DOMINGO 29 DE MARZO -
sábado, 21 de marzo de 2026
ACCIÓN DE GRACIAS
¡LÁZARO, SAL FUERA!
Desde que Tú lo dijiste con voz potente
y firme, qué pocos se han atrevido a repetirlo, en las múltiples ocasiones que
la vida nos ofrece.
Por eso, esta sociedad corrompe e hiede y
está llena de muerte.
¡Lázaro, sal fuera!
Es tu palabra y buena nueva.
Dejemos de envolvernos ya en mortajas y
falsedades.
Que la verdad resplandezca; que la
sensatez y la confianza hagan su tarea en nuestra tierra.
Respiremos tranquilos al ver que los
fantasmas ni pesan ni toman cuerpo y que los nudos se desatan.
¡Lázaro, sal fuera!
Es tu palabra y buena nueva.
Lo nuestro es despertar a quienes han
sido dormidos por sus hermanos y ciudadanos y condenados a no ser nada -a no
tener historia ni lugar- y dejarles andar en libertad por donde andamos
nosotros, con la misma dignidad.
¡Lo nuestro es quitar losas y mortajas!
¡Lázaro, sal fuera!
Es tu palabra y buena nueva.
CICLO
A
V
DOMINGO DE CUARESMA
Quinto domingo de cuaresma ya nos
estamos acercando a la gran semana de los cristianos, la semana santa. El
evangelio ce Juan sigue presentándonos los grandes símbolos, en esta ocasión se
nos propone la vida.
Todos tenemos experiencia sobre la
vida y la muerte. De ello se encarga el goteo constante de seres queridos
que nos van dejando. Es ley de vida y podemos resignarnos con ese pensamiento
fácil. El evangelio de esta semana cuenta la resurrección de Lázaro y sus enseñanzas
pueden sacarle brillo a este paso nuestro por la tierra. Seguir a Jesús marca
la diferencia. No es lo mismo vivir en minúscula que VIVIR, creer o
no creer. “Quién escucha mi mensaje y da fe al que me mandó, posee Vida
definitiva”.
De Lázaro sabemos pocas cosas: su casa
es acogedora, es amado por muchos, amigo especial de Jesús. Pero su nombre más
verdadero es el que le pusieron sus hermanas: Aquel-a-quien-tú-amas
Marta dice a Jesús: Si hubieras
estado aquí, no habría muerto. Cuántas veces también nosotros hemos
rezado: si tú estás con nosotros, la muerte no vendrá. Tu hermano
resucitará. Lo sabemos bien, pero ese día está tan lejos de este dolor.
Y siguen unas de las palabras más
importantes del Evangelio: Yo soy la resurrección y la vida. Lo soy ahora.
Fijémonos en el orden de las palabras. Primero viene la resurrección y no la
vida. Para Jesús, primero viene la liberación y luego la vida auténtica.
Vivir es el resultado de muchas
resurrecciones: del miedo, de la desesperación, de la violencia, de la soledad.
Resucitar es cosa de ahora, de este momento: resucitar de las vidas estancadas
y mediocres, de las vidas sin sueños.
Cuántos amigos alrededor de Lázaro,
cuántas lágrimas: lloran Marta y María, los judíos, Jesús. Es la humanidad de
Dios. Todos los presentes aquel día en Betania se dan cuenta: Mirad cómo
lo amaba, dicen asombrados. ¿Dónde está el motivo último de la
resurrección de Lázaro? Está en las lágrimas de Jesús. Lo que vence a la
muerte no es la vida, sino el amor. Llorar es amar con los ojos. Lázaro
resucita por el poder de Dios y por el amor de un amigo.
¡Quitad la piedra! Fuera los
escombros de los fracasos del pasado; fuera los sentimientos de culpa, la
incapacidad de perdonarse a uno mismo y a los demás;
¡Lázaro, sal fuera!
Sal al sol. Y nos lo dice a nosotros: sal de la habitación oscura donde solo te
miras a ti mismo, desde tu pequeño rincón, por muy bien amueblado que esté;
fuera está el mundo.
¡Liberadlo y dejadlo ir!
Liberaos todos de la idea de que la muerte es el fin de una persona. Liberadlo,
como se liberan las velas del barco al viento, liberadlo del lastre que impide
el vuelo. Y dejadlo ir, dadle un camino y amigos con quienes caminar.
Qué sensación de futuro y de libertad
emana de este Rabí que sabe llorar y gritar y abrir caminos en el corazón. ¡Dios
es padre solo si tiene hijos vivos! Moriremos, es ley de vida, pero no para
siempre. Ahora sabemos que el tiempo del Amor es más largo que el tiempo de la
vida.






