domingo, 20 de septiembre de 2026


 

2026 CICLO A

TIEMPO ORDINARIO XXV

Jesús compara el Reino de los Cielos con un dueño que sale a contratar obreros para su viña. Sale al amanecer, vuelve más tarde, sale al mediodía, a media tarde y hasta casi al final del día. No se cansa de buscar. No deja la viña cerrada para unos pocos.

Esta imagen nos habla de un Dios que sigue llamando. Hay personas que escuchan su voz desde temprano: desde la infancia, desde una fe recibida en casa, desde una vida marcada por la cercanía a la Iglesia. Otras llegan más tarde, después de búsquedas, caídas, heridas o años de distancia.

Nadie puede pensar que ya es demasiado tarde para entrar en la viña. Mientras Dios llama, hay posibilidad de comenzar de nuevo. La misericordia del Señor no se agota porque alguien haya tardado en responder.

Fijémonos en la respuesta de los de la última hora: Nadie nos contrató. Esa frase puede pasar desapercibida, pero tiene mucha fuerza. Habla de personas no elegidas, no miradas, no llamadas, tal vez consideradas inútiles por otros. Jesús nos invita a mirar con más misericordia a quienes parecen llegar tarde. No siempre conocemos la historia de una persona. No sabemos qué heridas cargó, qué puertas se le cerraron, qué oportunidades no tuvo, qué palabras le faltaron, qué desprecios recibió. Id también vosotros a mi viña. En el Reino, siempre hay lugar para quien se abre a la gracia, aunque llegue con las manos vacías y el día avanzado.

Al final, todos reciben el mismo salario. Los que trabajaron desde temprano se quejan. No protestan porque el dueño haya incumplido con ellos; recibieron lo acordado. Se molestan porque los últimos fueron tratados con una generosidad inesperada. La comparación les impide agradecer. Ya no miran el don recibido, sino lo que recibió el otro. Esa actitud también puede aparecer en nosotros. A veces nos cuesta alegrarnos cuando Dios levanta a alguien, cuando perdona a quien consideramos indigno, cuando bendice a quien llegó tarde, cuando abre una puerta a quien nosotros ya habíamos descartado.

A eso se le llama envidia espiritual y es muy sutil. Puede esconderse detrás actitudes no justas, yo merezco otra cosa. Pero el Evangelio nos recuerda que servir a Dios no es una competencia de méritos. Estar en la viña desde temprano ya es una gracia.

La bondad de Dios supera nuestros cálculos. El dueño pregunta: “¿Vas a tener envidia porque soy bueno?”. Esa pregunta desnuda el centro del problema. No soportan la bondad excesiva del dueño. Quieren una justicia medida solo por comparación humana, pero Dios revela una justicia atravesada por misericordia. Esto no significa que el esfuerzo no valga. Quienes trabajaron todo el día no perdieron su tiempo. Participaron de la viña, respondieron al llamado, recibieron lo prometido. Pero deben aprender que la bondad de Dios no se reduce a nuestras cuentas.

Los últimos serán primeros y los primeros serán últimos. Jesús no lo dice para desanimar a los fieles, sino para purificar el corazón. El Reino no se vive desde el orgullo de haber llegado antes, sino desde la gratitud de haber sido llamados

No hay comentarios:

Publicar un comentario