miércoles, 7 de enero de 2026


 

2026 MEDITACIÓN EUCARÍSTICA

CARTA A LOS REYES MAGOS

Ayer celebramos la Epifanía, la manifestación de Dios a todos los hombres y contemplamos como los magos se percataron, se pusieron en camino y adoraron al niño nacido en Belén y le ofrecieron sus regalos. Nosotros queremos pedir a los Reyes Magos:

La sencillez para saber distinguir en los signos de los tiempos la presencia de la Buena Noticia, para saber observar desde la fe todas las realidades tanto de la tierra como del cielo.

La docilidad a las divinas inspiraciones del alma, y seguir el camino que nos marque la estrella. A vosotros os guio una estrella en el cielo, para nosotros esa estrella es todo aquello que nos lleva a Jesús os pedimos que no perdamos el rumbo que conduce al Salvador de todas las naciones, al Rey de todos los Pueblos.

Valentía para ponernos en camino, para saber dejarlo todo y lanzarnos a la aventura, a desinstalarnos con frecuencia para vivir de la fe y no de la seguridad de mis posesiones. Confiar que, dejando todo, es la única forma de encontrar El Todo.

Obediencia a las guías que tengo en el camino, obediencia a lo que se cree, a lo que se espera, a lo que se ama. Obediencia humilde a las inspiraciones y a los ángeles, especialmente a mi Ángel de la Guarda, para que no pierda el camino, y tenga la alegría de que todo se me ha dado como regalo, confiando y dependiendo totalmente en Aquel que nos ha llamado a un encuentro.

Alegría del encuentro con Dios: el encuentro de la criatura con su Creador, alegría de encuentro porque es la manifestación de Dios hecho hombre como Dios, como Rey, y como hombre. Queremos, tener esa alegría de encuentro que para nosotros se realiza en cada Eucaristía, en cada sacramento, en cada encuentro con el más necesitado. Alegría de encuentro, porque cuando el encuentro esta tocado por el amor solo puede ser celebrativo, y toda nuestra vida es encuentro y toda nuestra vida es celebración si lo vivimos en la dimensión del amor.

La paciencia para seguir en el camino, para que el cansancio no nos haga desistir, para que las dificultades no resten el ánimo, para que los obstáculos del camino solo sean oportunidades de crecimiento, que sean retos que nos permitan crecer como personas, como cristianos, como discípulos del Maestro. Que no perdamos la esperanza del encuentro, que no perdamos la esperanza que la promesa se hará realidad.

Que no perdamos la esperanza que en el camino no se anda solo, que ángeles, estrellas y hermanos caminamos juntos. Tener siempre la esperanza de que es posible vivir la caridad entre nosotros que caminamos en comunidad como lo hicisteis vosotros, que os acompañasteis hasta el final.

Todo lo anterior no lo pedimos solo para nosotros, lo pedimos para poder compartirlo con todos nuestros hermanos, queremos descubrir en cada hermano a Cristo, queremos descubrirlo especialmente en los más pobres, en los más necesitados, los enfermos, los encarcelados, los que están solos o se sienten solos; queremos reconocer al Rey en aquellos que llevan con humildad la cruz de cada día, en los que se esfuerzan por dar testimonio del amor, en las personas que perdonan y aquellos que se niegan a recibir el perdón, reconocerlo en los amigos y también en los enemigos.
Queremos compartir todo lo que os hemos pedido con todos aquellos que se acerquen a nuestra vida. Todo lo que os hemos pedido, también os los pido para todos nuestros amigos, familiares y bienhechores para que todos seamos instrumentos de paz. Para que todos busquemos el reino de Dios, sabiendo que, si Dios reina en nuestros corazones, reinará en nuestras familias, en nuestras comunidades, en nuestras ciudades, y en nuestras naciones.

Os deseamos queridos Reyes Magos, feliz viaje de regreso a vuestros países. Nos despedimos agradecido por la ilusión que suscitasteis en nosotros cuando éramos niños.

Gracias porque un día os esperábamos con la ilusión de niños y hoy os podemos esperar con la ilusión de adultos.

Con afecto, en el Señor que buscamos y que encontramos en la Eucaristía, que él nos bendiga y bendiga a todos los niños del mundo. Amén

lunes, 5 de enero de 2026


 

ACCIÓN DE GRACIAS

Vayamos con los magos para encontrar al REY DE REYES.

