sábado, 5 de marzo de 2022
2022 AÑO C TIEMPO DE CUARESMA I
La Iglesia nos vuelve a
lanzar al reto de la cuaresma, como el entrenador que invita a sus atletas al
entrenamiento. El atleta serio sabe que debe esforzarse mucho y que su
rendimiento no va a cambiar de la noche a la mañana sin esfuerzo. Para nosotros,
cristianos, el objetivo de nuestro entrenamiento cuaresmal es llegar a ser
mejores discípulos, acercarnos más al Señor, fortalecer nuestra amistad con él,
vivir más intensamente nuestra condición de hijos de Dios.
La Cuaresma nos empuja
hacia el desierto, para tener una experiencia semejante a la del pueblo de
Israel y del mismo Jesús. El desierto es un lugar donde los recursos básicos de
la vida son escasos: no abunda el agua ni la comida, no hay comodidades, ahí se
palpan mejor nuestros propios límites; ahí la tentación se hace más recia, más
fuerte.
Pero el desierto es
sobre todo un lugar privilegiado para encontrarnos con Dios, aunque solo es un
lugar de paso hacia algo mejor. No es lugar para quedarse a vivir de forma permanente.
Dios nos manifiesta su presencia y su amor; pero también para que podamos
descubrir lo que hay en nuestro corazón; Dios no necesita esa información, pero
nosotros sí necesitamos saber y medir con frecuencia dónde estamos respecto a
Él.
Jesús, a pesar de ser
el Hijo querido del Padre, y a pesar de estar lleno del Espíritu, tuvo que
combatir al diablo, tuvo que luchar contra la tentación. Esta enseñanza es
capital para nosotros: Aunque estemos bautizados, aunque Dios nos ame, aunque
poseamos la gracia del Espíritu Santo, nuestra vida sigue siendo un combate
constante contra las fuerzas oscuras que tratan de oponernos a Dios y
desviarnos de sus proyectos.
Jesús ante las
tentaciones nunca se apartó de su Padre. Jesús ama al Padre por encima todo,
incluso con las escasas fuerzas físicas que le quedaron después de los cuarenta
días de ayuno.
- Si eres Hijo de Dios, di a esta piedra que se convierta en pan. Si
hubiera hecho caso a esta tentación, Jesús habría renegado de lo que entraña la
encarnación; no habría asumido de verdad nuestra condición humana con todas sus
consecuencias. Él no resuelve todos los problemas de su vida con un golpe de
magia. El pan material, por imprescindible que sea, no basta. Todos necesitamos
también alimentarnos de lo que sale de la boca de Dios.
- Te daré poder y gloria, si tú te arrodillas delante de mí, todo será
tuyo. El diablo acude a Jesús con mentiras, prometiéndole lo que no es
suyo, si adora al diablo en lugar de adorar a Dios. Al Señor, tu Dios, adorarás, y a él solo darás culto.
- Lánzate de lo alto del tempo y los ángeles vendrán en tu ayuda y
como la gente ama los milagros, te seguirán. El diablo es seductor, se pone la
máscara de amigo, como para ayudar a Jesús a hacer mejor al Mesías. Está
haciendo una caricatura de la fe, la reduce a la pura búsqueda de su propio
beneficio. No está buscando a Dios, solo está buscando tu beneficio. ¿Quieres
ganar el mundo con la cruz? No ayudará, dice el diablo. En cambio, dale pan,
poder y efectos especiales, y te seguirá. Pero Jesús no quiere ganar a nadie,
quiere liberar.
miércoles, 2 de marzo de 2022
2022 MEDITACIÓN EUCARISTICA:
EL CORAZÓN DE LAS CEBOLLAS
Estamos aquí junto aquí Jesús sacramentado para que calmes nuestro
corazón y le des fuerza para seguir cambian y convirtiéndose en aquello que el
Padre Dios nos creó y pensó desde toda la eternidad para cada uno de nosotros.
