miércoles, 29 de noviembre de 2023


 

ADORACIÓN EUCARISTICA. 

El ciento por uno

Señor Jesús, de nuevo estamos aquí en esta tarde para adorarte y para recuperar fuerzas para nuestro caminar. Te pedimos hoy la bondad, sentir este bien tan necesario para hacer felices a los demás, y para sentirnos nosotros mismos a gusto en nuestro interior. Escuchemos esta tierna historia

El ciento por uno: Hace ya tiempo era una tarde bastante fría y lluviosa en una carretera comarcal. Era alrededor de las cinco y acababa de terminar de llover. La vista del sol ocultándose en el horizonte, un resto de nubes que quedaba en el cielo y el olor a humedad por la lluvia, daban a la tarde un aspecto especialmente bello y singular.

Alberto, joven que todavía no había llegado a los treinta, y que durante la noche trabajaba para el ayuntamiento recogiendo basura y por la mañana seguía su labor en la planta de reciclado, iba en coche de vuelta a su casa, cuando de repente se encontró un automóvil parado en el arcén de la carretera con las luces encendidas y a una mujer, que aparentaba tener más de ochenta años, totalmente empapada, contemplando su coche sin saber qué hacer.

Él se detuvo para averiguar si podía ayudar en algo. Salió de su coche azul oscuro que era casi tan viejo como su dueño. Conforme se iba acercando a la abuelita pudo comprobar que su cara manifestaba susto, por la presencia del joven, y desesperación por no saber cómo arreglar su auto. Era verdad Alberto no tenía buen aspecto, ya que volvía del trabajo y la ropa estaba un tanto descuidada. La primera impresión que le dio a la abuelita era la de ser un delincuente. Cuando él se dio cuenta de su susto, esbozó una sonrisa para tratar de calmarla. Y en estas que le preguntó:

- ¡Señora! ¿Necesita ayuda? ¿Se encuentra bien? La anciana no podía esconder su temor. Alberto, decidió tomar la iniciativa en el diálogo:

- No se preocupe aquí estoy para ayudarle. Entre en su vehículo y estará más protegida, pues empieza a hacer frío y está usted totalmente mojada. Por cierto, mi nombre es Alberto y vivo en esta zona.

Gracias a Dios sólo se trataba de un neumático pinchado; pero para la abuelita, su preocupación estaba más que justificada, tanto por su edad, como por lo poco transitada que estaba la carretera.

Alberto empezó a cambiar la rueda y resultó todavía más sucio. En esto que la señora bajó la ventanilla del coche y comenzó a hablar con él.

- Me llamo Lilly y me dirigía a visitar a una amiga, pero me equivoqué de carretera y al final he venido a parar a este lugar desconocido y poco transitado. Estaba tan asustada que cuando le he visto llegar, la verdad, me puse muy nerviosa, pero…

Alberto se sonrió. La señora le preguntó cuánto le debía; cualquier cantidad que le hubiera pedido le habría parecido poco. Él no había pensado cobrar nada. Ayudar a alguien que tenía necesidad era su mejor modo de pagar por las veces que él mismo también había sido ayudado en otras ocasiones. Después de un breve silencio le dijo que, si quería pagarle, la mejor forma de hacerlo sería que la próxima vez que viera a alguien necesitado lo ayudara desinteresadamente. Tan solo piense en mí, – agregó despidiéndose.

Los dos se marcharon y prosiguieron su camino. Unos kilómetros más adelante, Lilly, nuestra abuelita, divisó una pequeña cafetería junto a la carretera. Pensó que sería muy bueno quitarse el frío con una taza de café bien caliente, y reponer las fuerzas tomándose algunas pastas. Una amable y sonriente camarera, se le acercó y le dio una toalla de algodón limpia para que se secara el cabello todavía mojado por la lluvia. Y le dijo ¿Qué desea tomar?

