2026 CICLO A
TIEMPO ORDINARIO XVII
El evangelio sigue ofreciendo en parábolas los misterios del Reino. El Reino de Dios es la Obra de Dios, su Tesoro. Por eso hoy nos habla del Reino que Dios ofrece a los hombres como un tesoro, algo grande, algo precioso, algo superior, algo único, como único es Dios que lo ofrece.
Las dos primeras parábolas insisten en la postura que debe adoptar el hombre al encontrar semejante Tesoro : hacerse con él, poseerlo . Es de sentido común . Quien se comporte de otro modo, sería un necio, una tontería. Sería dejar pasar la ocasión de salvarse.
El venderlo todo para apoderarse de la joya preciosa recuerda la pequeñez de la renuncia en comparación con tan elevado tesoro , y, por otra parte, la necesidad de desprenderse de todo, fuese lo que fuere, que impida posesionarnos de tanto bien. El Reino de Dios tiene sus exigencias .
En las parábolas del tesoro y la perla Jesús habla del Reino como un descubrimiento . Da la impresión de que es algo casual. Pero lo importante es que hay que responder a ese descubrimiento con renuncias y desprendimientos , el labrador se viene obligado a “vender todo lo que tiene” para comprar ese campo. El mercader tiene que “vender todo lo que tiene para conseguir esa perla.
El hallazgo presupone una búsqueda, un deseo, una pasión. Y pone al hombre ante una elección precisa. En la medida en que es importante el hallazgo, así debe ser la opción y elección radical.
La primera lectura nos habla del sabio Salomón y de su sabia súplica. El evangelio nos presenta al sabio labriego y al sabio mercader. La sabiduría de muchos cristianos no consiste precisamente en apoderarse del Reino o vivir según la voluntad de Dios. Pidamos sabiduría para gestionar nuestra vida con inteligencia y sagacidad.
Tras encontrar el tesoro, el hombre, lleno de alegría , va y vende todo lo que posee para comprar ese campo. La alegría es el primer tesoro que el propio tesoro otorga; es la fuerza que impulsa a emprender el camino. La visión de un cristianismo sombrío, inmaduro y gris dista un mundo de la fe radiante de Jesús.
El agricultor y el mercader lo venden todo, ¡pero solo para ganarlo todo ! No pierden nada; lo inverten. Así ocurre con los cristianos: tomamos decisiones y, al elegir bien, ganamos. El reino de Dios ya está amagado en el gran campo del mundo, a veces tan perturbado, es consolador saber que hay un tesoro amagado, un tesoro que nos garantiza que lo que le ha puesto protegerá el campo, nuestro mundo. El Reino está amagado dentro. Ya no es posible separarlos, pero tampoco confundirlos. Esto nos tiene que hacer pensar que debemos aceptar el mundo, asumirlo como Dios nos lo ha dado. La esperanza amagada dentro me obliga a tomar el recipiente que la contiene . Para todos los cristianos que debemos predicar el reino y evangelizar, es imprescindible y urgente la prudencia y la sabiduría.

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