domingo, 1 de noviembre de 2026
EL PRÓXIMO SÁBADO, 7 DE NOVIEMBRE LAS 18:30 HORAS.TENDREMOS UNA CHARLA SOBRE LA PROTECCIÓN DEL MENOR. La prevención, detección y actuación de abusos sexuales y maltratos a menores.
Un tema que está promoviendo mucho nuestra Archidiócesis de Valencia.
Es una responsabilidad de todos. Por eso, os invitamos todos a participar. Os esperemos.
sábado, 31 de octubre de 2026
ACCIÓN DE GRACIAS
Sobresalieron en lo que el mundo
despreciaba
Lucieron con las luces que la tierra
cortocircuitaba
Levantaron la mano, por aquellos que la
escondieron
Hablaron, cuando muchos callaban
En tiempos de cobardía, fueron valientes
para profesar la fe
En horas amargas, Cristo fue dulce en su
paladar.
En el calvario de muchos ellos, apenas
dos palabras pronunciaron: os perdono
En la oscuridad, pasaron como estrellas
refulgentes
En la mediocridad, intentaron alcanzar
la perfección
En la incomprensión, miraban a la cruz
del gran incomprendido
En la persecución, recordaban –una y
otra vez- la advertencia del Evangelio
En el fondo del mar eclesial, son la
mejor perla preciosa
En la azotea de nuestras iglesias, la
joya más valiosa
En el testimonio vivo del Evangelio, las
páginas más conmovedoras
En la sencillez que alcanza al mismo
cielo, su encarnación más viva y real
Se rodearon de lo que el mundo odiaba:
verdad y discreción
Se armaron de lo que el mundo burlaba:
la oración
Se refugiaron en un gran secreto que
muchos olvidan: la Eucaristía
Se engrandecieron, y ese es su gran don,
sin darse cuenta de ello
Mujeres y hombres, niños y jóvenes,
madres y padres
Que han sido Destello de un nuevo mundo
Valentía y decisión; Firmeza y
convencimiento;
Caridad y humildad; Contemplación y
silencio.
No son de madera; pero sigue ardiendo su
espíritu en medio de nosotros
No son de madera; pero calientan los
motores de muchas almas
No son de madera; pero siguen
fortaleciendo el techo de muchas personas
Han excavado muchos caminos, para que elijamos
cualquiera de ellos, para ir al encuentro definitivo con Cristo.
Amén.
SOLEMNIDAD DE TODOS LOS
SANTOS
Queridos hermanos en esta solemnidad de
todos los santos, hoy no estamos aquí para mirar al cielo, sino para mirarnos a
los ojos y hacer memoria. A veces pensamos que la palabra santo
pertenece solo a los altares, pero hoy queremos bajar esa palabra a la tierra.
Hace muchos siglos, un hombre en una
montaña pronunció un discurso que cambió el mundo. No habló de leyes, ni de
castigos, ni de templos. Habló de la felicidad a través de un poema bellísimo
que llamamos Las Bienaventuranzas. Si lo escuchamos con el corazón
limpio, descubriremos que las bienaventuranzas son, sencillamente, el retrato
de la gente que sabe amar bien.
Jesús de Nazaret dijo que son felices
los que lloran, los que tienen hambre de justicia, los que trabajan por la paz
y los que tienen el corazón limpio. Al escucharlo hoy, entendemos perfectamente
a quién se refería. Estaba hablando de nuestros santos cotidianos. Si cerramos
los ojos por un segundo, a todos nos viene un nombre a la cabeza:
Felices los que lloran, porque serán
consolados: Pensamos en esas madres, amigos que, a pesar de
sus propios dolores y heridas, sacaban fuerzas de la nada para secar nuestras
lágrimas y abrazarnos en nuestras noches más grises.
Felices los pacíficos:
Nos acordamos de esos abuelos o abuelas que nunca guardaban rencor, que unían a
la familia alrededor de una mesa y que apagaban cualquier fuego con una palabra
mansa y una sonrisa llena de paz.
Felices los que tienen el corazón limpio:
Nos viene a la mente ese maestro, ese vecino o ese compañero que te miraba sin
juzgar, que ayudaba sin pedir nada a cambio y en cuyos ojos solo había verdad y
nobleza.
Ellos son nuestros verdaderos santos.
Personas de carne y hueso que no saldrán en los libros de historia, pero que
vivieron con los pies en la tierra y el corazón abierto. Supieron que la vida
no consiste en acumular poder o dinero, sino en vaciarse para llenar la vida de
los demás.
El homenaje más bonito que podemos
hacerles está en cómo vivimos hoy. Cada vez que elegimos la empatía en lugar
del egoísmo, cada vez que consolamos al que sufre o trabajamos por un mundo más
justo, estamos cumpliendo una bienaventuranza. Estamos haciendo que ellos sigan
vivos en nosotros.