La anciana, se percató que estaba embarazada de unos ocho meses: Por favor, póngame un café largo bien caliente y unas pastas. Mientras esperaba su café y se secaba el pelo, pensó que la joven camarera era muy agradable; En ese momento, le vino a la mente Alberto. Pidió la cuenta. Abrió su bolso y pagó con un billete de cien euros. Cuando la muchacha regresó con el dinero de vuelta, la señora ya se había ido, pero vio cuatro billetes de cien euros, y escrito en una servilleta de papel, un mensaje que decía: “No tienes que devolverme nada. Me imagino que con el parto y el nuevo niño tendrás muchos gastos. No dejes de ayudar a otros. Continúa dando tu alegría y tu sonrisa; y no permitas que esta cadena se rompa”.

La camarera entró en casa sigilosamente, pues sabía que su marido estaba ya durmiendo. Pensando en la bondad de la anciana, se acercó delicadamente a su marido para no despertarlo. Y mientras lo besaba tiernamente en la mejilla, le susurró al oído: Alberto, ya verás como todo va a salir bien.

Señor ayúdanos a ayudar, todos necesitamos los unos de los otros para formar esta cadena de amor y de fraternidad. Tú eres la fuente de ese amor, que nunca nos cansemos de hacer el bien y de derramarlo a los que nos rodean. Amén.

domingo, 26 de noviembre de 2023





 

CONVIVENCIA DE PREPARACIÓN AL ADVIENTO

Este sábado 25 hemos tenido la convivencia de preparación al Adviento, con los jóvenes de catequesis de Confirmación. Entre las actividades realizadas hemos visitado el Convento de las Madres Agustinas Recoletas, donde los jóvenes les han obsequiados productos para celebrar la Navidad, y han podido profundizar sobre la vocación a la vida religiosa contemplativa. Terminada la visita al Convento, hemos finalizado el encuentro en el Salón parroquial con dinámicas preparadas por el Hermano Marista Javier Salazar.


 

TÚ, SEÑOR, ERES…EL CENTRO

En el centro de la rueda, Tú Señor, eres el eje.

En el centro de la historia, Tú Señor, eres la página central.

En el centro de la humanidad, Tú Señor, eres el corazón.

En el centro de la Iglesia, Tú Señor, eres su cabeza.

En el centro de la vida cristiana, Tú Señor, eres su motor.

En el centro de la caridad, Tú Señor, eres su empuje.

En el centro del amor, Tú Señor, eres la razón para regalarlo.

En el centro de la alegría, Tú Señor, eres la fuente que la ofrece.

En el centro de la fortaleza, Tú Señor, eres el secreto que la produce.

En el centro de la fe, Tú Señor, eres su razón.

En el centro de la Eucaristía, Tu Señor, eres quien la hace real.

En el centro de la oración, Tú Señor, eres quien la hace verdadera.

En el centro de la verdad, Tú Señor, eres quien la hace buena.

En el centro de la humildad, Tú Señor, eres quien no la hace falsa.

Tú, Señor, por ser Rey conoces nuestro vivir.

De qué madera está construido el hogar de nuestras almas.

Por dónde vamos y por qué y por quién nos movemos.

Haz, Señor, que, como amigos tuyos, podamos seguir caminando hacia ese Reino de paz y de justicia, de verdad y de gracia, de alegría y de esperanza.

Que, lo comenzamos a levantar y conquistar en la tierra, pero lo viviremos y disfrutaremos eternamente en el cielo.

¡Entonces cara a cara, sí que te veremos, gran Rey!

 

 

sábado, 25 de noviembre de 2023

2023 AÑO A SOLEMNIDAD DE CRISTO REY 

Estamos en el último domingo del año litúrgico, como culminación de lo que se ha venido recordando a propósito de la persona y el mensaje de Jesús, hoy celebramos la solemnidad de Jesucristo rey del universo. No entendámoslo como los reyes de este mundo sino una realeza al estilo de Dios.

El evangelio nos presenta una poderosa y dramática escena, conocida como el "juicio universal", pero en realidad es la revelación de la verdad última sobre el hombre y la vida, sobre lo que permanece cuando nada permanece: el amor. Porque el tiempo del amor es más largo que el tiempo de la vida. La escena responde a la pregunta en el Génesis, como el hombre mismo, Caín y Abel: ¿ qué has hecho de tu hermano?

¡Lo que hicisteis a uno de mis hermanos más pequeños, a mí me lo hicisteis! Jesús establece un vínculo tan estrecho entre él y los hombres, que llega a identificarse con ellos: ¡me lo hicisteis a mí! El pobre es como Dios, es cuerpo y carne de Dios.

