miércoles, 31 de diciembre de 2025

ACCIÓN DE GRACIAS

Que tu mirada gane en hondura y detalle

para que puedas ver más claramente

tu propio viaje con toda la humanidad

como un viaje de paz, unidad y esperanza.

Que seas consciente de todos los lugares

por los que caminas y vas a caminar en el nuevo año,

y que conozcas, por experiencia, qué bellos son

los pies del mensajero que anuncia la paz y la buena noticia.

Que no tengas miedo a las preguntas

que oprimen tu corazón y tu mente;

que las acojas serenamente y aprendas a vivir con

ellas hasta el día en que todo se remanifieste y sepa.

Que des la bienvenida con una sonrisa

a todos los que estrechan tu mano:

las manos extendidas forman redes de solidaridad

que alegran y enriquecen con su presencia  protectora.

Que tu vida este año, cual levadura evangélica,

se mezcle sin miedo con la masa

y haga fermentar la Iglesia y el mundo en que vivimos,

para que sean realmente nuevos y tiernos.

Que sea tuyo el regalo de todas las cosas creadas;

que sepas disfrutarlas a todas las horas del día;

y que te enfrentes, con valentía y entusiasmo,

a la responsabilidad de cuidar la tierra entera.

Que el manantial de la ternura y la compasión

mane sin parar dentro de ti, noche y día,

hasta que puedas probar los gozos y las lágrimas

de quienes caminan junto a ti, tus hermanos. Amén

 


 

2026 CICLO A NAVIDAD

SANTA MARIA MADRE DE DIOS

Hoy es la fiesta de María, Madre de Dios. Le damos gracias por haber aceptado esta misión tan importante y le pedimos que nos bendiga a todos.

Pero hoy también es el primer día del año, y nos intercambiamos felicitaciones; es decir, deseamos a todos que estén bien. Bendecir o decir bien, implica desear la vida y la felicidad de quien bendigo. Es lo contrario de cuando me hablan mal o entiendo que los demás desean que desaparezca.

Es importante que estos deseos o bendiciones no sean solo palabras bonitas. Desear el bien del otro también implica comprometerme a hacer todo lo posible para que esto se haga realidad. Como quien bendice a sus hijos, se esfuerza cada día para que esto se haga realidad. O como cuando recito el Padrenuestro y digo: «Venga tu reino». Si realmente lo deseo, no me quedo esperando a que caiga del cielo o a que lo hagan los demás. Sino que tomo decisiones para que se haga realidad, promoviendo la justicia y la paz.

Pero la bendición más importante para un creyente es la que viene de Dios; de Dios que me bendice a mí y a todos nosotros. En la primera lectura de hoy tenemos la solemne bendición que los sacerdotes impartían en nombre de Dios al pueblo de Israel.

Que el Señor te bendiga y te proteja: Es el deseo de que Dios quiera nuestra felicidad y nuestro futuro, y que nos defienda del mal.

Que el Señor haga resplandecer su rostro sobre ti: Un rostro resplandeciente, opuesto a un rostro enfadado y oscuro, es el rostro de quien te sonríe, porque se alegra de verte. Como cuando el Padre sonríe al ver a Jesús bautizarse y dice: «Este es mi hijo, en quien tengo complacencia».

Y te conceda su gracia: es decir, te ayude gratuitamente, simplemente porque te ama.

Que el Señor te muestre su rostro: Esto es lo más importante, descubrir que él me muestra su rostro, es decir, que me mira, que desea mirarme, señal de que se alegra de verme, me da una gran paz. Y lo siento con mis propias manos cada vez que el Señor me guiña el ojo, manifestándose con alguna providencia, que me ayuda a creer en él y en su amor.

Y te conceda la paz: Es maravilloso bendecir y sentirse bendecido. Eso es lo que me hace ser positivo y optimista. Lo mismo ocurre con la paz, la que viene del Señor, la que nos llega porque nos sentimos acogidos y amados gratuitamente, y que se nos invita a transmitir a los demás.

El Evangelio concluye diciendo que María “guardaba todas estas cosas y las meditaba en su corazón.” guardar la bendición recibida y meditarla para reconocer la presencia de Dios en nuestra historia. María es la memoria viva de la acción divina. Comenzar el año con ella es aprender a leer cada acontecimiento, luminoso u oscuro, desde la fe. Su corazón es escuela de contemplación, de escucha, de disponibilidad. El Evangelio concluye diciendo que María guardaba todas estas cosas... El inicio del año bajo su mirada nos enseña una actitud esencial: guardar la bendición recibida y meditarla para reconocer la presencia de Dios en nuestra historia. Que Santa María nos ayude en este inicio del año nuevo, ella que fue bendecida por Dios y llenada de su gracias nos acompañe a lo largo de todo este año.