Hoy iniciamos la cuaresma con la imposición de la ceniza, hoy iniciamos una
nueva andadura, una nueva oportunidad para adentrarnos dentro de nuestro
corazón y descubrir el tesoro que allí nos aguarda.
Esta oportunidad de cambio y transformación anual es una gran
importancia, pues durante cuarenta días tendremos la ocasión para confrontarnos
y para reflexionar un poco más sobre nosotros mismos.
Tendremos la oportunidad de desprendernos de aquella capa fea y
superficial que nos envuelve y poder brillar como hijos auténticos del Padre y
hermanos tuyos, Jesús amigo de los hombres.
Escuchemos esta bonita historia: EL CORAZÓN DE LAS
CEBOLLAS
Había una vez un huerto lleno de hortalizas, árboles frutales y
toda clase de plantas. Como todos los huertos, tenía mucha frescura y agrado.
Por eso daba gusto sentarse a la sombra de cualquier árbol a contemplar todo
aquel verdor y a escuchar el canto de los pájaros. Pero de pronto, un buen día,
empezaron a nacer unas cebollas especiales.
Cada una tenía un color diferente: rojo, amarillo, naranja,
morado...El caso es que los colores eran irisados, deslumbradores,
centelleantes, como el color de una mirada o el color de una sonrisa o el color
de un bonito recuerdo.
Después de juiciosas investigaciones sobre la causa de aquel
misterioso resplandor, resultó que cada cebolla tenía dentro, el mismo corazón
(porque también las cebollas tienen su propio corazón), una piedra
preciosa.
Alguna tenía un topacio, la otra una aguamarina, aquella un
lapislázuli, la de más allá una esmeralda... ¡Una verdadera maravilla!
Pero por alguna incomprensible razón se empezó a decir que aquello
era peligroso, intolerable, inadecuado y hasta vergonzoso.
Total, que las bellísimas cebollas tuvieron que empezar a esconder
su piedra preciosa e íntima con capas y más capas, cada vez más oscuras y feas,
para disimular cómo eran por dentro. Hasta que empezaron a convertirse en unas
cebollas de lo más vulgar.
Pasó entonces por allí un sabio, a quien gustaba sentarse a la sombra
del huerto y que sabía tanto que entendía el lenguaje de las cebollas, y empezó
a preguntarles una por una:
- ¿Por qué no eres como eres
por dentro?
Y ellas le iban respondiendo:
- Me obligaron a ser así...
- Me fueron poniendo capas... Incluso yo me puse alguna para que
no dijeran...
Algunas cebollas tenían hasta diez capas y ya ni se acordaban de
por qué se pusieron las primeras.
Y al final el sabio se echó a llorar. Y cuando la gente lo vio
llorando, pensó que llorar ante las cebollas era propio de personas muy
inteligentes. Por eso todo el mundo sigue llorando cuando una cebolla nos abre
su corazón.
Esto nos recuerda el trabajo que debemos empezar durante esta
cuaresma. No importa lo que piensen los demás de ti, no importa lo que digan. Se
tú mismo, no envuelvas en capas lo mejor de ti. Intenta desechar toda esa
superficie banal con que a veces nos recubrimos para defendernos de los demás o
de nosotros mismo. Atrevámonos a cambiar según nuestro corazón, según nuestro
interior. Muchas veces dejamos de ser quien somos para evitar que nos hagan
daño, otras veces, las circunstancias te van envolviendo en capas y te vuelves
una persona fría e insensible.
No escondamos lo mejor de nosotros, porque a pesar de todo lo malo
que puedan hacernos, toda luz rompe con la oscuridad por más pequeña que sea.
Esa luz nace de tu interior y forma parte constituyente de
nuestro ser creatura, querida por Dios y amada tal como somos. Iniciemos este
camino cuaresmal junto a Jesús para que él nos ayude a desprendernos de aquello
que no nos identifica y transfórmenos en hijos de luz tal como el Señor quiere.
Amén