sábado, 19 de julio de 2025


 

ACCIÓN DE GRACIAS

Aquí estoy, otra vez, Señor, en este lugar de encuentro, tan tuyo, tan mío, tan nuestro.

Abre tus brazos y acógeme.

Tómame y toma este rato; y que el viento se lleve los días locos, huérfanos y tristes que pasé solo, sin ti, vagando, persiguiendo, probando... y que no me llevaron a ninguna parte.

Déjame estar contigo, sin etiquetas, sin normas, tranquilo; escuchando tus palabras en silencio, gustando tu presencia en mis vacíos.

Déjame estar contigo, sentado a tus pies, mirando tus ojos, soñando tus sueños, recostado en tu regazo, respirando al unísono, sintiendo tus abrazos..

Y mientras tanto... ¡acoge mis oscuros secretos y enciéndelos, hasta acrisolarlos o consumirlos en tu fuego!

¡Déjame estar contigo!

Amén

 


 

2025 CICLO C

TIEMPO ORDINARIO XVI

En este XVI domingo del tiempo ordinario, Lucas nos lleva a una casa donde viven sus amigos Lázaro, Marta y María. Jesús se recupera de las fatigas de la misión dejándose acoger por estos amigos: Marta, que es la mayor y hace los honores, y María que escucha entusiasmada a Jesús.

Jesús es recibido con cariño, pero de dos maneras distintas. Marta tiene el carácter de una anfitriona: se desvive por los deberes de acoger a un huésped tan excepcional. Nos recuerda a tantas mujeres queridas, casi podemos verlas: preparan comida excelente, ponen la mesa, van y vienen….

María, sentada a los pies de Jesús, lo escucha entusiasmada y absorbida por su palabra. Es lo que desea Jesús que le ESCUCHEMOS para así poder darnos sus Palabras de vida eterna. También es el deseo de Dios Padre cuando nos dice: Este es mi Hijo amado, en quien me complazco; escuchadle.

Jesús no critica el servicio. En muchos otros pasajes del Evangelio nos enseña su importancia. Pero aquí Jesús establece la prioridad: ESCUCHAR su palabra.

Marta está tan absorta en sus quehaceres, que entra en modo angustia y en un momento dado, viendo a su hermana sentada a los pies del Señor, estalla. Marta podía haber pedido ayuda a su hermana; en cambio, acumuló fastidio e irritación y apeló directamente a Jesús. El problema de Marta no es el servicio, sino ese activismo que la inquieta, que la hace trabajar sin sosiego y, además, perdiendo de vista al invitado.

Es un riesgo también para nosotros: que nuestro hacer se convierta en un activismo inquieto, ansioso, nervioso, con poca atención a las personas; incluso podemos hacer muchas cosas bonitas por Jesús, pero sin Él, no hacemos nada.

Agitados por tantas ocupaciones y preocupaciones, necesitamos tomarnos de vez en cuando un tiempo de descanso para sentirnos de nuevo vivos. Pero necesitamos además pararnos y encontrar el sosiego necesario para recordar de nuevo lo importante de la vida.

Hay que decir que ambos personajes merecen nuestro respeto y nuestra atención. Con ambos habremos de dialogar e integrarlos en nuestro puzle completo. Todos tenemos algo de Marta y algo de María. Lo importante es saber combinarlos adecuadamente. El servicio está fuera de lugar cuando nos impide escuchar a Jesús. Esto es lo que hace María, sentada a sus pies y Jesús dice que esa es la parte mejor, y no se la quitarán. De nada vale correr mucho si vamos en la dirección incorrecta.

Por ejemplo, el celular. Ofrece grandes beneficios. Pero también confunde. Hay quienes insisten en responder el celular en medio de la Misa. Es pura compulsión. ¿Habrá alguien llamando más importante que Dios en estos momentos de la eucaristía? Puede haber casos de emergencia, pero no hagamos de ellos excusa para perder el control.

miércoles, 16 de julio de 2025

2025 Meditación eucarística:

El elefante sereno y el gorila irascible

Aquí estamos Señor Jesús sacramentado, en esta tarde de verano, para acompañarte unos momentos y aprender a dominar nuestros impulsos y sobre todo aprender a serenar el alma.