Hay un hilo invisible que nos une a los
que ya se fueron. Su amor no se destruyó; cambió de forma y ahora es la brújula
que nos guía.
Hoy es un día para dar las gracias.
Gracias por haber coincidido en el tiempo con estos gigantes de la bondad
cotidiana. Que su recuerdo nos inspire a vivir como ellos: con las manos dispuestas
a ayudar, los brazos abiertos para acoger y la valentía de ser, también
nosotros, un motivo de felicidad para los que caminan a nuestro lado.
miércoles, 28 de octubre de 2026
Meditación
Eucarística:
LA
HISTORIA DE RAQUEL
Querido
Jesús en esta tarde, junto a ti, queremos recordar como Dios nuestro Padre
jamás nos abandona, sino que está entretejiendo, como amor, nuestra vida. Hoy
queremos descubrirlo en la historia de Raquel.
Raquel
fue el gran amor de Jacob (Gén. 29 y 35), a parte de su belleza Jacob la amaba
por encima de todo. Tuvo que esperar siete años para que su padre le concediera
poder casarse con ella. Labán su padre, primero le obligó a casarse con Lia, no
la amaba pero que ella tuvo muchos hijos. Raquel al principio fue estéril, pero
Dios le concedió descendencia.
Raquel
era una mujer profundamente amada y aun así profundamente infeliz. Jacob amaba
a Raquel y trabajó siete años por ella, hasta le parecieron pocos días porque
la amaba. Pocas personas han sido amadas con tanta intensidad. Y sin embargo,
Raquel lloraba, porque es una verdad dolorosa que todos necesitamos aprender. Ser
amado no siempre elimina nuestras luchas. Tener bendiciones no siempre produce
satisfacción. Porque el corazón humano tiene una extraña capacidad. Puede
recibir mucho y seguir concentrado en lo que le falta.
Mientras
ella tenía el amor de Jacob, Lía tenía hijos. Y poco a poco la comparación
comenzó a destruir su paz. Es interesante observa como Lía quería el amor que
tenía Raquel. Y Raquel quería los hijos que tenía Lía. Las dos tenían algo que
la otra deseaba. Las dos sufrían. Las dos lloraban. Las dos sentían que les
faltaba algo.
Es
una de las trampas más peligrosas de la vida. Porque muchas veces creemos que
los demás son felices. Creemos que los demás tienen la vida resuelta. Creemos
que los demás poseen aquello que nosotros necesitamos para sentirnos completos.
Pero rara vez vemos las lágrimas que existen detrás de las sonrisas. Rara vez vemos
las luchas ocultas detrás de las bendiciones visibles. Y así nació la tristeza
de Raquel. No porque Dios no le hubiera dado nada. Sino porque comenzó a medir
su vida comparándola con otra persona.
Raquel
pedía en sus oraciones: "Dame hijos, o si no, me muero." Qué palabras
tan fuertes. En realidad Raquel estaba diciendo algo mucho más profundo. "Si
no obtengo esto, no podré ser feliz." "Si no recibo esto, mi vida no
tendrá sentido."
La
historia de Raquel nos enseña algo difícil de aceptar. Ninguna bendición puede
llenar el lugar que pertenece a Dios. La Biblia dice que Dios se acordó de
Raquel. Eso no significa que Dios la hubiera olvidado. Significa que llegó el
momento de actuar. Porque mientras Raquel lloraba, Dios seguía obrando. Mientras
Raquel esperaba, Dios seguía escuchando. Mientras Raquel pensaba que el cielo
guardaba silencio, Dios seguía escribiendo la historia.
Y
quizá alguien necesita escuchar esto hoy. Porque hay oraciones que parecen no
tener respuesta. Hay sueños que parecen detenidos. Hay lágrimas que parecen
invisibles. Hay años de espera que parecen no terminar. Y en medio de todo eso
es fácil pensar que Dios se olvidó de nosotros.
Pero
finalmente nació José. El hijo tan esperado. El hijo tan anhelado. El hijo por
el que había llorado durante años. Tiempo después nació Benjamín. Y durante
aquel parto, Raquel murió, su vida nos recuerda que incluso las personas más
amadas enfrentan dolor. Incluso las personas más bendecidas enfrentan pérdidas.
Incluso las personas que reciben milagros enfrentan lágrimas. Porque la fe
nunca ha sido la ausencia del sufrimiento. La fe es confiar en Dios incluso
cuando no entendemos todo lo que está ocurriendo. Raquel no alcanzó a ver el
futuro de José. No vio cómo Dios lo convertiría en gobernador de Egipto. No vio
cómo salvaría a su familia. No vio cómo su hijo sería instrumento para
preservar una nación. Ella murió sin conocer gran parte del plan. Pero Dios sí
lo conocía.
