miércoles, 23 de junio de 2021


2021 JUNIO ADORACIÓN EUCARISTÍA:

JESÚS NUESTRO MEJOR AMIGO

 

Él quiere ser amigo, un amigo sincero de nuestras vidas: “Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando”

Los discípulos de Emaús que experimentan su amistad. Su corazón ardía. Nosotros que buscamos estima. Nadie nos estima como Él. Nosotros que buscamos aplausos. Nadie nos aplaude como Él. Nosotros que buscamos afecto. Nadie nos ama ni nos amará como Él. Su amor nos eleva, aunque nos haga sufrir, porque nos exige. No puede permitir que seamos mediocres. Su amor no nos permite ser mediocres.

Él quiere ser nuestro compañero, un compañero de camino, como quiso serlo, para llenarles de optimismo, de aquellos discípulos atormentados y desanimados de Emaús. No es lo mismo trabajar por Él que trabajar con Él. Tenemos que realizar nuestra misión juntos: “Yo estaré con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo...” A veces nos empeñamos en caminar solos por la vida, como huérfanos tristes...

Él quiere ser vida, nuestra vida, como lo fue para aquel joven muerto de Naím o para aquel corazón también muerto por la ambición de Zaqueo. Vida es entusiasmo, felicidad, ideal, triunfo, satisfacción, juventud perenne. Jesucristo dice tener todo esto y quiere comunicarlo. Cuantas personas envejecidas prematuramente por el vicio, el hastío, el desengaño, la frustración o el aburrimiento; su vida ha perdido la brújula, ¿para qué y por qué vivir? No tienen respuesta.

Él quiere ser camino, nuestro camino, para ti que tanteas en las tinieblas anhelando una salida a tus ansias de felicidad. Todos queremos ser alguien, realizarnos, valer para algo, realizar grandes cosas, ser líderes. ¿Cómo lograrlo? La Virgen María nos da la solución en las bodas de Caná: “Haced lo que Él os diga”. La solución consistió en que en que en una boda en la que faltaba el vino se sirvió el mejor vino del mundo.

Él quiere ser verdad, tu verdad por la que luches y vivas. La verdad de la vida y de las cosas, el sentido y razón y felicidad de tu vida. Mi vida tiene una verdad; voy rumbo al puerto, mi vida tiene esperanza, tiene frutos, realizaciones, tiene plenitud con Cristo.

Él quiere ser resurrección, nuestra resurrección, es decir, tu esperanza, tu anhelo de una vida sin fin. Resurrección de todas las ilusiones muertas o moribundas, también de las ilusiones humanas, intelectuales. Resurrección de las grandes ideales y metas de la vida.

Él quiere ser alegría, la fuente de nuestra felicidad. La tristeza no es cristiana. La amargura y el desaliento tienen otro dueño. Mi tristeza y amargura son la cadena que nos tiene amarrado al mal. A Cristo le gusta abrir jaulas, quitar cadenas, abrir puertas de cárceles, tender puentes en el abismo.

Él quiere ser amor, ese amor que inunde de plenitud nuestra existencia. El deseo más fuerte del hombre es amar y ser amado. En el cielo este anhelo se transforma en éxtasis. Por la calle y por la vida pasan amores que nos acalambran por un rato, amores que engañan, que prometen felicidad total, y nos dejan con unos pétalos marchitos en las manos. Cristo es el Amor eterno, que te ama desde siempre y para siempre y te hace plenamente feliz, si tú quieres.

Él quiere ser roca, la roca donde nuestra debilidad encuentre fortaleza y optimismo. Rompeolas, roca de cimiento, muralla que defiende. Esto significa sentir seguridad, valor, certeza, fuerza, ímpetu juvenil, audacia, pasión por la misión y por la vida.

Él quiere ser paz, paz para nuestro corazón a veces atribulado y a veces probado por el dolor y el sufrimiento. Quiere que luches, pero con paz interior. Santa Teresa de Jesús: “Nada te turbe, nada te espante, todo se pasa, Dios no se muda. La paciencia todo lo alcanza. Quien a Dios tiene, nada la falta. Sólo Dios basta”.

Él quiere ser “pan”, pan que fortalezca nuestro espíritu en las luchas y desgastes. Pan espiritual que me da la vida eterna. “El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene la vida eterna...” Pan de la ilusión y el entusiasmo por los grandes ideales. Pan de la victoria y de los resultados. Pan de la perseverancia. Pan para repartir a los hambrientos.

Él quiere ser perdón, para consolarnos en nuestras caídas y debilidades. Un perdón eterno, de todo y de siempre. Mucho nos tiene que querer el que nos ha perdonado tanto. “Perdónales, Padre, porque no saben lo que hacen”. Si algo le salió del corazón fue esta petición a su Padre. Amén

 

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