miércoles, 18 de febrero de 2026


 

 

MEDITACIÓN EUCARÍSTICA

 El corazón más hermoso

Jesús sacramentado un día más nos encuentras a tus pies, para buscar un poco de paz y de calma a nuestras vidas un tanto agitadas. Hoy miércoles de ceniza venimos con un corazón bien dispuesto a escuchar tu palabra y hacer lo posible para transformar nuestro corazón tantas veces de piedra por un corazón de carne. Escuchamos esta historia.

El corazón más hermoso: Un día un hombre joven se situó en el centro de un poblado y proclamó que él poseía el corazón más hermoso de toda la comarca.

Una gran multitud se congregó a su alrededor y todos admiraron y confirmaron que su corazón era perfecto, pues no se observaban en él ni máculas ni rasguños. Coincidieron todos que era el corazón más hermoso que hubieran visto. Al verse admirado el joven sé sintió más orgulloso aun, y con mayor fervor aseguró poseer el corazón más hermoso de todo el vasto lugar.

De pronto un anciano se acercó y dijo: ¿Por qué dices eso, si tu corazón no es tan hermoso como el mío? Sorprendidos, la multitud y el joven miraron el corazón del viejo y vieron que, si bien latía vigorosamente, éste estaba cubierto de cicatrices y hasta había zonas donde faltaban trozos y estos habían sido reemplazados por otros que no correspondían, pues se veían bordes y aristas irregulares en su derredor. Es más, había lugares con huecos, donde faltaban trozos profundos. La mirada de la gente se sobrecogió, ¿Cómo puede decir él que su corazón es más hermoso?, pensaron...

El joven contempló el corazón del anciano y al ver su estado desgarbado, se echó a reír.

- Debes estar bromeando, dijo. Comparar tu corazón con el mío... El mío es perfecto. En cambio, el tuyo es un conjunto de cicatrices y dolor.

- Es cierto, dijo el anciano, tu corazón luce perfecto, pero yo jamás me involucraría contigo... Mira, cada cicatriz representa una persona a la cual entregué todo mi amor. Arranqué trozos de mí corazón para entregárselos a cada uno de aquellos que he amado. Muchos a su vez, me han obsequiado un trozo del suyo, que he colocado en el lugar que quedó abierto. Como las piezas no eran iguales, quedaron los bordes por los cuales me alegro, porque al poseerlos me recuerdan el amor que hemos compartido.

Hubo oportunidades, en las cuales entregué un trozo de mi corazón a alguien, pero esa persona no me ofreció un poco del suyo a cambio. De ahí quedaron los huecos - dar amor es arriesgar, pero a pesar del dolor que esas heridas me producen al haber quedado abiertas, me recuerdan que los sigo amando y alimentan la esperanza, que algún día tal vez regresen y llenen el vacío que han dejado en mi corazón.

- ¿Comprendes ahora lo que es verdaderamente hermoso?

El joven permaneció en silencio, corrían lágrimas por sus mejillas. Se acercó al anciano, arrancó un trozo de su hermoso y joven corazón y se lo ofreció. El anciano lo recibió y lo colocó en su corazón, luego a su vez arrancó un trozo del suyo ya viejo y maltrecho y con él tapó la herida abierta del joven. La pieza se amoldó, pero no a la perfección. Al no haber sido idénticos los trozos, se notaban los bordes. El joven miró su corazón que ya no era perfecto, pero lucía mucho más hermoso que antes, porque el amor del anciano fluía en su interior.

Jesús reconocemos que vivimos en una cultura que valora la perfección externa, lo intacto, lo que no muestra fallas. Pero el relato sugiere que un corazón que nunca ha sido herido tampoco ha amado profundamente. Las cicatrices no son señales de debilidad, sino de entrega y valentía emocional.

Cada vez que damos amor, dejamos parte de nosotros en otros. A veces ese amor es correspondido; otras veces no. Sin embargo, incluso cuando duele, el haber amado nos transforma y nos hace más humanos. El corazón del anciano es hermoso porque ha sufrido, ha sanado, pero ha seguido latiendo.

La verdadera belleza no está en la perfección, sino en la capacidad de amar, perdonar y volver a intentarlo. Las cicatrices emocionales son testimonio de una vida vivida con intensidad y generosidad.

La Cuaresma no es un tiempo para maquillar el corazón, sino para mirarlo con verdad. Muchos de nosotros hemos sido heridos. También hemos herido. Y a veces, para no volver a sufrir, endurecemos el corazón, lo blindamos, lo hacemos “perfecto” hacia afuera. Tu Jesús no tuviste un corazón intacto. Tu amor lo llevó a la entrega total. En la cruz, su corazón fue traspasado. No se reservó nada y nos animas a no temer a las heridas del corazón, porque son prueba de que hemos amado de verdad y eso, al final, es lo que nos hace verdaderamente hermosos. Un corazón herido por amor, perdonado y reconciliado, es más semejante al de Cristo que uno simplemente “correcto”. Que esta cuaresma no nos limitemos a prácticas externas, sino sea un camino hacia un corazón más compasivo, más humilde y más entregado. Porque el corazón más hermoso no es el que nunca sufrió, sino el que, a pesar de todo, sigue amando.  Amén

miércoles, 11 de febrero de 2026


 

Meditación eucarística:

Paciencia y Esperanza

Querido Jesús sacramentado en esta tarde en que nos reunimos en torno a tu eucaristía y en la que iniciamos el triduo a los Siete Santos Fundadores, queremos reflexionar contigo el tema de la esperanza y la paciencia. Es un tema clave dentro del cristianismo: la importancia de la esperanza y la paciencia en medio de las dificultades. En las enseñanzas cristianas, la esperanza es vista como una virtud que permite a las personas confiar en Dios, incluso cuando las circunstancias parecen ser desalentadoras. Nuestra confianza va mucho más allá de las apariencias.