Cuantas veces algunas circunstancia s de la existencia nos exaltan y nos irritan de tal manera que volcamos nuestra ira y furia hacia los demás y no conseguimos ningún resultado. Reconocemos que la verdadera fuerza no está en imponer, gritar o pelear, sino en dominarse a uno mismo. Vivir con serenidad y paz nuestra vida es un don, que hay que pedir constantemente al Señor. Jesús sacramentado te pedimos en esta tarde que sepamos dominar y controlar nuestros impulsos para asumir tu misma docilidad. Escuchemos esta historia.

El elefante sereno y el gorila irascible: En la selva más espesa y verde, donde la bruma matinal se filtraba entre los árboles gigantes, vivían dos animales conocidos por su gran fuerza: Kibo, un elefante de colmillos enormes y pasos tranquilos, y Bantu, un gorila musculoso y de mirada intensa.

Aunque eran vecinos, no se llevaban bien. Bantu perdía la paciencia con facilidad y cualquier contratiempo lo hacía rugir y golpear los troncos. Kibo, en cambio, observaba en silencio, intentando no involucrarse.

Un día, durante una fuerte tormenta, un árbol cayó y bloqueó el paso hacia el río. Bantu llegó primero y empezó a empujar con furia, lanzando gritos que retumbaban como truenos, pero el árbol no se movía ni un centímetro. Su ira crecía con cada intento fallido.

- ¡Este árbol no me vencerá!, rugía Bantu, golpeando el árbol con todas sus fuerzas.

Kibo llegó y se detuvo a observar. Vio el esfuerzo descontrolado de Bantu y, sin decir nada, esperó a que el gorila se calmara. Cuando Bantu quedó exhausto, jadeando y con los puños adoloridos, Kibo se acercó.

- La furia solo te ciega, dijo Kibo con voz pausada. Si quieres moverlo, debemos pensar juntos.

Usando su fuerza combinada y un tronco como palanca, lograron apartar el árbol sin más gritos ni golpes. El río volvió a fluir ante ellos como un regalo de paz.

Bantu miró a Kibo con respeto y comprendió que la ira no lo hacía más fuerte, sino más débil.

- Gracias, Kibo, dijo con humildad. Hoy aprendí que la paciencia y la calma pueden más que la furia.

 

Jesús cuantas veces nos arrebata la ira y la furia, sin embargo, la ira nos hace perder el control y la claridad. Aprender a dominarla nos permite enfrentar los problemas con inteligencia, usar nuestra fuerza de forma positiva y encontrar soluciones en lugar de destrucción.

Esta historia que hemos escuchado, el elefante sereno y el gorila irascible, representan dos formas de enfrentar la vida: una basada en la paz interior y otra dominada por la ira y el orgullo. El gorila, a pesar de su fuerza, vive constantemente alterado, reaccionando con violencia ante cualquier contratiempo. Por el contrario, el elefante, igualmente fuerte, pero sereno, responde con paciencia, autocontrol y compasión.

Esto nos recuerda lo que dice la Palabra de Dios en Gálatas 5, 22-23: “El fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, dominio propio...”

El elefante refleja a alguien lleno del Espíritu Santo: firme pero pacífico, fuerte pero manso. No reacciona por impulso, sino que actúa desde la sabiduría y la templanza, cualidades que Dios valora más que la fuerza bruta.

El gorila, en cambio, simboliza al ser humano que se deja llevar por sus pasiones sin permitir que Dios transforme su corazón. Su poder exterior contrasta con su debilidad interior.

Tú, Señor Jesús dijiste en el Sermón del Monte: “Bienaventurados los mansos, porque ellos heredarán la tierra.

Este cuento nos enseña que la verdadera fuerza no está en imponer, gritar o pelear, sino en dominarse a uno mismo, en vivir con la paz que solo Dios puede dar. Así como el elefante, estamos llamados a ser testimonio de esa serenidad que nace de confiar en el Señor. Amén.

 

sábado, 12 de julio de 2025


 


 

ACCIÓN DE GRACIAS

El prójimo pone a prueba el Buen Samaritano que tenemos escondido.

Prójimo es aquel que me exige salir de mí mismo y medir si la fe es operativa o se quedó en simple teoría.

Prójimo es, tal vez, el que menos entra dentro de mis esquemas.

Prójimo es quien constantemente me pregunta, qué he hecho por Cristo, qué hago por Cristo y qué debo hacer por Cristo.

