.

Por eso, en la fiesta de Pentecostés nos ponemos en manos del Espíritu Santo para que, a pesar de nuestros muchos defectos e imperfecciones, nos conduzca, unidos como comunidad eclesial, por el camino de la paz, el amor y la felicidad. Pero para ello es necesario que nosotros hagamos un gran esfuerzo de dejarnos guiar por el Espíritu Santo. A veces damos la impresión de ser una barca que permanece inmóvil, con apariencia de ser fiel, que no se deja impulsar, que no despliega sus velas. No son los grandes vientos los que más nos amenazan, sino la pasividad, la calma chicha, lo cotidiano, lo cómodo y la indiferencia.

Hoy acaban los cincuenta días del Tiempo Pascual y mañana comienza el Tiempo Ordinario. Y precisamente ahí, en lo ordinario, en lo cotidiano, es donde actúa el Espíritu Santo con su gracia. Día a día, en los detalles más insignificantes de nuestra existencia, el Espíritu de Dios se hace presente en los corazones. Es día de pedir para cada uno de nosotros y para nuestra Iglesia, el “viento” de Jesús. Dejémonos invadir, fortalecer, impulsar por el Espíritu que nos llevará a la construcción de cielos nuevos y tierra nueva.


 

miércoles, 24 de mayo de 2023


 

2023 MAYO MEDITACION EUCARISTICA. LA ORUGA

 

En esta tarde Jesús sacramentado y estando a la espera de la efusión del Espíritu santo en Pentecostés, queremos meditar sobre esta fuerza interior que tú nos concedes, porque nos amas. Tu Espíritu que renueva todas las cosas y nos lanza hacia el futuro renovado y rejuvenecido. Solo él puede mantener la llama, el fuego del amor, de la entrega, del sacrificio por los demás.

LA ORUGA: Una pequeña oruga caminaba un día en dirección al sol. Muy cerca del camino se encontraba un saltamontes.

– ¿Hacia dónde te diriges? – le preguntó.

Sin dejar de caminar, la oruga contestó: Tuve un sueño anoche: soñé que desde la punta de la gran montaña yo miraba todo el valle. Me gustó lo que ví en mi sueño y he decidido realizarlo.

Sorprendido, el saltamontes dijo mientras su amigo se alejaba: – ¡Debes estar loco! ¿Cómo podrás llegar hasta aquel lugar? ¿Tú? ¿Una simple oruga? …. una piedra será una montaña, un pequeño charco un mar y cualquier tronco una barrera infranqueable…No hubo nada que decir, todos sabían lo que haría: se iría volando hasta la gran montaña y realizaría un sueño; el sueño por el que había vivido, por el que había muerto y por el que había vuelto a vivir. Había, por fin, cumplido su sueño…

Pero el gusanito ya estaba lejos y no lo escuchó, su diminuto cuerpo no dejó de moverse. De pronto se oyó la voz de un escarabajo: – ¿Hacia dónde te diriges con tanto empeño?

Sudando ya el gusanito, le dijo jadeante: – Tuve un sueño y deseo realizarlo, subir a esa montaña y desde ahí contemplar todo nuestro mundo.

El escarabajo no pudo soportar la risa, soltó la carcajada y luego dijo: – Ni yo, con patas tan grandes, intentaría realizar algo tan ambicioso.

Y se quedó en el suelo tumbado de la risa mientras la oruga continuó su camino, habiendo avanzado ya unos cuantos centímetros.

Del mismo modo la araña, el topo y la rana le aconsejaron a nuestro amigo desistir.

– ¡No lo lograrás jamás! Le dijeron, pero en su interior había un impulso que lo obligaba a seguir.

Ya agotado, sin fuerzas y a punto de morir, decidió parar a descansar y construir con su último esfuerzo un lugar donde pernoctar.

– Estaré mejor. Fue lo último que dijo y murió.

Todos los animales del valle fueron a mirar sus restos, ahí estaba el animal más loco del campo, había construido como su tumba un monumento a la insensatez, ahí estaba un duro refugio, digno de uno que murió por querer realizar un sueño irrealizable. Una mañana en la que el sol brillaba de una manera especial, todos los animales se congregaron en torno a aquello que se había convertido en una advertencia para los atrevidos. De pronto quedaron atónitos, aquella concha dura comenzó a quebrarse y con asombro vieron unos ojos y unas antenas que no podían ser las de la oruga que creían muerta, poco a poco, como para darles tiempo de reponerse del impacto, fueron saliendo las hermosas alas de mariposa de aquel impresionante ser que tenían en frente, el que realizaría su sueño, el sueño por el que había vivido, por el que había muerto y por el que había vuelto a vivir.

No hubo nada que decir, todos sabían lo que haría: se iría volando hasta la gran montaña y realizaría un sueño; el sueño por el que había vivido, por el que había muerto y por el que había vuelto a vivir. Había, por fin, cumplido su sueño…

Todos se habían equivocado. Dios nos ha creado para conseguir un ideal, vivamos por él, intentemos alcanzarlo, pongamos la vida en ello y si nos damos cuenta que no podemos, quizá necesitemos hacer un alto en el camino y experimentar un cambio radical en nuestras vidas y entonces, con nuevos bríos y con la gracia de Dios, lo lograremos.

El éxito en la vida no se mide por lo que has logrado, sino por los obstáculos que has tenido que enfrentar en el camino. Te pedimos Señor Jesús sacramentado que envíes tu espíritu Santo a nosotros, a la Iglesia y al mundo entero para que con su fuerza interior podamos realizar nuestros propios sueños, nuestra vocación más íntima. Amén

domingo, 21 de mayo de 2023













 Hoy Solemnidad de la Ascensión del Señor, en nuestra parroquia hemos celebrado el sacramento de la confirmación de 13 jóvenes y 4 adultos, de manos de nuestro Vicario episcopal D. Francisco Revert.



Este sábado ante la imposibilidad de celebrar la eucaristía en la capilla del hospital de la Pedrera, y gracias a la buena voluntad del personal del hospital y del equipo de pastoral de la salud, hemos podido celebrarla en el salón de actos. Gracias a todos los que lo habéis hecho posible.