En el Juicio final, Jesús presenta como el criterio último y decisivo que juzgará nuestras vidas y nuestra identificación con él, la compasión, es decir, nuestra preocupación por los más débiles.

Según el relato de Mateo, todas las naciones comparecen ante el Hijo del hombre, es decir, ante Jesús el compasivo. No se hace diferencia alguna entre pueblo elegido y pueblos paganos. Nada se dice de las diferentes religiones y cultos.

A Dios siempre le falta algo: al amor le falta ser amado. Él está ahí, al final de la fila, pidiendo pan y casa para sus amados: nos quiere a todos saciados, vestidos, curados, consolados. Y mientras uno sufra, él también. Consuela inmensamente oír que el objeto del juicio no será el mal, sino el bien; no los pecados, las debilidades, las faltas, sino las buenas acciones, las migajas amables.

La balanza de Dios no pesa toda nuestra vida, sino sólo la parte buena de ella. En el principio y en el fondo, no es el mal el que revoca el bien, sino que es el bien el que revoca el mal de nuestra vida. En la balanza del Señor, una espiga de trigo bueno pesa más que toda la cizaña del campo.

Al atardecer de la vida seremos juzgados por el amor san Juan de la Cruz, no por las faltas o las prácticas religiosas, sino por la carga secular, muy humana, del dolor humano.

Los que coloca a su izquierda han elegido la lejanía: lejos de mí, vosotros que habéis estado lejos de los hermanos. No hicieron daño a los pobres, no los humillaron ni se burlaron de ellos, simplemente no hicieron nada. Omisión de la fraternidad. La novedad absoluta del planteamiento de Jesús es que lo que se ha hecho con estas personas débiles se ha hecho con Él. Algo tan sorprendente que extraña por igual a los condenados y a los salvados.

Evangelio nos dice "nunca sin el otro". El Señor no me mirará a mí, mirará a mi alrededor, a los que he cuidado. Sin ellos, no hay paraíso.

 

miércoles, 22 de noviembre de 2023


 

2023 ADORACIÓN EUCARISTICA NOVIEMBRE

El humilde bambú

 

Una tarde más nos reunimos en torno a tu eucaristía, tu cuerpo entregado y derramado por la salvación de muchos. Enséñanos Señor Jesús sacramentado a vivir para los demás, a descubrir que hay más alegría en dar que en recibir y que proporcionar felicidad a las personas es la mayor felicidad.

El humilde bambú: Érase una vez un maravilloso jardín particular que se encontraba a las afueras de un pueblecito perdido de China. El dueño del jardín acostumbraba a pasear por él a la caída de la tarde cuando volvía de su trabajo. En el centro del jardín había un esbelto bambú que era el más bello y estimado de todos sus árboles del jardín. El bambú crecía y se hacía cada vez más hermoso. Un día, se aproximó pensativo el dueño a su bambú y, con sentimiento de profunda veneración el bambú inclinó su imponente cabeza. En esto que su dueño le dijo:

- Querido bambú, necesito de ti.

El bambú respondió: Señor, aquí estoy para hacer tu voluntad. Haz conmigo lo que quieras. El bambú estaba feliz. Había llegado la hora de agradecer a su amo la estima en que le tenía. Si su dueño necesitaba de él, le serviría en lo que fuera necesario.

Con voz grave, el amo le dijo: Pero sólo podré usarte si antes te podo.

- ¿Podar, señor? ¡Por favor, no hagas eso! Deja mi bella figura. Ya ves cómo todos me admiran. Dijo el bambú.

- Mi amado bambú, no importa que te admiren o no te admiren… es que si no corto tus ramas, no podré usarte.

En el jardín todo quedó en silencio… Hasta el viento contuvo su respiración. Finalmente, el bello bambú se inclinó y susurró a los oídos de su dueño:

- Señor, si no me puedes usar sin podar, y me necesitas, entonces haz conmigo lo que quieras.

- Mi querido bambú, pero es que también deberé cortar tus hojas…

El sol se escondió detrás de las nubes porque no quería ver…, mientras que unas mariposas que descansaban en sus hojas levantaron el vuelo asustadas ante este martirio… El bambú, temblando y a media voz dijo: ¡Córtalas! ¡No tengas miedo!

