sábado, 10 de febrero de 2024

Domingo 18 de febrero, celebraremos la Festividad de los Sietes Padres Fundadores, en la eucaristía de las 11h cantada por el Orfeó de Denia.

Recordadnos en vuestras oraciones, para que la familia de los Siervos seamos dignos seguidores de ellos.

 


 

TRIDUO PREPARATORIO A LA FESTIVIDAD DE LOS 7 SIETE SANTOS FUNDADORES

Del 15-17 de Febrero a las 19’40h


 

VIERNES 16 DE FEBRERO A LAS 19'15H

VIACRUCIS MEDITADO POR LA TERCERA ORDEN SERVITA


 

MIÉRCOLES 14 DE FEBRERO

MIÉRCOLES DE CENIZA E INICIO DE CUARESMA

HORARIO DE MISAS CON IMPOSICIÓN DE CENIZA:

8 Y 20H


 

2024  CICLO B TIEMPO ORDINARIO VI

El evangelio de este sexto domingo del Tiempo Ordinario nos muestra cómo Jesús acoge a un leproso. Jesús no descartaba a nadie. Se pensaba que los leprosos no tenían cura y tocarlos estaba expresamente prohibido. Los leprosos eran las personas más excluidas de la sociedad, evitadas por todos. No podían participar en ninguna cosa. Porque antiguamente, la falta de medicinas eficaces, el miedo al contagio y la necesidad de defender la vida de la comunidad, obligaba a las personas a aislarse y a excluir a los leprosos. En Israel, el leproso se sentía impuro y excluido no sólo de la sociedad, sino hasta de Dios (Lev 14,1-32).

El episodio de hoy un leproso se acerca a Jesús. Aparte de ser un excluido, impuro; quien se le acercaba también quedaba impuro. Este leproso tenía mucho valor. Hace caso omiso de las normas de la religión para poder estar cerca de Jesús: “¡Si quieres, puedes limpiarme!”.

El leproso, según el Levítico, debía andar harapiento y despeinado, e ir clamando para que todos se alejaran de él: Impuro, impuro. Impresiona el grito obligado y desgarrador que El judaísmo posterior siguió tratando con mucha dureza a estos enfermos, considerándolos cadáveres vivientes.

El leproso no pide «ser curado», sino «quedar limpio». Lo que busca es verse liberado de la impureza y del rechazo social. Jesús queda conmovido, extiende su mano, «toca» al leproso y le dice: «Quiero. Queda limpio». El grito del leproso desgarra el corazón de Jesús. Compadecido del hombre y enfurecido con la enfermedad, Jesús decide curarlo, pero, antes, realiza un gesto desconcertante: “lo tocó”. Jesús toca al leproso para liberarlo de miedos, prejuicios y tabúes. Lo limpia para decir a todos que Dios no excluye ni castiga a nadie con la marginación. Jesús corre el riesgo de contraer la impureza ritual tocando al leproso. Sin embargo, no es su impureza la que pasa a Jesús, sino la pureza de Jesús la que pasa al hombre. Así pues, Jesús no solo lo cura físicamente, también lo incluye socialmente y, a continuación, lo restaura religiosamente, mandándole que vaya a presentarse al sacerdote, como mandaba la ley.

Al final, la exclusión social del hombre pasa paradójicamente a Jesús. Aquel muerto en vida, excluido de toda relación, ya curado extiende por todos lados la buena nueva de Jesús; y el Maestro, en cambio, ya no puede entrar en ningún pueblo, como antes le sucedía al leproso. Jesús se está aventurando en el peligroso terreno de la impureza. La muerte comienza a asediarlo. Peo la gente seguía acudiendo a él estando fuera de las aldeas y ciudades. Notaban que él era distinto.

Tambien este domingo se celebra la campaña de Manos unidas en su lucha contra el hambre. Este año ponen el acento en el cuidado del planeta porque es el camino para luchar por la dignidad de las personas. Bajo el lema El Efecto Ser Humano, se quiere concienciar de que el maltrato al planeta tiene consecuencias mayores al otro lado del mundo, y destacar ese doble poder del ser humano para transformarlo: para bien y para mal. Somos la única especie capaz de cambiar el planeta.

Colaboremos en esta iniciativa con nuestra generosa aportación y tomemos conciencia de la importancia de cuidad la casa común.