Paciencia y esperanza: Un pastor tenía dos ovejas, y estaba contento porque las dos habían concebido, y tenían unos hermosos y juguetones corderitos. Durante la noche, el pastor encerraba sus dos ovejas en un corral que tenía muy cerca de la casa. Así se aseguraba que lobos y zorros no las mataran.

En las horas del día, las soltaba para que fueran a pastar por los cerros. Y aquel día las soltó, como siempre, y dejó a los corderitos en el corral. Es muy riesgoso soltarlos tan pequeños.

Las dos ovejas cruzaron el río, caminando sobre su firme lecho de piedras. Las aguas del río serrano eran poco profundas, y ellas lo cruzaban a diario. Pero al poco tiempo se desató una tormenta muy fuerte, la lluvia fue repentina y torrencial y las aguas bajaban con fuerza y el río se desbordó.

El pastor salió hasta la orilla, porque sabía que se acercaba la hora en que sus ovejas regresarían para amamantar a sus crías y pasar la noche en el corral, y vio que sería imposible cualquier intento por cruzar aquel torrente de aguas, sin exponerse a ser arrollado y golpeado contra las piedras.

Una oveja se puso a pastar pacientemente en la orilla, esperando que las aguas bajaran, la otra se impacientó y comenzó a lamentarse:

- Esta agua no descenderá y mi hijito se morirá de hambre, aquí nos sorprenderá el lobo y moriremos. La compañera trató de calmarla:

- No te impacientes, recuerda que ya vimos muchas crecientes en el río y siempre vimos las aguas descender, no nos pasará nada grave, y mañana amamantaremos a nuestros hijos.

De nada valieron sus reflexiones; la oveja se arrojó a las aguas del rio y la corriente la arrastró. El pastor la miraba impotente desde la orilla opuesta. La pobre oveja avanzó un par de metros y la fuerza del rio la vencieron y la arrastraron río abajo; el pastor y la compañera vieron cómo el cuerpo de la desdichada era llevado por la corriente, que lo golpeaba contra las rocas salientes.

Al anochecer, las aguas ya habían descendido bastante. Pastor y oveja se miraban desde las dos orillas; el pastor, que conocía bien los pasos menos riesgosos, entró al agua, y lenta y cuidadosamente, llegó hasta la otra orilla, ató una cuerda al cuello de su oveja, y ambos volvieron a cruzar el río.

Los corderitos balaban en el corral, el pastor hizo que el huerfanito mamara de la oveja sobreviviente, que se constituyó en su madre adoptiva.

Querido Jesús estamos convencidos que, sin esperanza, es imposible tener paciencia, porque nadie espera lo imposible, y la esperanza más hermosa es la que nace en situaciones más desesperantes. La impaciencia, con la que quieren alcanzarlo todo hoy, es la que te hace perder la oportunidad de alcanzarlo mañana.

La idea de que "nadie espera lo imposible" es una verdad profunda, porque la esperanza se basa en la fe de que, aunque no podamos ver la solución o el camino, Dios tiene un propósito y un plan para cada situación. La paciencia se convierte en un acto de confianza, esperando en el tiempo de Dios, sabiendo que Él trabaja todo para bien, aunque no siempre sea de acuerdo a nuestro tiempo.

La impaciencia, por otro lado, es como una tentación que nos lleva a querer controlarlo todo y obtener resultados inmediatos. Pero muchas veces, lo que realmente necesitamos no es un resultado rápido, sino el proceso que nos enseña a ser más fuertes, sabios y humildes. Es hermoso pensar que la esperanza más profunda se forja en momentos de desesperación, porque es precisamente cuando todo parece oscuro que uno se ve llamado a poner su fe en algo más grande que uno mismo. Ese tipo de esperanza es transformadora. Amén.

sábado, 7 de febrero de 2026


 El 17 de febrero  en las misas de las 8 y 20 horas, conmemoraremos la festividad de los 7 Padres Fundadores de los Frailes Siervos de María.


 


El próximo miércoles día 11 de febrero dará inicio el Triduo preparatorio a la Festividad de los Siete Padres Fundadores.

Triduo: miércoles 11 - jueves 12 y viernes 13
Horario: 19'40 horas


 


 

ACCIÓN DE GRACIAS

HAZME, SEÑOR, SER SAL Y LUZ

Que, lejos de falsificar mi vida,

la mantenga soldada a tu gracia,

alimentada por tu Palabra y

sostenida con tu mano salvadora.

Que siendo, Tú, el salero de mi existencia

cuentes conmigo, Señor,

para sazonar oportunamente tantas situaciones

que reclaman ilusión y fuerza,

alegría y optimismo, dignidad y verdad,

Que siendo, Tú, la fuente de la luz

cuentes conmigo, Señor,

para alumbrar miserias y soledades,

tristezas y angustias, aflicciones y pruebas,

luchas y tribulaciones

en las que combaten tantos hombres

HAZME, SEÑOR, SER SAL Y LUZ

Que dé gusto, no a lo que el mundo quiere,

y sí a una nueva forma de vivir y de sentir.

Que ofrezca, la luz de tu presencia,

a los que viven como si no existieras;

a los que, creyendo en Ti,

caminan como si el Evangelio no conocieran.

Que sepa ser conservante como la sal:

que guarde, para mí y para los demás,

tu gracia y poder, mi fe y mi fidelidad,

mi oración y mi confianza en Ti. Amén