Nuevamente le dijo el dueño: Todavía hay más, mi querido bambú, no sólo tendré que cortarte, sino que también tendré que sacarte tu corazón. Si no hago eso, no podré usarte.

- Si me sacas el corazón ya no podré vivir más ¿Cómo voy a vivir sin corazón? Y se hizo un profundo silencio en el jardín. Algunas lágrimas cayeron de los ojos del dueño mientras se oían doloridos sollozos de las ramas más tiernas del bambú. Después, el bambú se inclinó y dijo: Señor, poda, corta, parte, saca mi corazón… si esa es tu voluntad.

El dueño deshojó, arrancó, partió a trozos la caña de bambú y la vació por dentro. Hecho esto, unió unos trozos con otros y los extendió a lo largo de un árido campo desde una fuente cercana hasta el lugar donde tenía sus cultivos.

El dueño acostó cuidadosamente en el suelo a su querido bambú; puso una de los extremos de la caña en la fuente y el otro extremo en sus campos. La fuente cantó dando la bienvenida al bambú y las aguas cristalinas se precipitaron alegres a través del cuerpo vaciado del bambú…. Corrieron sobre los campos resecos que tanto habían suplicado por ellas. Allí se sembró trigo y maíz y también se cultivó una huerta. Los días pasaron y los sembrados brotaron; y todo el árido campo se convirtió en una maravillosa alfombra verde.

El majestuoso bambú de antes, con su sacrificio, su aniquilamiento y su humildad, se transformó en una gran bendición para toda aquella región. Cuando el bambú era grande y bello, crecía solamente para sí y se alegraba con su propia imagen y belleza. Ahora en su despojo, en su entrega, se volvió un canal del cual su Señor se sirvió para hacer fecundas muchas tierras. Y muchos hombres y mujeres encontraron, gracias al bambú, la vida; y fueron felices gracias a ese tallo podado, deshojado, cortado, arrancado, partido y vaciado de sí mismo.

Que hermoso Jesús partirse por los demás, para que tengan más vida. Igual que hiciste tú dando tu vida para que los humanos tuviéramos vida en abundancia. Que tus enseñanzas nunca acaben y lleguen a todos los rincones donde los humanos viven y conviven. Amén

domingo, 19 de noviembre de 2023


 

DAME TALENTO, SEÑOR

Señor, saliste a mi encuentro.

Me preguntaste ¿qué haces?

Te conteste: perdiendo el tiempo.

Te acercaste y me propusiste ¿quieres hacer algo?

Te contesté de nuevo: ¿Para qué, Señor?

Insististe, Señor, ¿Te arriesgas por alguien?

Y, una, y otra vez, mirándome a mí mismo, me dije:

¡Por qué! ¡Que lo hagan otros!

 Y, ahora Señor, cuando miro a tu cruz

comprendo el valor de tu amor:

talento de sangre derramado por un madero.

Y, ahora Señor, cuando miro tu rostro,

lloro por las veces que me cuesta dar la cara por tu Reino.

Por las horas en que vivo encerrado en mis propios sueños,

sin darme cuenta, que, con otros, sería más feliz y estaría más despierto.

Señor, Dame Tu actitud de escucha, para comprender

Tu don de Palabra, para convencer.

Tu caridad, para saber amar.

Tu corazón, para poder perdonar.

Saber estar en el mundo, como si no lo estuviera.

Comprender a mis hermanos, aunque ellos no me entiendan.

Trabajar por los que me rodean, sin miedo al qué dirán o a la recompensa.

Sólo sé, Señor, que me has creado

y porque soy obra de tus manos

no puedo quedarme de brazos cruzados. Amén.

 

sábado, 18 de noviembre de 2023


 

2023 AÑO A TIEMPO ORDINARIO XXXIII

 

La parábola del domingo pasado (las diez muchachas) animaba a ser inteligentes y previsores. La de hoy anima a la acción, a sacar partido de los dones recibidos de Dios. La parábola de los talentos incide sobre la necesidad de trabajar y desarrollar los dones que gratis hemos recibido, por pura bondad de Dios. El talento era una cantidad de plata que variaba según los países, en Israel eran 59 kg. Por consiguiente, los tres administradores reciben, aproximadamente, 300, 120 y 60 kg de plata.

