sábado, 10 de julio de 2021


 

2021 AÑO B TIEMPO ORDINARIO XV

Las lecturas de este domingo nos invitan a comunicar, compartir, anunciar lo que hemos recibido gratuitamente como discípulos y misioneros de Jesús. Muchos bautizados y gente en general, no conocen el Evangelio de Jesús, tienen una idea distorsionada o se muestran indiferentes, quizá sea porque no somos capaces de trasmitir la buena noticia. Evangelizar significa comunicación gozosa de la Buena Noticia, no tanto con palabras rebuscadas y difíciles sino con sencillez, profundidad, pero sobretodo con los gestos, actitudes, maneras de estar colocados en la vida, como individuos y como comunidad.

Jesús hoy envió a sus discípulos de dos en dos. Siempre que Dios te llama, te pone en camino. Te trastoca tu vida instalada, enciende nuevas metas y abre caminos nuevos.

- De dos en dos y no de uno en uno. Es lo primero que anunciamos los discípulos de Jesús: vamos juntos, uno al lado del otro, uniendo fuerzas.

- Les ordenó que no llevaran nada más que un bastón. Solo un bastón para sostener el paso y apoyarte del cansancio y un amigo para sostener el corazón y apoyarte en comunión.

- Ni pan, ni alforja, ni dinero y ordenó no llevar dos túnicas. Se van sin nada superfluo, incluso sin lo necesario. Los medios y las cosas no son decisivas, sólo la fe que el amor crea: Vivir de la confianza: confía en Dios, que no se perderá nada, y confía en los hombres, que abrirán sus casas.

- Jesús nos quiere a todos nómadas por y del amor: personas que no confían en la cuenta bancaria ni en los ladrillos sino en el tesoro esparcido en todos los pueblos y ciudades: manos y sonrisas que abren puertas y restauran corazones. La riqueza del nómada e itinerante es la ligereza, la sencillez y la esencialidad con la que vive.

- La fuerza de la Iglesia, hoy como entonces, no está en los números ni en los recursos ni en los medios de comunicación, sino que reside en el corazón del discípulo: "El locutor debe ser infinitamente pequeño, sólo así el anuncio será infinitamente grande. "(G. Vannucci).

Es sorprendente que Jesús insista más en el como anunciar que en su contenido. El evangelio tiene que ser anunciado por aquellos que saben vivir con sencillez. Hombres y mujeres libres que conocen el gozo de caminar por la vida sin sentirse esclavos de las cosas. No son los poderosos, los financieros, los tecnócratas, los políticos los que van a construir un mundo más humano.

Esta sociedad necesita descubrir que hay que volver a una vida sencilla y sobria. No basta con aumentar la producción y alcanzar un mayor nivel de vida. No es suficiente ganar siempre más, comprar más y más cosas, disfrutar de mayor bienestar.

Esta sociedad necesita como nunca el impacto de personas que sepan vivir con pocas cosas. Creyentes capaces de mostrar que la felicidad no está en acumular bienes. Quienes viven una vida sencilla y una solidaridad generosa son los que mejor predican hoy la conversión que más necesita nuestra sociedad. Dios ya está aquí. Él está cerca de ti con amor. Está aquí y cura la vida.

miércoles, 7 de julio de 2021



 

2021 JULIO MEDITACIÓN EUCARÍSTICA

La Santísima Sangre y sus tres heridas

 

En esta tarde en que nos presentamos ante ti Jesús sacramentado, queremos reflexionar sobre la fiesta que hoy celebramos en nuestra ciudad: La solemnidad de la Santísima Sangre. Me viene a la memoria aquel famoso poema de nuestro paisano alicantino Miguel Hernández:

Llegó con tres heridas:

la del amor, la de la muerte, la de la vida.

Con tres heridas viene:

la de la vida, la del amor, la de la muerte.

Con tres heridas yo:

la de la vida, la de la muerte, la del amor.

 

Lo que dice el poeta, bien podría aplicarse al Señor Jesús:

La herida de la vida. Es bien conocido un texto del Antiguo Testamento, que identifica la vida con la sangre: “La vida de la carne es la sangre” (Lev 17, 11). La experiencia histórica de la liberación de Egipto, en la noche de Pascua, asocia también la sangre con la vida, ya que la sangre servirá de señal en las casas donde estén y, por tanto, sus habitantes quedarán libres de la muerte. Con Jesús de Nazaret entramos ya en una nueva dimensión, a la vez más potente y más profunda, más personal y más universal. Recordemos sus palabras: “Os aseguro que, si no coméis la carne y no bebéis la sangre del Hijo del Hombre, no tendréis vida en vosotros. Quien come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna y yo lo resucitaré el último día.” (Jn 6,53-56). Es muy claro, por tanto, que la sangre de Jesús se convierte en fuente de vida, de vida plena y gozosa.

La herida del amor. Sin duda, la vida de Cristo queda explicada y marcada por el amor. Al final de sus días, “habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo” (Jn 13, 1); Su entrega brota del amor y, además, se orienta al amor. Se trata, por tanto, de un amor que nos da la paz, construye la unidad, derriba los muros de separación y nos regala la salvación (aunque, para ello, tenga que derramar su sangre por la herida de su amor).

