DE LOS DAMNIFICADOS DE LA DANA
domingo, 15 de diciembre de 2024
sábado, 14 de diciembre de 2024
Aventar para mullir la
tierra, para clarear el horizonte y las sendas, para que el viento nos lleve a
la otra orilla, para adelgazar nuestras querencias, y acrisolar nuestras
pertenencias.
Aventar para descubrir
lo vacuo y lo que pesa, para purificar nuestra historia, para que la semilla
caiga en tierra buena, para que la esperanza florezca, y colaborar en tu
empresa.
En Adviento, aventar, dejando
que el viento sople como quiera, para que despunten las promesas, y el que
viene se sienta como en su casa, aunque sea emigrante y de tierra extraña.
En Adviento, aventar, para
preparar tu Navidad y disfrutar de la buena nueva.
Amén
2024
CICLO C TIEMPO DE ADVIENTO III
El Tercer Domingo de Adviento es el
domingo de la alegría (o «Domingo Gaudete») porque está próximo el Señor. De
ello nos hablan las lecturas de esta Eucaristía.
El profeta Sofonías nos habla de que Dios
es feliz. Feliz por ti. Siempre la misma emoción: ¡exultará de alegría por ti!
Exultar es el verbo de la danza.
Pero inmediatamente después, el
Evangelio por medio de Juan bautista, el profeta áspero y seco, nos pone los
pies en la tierra y nos devuelve a lo cotidiano,
Juan Bautista anuncia en el desierto,
ante la multitud, que está a punto de llegar el Señor, y todos deben prepararse
para ello, haciendo obras que den buen fruto. Mucha gente acude a él: desde
Jerusalén tardaron días en caminar, ¿Qué buscan? Sus preguntas son precisas,
serias: ¿qué debemos hacer?
Y las respuestas son claras y serenas;
apuntan a pequeñas opciones posibles para todos.
La primera:
el que tenga dos túnicas que dé una al que no tiene, y el que tenga comida que
dé una al que no tiene. La economía de la acumulación es sustituida por la
economía del don, la compra convertida en compartir. “La conversión pasa por
los bolsillos” (Papa Francisco),
El verdadero problema del mundo no es la
pobreza, sino la acumulación: hay pan suficiente para todos en la tierra, y
falta por la avaricia de unos pocos. Juan nos dice a todos que hagamos un
esfuerzo por compartir lo que tenemos. Sobre todo, lo que Jesús nos pide es que
compartamos nuestro cariño y nuestra alegría.
La segunda:
No exijamos nada más de lo que está fijado. Apliquemos la honestidad. No
la de los demás, sino la mía, la única que está en mi mano. No maltratar ni
extorsionar a nadie. No nos aprovechemos de nuestra posición para humillar; no
abusemos de nuestra fuerza para maltratar o hacer llorar.
Juan no pide nada extraordinario, sino
que señala cosas realizables para cualquiera: no pasemos por el mundo como
depredadores y abusadores.
En estos días previos a la Navidad,
¡miremos hacia arriba! La cabeza alta, para ver la sonrisa y la danza de Dios. Saber
que somos amados, por ese fuego, y eso nos basta.
La Navidad es una fiesta pensada para
vivir el Reino de Dios, cuando celebramos el nacimiento del Niño Jesús junto a
nuestros familiares o con nuestra comunidad. El Niño Jesús nace en nuestro
corazón y en nuestro mundo para hacerlo más humano y más fraterno. La Navidad
nos tiene que hacer más humanos y más auténticos, ojalá la coherencia y el
sentido común brillará en nuestros días con todo su esplendor y así compartiremos
todos juntos su amor y felicidad.
miércoles, 11 de diciembre de 2024
2024 DICIEMBRE ADORACIÓN EUCARÍSTICA
MI PADRE ES EL PILOTO
Señor
Jesús en esta tarde de adviento, nos estamos acercando a celebrar tu
nacimiento, tu presencia en medio de nosotros y a través de nuestra carne. En
esta esperan confiada de tu cercanía queremos depositar nuestra confianza. La
palabra de Dios, tus palabras transmiten confianza. Es decir, tenemos la
certeza de que tu presencia, es efectiva en nuestros corazones ante cualquier
circunstancia. Poseemos la convicción de que podremos descansar en Ti, todas
nuestras cargas y los obstáculos que se nos presentan saldremos. Y es la paz
ganada, de creer que incluso en los momentos más apremiantes de nuestra vida,
contamos con Tu poder Señor, que todo lo puede y todo lo alcanza.