Cuando el señor de aquellos administradores llega de sus viajes y se reúne con ello para saldar cuentas. Los dos primeros duplican esa cantidad negociando con el dinero que les han confiado. Pero la parábola se detiene en el tercero, que se molesta en buscar un sitio escondido, cava un hoyo, y entierra el talento. ¿Por qué no ha hecho igual el tercero? Él mismo lo dice: porque conoce a su señor, le tiene miedo, y prefirió no correr riesgo. Y termina con un lacónico: “Aquí tienes lo tuyo”.

Sin embargo, el señor no comparte esa excusa ni esa actitud. Lo que ha movido al empleado no ha sido solo el miedo, sino la negligencia y la holgazanería. Le traen sin cuidado su señor y sus intereses. Tuve miedo". La madre de todos los miedos es el miedo a Dios. El tercer siervo tiene de Dios una imagen triste, depredadora, que huele a muerte. Lo siente duro, enemigo e injusto.

La exhortación evangélica Evangelii Gaudium nº 49 tiene una oferta de creatividad cuando nos exhorta a tener más miedo de quedarnos quietos y equivocarnos que de equivocarnos. Este evangelio nos recuerda que lo peor que nos puede pasar es quedarnos inmóviles, enterrados, estériles, fracasados, si tras nosotros, detrás de nosotros, no dejamos vida.

El señor de la parábola tiene pleno derecho a pedirnos cuentas a cada uno del tesoro que nos ha encomendado. Los talentos podríamos interpretarlos como cualidades humanas, don de la fe, misión dentro de la iglesia, etc. Ninguna de ellas excluye a las otras. La parábola ofrece una ocasión espléndida para realizar un autoexamen: ¿qué he recibido de Dios, a todos los niveles, humano, religioso, familiar, profesional, eclesial? ¿Qué he hecho con ello? ¿Ha quedado escondido en un cajón?

La parábola, termina con unas palabras muy extrañas: “Al que tiene se le dará, y al que no tiene se le quitará hasta lo que tiene”. ¿En qué quedamos? ¿Tiene o no tiene? El sentido de la frase resulta ahora más claro: “Al que produzca se le dará, y al que no produzca se le quitará lo que tiene”.

El mundo es una realidad germinal, y también lo es cada criatura, y estamos en el mundo para hacer avanzar, aunque sólo sea un pequeño paso, el bien, los buenos talentos, la historia de la alegría. Entonces al que tiene se le dará. Dios da vida a quien produce amor. Dios es generoso, hemos sido colmados de muchos dones, por lo que estamos llamados a dar de nosotros mismos. La vida es un don que hay que dar. Si la guardamos para nosotros, se pudre; si la damos, florece.

miércoles, 15 de noviembre de 2023


2023 NOVIEMBRE MEDITACIÓN EUCARISTIA

Un juez sabio

 

Prostrados ante tu presencia Señor queremos meditar por la necesidad que tenemos de vivir en la verdad y la justicia, inquietudes que tu colocaste en el corazón del ser humano. Todo hombre viene a este mundo dotado, por la naturaleza humana que Dios le otorgó, de una sabiduría básica capaz de conformar la realidad que le envuelve. Esta facultad es la que hace de nosotros unos seres con inteligencia, voluntad, virtudes. Así estamos llamados a participar de la gracia de Dios y así adquirir nuevas facultades que hacen de nosotros unos seres totalmente nuevos y con potencialidades para llegar hasta donde no podríamos imaginar.

Escuchemos esta historia que contiene una gran carga de sabiduría

Un juez sabio: el Avaro y el honesto: Cierto día un mercader ambulante iba caminando hacia un pueblo. Por el camino encontró una bolsa con 800 €. El mercader decidió buscar a la persona que había perdido el dinero para entregárselo, pues pensó que el dinero pertenecería a alguien que llevaría su misma ruta. Cuando llegó a la ciudad, fue a visitar a un amigo, a quien preguntó.