La herida de la muerte. Es el evangelista Juan el que recoge la escena de la lanzada, señalando que, del pecho abierto del Hijo de Dios crucificado, “brotó sangre y agua” (Jn 19, 34). Poco antes, es Lucas quien detalla que, durante la oración del Huerto, “le corría el sudor como gotas de sangre cayendo al suelo” (Lc 22, 44). Si Cristo no vaciló en entregarse del todo por nosotros, si Él llegó hasta el límite para sacarnos del abismo en el que nuestro orgullo nos había postrado, nosotros hemos de corresponder a su ejemplo saliendo de nuestra desidia, dejando a un lado nuestras comodidades, implicándonos del todo cuando alguien sufra. En definitiva, compartiendo el dolor ajeno sin hipocresía ni fingimiento.

Podeos acercarnos a la Preciosa Sangre de Cristo para captar ahí las tres heridas, de la vida, del amor, de la muerte. Y pedirle: ¡Sangre de Cristo, embriáganos! Esto nos alentará a no banalizar nuestra vida. La llenaremos más bien de los mismos sentimientos de Jesús. Dejaremos que nuestra alma sea conquistada por su amor, un amor que no excluye a nadie, que tiene especial predilección por los menos favorecidos.

Movidos por este amor, no sucumbiremos al favoritismo, no tendremos una mirada interesada o mezquina, acogeremos a todos, no llevaremos cuentas del mal, no guardaremos rencor, saldremos sin remilgos al encuentro del prójimo. Si el Maestro nos ha amado de modo incondicional, ha tenido misericordia de nosotros e incluso se ha abajado hasta llegar a lavarnos los pies, nuestro camino ha de pasar por un ejercicio constante de solidaridad y cercanía hacia cuantos están hundidos en la amargura, la penuria, la depresión y el olvido.

Nos animará igualmente a edificar una sociedad fraterna, donde se respeten los derechos y libertades fundamentales del ser humano. Nos conducirá a abrir el corazón a los pobres y a cuantos tienen destrozada su dignidad. Nos invitará a luchar contra la explotación de la persona, contra quienes maltratan la vida. Nos robustecerá, en fin, para consolar a quienes viven en la soledad o el abandono.

sábado, 3 de julio de 2021


 


 

FRASES PARA REFRESCAR EL ALMA
 


 2021 AÑO B TIEMPO ORDINARIO XIV

Las lecturas de hoy nos proponen como modelo de conducta el «profetismo» representado por el profeta Ezequiel en la primera lectura y de modo eminente y definitivo por Jesús, en el evangelio de Marcos. Al usar el proverbio de que «no desprecian a un profeta nada más que en su casa», Jesús se presenta claramente como profeta. ¿Qué es un profeta? Los profetas y las profetisas no hablaban por su cuenta, sino que transmiten el mensaje de Dios, ven la realidad de lo que sucede con los ojos de Dios.

Jesús está en Nazaret, su casa, todos se conocen, todos saben todo sobre todos (o eso creen). No tenía poder, no era un intelectual con estudios. Tampoco pertenecía a los sacerdotes del templo. No era miembro de una familia honorable, Jesús era un carpintero de una aldea desconocida de Galilea.

La gente se asombra con discursos y palabras nuevas que nunca han escuchado en la sinagoga; Lo veían como un maestro que enseñaba a entender y vivir la vida de manera diferente. ¿de dónde salen estas cosas?

Jesús habla abiertamente de la humanidad, de la familiaridad de un Dios que sale del templo y entra en lo cotidiano de cada casa. Jesús, un rabino sin títulos y con callos en las manos, comenzó a contarles a Dios con parábolas que huelen a hogar, a tierra, donde un brote, una semilla de mostaza, se convierte en imagen de la revelación. Escandaliza la humildad de Dios. Este no puede ser nuestro Dios. Dónde está su gloria y su esplendor. Un profeta es despreciado sólo en su casa. Son los prejuicios humanos, las dudas, las etiquetas que colocamos sobre los hombros de los demás.

Dios calla y se asombra, pero no se da por vencido y dice a Ezequiel: "que oigan o no, que sepan que por lo menos hay un profeta entre ellos". Estamos rodeados de profetas, quizás pequeños, quizás mínimos, pero enviados continuamente. Y nosotros, como los habitantes de Nazaret, malgastamos y malgastamos a nuestros profetas, sin escuchar lo inaudito de Dios. Incluso Jesús ante la negativa de sus paisanos no se rinde. No pudo obrar ningún milagro sólo impuso las manos sobre unos pocos enfermos y los curó.

El Dios rechazado todavía se preocupa. El amante rechazado sigue amando, incluso sin regresar. Dios no está cansado de nosotros: simplemente está asombrado.

Lo que más atraía a la gente era la sabiduría de su corazón y la fuerza curadora de sus manos. Jesús comunica su experiencia de Dios y enseña a vivir bajo el signo del amor.

Sin embargo, las gentes de Nazaret no lo aceptan. Neutralizan su presencia con toda clase de preguntas, sospechas y recelos. A Jesús no se le puede entender desde fuera. Hay que entrar en contacto con él. Dejar que nos enseñe cosas tan decisivas como la alegría de vivir, la compasión o la voluntad de crear un mundo más justo. Dejar que nos ayude a vivir en la presencia amistosa y cercana de Dios. Jesús no atrae por una doctrina, sino nos invita a vivir de manera nueva.