Y
eso también ocurre con nosotros. Muchas veces juzgamos nuestra historia por el
capítulo que estamos viviendo. Pero Dios está viendo el libro completo. Nosotros
vemos la espera. Dios ve el propósito. Nosotros vemos las lágrimas. Dios ve la
cosecha. Nosotros vemos la demora. Dios ve el momento perfecto. La conclusión de
su historia no está en el nacimiento de José. Está en recordar que Dios nunca
olvidó una sola lágrima. Ni una sola oración. Ni una sola noche de dolor. Porque
mientras Raquel pensaba que estaba esperando a Dios, en realidad Dios estaba
preparando algo mucho más grande de lo que ella podía imaginar. Amén
sábado, 24 de octubre de 2026
ACCIÓN DE GRACIAS
Enséñame, señor, a guardar Tus
mandamientos, para que otros no me impongan sus ideas.
Tus preceptos, para que nadie me cambie
el sentido de las cosas.
Tus Palabras, para que no me confundan
otras totalmente vacías.
Tus obras, para que no me seduzcan los
que hablan y no hacen nada.
Tus consejos, para que sepa distinguir
el camino cierto del equivocado.
Tu mirada, para que cuente hasta diez,
antes de abandonar el sendero de la fe.
Tú Eucaristía, para que sienta cómo
desciende la fuerza del Espíritu Santo.
Tu Ley, para que sepa diferenciarla de
aquellas otras leyes caprichosas y falsas.
Tú esperanza, para que no puedan más en
mí, las dificultades que mi afán de dar a conocerte.
Tu iglesia, para que cuando vuelvas, la
encuentres guardando con respeto y veneración la vida, la gran joya de tus
mandamientos.
Amén.
2026 CICLO A
TIEMPO ORDINARIO XXX
¿Cuál es el mandamiento principal de la
ley? Jesús responde indicando algo que está en el centro del hombre: tú amarás.
Él sabe que la criatura necesita mucho amor para vivir bien. Y ofrece su
Evangelio como camino hacia la plenitud y la felicidad de esta vida.
Amarás a Dios con todo, con todo, con
todo. Por tres veces Jesús repite que la única medida del amor es amar sin
medida. Ama a Dios con todo el corazón: totalidad no significa exclusividad.
Ama a Dios sin medias tintas, y verás que queda del corazón, de hecho, crece,
para amar a tus familiares, amigos, a ti mismo. Dios no es celoso, no roba el
corazón: lo multiplica.
Ama con toda la mente. El amor hace
inteligentes, hace entender antes, ir más a fondo y más lejos. Ama con todas
tus fuerzas. El amor hace fuertes, capaces de enfrentar cualquier obstáculo y
esfuerzo.
¿Por dónde empezar? Por dejarse amar por
Él, que entra, dilata, ensancha las paredes de este pequeño vaso que soy yo.
Nosotros somos amados que se convierten en amantes.
Pero Jesús cuál en lugar de uno, enumera
dos: amarás a Dios, amarás al prójimo. Jesús no añade nada de nuevo: el primer
y el segundo mandamiento ya están escritos en la Biblia. Sin embargo, dirá que
el suyo es un mandamiento nuevo.
¿Dónde está la novedad? Está en el hecho
de que las dos palabras juntas forman una sola palabra, el único mandamiento. Y
dice: el segundo es similar al primero. Amarás al hombre es similar a amarás a
Dios. El prójimo es similar a Dios. Esta es la revolución de Jesús: el prójimo
tiene rostro, voz y corazón semejantes a Dios. El rostro del otro es para leer
como un libro sagrado, su palabra para escuchar como palabra santa, su grito
para hacer tuyo como si fuera palabra de Dios.
Amarás a tu prójimo como a ti mismo. Es
casi un tercer mandamiento siempre olvidado: «ámate a ti mismo», porque eres
como un prodigio, llevas la impronta de la mano de Dios. Si no te amas a ti
mismo, no serás capaz de amar a nadie, solo sabrás tomar y poseer, huir o
violar, sin alegría ni gratitud. Si para ti deseas paz y perdón, esto ofrecerás
al otro. Si para ti deseas justicia y respeto, tú primero los darás.
Pero, ¿por qué amar, amar con todo mi
ser? ¿Por qué llevar el corazón a estos vértigos? Porque dar y recibir amor es
sobre lo que se posa la beatitud de la vida.
Porque Dios-amor es la energía
fundamental del cosmos, y al amar participas de esta energía: cuando amas, es
el Totalmente Otro el que viene para que la historia sea totalmente otra de lo
que es.








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