sábado, 26 de junio de 2021


 2021 AÑO B TIEMPO ORDINARIO XIII

SOLEMNIDAD DE SAN PEDRO Y SAN PABLO

El evangelio de hoy relata el cruce de dos episodios de la vida de Jesús: Ya había comenzado a saborear la envidia mortal de los fariseos y escribas, la perfidia de los líderes religiosos y de repente, en medio de su predicación, un líder de la sinagoga llamado Jairo logra acercarse. Él se arrodilla para suplicarle: mi querida hija está al final, por favor ven y pon tus manos sobre ella para que se cure y viva. Jesús no le importa el que dirán o que dentro de aquella casa encontrará más enemigos que amigos. Jesús se siente atraído por el dolor, sea quien sea.

Toda la multitud comenzó a seguirlo, tanto que lo aplastaban. En esta multitud una mujer que había estado sangrando durante 12 años, se le acercó y tocó el manto de Jesús: inmediatamente notó el sangrado se paraba: Tomó conciencia de que había tocado la fuente de la vida. En el mismo instante Jesús, sintiendo la fuerza que había salido de él, se volvió hacia la multitud diciendo: "¿Quién me ha tocado?" La forma de tocar de esta mujer fue distinta de los demás que lo apretujaban. Los discípulos están sorprendidos por la pregunta.

Y la mujer asustada y temblorosa, sabiendo lo que le había pasado, se acercó, se arrojó a sus pies y le contó toda la verdad. Ella en ese transgredió las reglas de la pureza. Así que tocó el manto de Jesús en secreto, aprovechándose de la multitud. Por eso se sintió tan culpable, temerosa y temblorosa, cuando se vio expuesta. Por la misma razón, Jesús quiso dar a conocer a toda costa lo que había sucedido: declarar, delante de todos, que esa mujer es una hija y que no se siente impuro por ser tocado por ella. Dios quiere la fe del hombre. Dios no tiene miedo de ensuciarse con nuestras miserias.

A continuación, llega desde la casa del jefe un mensaje claro: no hay nada que hacer. Se acabó. ¡No temas, sigue teniendo fe! Le dice Jesús. El Evangelio nos anuncia que el mundo de Dios entró en el mundo de los hombres. Jairo decide resistir. Se aferra totalmente a Jesús y hace bien. Los que se aferran a Jesús no se sentirán defraudados.

Llegando a casa, Él tomó la mano de la niña. Jesús es una mano que te toma de la mano. La ley no permitía tocar a un muerto, se volvía impuro. Jesús enseña que debemos tocar la desesperación de las personas para levantarlas. Una historia de manos: el Señor es siempre una mano extendida. No un dedo acusador, sino una mano fuerte que te agarra. Talita kumi. Levántate. La niña se levanta.

Pedro y Pablo son las dos columnas de la Iglesia, en las cuales el espíritu fue desarrollando la Iglesia y la comunidad cristiana. Necesitamos recobrar la frescura del mensaje de Pedro y Pablo. La pregunta más importante que Pedro tuvo que contestar a lo largo de su vida fue la pregunta eterna: ¿Quién dice la gente que soy yo? "Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios Vivo". La identidad de la iglesia está enraizada en la confesión de Jesucristo como el Hijo del Dios viviente. Y estamos aquí para hacer la misma profesión de fe y así conectarnos con Jesucristo. Pablo nos invita hoy, a pesar de todo, a competir bien, a completar la carrera, a guardar la fe en Jesucristo.

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