2025 MEDITACIÓN EUCARÍSTICA:
Abrazando lo nuevo
Señor
Jesús sacramentado en este ultimo día del año queremos pasar estos momentos
contigo para agradecer tantos dones y bienes recibidos, y muchos de ellos sin
apenas darnos cuenta que eran obra tuya.
El
tiempo pasado nos ha ayudado a encontrarnos a nosotros mismos y tanto en la
bondad como cuando las cosas no han ido tan bien, queremos agradecerte por lo
vivido y por lo que nos queda por vivir. Escuchemos esta bonita historia.
Abrazando
lo nuevo:
Lucía vivía en un pequeño pueblo rodeado de montañas. A medida que se acercaba
el final del año, ella reflexionaba sobre sus experiencias y deseaba un cambio
en su vida. Se sentía atrapada por las sombras del pasado y anhelaba la luz de
un nuevo comienzo.
Decidió
emprender un viaje hacia la cima de la montaña más alta, donde se decía que se
encontraba un sabio anciano conocido por su profunda sabiduría. Al llegar,
Lucía encontró al anciano contemplando el atardecer. Lucía le explicó que lo
buscaba porque necesitaba de su sabiduría para comprender muchas situaciones
difíciles de su vida.
-
Querida Lucía, dijo el anciano, para abrazar lo nuevo, primero debes soltar lo
viejo que ya no te sirve. Ven, te contaré una historia que te ayudará a
comprender.
El
anciano comenzó a relatar la historia de un árbol antiguo que, a lo largo de
los años, había acumulado ramas secas y hojas marchitas. Este árbol
representaba la vida de Lucía, con sus experiencias y cargas acumuladas. En la
víspera de cada año nuevo, el árbol tenía la sabiduría de soltar sus ramas
secas y hojas marchitas. No temía perder lo viejo, porque entendía que, al
hacerlo, permitía espacio para nuevas ramas verdes y hojas frescas que le
darían vida.
Lucía
reflexionó sobre la historia y comenzó a comprender la lección del anciano.
Decidió simbólicamente dejar atrás sus cargas emocionales y las ataduras del
pasado, aprendiendo a soltar lo que ya no le servía.
Con
el amanecer del nuevo año, Lucía descendió de la montaña con ligereza en el
corazón. Se dio cuenta de que el viaje no solo la llevó a la cima de la
montaña, sino también a la cima de su propia comprensión. Estaba lista para
abrazar lo nuevo y permitir que las experiencias frescas florecieran en su
vida.
Al
regresar al pueblo, Lucía compartió su historia y animó a otros a soltar las
ramas secas de sus vidas. Inspirados por su valentía, los habitantes del pueblo
también abrazaron la idea de soltar lo viejo y dar la bienvenida a lo nuevo. Para
abrazar lo nuevo, primero debemos soltar lo viejo que nos pesa el corazón.
Señor
Jesús esta historia de Lucía refleja una experiencia profundamente
humana y también profundamente cristiana: el deseo de renovación interior. Como
Lucía, muchas veces caminamos cargando ramas secas del pasado: culpas no
perdonadas, heridas abiertas, miedos, rencores o fracasos que pesan en el
corazón y nos impiden avanzar.
El
viaje a la montaña simboliza el camino espiritual que todo creyente está
llamado a recorrer: salir del ruido cotidiano para encontrarse con la sabiduría
que viene de lo alto. En la fe cristiana, ese “sabio anciano” nos recuerda a
Dios mismo, quien nos invita constantemente a confiar en Él y a entregarle
aquello que ya no nos da vida.
Dios,
como buen agricultor, poda lo seco no para destruir, sino para que haya más
fruto: “Todo sarmiento que da fruto, lo poda para que dé más fruto” (Juan
15,2).
Soltar
lo viejo no significa olvidar, sino entregar. Significa dejar en manos de Dios
aquello que ya no podemos cargar solos. Lucía desciende de la montaña con un
corazón ligero porque ha aprendido a confiar. Así también nosotros, cuando nos
abandonamos a ti, descubrimos que la verdadera renovación no viene solo con el
cambio de año, sino con un corazón dispuesto a dejarse transformar por el
Espíritu Santo. Y compartir nuestra su experiencia, porque la fe no es solo
personal, sino comunitaria. Cuando uno se renueva en Dios, se convierte en luz
para los demás. Que comencemos cada etapa de la vida con fe, soltando lo que
nos aleja de Dios y abrazando la novedad que Él quiere hacer en nosotros. Que
el Señor nos conceda un corazón dispuesto a soltar, confiar y florecer en Su
amor.