ACCIÓN DE GRACIAS
Saliste, Señor, en la madrugada de la
historia a buscar obreros para tu viña.
Y dejaste la plaza vacía –sin paro–, ofreciendo
a todos trabajo y vida, salario, dignidad y justicia.
Saliste a media mañana, saliste a
mediodía, y a primera hora de la tarde volviste a recorrerla entera.
Saliste, por fin, cuando el sol
declinaba, y a los que nadie había contratado te los llevaste a tu viña, porque
se te revolvieron las entrañas viendo tanto trabajo en tu hacienda, viendo a
tantos parados que querían trabajo y estaban condenados todo el día a no hacer
nada.
A quienes otros no quisieron tú les
ofreciste ir a tu viña, rompiendo los esquemas a jefes, patrones y
esquiroles..., a los que siempre tienen suerte y a los que madrugan para
venderse.
Al anochecer cumpliste tu palabra.
A todos diste salario digno y justo, según
el corazón y las necesidades te dictaban.
Quienes menos se lo esperaban fueron los
primeros en ver sus manos llenas; y, aunque algunos murmuraron, no cambiaste tu
política evangélica.
Señor, sé, como siempre, justo y
generoso, compasivo y rico en misericordia, enemigo de prejuicios y clases, y
espléndido en tus dones.
Gracias por darme trabajo y vida, dignidad
y justicia a tu manera..., no a la mía.
Amén
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