La
confianza genuina en Ti, Señor, se expresa entonces en una fe fortalecida, que
nos da sobre todo una paz y una calma inigualables para afrontar cada uno de
los retos que implica el complejo trayecto de la vida. Escuchemos esta bonita
historia.
Mi
Padre es el Piloto:
El hombre observó al niño solo en la sala de espera del aeropuerto aguardando
su vuelo.
Cuando
el embarque comenzó, El niño fue colocado al frente de la fila, para entrar y
encontrar su asiento antes que los adultos.
Al
entrar al avión, el hombre vio que el niño estaba sentado al lado de su
asiento.
El
niño fue cortés cuando conversó con él y, enseguida, comenzó a pasar el tiempo
pintando un libro. No demostraba ansiedad o preocupación con el vuelo mientras
las preparaciones para el despegue estaban siendo hechas.
Durante
el vuelo, el avión entró en una tempestad muy fuerte, lo que lo hizo
balancearse como una pluma al viento. La turbulencia y las sacudidas bruscas
asustaron a algunos pasajeros.
Pero
el niño parecía encarar todo con la mayor naturalidad.
Una
de las pasajeras, sentada del otro lado del corredor, estaba preocupada con
todo aquello y preguntó al niño:
-¿No
tienes miedo?
-
No señora, no tengo miedo, respondió él, levantando los ojos rápidamente de su
libro de pintar. ¡Mi padre es el piloto!
Existen
situaciones en nuestra vida que recuerdan un avión pasando por una fuerte
tempestad. Por más que intentemos, no conseguimos sentirnos en tierra firme. Tenemos
la sensación de que estamos colgados del aire sin nada para sostenernos, para
asegurarnos, en que apoyarnos, y que nos sirva de socorro.
Te
pedimos Señor Jesús que cuando lleguen estas horas recordemos, con serenidad y
confianza, que: nuestro “padre” es el piloto y que por muchas que sean nuestros
problemas y dificultades, Dios nos ama y nos cuida.
Hay
momentos en nuestra vida en los que los sucesos nos sacuden un poco y nos
encontramos con turbulencias. No vemos terreno sólido y nuestros pies no pisan
lugar seguro. No tenemos donde agarrarnos y no nos sentimos seguros. Pero hemos
de recordar que nuestro Padre Celestial es nuestro piloto. A pesar de las
circunstancias, nuestras vidas están puestas en el creador del cielo y la
tierra. Y la próxima vez que llegue una tormenta a tu vida o si en este momento
estás pasando por una, alza tu mirada al cielo, siéntete confiado y di para ti
mismo: ¡Mi Padre es el piloto!
Como
el niño confiaba en su padre, aprendamos a confiar en ese maravilloso piloto,
que nos cuida y ayuda con muchísimo amor a pasar por cualquier tormenta,
dificultad o problema, por más difícil que éste sea. Ese piloto se llama: JESÚS
Tenemos
la seguridad de que llegado el momento Jesús nos ayudará a actuará de manera
correcta en una determinada situación.
Siempre
que nos encontremos con problemas y dificultades, levantemos los ojos al cielo y
recordemos que nuestro Padre es el Piloto. Dios siempre estará ahí para ti,
confía plenamente en Él.
Querido
Jesús sacramentado ayúdanos a sentirnos siempre bajo tu mirada misericordiosa y
protectora y en cualquier momento que una tormenta llegue a nuestra vida, que digamos
con toda la confianza puesta en Ti: ¡El Piloto es nuestro Padre! Amén








