Meditación
eucarística:
Paciencia
y Esperanza
Querido
Jesús sacramentado en esta tarde en que nos reunimos en torno a tu eucaristía y
en la que iniciamos el triduo a los Siete Santos Fundadores, queremos
reflexionar contigo el tema de la esperanza y la paciencia. Es un tema clave
dentro del cristianismo: la importancia de la esperanza y la paciencia en medio
de las dificultades. En las enseñanzas cristianas, la esperanza es vista como
una virtud que permite a las personas confiar en Dios, incluso cuando las
circunstancias parecen ser desalentadoras. Nuestra confianza va mucho más allá
de las apariencias.
Paciencia
y esperanza: Un
pastor tenía dos ovejas, y estaba contento porque las dos habían concebido, y
tenían unos hermosos y juguetones corderitos. Durante la noche, el pastor
encerraba sus dos ovejas en un corral que tenía muy cerca de la casa. Así se
aseguraba que lobos y zorros no las mataran.
En
las horas del día, las soltaba para que fueran a pastar por los cerros. Y aquel
día las soltó, como siempre, y dejó a los corderitos en el corral. Es muy
riesgoso soltarlos tan pequeños.
Las
dos ovejas cruzaron el río, caminando sobre su firme lecho de piedras. Las
aguas del río serrano eran poco profundas, y ellas lo cruzaban a diario. Pero
al poco tiempo se desató una tormenta muy fuerte, la lluvia fue repentina y
torrencial y las aguas bajaban con fuerza y el río se desbordó.
El
pastor salió hasta la orilla, porque sabía que se acercaba la hora en que sus
ovejas regresarían para amamantar a sus crías y pasar la noche en el corral, y
vio que sería imposible cualquier intento por cruzar aquel torrente de aguas,
sin exponerse a ser arrollado y golpeado contra las piedras.
Una
oveja se puso a pastar pacientemente en la orilla, esperando que las aguas
bajaran, la otra se impacientó y comenzó a lamentarse:
-
Esta agua no descenderá y mi hijito se morirá de hambre, aquí nos sorprenderá
el lobo y moriremos. La compañera trató de calmarla:
-
No te impacientes, recuerda que ya vimos muchas crecientes en el río y siempre
vimos las aguas descender, no nos pasará nada grave, y mañana amamantaremos a
nuestros hijos.
De
nada valieron sus reflexiones; la oveja se arrojó a las aguas del rio y la
corriente la arrastró. El pastor la miraba impotente desde la orilla opuesta.
La pobre oveja avanzó un par de metros y la fuerza del rio la vencieron y la
arrastraron río abajo; el pastor y la compañera vieron cómo el cuerpo de la
desdichada era llevado por la corriente, que lo golpeaba contra las rocas
salientes.
Al
anochecer, las aguas ya habían descendido bastante. Pastor y oveja se miraban
desde las dos orillas; el pastor, que conocía bien los pasos menos riesgosos,
entró al agua, y lenta y cuidadosamente, llegó hasta la otra orilla, ató una
cuerda al cuello de su oveja, y ambos volvieron a cruzar el río.
Los
corderitos balaban en el corral, el pastor hizo que el huerfanito mamara de la
oveja sobreviviente, que se constituyó en su madre adoptiva.
Querido
Jesús estamos convencidos que, sin esperanza, es imposible tener paciencia,
porque nadie espera lo imposible, y la esperanza más hermosa es la que nace en
situaciones más desesperantes. La impaciencia, con la que quieren alcanzarlo
todo hoy, es la que te hace perder la oportunidad de alcanzarlo mañana.
La
idea de que "nadie espera lo imposible" es una verdad profunda,
porque la esperanza se basa en la fe de que, aunque no podamos ver la solución
o el camino, Dios tiene un propósito y un plan para cada situación. La
paciencia se convierte en un acto de confianza, esperando en el tiempo de Dios,
sabiendo que Él trabaja todo para bien, aunque no siempre sea de acuerdo a
nuestro tiempo.
La
impaciencia, por otro lado, es como una tentación que nos lleva a querer
controlarlo todo y obtener resultados inmediatos. Pero muchas veces, lo que
realmente necesitamos no es un resultado rápido, sino el proceso que nos enseña
a ser más fuertes, sabios y humildes. Es hermoso pensar que la esperanza más
profunda se forja en momentos de desesperación, porque es precisamente cuando
todo parece oscuro que uno se ve llamado a poner su fe en algo más grande que
uno mismo. Ese tipo de esperanza es transformadora. Amén.

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