Porque, sólo los que cabalgan, sobre el caballo de la fe, un horizonte de estrellas les espera, en medio de las dificultades.

Como aquellos, regios personajes, que dejando palacios y vasallos quisieron ser siervos de un pequeño Rey.

Con tres palabras de aliento: alegría, amor e ilusión.

Con tres huellas en el camino: servicio, entrega y generosidad.

Con tres miradas hacia el cielo: La fe, esperanza y caridad.

Y, como los Magos, siempre en marcha y sin temor hacia al que nos espera: el AMOR que ha bajado del cielo, el AMOR que se deja adorar, el AMOR que se deja tocar, el AMOR que habla sin hablar.

Con el incienso de nuestra oración.

Con el oro de nuestra caridad.

Con la mirra de nuestra fragilidad.

Para que, Jesús desde el Portal, pueda ver y comprobar que en el mundo siguen existiendo hombres y mujeres que dejan, lo que tienen y no lo que son, para ponerse en camino, siguiendo la ruta que marca la estrella de Belén. Amén

 


 

2026 CICLO A TIEMPO DE NAVIDAD EPIFANÍA

Epifanía significa la primera luz que aparece en el horizonte antes de salir el sol; por eso la luz viene siempre de oriente. Jesucristo es, sin duda alguna, la luz del mundo que viene a todos para salvarnos. La luz de Dios se convierte así en faro y guía para toda la humanidad. La manifestación de Dios es universal. Dios no puede tener privilegios. Estamos celebrando la realidad de lo que es Dios y la alegría de poder descubrirlo.

Mateo nos narra que cuando nació Jesús los de cerca rechazan a Jesús por lo que es, y los de lejos lo buscan y lo aceptan como lo que es: luz que ilumina a todo hombre.

Los magos significaban buscadores de sabiduría, de Dios, intentando interpretar las estrellas y los astros y también miembro de la casta sacerdotal. Los magos llegan a Jerusalén y preguntan por el nuevo rey. El miedo de Herodes es también nuestro miedo. El reinado de Dios es una amenaza para nuestro egoísmo. Un Dios que reine sin hacernos reinar a nosotros, no nos interesa. Seguiremos sin enterarnos y el encuentro no se producirá.

Los letrados lo saben todo sobre el Mesías, pero, instalados en sus privilegios, no mueven un dedo para comprobarlo. Los paganos adoran al Niño, los judíos intentan matarlo. Los paganos reconocen al Niño, los judíos no lo reconocen. Pero el valor de la Escritura depende de la actitud del que las estudia. A la Biblia hay que acercarse sin prejuicios y abiertos a lo que nos va a decir.

El hombre tiene que dejarse iluminar por su estrella, pero también debe ser guía para los demás. Nuestra obligación es hacer ver a los demás el Dios de Jesús, manifestado en nuestra vida. Hacemos presente a Dios, siempre que vamos en ayuda de los otros.

Al igual que los sabios de Oriente, debemos poseer primero una sensibilidad despierta en nuestra vida para poder reconocer las manifestaciones de Dios y su paso por nuestra existencia. Esto es, identificar la presencia del Reino del Dios en el mundo. Y, en segundo lugar, responder a los desafíos y oportunidades que presenta nuestra época, de modo que, al igual que ellos, nos pongamos en camino, proclamemos y adoraremos al Señor.

“Se pusieron en camino y, de pronto, la estrella que habían visto salir comenzó a guiarlos hasta que vino a pararse encima de donde estaba el niño. Y cayendo de rodillas lo adoraron; después, abriendo sus cofres, le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra”

Frente al misterio de un Dios hecho carne en la mayor vulnerabilidad y humildad, lo propio de la respuesta humana es adorar. Los regalos, oro, incienso y mirra manifiestan quién es este niño. Oro, propio de los reyes; incienso, en reconocimiento de su divinidad; y mirra, en alusión a su humanidad.

