sábado, 5 de diciembre de 2020

RETIRO DE ADVIENTO
Sábado 19 de diciembre
Lugar: Parroquia de S.Antonio
Horario: de 10 a 13 h.

 


 DOMINGO 13 de Diciembre

Festividad de Santa Lucía
MISA DE CAMPAÑA en la Ermita de Santa Lucía a las 12 horas


 


 

2020 AÑO B TIEMPO DE ADVIENTO II


El segundo domingo del tiempo de adviento aparecen las dos figuras claves para poder interpretar este tiempo: el profeta Isaías y Juan el Bautista. Son dos voces, con siglos de diferencia, que gritan las mismas palabras, en el calor del mismo desierto de Judá. Los dos profetas usan el mismo verbo, siempre en el presente: "Dios viene". Simple, directo, seguro: Él viene. Como una semilla que se convierte en árbol, como la luz de la mañana, que parece mínima, pero está creciendo, una pequeña brecha que se traga la noche.

Una frase muy intensa abre este evangelio: «Comienzo de la buena noticia de Jesús, el Mesías, Hijo de Dios». Estas palabras nos permiten evocar algo de lo que encontraremos en su relato. Lo que hace que la vida comience a vivir de nuevo, a planear, a crear lazos, lo que hace que la vida comience de nuevo es siempre una buena noticia, una grieta de esperanza. El comienzo del evangelio que es Jesucristo. La buena noticia es una persona, el Evangelio es Jesús, un Dios que florece bajo nuestro sol, que vino a hacer florecer al ser humano. Y sus ojos que sanan cuando acarician, y su voz que impactaba en las gentes que los escuchaba.

Es Dios quién dibuja otro mundo posible. Otro posible corazón. Dios se propone como el Dios de los comienzos: desde allí donde todo parece detenerse, volver a empezar; cuando el viento de la vida gira y gira y vuelve a girar y nada parece nuevo bajo el sol, es posible abrir el futuro, generar cosas nuevas.

No desde el pesimismo, ni desde observaciones amargas, ni siquiera desde la realidad existente y su pretendida primacía, que no contienen la sabiduría del Evangelio, sino desde la "buena noticia". Al principio hay algo bueno. En la base de toda la vida hay algo bueno.

La voz de Juan resuena preparad los caminos… porque viene alguien más fuerte que yo. No es fuerza física, sino que Jesús es fuerte porque tiene el coraje de amar hasta el extremo, de no guardarse nada y de darlo todo. Es el más fuerte porque es el único que habla al corazón, de hecho, habla "con el corazón", cercano y cálido como el aliento, tierno y fuerte como el afecto, bello como el más bello sueño.

Todos vivimos momentos de desierto, de esa realidad dura que nos toca vivir, ahí es donde hemos de construir un camino para el Señor. El adviento nos vacía, nos esponja, nos sensibiliza: Tenemos que estar dispuestos a realizar un camino para Dios desde nuestra realidad.

Los caminos que conducen a la Navidad no pueden ser aquellos falsos anuncios de felicidad, de lucecitas, del sueño de la lotería, del dulce o del cotillón de nochevieja. Sin embargo, los caminos que hay que preparar es el corazón, el afecto, el sentimiento, la voluntad que nos hacen vivir y recuperar el sentido más profundo de esos días: Dios sale a nuestro encuentro. 

 

miércoles, 2 de diciembre de 2020


2020 ADORACIÓN EUCARISTICA: 

EL CARRETE MÁGICO

 

Acabamos de iniciar el tiempo de adviento, un tiempo para la reflexión y de fortalecer la esperanza. Es un tiempo que en la situación en la que llega nos puede ayudar a vivir y a sobrevivir en tiempos de pandemia. Delante de Jesús sacramentado queremos reflexionar sobre las preocupaciones más profundas de nuestro ser y de saber aprovechar las ocasiones que la vida nos presenta y que debemos saber aprovechar. A tiempos recios, colocar la imaginación a trabajar.