- Sabes ¿quién ha podido perder esta gran cantidad de dinero?

- ¡Sí! ¡Sí! Lo perdió Juan, el vecino que vive en la casa de enfrente.

El mercader fue a la casa que le había indicado y devolvió el dinero a su dueño. Juan era una persona avara, apenas recibió la bolsa con el dinero se puso a contarlo con avidez. Una vez que hubo terminado gritó: ¡Faltan 100 €! ¡Esa era la cantidad de dinero que yo pensaba dar como recompensa a quien lo encontrara! ¿Cómo has tomado ese dinero sin mi permiso? ¡Vete, ladrón! ¡Ya no tienes nada que hacer aquí!

El honrado mercader se sintió indignado por los insultos de Juan. No queriendo pasar por ladrón, se fue a ver al juez.

El mismo día, el avaro fue llamado al juzgado, quien insistió ante el juez que la bolsa tenía 900 € cuando la perdió. Por el contrario, el mercader aseguraba que tenía 800 € y que él no había tomado ni un euro. El juez, que tenía fama de sabio y honrado, no tardó en decidir el caso. Le preguntó al avaro:

- Tú dices que la bolsa contenía 900 €, ¿verdad?

- Sí, señor. Ni uno más ni uno menos. Yo mismo lo había contado, respondió Juan.

- Y Tú dices que la bolsa que te encontraste contenía 800 €, le preguntó el juez al mercader.

- Sí, señor.

- Pues bien, dijo el juez, considero que ambos son personas honradas e incapaces de mentir. A ti, porque has devuelto la bolsa con el dinero, pudiéndote haber quedado con ella; a Juan, porque lo conozco desde hace tiempo. Así pues, yo decido que esta bolsa de dinero no es la de Juan; aquella contenía 900 €, y ésta sólo tiene 800 €. Así pues, – mirando al mercader – quédate tú con ella hasta que aparezca su dueño. Y tú, Juan, espera que alguien te devuelva la tuya.

Señor Jesús sabia decisión la de este juez honesto. Muy parecida a la sabiduría del rey Salomón que tomaba decisiones basas en la verdad y en la justicia. La verdad y la mentira las tenemos delante de nosotros, sólo hacen falta “jueces sabios” que sepan descubrirla. En este caso, el juez premió la honradez del mercader y castigó la mentira del avaro.

Todos tenemos que actuar de jueces en muchos momentos de nuestra vida, es por ello que necesitamos ese don que Dios le regaló a Salomón; un regalo que Dios también nos dará a nosotros si amamos la verdad y le damos más valor a la verdad que al poder o al dinero.

La mentira y el engaño siempre están asociados con el demonio y el pecado (Jn 8:44). En cambio, la verdad siempre está unida a Dios. Tú mismo nos dijiste: “Yo soy el camino, la verdad y la vida”.

Así debe ser el cristiano. Nuestra vida es un lento caminar con sus ojos puestos en la verdad, aunque nos parezca inalcanzable. Tu Señor danos confianza y fortaleza para nunca abandonar los caminos de la verdad y de la justicia, a pesar de que podemos salir perdiendo o escaldados. Señor Jesús queremos vivir este camino contigo y junto a tantos hermanos nuestros que quieran participar de tu único sueño: hacer un mundo más feliz y más hermano. Amén.


domingo, 12 de noviembre de 2023


 

Despiértame con la luz de tu verdad.

Porque, la mentira, frecuentemente me narcotiza

o la falsedad confunde los caminos por los que avanzo.

Porque siento que, el mundo que me rodea,

me contagia con la pesadez del desencanto, con la desazón del pesimismo.

Porque frecuentemente, Señor,

caigo abatido en el traicionero sueño de la desesperanza.

Levántame y, que, en la lámpara de mi alma,

nunca falte la alegría de salir a tu encuentro,

la satisfacción de ser de los tuyos,

la seguridad de que, esperándote, estoy en lo cierto.

No dejes que me abata el desencanto ni la desilusión,

no permitas que, las prisas del quererlo todo,

me aleje de gustar y esperar el Paraíso definitivo.

