domingo, 30 de julio de 2023


 

¿DÓNDE ESTÁS, SEÑOR?

Me dicen que, hace un tiempo, 

te sembraron en mi corazón…y no te encuentro.

Que pregonan que, en el cielo te hallas,

y cuando levanto la vista no te alcanzo.

Me repiten que, en los destrozos del mundo,

es donde especialmente sales a nuestro lado y…no llego a percibir tu presencia.

¿Qué tengo que vender para poder comprarte?

¿Qué tengo que dejar para poder conseguirte?

Mis ojos no te ven porque andan distraídos,

porque prefieren verse seducidos

por el gran capital que el mundo oferta.

¡Demasiado bien sé dónde se encuentra tu tesoro!

En el silencio, que tanto hiere porque tanto me dice.

En la humildad, donde la pequeñez tanto me asusta.

En la sinceridad, que me convierte en diana de tantos dardos.

Ayúdame, oh Cristo, a no perder el campo de tu tesoro:

La fe que es llave para poder amarte y descubrirte.

El amor que es bono seguro que cotiza en el cielo.

Mi perfección, para no convertirme en algo vulgar y solitario.

¡NO ME CONTESTES, SEÑOR! 

Soy yo, quien hoy más que nunca,

necesito buscarte por mí mismo

y ponerte en el lugar que te corresponde: ¡EN EL CENTRO DE MI TODO! 

Amén

 

sábado, 29 de julio de 2023


 

2023 AÑO A TIEMPO ORDINARIO XVII

 

La liturgia de este domingo propone un texto que nos invita a mirar adentro. Y con una visión muy positiva. No tenemos que ir a buscar nada fuera. Ni los triunfos, ni la tranquilidad, ni la seguridad. Los motivos del gozo y la paz están ahí para quien quiera despertar. En el centro del corazón hay un tesoro escondido. Nuestra vida es tan valiosa como una perla preciosa. Merece la pena cualquier esfuerzo –vender todo cuanto tenemos– para encontrar todo cuanto somos.

El protagonista de la primera parábola es un hombre con suerte. Mientras camina por el campo, encuentra un tesoro. Su primera reacción es esconderlo. Repuesto de la sorpresa, se llena de alegría y decide apropiarse del tesoro, pero legalmente. La única solución es comprar el campo. Es grande y caro. No importa. Vende todo lo que tiene y lo compra. Entrar en el Evangelio "es como entrar en un río de alegría" (Papa Francisco), respirar aire fresco. ¡Dios establece con nosotros la pedagogía de la alegría! No nos privemos de un solo día feliz.

El protagonista de la segunda parábola es distinto, no pierde el tiempo paseando por el campo. Es un comerciante concienzudo que va en busca de perlas de gran valor. No la encuentra por casualidad, va tras ella con ahínco. Como buen comerciante, calculador y frío, no salta de alegría cuando la encuentra, pero hace lo mismo que el primero: vende todo lo que tiene para comprarla.

El caminante y el comerciante venden todo, pero para ganarlo todo. No pierden nada, lo invierten. Hacen un trato. Así somos los cristianos: elegimos y, eligiendo bien, ganamos. No somos mejores que los demás, sino más ricos: tenemos un tesoro de esperanza, de valor, de libertad, de corazón, de Dios.

Las parábolas, aparte de infundir ilusión, animan también a un examen de conciencia. El cristiano, con su actitud, es quien revela a los demás el valor supremo del Reino. Si no nos llenamos de alegría al descubrirlo, si no renunciamos a todo por conseguirlo, no haremos perceptible su valor. Lo que sucede con Dios es lo que sucede a quien encuentra un tesoro o una perla: un vuelco total y gozoso que sobrecoge la existencia, algo que marca la diferencia entre el antes y el después.

La tercera parábola empalma muy bien con las dos anteriores. Hay gente dentro de la comunidad que no vive de acuerdo con los valores del evangelio, que no mantiene esa experiencia de haber descubierto un tesoro o una perla. La respuesta es muy dura, se separarán los peces buenos y los malos.

Tesoro y perla son los nombres que el enamorado da a su amor. Hermanos debemos sentirnos como el caminante afortunado y el rico comerciante, porque conocemos el placer de creer, el placer de amar a Dios: una fiesta del corazón, de la mente, del alma. Demos gracias a Aquel que nos hizo tropezar con un tesoro, con muchas perlas, por muchos caminos, por muchos días de vida.

miércoles, 26 de julio de 2023


 

2023 JULIO ADORACIÓN

La flor más bella del jardín

 

Señor Jesús aquí nos tienes para pasar unos momentos contigo. Vivimos siempre buscando encuentros significativos y aquí contigo sentimos la fuerza de tu presencia en la eucaristía y en el amor que nos tienes. Esto nos hace vivir íntegramente y con honestidad. Eso es lo que te pedimos hoy haznos cada día más sinceros y honestos contigo y con los que nos rodean. Queremos imitar tu integridad total y absoluta. Escuchemos esta linda historia.

La flor más bella del jardín: Cuentan que, en un remoto poblado de oriente, vivía una pareja de ancianos que eran muy viejos. Los dos eran casi centenarios y todo el mundo los admiraba porque tenían, según se comentaba, el jardín más hermoso de la Tierra. Allí crecían flores que nadie más era capaz de cultivar y el aroma de las plantas embriagaba el aire varios kilómetros a la redonda.