 

miércoles, 7 de febrero de 2024


 

2024 FEBRERO MEDITACIÓN EUCARÍSTICA

El único modo de arreglar el mundo

 

Aquí estamos Jesús para acompañarte durante este pequeño tiempo de adoración. Venimos de muy diversas situaciones, recompone tu nuestra vida y nuestra existencia. Solamente Tu puedes arreglar este mundo.

El único modo de arreglar el mundo: Cuenta la historia que a principios del siglo XX un famoso sociólogo polaco estaba muy preocupado buscando una solución para arreglar tantos problemas que había en el mundo. Durante toda su vida había estudiado economía, ciencias políticas, historia

de las religiones, derecho y muchas otras ciencias humanas; pero por más que estudiaba, no encontraba una solución que realmente se pudiera aplicar.

Cierto día, su hijo que tenía siete años, aburrido de las vacaciones de verano y sin nada que hacer ni nadie con quien jugar, invadió el despacho de su padre dispuesto a ayudarle en lo que fuera necesario. Nuestro sociólogo, nervioso por la interrupción, le pidió al niño que fuese a jugar a otro lugar. Viendo que era imposible sacarlo, el padre pensó en algo que le pudiera entretener, y de paso, quitárselo de en medio para poder seguir con sus elucubraciones. De repente se encontró con un ejemplar de una revista donde venía un mapa muy detallado del mundo.

Con unas tijeras recortó el mapa en más de cuarenta pedazos irregulares, y junto con un rollo de cinta adhesiva, se lo entregó a su hijo diciendo:

- Como sé te gustan los rompecabezas, te voy a dar el mundo todo roto, para que lo repares sin ayuda de nadie.

Nuestro hombre pensó que al pequeño le llevaría días componer el mapa, pero no fue así. Pasadas poco más de dos horas, escuchó la voz del niño que lo llamaba:

- Papá, ¡ya lo hice todo! ¡Conseguí terminarlo!

En un principio el padre no dio crédito a las palabras del niño. Pensó que era imposible que, con sólo siete años, hubiera conseguido recomponer un mapa que jamás había visto antes. Desconfiado, nuestro sociólogo levantó la vista de sus anotaciones con la certeza de que vería el trabajo digno de un niño. Cuál fue su sorpresa cuando descubrió que el mapa estaba completo. Todos los pedazos habían sido colocados en sus respectivos lugares. ¿Cómo era posible? ¿Cómo había sido capaz un niño sin apenas estudios hacer un trabajo tan difícil?

- Pero hijo, tú no sabías cómo era el mundo. ¿Cómo lograste armarlo?

- Papá, yo no sabía cómo era el mundo, pero cuando sacaste el mapa de la revista para recortarlo, vi que del otro lado había la figura de un hombre. Así que di vuelta a los recortes y comencé a recomponer al hombre, que sí sabía cómo era. Cuando conseguí arreglar al hombre, di vuelta a la hoja y vi que había arreglado el mundo.

Nuestro sociólogo se había estado devanando los sesos intentando encontrar una solución para los problemas de nuestro mundo. Era muy sabio, pero no tanto como este niño. Hubo de ser un niño quien hiciera saber al sabio que los problemas del mundo se arreglarían si lográbamos previamente recomponer al hombre.

Así nos lo dijo Jesús con palabras muy sencillas y a la vez profundas: “¿De qué le vale al hombre ganar el mundo entero si pierde su alma?” (Mt 16:26). O en estas otras: “No atesoréis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín los corroen y donde los ladrones horadan y roban. Atesorad tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el orín los corroen y donde los ladrones no horadan ni roban. Porque donde está tu tesoro, allí estará tu corazón” (Mt 6: 19-21).

El hombre cree con mucha frecuencia que todo consiste en “conquistar el mundo” cuando en realidad de lo único que habría que preocuparse es de “recomponer el alma de los hombres”.

Esta es una lección que el hombre de hoy día todavía no ha aprendido; y cada vez está más lejos de encontrar una solución. La razón es muy sencilla, está buscando por el camino equivocado. El hombre ha dejado de conocer cómo ha de ser él mismo, ello se debe al hecho de que ha perdido de vista la imagen del hombre perfecto: Jesucristo. El mundo sólo se arreglará cuando el hombre se centre. Y el hombre sólo se centrará, si encuentra y sirve a Dios. San Agustín lo dijo con palabras que el hombre ha olvidado: “Nos hiciste Señor para Ti, y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en Ti”. Amén