Prójimo es quien me ayuda a pasar de una fe de conocimiento a una fe practicada y volcada en los demás.

Prójimo es quien me invita a no instalarme en una piedad fría y bajar al sufrimiento del hombre.

Prójimo es aquel que, es vapuleado por la materialidad de las cosas y, una vez utilizado, es arrinconado en el olvido.

Prójimo es aquel que ha sido arrastrado por lo inmediato, lo pragmático y luego ha quedado sin respuestas tirado en el suelo.

Prójimo es aquel que espera un detalle por nuestra parte y no sólo teorías o lecciones magistrales.

Prójimo es aquel que nos corta el camino, y nos hace entender que a Dios se le gana con la misericordia y no con la razón.

Prójimo es aquel que necesita de nuestro compromiso y de nuestra palabra, de nuestro consejo y de nuestra presencia.

Lo contrario y lo más fácil, a veces, es dar un rodeo, a las personas, a los problemas y a las cruces que salen a nuestro encuentro.

Prójimo es aquel que creyendo vivir en la verdad ha sido asaltado por los delincuentes de la mentira y de la farsa.

Prójimo es aquel que ha sido despojado de su existencia por aquellos que cabalgan en el caballo del poder y del “todo vale” para que la sociedad se quede sin moral ni ética alguna.

Prójimos son, en definitiva, las personas que salen a nuestro paso en mil circunstancias y con mil nombres y apellidos.

Amén


 

2025 CICLO C TIEMPO ORDINARIO XV

En tiempo de Jesús no había mucha claridad y se discutía a cerca del orden o de la importancia de los mandamientos. Jesús ante la pregunta remite a las fuentes. Hay un mandamiento que se desdobla en dos y que resume toda la ley: no es posible amar a Dios, al que no se ve, si no se ama al prójimo al que se ve.

El auténtico amor a Dios empuja al amor de su imagen viva que es el hombre y hasta dar la vida por él, si fuera necesario es la señal más auténtica y creíble del amor a Dios. El prójimo es cualquier persona necesitada de ayuda o simplemente de compañía, solidaridad o comprensión.

La parábola del buen samaritano hace mucho hincapié en ese pasar de largo, que no sólo pone de relieve nuestra insensibilidad, sino también nuestro egoísmo. Sólo un samaritano se detuvo, a pesar de pertenecer a una población que, para los judíos, estaba formada por impíos e incapaces de buenas acciones. Dice el evangelio que, al verlo, se compadeció de él. Se conmovió, sintió piedad, lo que denota su buen estado de ánimo.

Jesús invita a sus seguidores a ir más allá siempre de la ley. En la Última Cena, da un mandamiento nuevo: «que os améis los unos a los otros, como yo os he amado». Cristo se convierte así en la medida del amor. Esta es la plenitud de la ley: la misericordia está por encima del culto.

No es necesario un análisis muy profundo para descubrir las actitudes de autodefensa, recelo y evasión que adoptamos ante las personas que pueden turbar nuestra tranquilidad. Cuántos rodeos para evitar a quienes nos resultan molestos o incómodos. Cómo apresuramos el paso para no dejarnos alcanzar por quienes nos agobian con sus problemas, penas y sinsabores. Se diría que vivimos en actitud de guardia permanente ante quien puede amenazar nuestra felicidad. Y justificamos nuestra huida ante personas que nos necesitan, recurriendo al estamos muy ocupados.

Qué actual es esta parábola del samaritano en esta sociedad de hombres y mujeres que corren cada uno a sus ocupaciones, se agitan tras sus propios intereses y gritan cada uno sus propias reivindicaciones. Según Jesús, solo hay una manera de ser humano. Y no es la del sacerdote o el levita, que ven al necesitado y dan un rodeo, sino la del samaritano, que camina por la vida con los ojos y el corazón bien abiertos para detenerse ante quien puede necesitar su ayuda.

Jesús nos llama a pasar de la hostilidad, a la hospitalidad. Nos urge vivir de otra manera, creando en nuestra vida un espacio más amplio para quienes nos necesitan. No podemos escondernos detrás de nuestras ocupaciones, ni refugiarnos en hermosas teorías.

Quien ha comprendido la fraternidad cristiana sabe que todos somos compañeros de viaje que compartimos la misma condición de seres frágiles que nos necesitamos unos a otros. Quien vive atento al hermano necesitado que encuentra en su camino descubre un gusto nuevo a la vida. Según Jesús, heredará vida eterna.