Escuchemos este cuento: La Bobina de hilo de oro

Había una vez un pequeño príncipe, inquieto y travieso, que no le gustaba estudiar. Cuando sus padres le reprendían, se lamentaba diciendo: “¡Qué ganas de ser grande para hacer todo lo que quiera!”. Un buen día, mientras se encontraba en su cuarto, descubrió junto a la ventana una bobina con hilo de oro. Ante la mirada sorprendida del principito, la bobina le habló con voz melodiosa: “Querido príncipe: He escuchado tus deseos de crecer pronto y te daré una oportunidad. A medida que desenrolles mis hilos, podrás avanzar por los días de tu vida. Pero ten cuidado, pues el hilo que se suelta no regresa, y el tiempo pasado no podrá ser recuperado jamás”. Sin poder resistir su curiosidad, el pequeño príncipe tiró del hilo y al instante, quedó convertido en un joven gallardo y robusto. Con gran entusiasmo, volvió a tirar del hilo mágico y se descubrió con la corona de su padre. “¡Soy rey!”, “¡Soy rey!”, exclamaba con gran alegría. “Por favor, carrete mágico, quiero saber cómo lucirán mis hijos y mi señora reina”, exclamó impaciente mientras estiraba nuevamente el hilo. Entonces, se apareció una mujer hermosa de largos cabellos junto a él, y tres chiquilines hermosos y gordos. La curiosidad del rey se hacía incontenible por saber cómo serían sus hijos de grande, así que tiró un tramo largo de aquel hilo, y otro más, y otro. De repente, notó que sus manos estaban pálidas y débiles, y en el reflejo del espejo descubrió un viejo consumido y seco. El príncipe, al ver que había desenrollado todo el hilo, quiso devolverlo nuevamente a su lugar, pero tal como le habían advertido, era completamente imposible. ¡Había consumido toda su vida! La bobina mágica, al verlo tan afligido exclamó: “¿Qué has hecho, criatura infeliz? En vez de vivir los momentos hermosos de tu vida, decidiste pasarlos por alto. Has malgastado el tiempo inútilmente y ya no hay nada que puedas hacer, salvo pagar por tu insolencia”. Y así quedó el anciano rey, que sólo pudo disfrutar de una corta vejez hasta que murió de tristeza en su alcoba, por haber desperdiciado toda su vida, sin vivirla como debe ser.

 

Qué pena desperdiciar la vida. Cuando precisamente en este tiempo de adviento nos advierte de la necesidad de la vigilancia, de la atención, saborear las cosas pequeñas de la vida. No perdamos las horas de nuestros días pensando en lo que aún no tenemos o en lo que va a venir. El presente es algo muy valioso que jamás volveremos a recuperar. Aprendamos a vivir y aprovechar cada instante de nuestra vida.

Este cuento nos hace tomar conciencia de lo poco que necesitamos para vivir bien; y desde luego que precisamos mucho menos de lo que nos ha acostumbrado el sistema económico que nos ha habituado a vivir en un continuo mercantilismo, todo se compra y todo se vende; es importante renunciar y denunciar el consumismo alocado.

Concentrémonos en los valores esenciales: la vida, la solidaridad, el amor, las relaciones fraternas y respetuosas con todos los que nos rodean y con la creación. Recordemos que cuando estábamos confinados la naturaleza brilló, estaba más limpia menos contaminada y se reproducía con furor. La situación actual nos lleva a relativizar ciertas cosas que hasta ahora considerábamos indispensables e intocables. Pero sobretodo nos hemos dado cuenta que nos necesitamos más unos a otros, precisamente cuando menos tiempo y menos cantidad de personas podemos estar juntos.

Tu Señor eucaristía nos invitas a vivir más intensamente la cercanía, la compañía, el cariño, el apoyo, el abrazo Y en estos momentos es urgente y necesario, aunque no sean físicos, pero si espirituales, desde el corazón.  Hoy más que nunca no podemos desperdiciar el tiempo, es indispensable. Vivir la realidad del día a día, con vigilancia y con atención pide tiempo, espacio compartido desde la distancia, encontrarse en el corazón, acompañarse con el alma; no ir por delante o por detrás del otro sino a lado y procediendo como un buen compañero. Este paso nos tiene que llevar a concluir que es mucho más lo que nos une que lo que nos separa de las otras personas y en concreto de las que están cerca y de las que están lejos; lo primero hay que hacerlo crecer y por supuesto que lo segundo tenemos que conseguir que disminuya y para ello debemos hacer lo posible y lo imposible. No nos podemos abrazar ni besar, pero tenemos que encontrar las nuevas expresiones creativas del cariño que pasan, sobre todo por la mirada, la escucha, la palabra y la sonrisa.