sábado, 4 de octubre de 2025
ACCIÓN DE GRACIAS
Auméntanos la fe, porque los mitos y
credos se hunden y surge la inseguridad e indecisión en todo camino y
horizonte.
Auméntanos la fe, porque son muchas las
palabras y promesas vacuas e inconsistentes que nos rodean por todas partes.
Auméntanos la fe, porque al creernos el
centro del universo andamos perdidos, a la deriva, en nuestros agujeros negros.
Auméntanos la fe, porque ya no nos
atrevemos a confiar en nuestra dignidad de hijos, la que hace posible un mundo
más fraterno y justo.
Auméntanos la fe, aunque solo sea como
un granito de mostaza, para que seamos testigos de tu Espíritu en esta sociedad
en la que vivimos.
Auméntanos la fe, y haznos caminar en
paz y erguidos aunque se quiebren nuestras seguridades y nos sintamos pobres y
débiles.
Amén
2025 CICLO C TIEMPO
ORDINARIO XXVII
La petición de los apóstoles al Señor para
que les aumente la fe es licita y no solo cuantitativamente, sino cualitativamente.
La calidad de nuestra fe hará que las
obras de misericordia, los comportamientos y actitudes se lleven a cabo sin
miedo a los trabajos, violencias y catástrofes, que nos puedan venir, como al
profeta Habacuc.
A medida que vamos descubriendo el
proyecto de Dios en nosotros y lo que ello conlleva, tendremos necesidad de
aumentar nuestra fe, dándole mayor cabida y superando la fe infantil que pueda
haber en nuestro corazón. Asentando así nuestra confianza en el Dios de
Jesucristo.
Como la fe es un don, es necesario
pedirla, mantenerla y aumentarla.
Si tuvierais fe como un grano de
mostaza, podríais decir a este sicómoro: Desarráigate y plántate en el mar y os
obedecería. A lo mejor no hemos visto árboles que
se arrancan y se plantan en el mar; pero quizá hayamos visto discípulos del
Nazareno, vivir en fronteras, en llamas y salvar miles de vidas; hombres y
mujeres confiar unos en otros y afrontar problemas sin solución con un coraje
de leones; madres y padres resucitar a la vida tras la muerte de un hijo; o una
pequeña monja llena de arrugas que rompe los milenarios tabúes de las castas.
Y todo esto lo subrayan palabras
difíciles: cuando lo hayáis hecho todo, decid: Somos siervos inútiles.
Ojo, inútiles en nuestro idioma, significa que no sirven, que son incapaces,
improductivos. Pero no es así en el idioma de Jesús: los siervos que aran,
pastorean, preparan la comida no son ni incapaces ni inútiles. Significa:
siervos que no buscan su propio beneficio, sin pretensiones, sin
reivindicaciones, que no necesitan nada más que ser ellos mismos. No buscan su
interés. El servicio en sí, la actitud ante la vida, es más verdadero que los
resultados, más importante que su reconocimiento.
Como podríamos arrancar árboles y
hacerlos volar. Por ejemplo en un mundo que habla el lenguaje del beneficio, nosotros
hablar el lenguaje del don; en un mundo que sigue la lógica de la guerra, nosotros
recorrer el camino de la paz.
Entonces, para soñar el sueño de Dios,
bastan los grandes campos del mundo donde brota el pan y las flores; una
pequeña hormiga llena fe es suficiente para empezar a cambiar y transformar
este mundo; ver el sueño de Dios en el corazón vivo de todas las cosas.
miércoles, 1 de octubre de 2025
ADORACIÓN
EUCARISTICA.
Historia de un
hombre, su caballo y su perro
Señor
Jesús de nuevo aquí contigo para pasar unos momentos de serenidad, tranqu9lidad
y reflexión. Queremos adorarte en tu cuerpo y sangre pero también queremos
aprender de ti a ser buenos, generosos y fieles.
HISTORIA
DE UN HOMBRE, SU CABALLO Y SU PERRO: Un hombre, su caballo y su perro tuvieron un
accidente y los tres habían fallecido. Empezaron a caminar por un camino
desconocido. La caminata era muy larga, cerro arriba; el sol estaba fuerte y
ellos estaban cansados y con mucha sed. Necesitaban desesperadamente agua.
En
una curva del camino divisaron un portón magnífico, todo de mármol, que
conducía a una plaza pavimentada con bloques de oro; en el centro de ella había
una fuente de donde emanaba agua cristalina. El caminante se dirigió al hombre
que en una caseta custodiaba la entrada.
-
Buen día, dice él.
-
Buen día, respondió el hombre.
-
¿Qué lugar es éste tan lindo?, preguntó.
-
Esto es el Cielo, fue la respuesta.
-
¡Qué bueno que llegamos al Cielo! Tenemos mucha sed.
-
Puede entrar a beber agua cuando quiera, dijo el guardia, indicando la fuente.
-
Mi caballo y mi perro también están sedientos.
-
Lo lamento, dijo el guardia. Aquí no se permite la entrada de animales.
El
hombre quedó desconcertado, pues su sed era grande. Pero él no estaba dispuesto
a beber dejando a sus amigos con sed. Así que prosiguió su camino. Después de
mucho caminar cerro arriba, con la sed y el cansancio multiplicados, llegaron a
un sitio cuya entrada estaba señalada por una puerta vieja semi abierta. La
puerta conducía a un camino de tierra, con árboles a ambos lados haciendo
sombra. A la sombra de uno de los árboles había un hombre acostado.
-
Buen día, dijo el caminante.
-
Buen día, dijo el hombre.
-
Tenemos mucha sed yo, mi caballo y mi perro.
-
Hay una fuente entre aquellas piedras, dijo el hombre. Pueden beber cuanto
quieran.
El
hombre, el caballo y el perro fueron hasta la fuente y saciaron su sed.
-
Muchas gracias, dijo al salir.
-
Vuelvan cuando quieran, dijo el hombre.
A
propósito, dijo el caminante, ¿cuál es el nombre de este lugar?
-
El Cielo, respondió el hombre.
-
¿Cielo? Pero si el hombre de la caseta de más abajo, al lado del portón de
mármol, dijo que ése era el Cielo.
-
Aquello no es el Cielo, eso es el Infierno.
Pero
entonces, dijo el caminante, esa información falsa debe causar grandes
confusiones.
-
De ninguna manera, respondió el hombre. En realidad, ellos nos hacen un gran
favor, porque allá quedan las personas que son capaces de abandonar a sus
mejores amigos. Es
una prueba. Allí se quedan los que no han aprendido a amar como Jesús amó. Porque
el cielo no se hereda por obras vacías, sino por corazones que aman como Cristo
amó.
Esta
historia nos recuerda tus palabras de Jesús: Quien es fiel en lo poco,
también es fiel en lo mucho. El cielo no es un lugar lujoso con puertas de
oro: es la presencia del amor verdadero, del servicio, de la fidelidad y del
sacrificio. Tú nos enseñaste que el Reino de Dios es para los humildes, los
compasivos, los que no abandonan a los suyos. Ser cristiano no se trata solo de
creer, sino de amar con hechos, especialmente a los más pequeños, los más
fieles, los que caminan con nosotros, aunque no digan una palabra. Si seguimos
a Jesús, debemos amar como Él amó: Sin condiciones, sin abandonar a nadie, siendo
fieles, incluso cuando cuesta.
El
camino de Jesús es humilde, sencillo y lleno de compasión. No es el lugar lo
que lo hace cielo. Es la presencia de Jesús. Y Jesús habita donde hay misericordia,
fidelidad y entrega. Amén


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