No dejes que, la noche que se cierne sobre el mundo,

apague las llamas de tantos hijos tuyos,

que soñaron, y nunca se cansaron, de verte frente a frente;

de tus hijos vivos y de tus hijos muertos,

de los que por Ti sufrieron y lloraron,

y de los que, con la lámpara de la fe,

la fueron transmitiendo de mano en mano.

Que no me duerma en el letargo de la indiferencia,

que no me pierda en la oscuridad de la impaciencia,

que no me acueste en la comodidad del “ya no merece la pena”

Y si vienes, Señor, y me encuentras o me sorprendes

con mi lámpara a punto de extinguirse…

perdóname, Señor; sabes que hice lo que pude

por amarte, servirte, quererte…y esperarte. Amén

sábado, 11 de noviembre de 2023


 El próximo sábado día 18 de noviembre de 11'30 a 13 horas FORMACIÓN LECTORES PARA JÓVENES - JÓVENES DE CONFIRMACIÓN Y GRUPO JÚNIORS


 LECTIO DIVINA

Miércoles 15 de noviembre
Horario: 20'30 horas
Lugar: Salones parroquiales
La lectio divina consistirá en leer el evangelio del próximo domingo XXXIII del tiempo ordinario, se explicará en el contexto y haremos eco de la palabra entre los asistentes. ESTAIS TODOS INVITADOS

2023 AÑO A TIEMPO ORDINARIO XXXII

 

Los textos de estos últimos domingos del año litúrgico nos invitan a despertar, a estar preparados. Pero no pensemos en ese Dios vengativo que está al acecho para ver cómo puede cogernos en un renuncio y condenarnos. La frase: “Dios te coja confesado” es un insulto a Dios. Dios no nos espera al final del camino para condenarnos. Dios es el principio y el fin y está en nosotros cada instante de nuestra vida para que podamos llevarla a plenitud.

No es cuestión de meter miedo. No es la muerte la que tiene que dar sentido a nuestra vida, sino al revés, solo viviendo a tope, se aprende a morir. La muerte ni quita ni añade nada; el auténtico sentido debemos dárselo a la vida plenamente consciente.

La parábola de hoy narra una tradición del pueblo judío. Después de un año o más de desposorios, se celebraba la boda, que consistía en conducir a la novia a la casa del novio, donde se celebraba el banquete. El novio, acompañado de sus amigos y parientes iba a casa de la novia para conducirla a casa de su propia familia. En su casa le esperaba la novia con sus amigas, que la acompañarían. Todos estos rituales empezaban a la puesta del sol y tenían lugar de noche, de ahí las lámparas.

La importancia del relato no la tiene el novio ni la novia, lo que el relato destaca es la luz. La luz es más importante que las mismas muchachas, porque lo que determina que entren o no entren en el banquete es que tengan o no tengan el candil encendido. Ahora bien, para que dé luz una lámpara, tiene que tener aceite. Aquí está la madre del cordero. Lo importante es la luz, pero lo que hay que procurar es el aceite.

El aceite y la luz son las obras, las actitudes, los comportamientos et. que manifiestan una actitud adecuada. Jesús había dicho: Yo soy la luz del mundo. Y también: vosotros sois la luz del mundo. El aceite que da luz son las obras buenas, aquellas que comunican vida a los demás. Tenemos que ser portadores de luz y de calor.

¿Cuál es el aceite que arde en la lámpara? En (Mt 7,24-27) se dice: Todo aquel que escucha estas palabras mías y las pone por obra, se parece al hombre sensato que edificó su casa sobre roca. Y todo aquel que no las pone por obra, se parece al necio que edificó sobre arena. La luz son las obras. El aceite que alimenta la llama es el amor. El ser sensato no depende de un conocimiento mayor sino de la plenitud de Vida.

Así se entiende que las sensatas no compartan el aceite con las necias. No es egoísmo. Es que resulta imposible amar en nombre de otro. Nuestra lámpara no puede arder con aceite prestado. Dar sentido a la vida no se puede improvisar en un instante.

Las lámparas deben estar encendidas siempre; si esperamos a prepararlas en el último momento, toda la vida transcurrirá carente de sentido. Entrar por el camino del servicio a los demás hasta la entrega total. El aceite solo da luz a costa de consumirse. El mal estudiante estudia el día antes.