Lo que celebramos hoy es la apertura de Dios a todos los hombres. Allí donde haya un ser humano que crece en humanidad, amando a los demás, allí está Dios. Al volver a nuestros quehaceres, vayamos transformados por “otro camino”, un camino de luz, de amor y esperanza, con el compromiso de ser estrellas que conduzcan a otros hacia un encuentro íntimo con Cristo, luz.

sábado, 3 de enero de 2026


 


 


 

ACCIÓN DE GRACIAS

Ayúdame a hacer silencio, Señor, quiero escuchar tu voz.

Toma mi mano, guíame al desierto, que nos encontremos a solas, Tú y yo.

Necesito contemplar tu rostro, me hace falta la calidez de tu voz, caminar juntos… callar para que hables Tú.

Me pongo en tus manos, quiero revisar mi vida, descubrir en qué tengo que cambiar, afianzar lo que anda bien, sorprenderme con lo nuevo que me pides.

Me tienta creer que te escucho, cuando escucho mi voz.

¡Enséñame a discernir!

Dame luz para distinguir tu rostro.

Llévame al desierto Señor, despójame de lo que me ata, sacude mis certezas y pon a prueba mi amor para empezar de nuevo, con humildad, sencillez, fuerza y Espíritu para vivir fiel a Ti.

Amen.

 

 


 

2026 CICLO A TIEMPO DE NAVIDAD II

Nos encontramos de nuevo con el prólogo del evangelio de san Juan y la idea envolvente de todo el relato es la íntima interconexión de lo humano y lo divino.

Al principio. La misma palabra con la que empieza el Génesis. La encarnación será la culminación de la creación. En el principio, cuando Dios crea el cielo y la tierra, la Palabra ya existía.

Ya existía la Palabra, y la Palabra estaba junto a Dios y Dios era la Palabra. Tres frases con la misma estructura. Las tres formadas por los elementos imprescindibles de una oración: sujeto, verbo y complemento. Los verbos usados indican la misma situación: Existía, estaba, era.

Junto a Dios, indica a la vez proximidad y distinción. En íntima unión por relación dinámica.

Ella contenía vida, y la vida era la luz del hombre. La Vida es primero que la luz. La iluminación viene precisamente porque ha llegado la Vida. El Génesis dice que la Luz fue lo primero.

El mundo no la reconoció. Los suyos no la acogieron. Para el AT el pecado era no obedecer a Dios. Para Juan, es no reconocer a Jesús. No hay que entenderlo en el sentido intelectual griego, sino en el sentido semita. Conocimiento que entraña una actitud de fidelidad.

A cuantos le recibieron, los ha hecho capaces de hacerse hijos de Dios. Se trata de una afirmación rotunda y desorbitada. Dios es siempre Padre, pero el ser hijo depende de cada ser humano. La fe en Jesús nos capacita para actuar como Dios, para hacer presente a Dios, para ser hijos.

Si creen en su nombre. En ningún caso se trata de aceptar unas verdades teóricas. Para la Biblia lo que importa es la persona. Tener fe es confiar en la persona; es vivir que el otro es para ti y tú para el otro. Tendríamos que unir dos palabras: confianza en, y fidelidad a.

La Palabra se hizo carne. La “carne” no es ya lo contrario del Espíritu, sino su aliado. Carne era el aspecto más bajo de la criatura humana, pero era también lo que hacía posible el Espíritu. La carne es lo común a todo ser humano; en eso más bajo está Dios encarnado.

Al margen de nuestros merecimientos, Dios se ha revelado y nos ha comunicado su sabiduría, sobre todo por medio de Jesús. Su persona, obras y palabras son el mensaje culminante, la palabra superior y definitiva de Dios, la que nos acerca con trazos y sonidos humanos, lo más entrañable de Dios.

Jesús anunciará y advertirá con claridad que, quien escucha sus palabras y las pone en práctica es persona sensata y edifica su personalidad sobre cimiento sólido...

El sueño del Padre es que lleguemos a sentir su amor tan profundamente, que vivamos de ese amor y lo contagiemos a nuestros prójimos. La Navidad confirma que Dios ha querido entrar en la historia como una cuña de luz. Y nos ha dejado su Espíritu para alargar esta luz de generación en generación. Los sencillos, los de corazón bueno, los humildes, acogen esa luz y escucharan lo que Jesús un día dirá: He venido a traer fuego a la tierra, ¡¡y.… ojalá estuviera ya ardiendo!!