Hoy como ayer, es necesario volver la mirada al comportamiento de Jesús.

miércoles, 9 de julio de 2025


 

2025 MEDITACIÓN EUCARÍSTICA

TOMÁS LO QUERÍA YA

Querido Jesús en el santísimo sacramento del altar hoy celebramos la fiesta de la tu Santísima Sangre. Esta es una memoria profundamente espiritual que nos invita a reflexionar sobre el misterio de tu amor redentor, manifestado a través del derramamiento de tu sangre. Este acontecimiento no es solo un símbolo de sufrimiento, sino una expresión suprema de entrega, sacrificio, amor y salvación.

Hermanos al contemplar la Sangre de Cristo, somos conducidos al corazón del misterio pascual, en el que tú, por amor a la humanidad, te ofreciste libremente en la cruz. Tu sangre derramada no fue en vano; es fuente de vida, reconciliación y esperanza para todos. Nos recuerda que la redención no fue un acto superficial, sino un precio alto, pagado con dolor, pero también con un gran amor y una paciencia infinita. Escuchemos.

TOMAS LO QUERÍA YA: En un pequeño pueblo rodeado de colinas verdes y caminos de tierra, vivía Tomás, un niño curioso y lleno de energía. Soñaba con lograr grandes cosas, pero siempre quería que todo sucediera rápido. Si algo no salía a la primera, se frustraba fácilmente.

Cada tarde, después de la escuela, Tomás iba a visitar a su abuelo Mateo, un hombre de rostro sereno y manos curtidas por los años de trabajo en el campo. Don Mateo era conocido por su paciencia, su humildad y por cultivar el huerto más hermoso del pueblo.

Un día, Tomás llegó al huerto y encontró a su abuelo sembrando semillas de zanahoria.

- ¿Y cuándo vamos a comerlas? preguntó el niño, impaciente: ¿Mañana?

El abuelo sonrió con ternura.

- No, hijo. Estas zanahorias tardarán semanas en crecer. Primero hay que sembrar, luego regar, cuidar… y esperar.

Tomás frunció el ceño.

- Pero yo quiero ver resultados ya. No entiendo cómo puedes pasar tanto tiempo haciendo algo sin saber si funcionará.

Don Mateo se limpió las manos en el delantal y lo miró con calma.

- La tierra no da fruto por apuro, sino por constancia. Así es la vida, Tomás. Todo lo que vale la pena toma tiempo.

Durante las semanas siguientes, Tomás acompañó al abuelo cada tarde. Al principio iba con fastidio, pero poco a poco empezó a disfrutar del proceso. Aprendió a sacar las malas hierbas, a medir el agua justa, y a esperar sin ansiedad. Empezó a entender el lenguaje silencioso de las plantas… y también el del corazón.

Cuando por fin brotaron las primeras zanahorias, Tomás las sostuvo entre sus manos con una sonrisa de asombro.

- ¡Valió la pena esperar!, exclamó.

El abuelo, con los ojos brillosos, asintió.

- Ahora sabes que las cosas más nobles no se logran con prisa, sino con humildad y trabajo constante.

Así es Jesús sacramentado. Hoy que celebramos tu santísima sangre, el derramamiento de tu preciosa sangre para la salvación de todos. Tu sangre es semilla y abono para nuevas vidas y nuevas esperanzas

Vivimos en un mundo que nos empuja a querer todo de inmediato. Pero la verdadera sabiduría está en saber esperar, en trabajar con constancia y humildad, sin perder la fe en lo que no vemos aún. Como las semillas en la tierra, los sueños también necesitan tiempo, cuidado y paciencia para florecer.

Tu Sangre Jesús tiene un poder sanador, liberador y transformador. Nos purifica del pecado, nos fortalece en la fe y nos impulsa a vivir con mayor entrega a Dios y al prójimo. En cada Eucaristía, renovamos esa comunión con tu sacrificio y reafirmamos nuestra misión como cristianos: ser signos vivos del amor de Cristo en el mundo.

Jesús que tu sangre preciosa nos lave, nos sane y nos haga testigos valientes de tu amor. Que nunca olvidemos el precio de nuestra salvación y vivamos agradecidos, con el corazón dispuesto a amar como Tú lo hiciste. Amén.