Los ancianos sabían que ya no les quedaba mucho tiempo de vida. Lo que más lamentaban era despedirse de su jardín. No querían que el trabajo de toda una vida tuviera un destino incierto. Por eso, acordaron que se lo entregarían al jardinero que más lo mereciera. Después de pensarlo durante varios días, los ancianos llegaron a la conclusión de que lo mejor era realizar un concurso entre los jardineros. Esta era la única manera de saber cuál de ellos era merecedor de quedarse con el fabuloso jardín. Lo que hicieron, entonces, fue pedirles a los pobladores de la región que difundieran la noticia.

El que estuviera interesado en heredar el jardín, debía presentarse en la primera noche de luna llena de ese mes. A los que comparecieran les pondrían una tarea. La noticia corrió como pólvora y los más prestigiosos jardineros de Oriente estaban interesados en concursar.

La criada de los dos ancianos tenía una hija, que amaba profundamente a ese jardín, pero no sabía nada de jardinería. Por eso sintió pena cuando se habló del concurso. Seguramente el ganador ya no le iba a permitir a su hija volver a ese sitio encantado y ella iba a estar muy triste.

La mujer le contó a su hija sobre el concurso, para que fuera preparándose a decirle adiós al bello jardín. Sin embargo, la muchacha decidió participar en el evento, aunque no ganara.

Cuando llegó la fecha señalada, se hicieron presentes los más famosos jardineros de Oriente. También la hija de la criada, que quería, al menos, ver el jardín por última vez. En el momento justo salieron los ancianos y les informaron que les darían una semilla a todos. Debían cultivarla y, pasados tres meses, quien trajera la flor más bella ganaría el concurso.

Todos salieron muy entusiasmados, incluyendo la hija de la criada. Era una prueba justa y cada quien iba a poner su mejor empeño en realizarla de la mejor manera. La muchacha se dio a la tarea de cultivar la semilla a la mañana siguiente. Sabía que estaba en desventaja frente a jardineros expertos, pero pensó que lo que no tenía de conocimientos, le sobraba en amor por el jardín de los ancianos. Los días pasaron y la semilla no brotaba. Ella la regaba con paciencia. La sacaba al sol y dejaba que le diera el viento, pero nada. Por más cuidados que le prodigara, no sucedía nada.

El tiempo pasó y llegó el día de la prueba. La semilla de la muchacha estaba igual que el primer día. Aun así, ella quiso ir a la prueba para despedirse del hermoso jardín que tanto amaba. Quizás esa era la última vez que podría verlo.

Comenzaron a llegar jardineros de todos los rincones. Cada uno de ellos traía flores esplendorosas, de aromas exquisitos y maravillosos colores. La chica quedó sorprendida. Nunca había visto muchas de las raras especies que había en ese salón. La pareja de ancianos comenzó a inspeccionar cada una de ellas. Observaban las flores con detenimiento y las evaluaban. Cuando llegaron a donde estaba la semilla de la chica, apenas miraron y siguieron de largo.

Llegó el momento del veredicto, los ancianos dictaminaron que la ganadora era la hija de la criada. Nadie podía creerlo. Se escucharon voces airadas que exigían una explicación. Entonces los ancianos les dijeron que todas las semillas que les habían entregado eran estériles. Le daban el premio a la chica porque ella era la poseedora de la flor más bella y más difícil de cultivar: la honestidad.

Haznos Jesús que busquemos y seamos siempre honestos e íntegros en nuestros pensamientos y acciones, que ellas reflejen la belleza de nuestro interior y seamos capaces de construir relaciones fraternas basadas en estos valores, tan olvidados en nuestra sociedad. Amén

domingo, 23 de julio de 2023


 

¿CÓMO SE HACE, SEÑOR?

Crecer y florecer hacia arriba, hacia el cielo,

cuando tantas cosas me empujan a ser pequeño como la tierra.

Convivir con lo que no me deja ser ni vivir.

Sembrar la bondad cuando sólo me responde el mal.

Levantar a un hermano cuando desea mi ocaso.

Dejar que te acompañe el que piensa de distinta manera.

Defender el bien, cuando tan de moda está el mal.

Callar cuando mis labios me piden hablar.

Hablar, cuando el evangelio me exige callar.

Apartar de mí, la parte de cizaña,

que hace que, mi pensamiento, esté confundido.

Apartar de mis pies la cizaña del inmovilismo,

de una fe fácil, sin trascendencia y conformista.

Apartar de mi lengua la cizaña de mis malas palabras

que hieren, cortan, distancian, ofenden.

¿CÓMO SE HACE, SEÑOR? 

El alcanzar la paciencia cuando ves que, la cizaña del mal,

brota y se agiganta más rápidamente que las semillas del bien.

Por eso te pido: Dame valor en la lucha;

Perseverancia en mis obras;

Ilusión en mi siembra;

Comprensión hacia mis adversarios;

Caridad en mis juicios;

Seguridad en mis caminos;

Esperanza en lo que hago, digo, siembro y medito.

Amén

sábado, 22 de julio de 2023


 

MARTES 25 de JULIO, SOLEMNIDAD DE SANTIAGO APOSTOL – PATRONO DE ESPAÑA - , celebraremos a las 20 horas misa con la colaboración de los Amigos del Camino de Santiago.