 

miércoles, 8 de noviembre de 2023


2023 NOVIEMBRE ADORACIÓN EUCARÍSTICA.

Buscar siempre las prioridades

 

Querido Jesús sacramentado, una vez más nos encontramos ante tu altar y ante tu presencia. Somos conscientes que tú estás siempre a nuestro lado y que caminas con nosotros a lo largo de la vida y de la existencia. Hoy quisiéramos aprender de ti a escoger lo más importante, las prioridades de nuestra vida y dejar a un lado lo que no importa ni nos interesa.

Si somos sinceros con nosotros mismos, muchos de nosotros hemos de reconocer que con bastante frecuencia solemos alterar el orden de nuestras “tareas”. En el fondo, nuestro modo de actuar está regido con bastante frecuencia más por lo que nos gusta que por lo que realmente tenemos que hacer: ¿quién no ha dejado la Misa para lo último del domingo? ¿Y en el sentido totalmente contrario también ocurre: ¿en cuántas ocasiones hacemos primero cosas que no son realmente urgentes pero que nos resultan más agradables? Si en nuestra vida normal actuamos así, en nuestra vida espiritual no es muy diferente.

La historia que escucharemos hoy nos va a enseñar el orden que hemos de seguir a la hora de realizar nuestras actividades; un orden que no debe estar regido tanto por el gusto cuanto por la necesidad, la urgencia o incluso la conveniencia.

Buscar siempre las prioridades: Érase una vez un experto asesor de empresas que se dedicaba a dar conferencias por todo el país enseñando a los trabajadores cuál era el mejor modo de gestionar el tiempo de trabajo. Nuestro conferenciante quiso sorprender a los asistentes a su disertación poniéndoles un sencillo ejemplo. Se agachó, y sacó de debajo del escritorio donde estaba sentado, un frasco de cristal grande de boca ancha. Lo colocó sobre la mesa, junto a una bandeja con piedras del tamaño de un puño y preguntó:

- ¿Cuántas piedras caben en el frasco?

Después que los asistentes hicieran sus conjeturas, empezó a meter piedras hasta que llenó el frasco. Luego preguntó: ¿Está lleno?

Todo el mundo lo miró y asintió. Entonces sacó de debajo de la mesa un cubo con grava. Metió grava en el frasco y lo agitó. Las piedrecillas penetraron por los espacios que dejaban las piedras grandes.

El experto sonrió con ironía y repitió: ¿Está lleno?

Esta vez los oyentes dudaron y dijeron:

- ¿Tal vez no?

- ¡Bien! – afirmó el experto al tiempo que ponía en la mesa un cubo con arena que comenzó a introducir en el frasco. La arena se filtraba en los pequeños recovecos que dejaban las piedras y la grava.

- ¿Está lleno? – preguntó de nuevo.

- ¡No! – exclamaron los asistentes.

- Bien – dijo, mientras tomaba una jarra de agua de un litro que comenzó a verter en el frasco. El frasco aún no rebosaba.

- Bueno, ¿qué hemos demostrado? preguntó.

- Que no importa lo llena que esté tu agenda, si lo intentas, siempre puedes hacer que quepan más cosas – respondió un asistente.

- ¡NO!, se alarmó el experto, lo que esta lección nos enseña es que, si no colocas las piedras grandes primero, nunca podrás colocarlas después. Los asistentes aplaudieron ante esta lección práctica y sacaron una buena enseñanza para aplicar en su trabajo y también en su vida.

En las cosas que hemos de hacer debemos seguir un orden, ¡cuánto más en aquellas en las que ponemos nuestro corazón y de las que depende nuestra vida terrena y más tarde, la vida futura!

¿Cuáles son las grandes piedras en tu vida? ¿Dios, tus hijos, tus amigos, tus sueños, tu salud, la persona amada? En el fondo deberíamos preguntarnos cuáles son tus prioridades. Jesús ayúdanos a poner nuestras prioridades en primer lugar, el resto encontrará su lugar.

Queremos recordar aquellas palabras muy profundas que tú nos enseñaste: “Buscad primero el Reino de Dios y su justicia, todo lo demás se os dará por añadidura” (Mt 6:33) Amén


domingo, 5 de noviembre de 2023