 


HOJA PARROQUIAL
ENERO 2026


 

2025 MEDITACIÓN EUCARÍSTICA:

Abrazando lo nuevo

Señor Jesús sacramentado en este ultimo día del año queremos pasar estos momentos contigo para agradecer tantos dones y bienes recibidos, y muchos de ellos sin apenas darnos cuenta que eran obra tuya.

El tiempo pasado nos ha ayudado a encontrarnos a nosotros mismos y tanto en la bondad como cuando las cosas no han ido tan bien, queremos agradecerte por lo vivido y por lo que nos queda por vivir. Escuchemos esta bonita historia.

Abrazando lo nuevo: Lucía vivía en un pequeño pueblo rodeado de montañas. A medida que se acercaba el final del año, ella reflexionaba sobre sus experiencias y deseaba un cambio en su vida. Se sentía atrapada por las sombras del pasado y anhelaba la luz de un nuevo comienzo.

Decidió emprender un viaje hacia la cima de la montaña más alta, donde se decía que se encontraba un sabio anciano conocido por su profunda sabiduría. Al llegar, Lucía encontró al anciano contemplando el atardecer. Lucía le explicó que lo buscaba porque necesitaba de su sabiduría para comprender muchas situaciones difíciles de su vida.

- Querida Lucía, dijo el anciano, para abrazar lo nuevo, primero debes soltar lo viejo que ya no te sirve. Ven, te contaré una historia que te ayudará a comprender.

El anciano comenzó a relatar la historia de un árbol antiguo que, a lo largo de los años, había acumulado ramas secas y hojas marchitas. Este árbol representaba la vida de Lucía, con sus experiencias y cargas acumuladas. En la víspera de cada año nuevo, el árbol tenía la sabiduría de soltar sus ramas secas y hojas marchitas. No temía perder lo viejo, porque entendía que, al hacerlo, permitía espacio para nuevas ramas verdes y hojas frescas que le darían vida.

Lucía reflexionó sobre la historia y comenzó a comprender la lección del anciano. Decidió simbólicamente dejar atrás sus cargas emocionales y las ataduras del pasado, aprendiendo a soltar lo que ya no le servía.

Con el amanecer del nuevo año, Lucía descendió de la montaña con ligereza en el corazón. Se dio cuenta de que el viaje no solo la llevó a la cima de la montaña, sino también a la cima de su propia comprensión. Estaba lista para abrazar lo nuevo y permitir que las experiencias frescas florecieran en su vida.

Al regresar al pueblo, Lucía compartió su historia y animó a otros a soltar las ramas secas de sus vidas. Inspirados por su valentía, los habitantes del pueblo también abrazaron la idea de soltar lo viejo y dar la bienvenida a lo nuevo. Para abrazar lo nuevo, primero debemos soltar lo viejo que nos pesa el corazón.

Señor Jesús esta historia de Lucía refleja una experiencia profundamente humana y también profundamente cristiana: el deseo de renovación interior. Como Lucía, muchas veces caminamos cargando ramas secas del pasado: culpas no perdonadas, heridas abiertas, miedos, rencores o fracasos que pesan en el corazón y nos impiden avanzar.

El viaje a la montaña simboliza el camino espiritual que todo creyente está llamado a recorrer: salir del ruido cotidiano para encontrarse con la sabiduría que viene de lo alto. En la fe cristiana, ese “sabio anciano” nos recuerda a Dios mismo, quien nos invita constantemente a confiar en Él y a entregarle aquello que ya no nos da vida.

Dios, como buen agricultor, poda lo seco no para destruir, sino para que haya más fruto: “Todo sarmiento que da fruto, lo poda para que dé más fruto” (Juan 15,2).

Soltar lo viejo no significa olvidar, sino entregar. Significa dejar en manos de Dios aquello que ya no podemos cargar solos. Lucía desciende de la montaña con un corazón ligero porque ha aprendido a confiar. Así también nosotros, cuando nos abandonamos a ti, descubrimos que la verdadera renovación no viene solo con el cambio de año, sino con un corazón dispuesto a dejarse transformar por el Espíritu Santo. Y compartir nuestra su experiencia, porque la fe no es solo personal, sino comunitaria. Cuando uno se renueva en Dios, se convierte en luz para los demás. Que comencemos cada etapa de la vida con fe, soltando lo que nos aleja de Dios y abrazando la novedad que Él quiere hacer en nosotros. Que el Señor nos conceda un corazón dispuesto a soltar, confiar y florecer en Su amor.